Mauricio Oliva, presidente del Congreso Nacional de Honduras.

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   Abnegada resignación 

 Por: Arturo Rendón Pineda

La corrupción es como un acuerdo inmoral entre un corruptor y un corrupto o “entre corruptos aliados” que beneficia a algunos en sus propósitos particulares en perjuicio de otros por encima de la ley en el plano político. Ya que la misma no es más que “el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado”, en el entendido de que este fenómeno no se limita exclusivamente a los funcionarios públicos para el logro de beneficios particulares o grupales. La doble moral—o doble estándar, es un criterio aplicado cuando a un individuo o institución se le acusa de ejercer una doble norma en el tratamiento dado a diferentes grupos de personas.

 Para el caso, es obvia la prepotencia e irrespeto conque el presidente del Congreso, Mauricio Oliva, trata y discrimina a los diputados del ala mayoritaria del parlamento, como la condescendencia que asume al tratar a sus correligionarios y sus aliados al concederles la palabra como que todos no fueran legítimos representantes del pueblo. Siendo el Oliva un Profesional Universitario, debería ser respetuoso del derecho de los demás como legítimos representantes del pueblo, ya que habiendo jurado ser un defensor de las leyes y “la democracia” —como dice ser—, debiera ser ecuánime porque viola el principio de justicia e imparcialidad que debe privar en todo funcionario que dice ser un demócrata.

 Aunque la doble moral es una modalidad que se estila en el uso algunos de nuestros políticos en el mando de la nación, es actualmente muy común en la práctica de aquellos políticos matreros a quienes se les llama con toda propiedad “cachurecos”. Los esfuerzos para defender tan reprochable conducta en la que se percibe la existencia de una doble moral en la conducta del pleno del gobierno en general terminan confirmándola como una práctica antidemocrática cuando se suspende abusivamente una moción de sus adversarios, con una explicación hipócrita para un trato diferente, dando a conocer que tal actitud no es el común de la regla, sino la regla de todas las actuaciones que norman al presente narco-gobierno.

De todos es sabido que las personas hipócritas fingen cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente tienen o profesan, y eso lo vemos a diario en la abundante publicidad conque los dizque gobernantes pretenden convencernos usando para ello los impuestos de nosotros mismos, intentando estúpidamente engañarnos. La imparcialidad es contraria a la doble moral, es el principio según el cual los mismos criterios se aplican a todas las personas sin parcialidad ni favoritismo, —máxime si son representantes del pueblo, —en que la hipocresía puesta de manifiesto, por más que lo pretendan, no puede esconder los motivos reales que oculta tan corrupto proceder.

Todo esto no es más que pura corrupción de aquellos que usan el poder público para el logro de beneficios particulares, —grupales o partidarios, —que no se identifican con el bien común que es la razón primigenia de la política. ¿Qué forma de gobierno puede dárseles a sociedades en las que la corrupción ha penetrado hasta lo más íntimo, en las que no se llega a la riqueza sino por medio de sorprendentes y hábiles combinaciones amañadas que pueden ser juzgadas como fraudes o robos descarados de los cuales se hace eco la prensa nacional y extranjera a grado tal, que ahora hasta en  el Senado Norteamericano se han elevado airadas protestas por pate de Senadores de ambos partidos condenando los abusos del gobierno hondureño.

Hemos venido observando como la soberbia y la arrogancia de algunos los lleva a cometer desafueros y propalar calumnias sin justificación ni pruebas contra los ciudadanos que no piensan como ellos, tal actitud, los convierte en verdaderos apóstoles de la farsantería. Esa actitud de crítica agresiva propia de los desesperados que ven muy cerca el momento de su fracaso ha caracterizado siempre a los confabulados, no sólo en ese lenguaje con el que disfrazan su guerra contra quienes amenazan sus intereses comerciales y políticos, sino que le aplican su mística para desarrollar una verdadera cruzada de falacias contra los que consideran capaces de propiciar su derrota.

 Muchas creencias condenan los comportamientos relacionados a la hipocresía.  Para el caso, el Nuevo Testamento relata a Jesucristo condenando la hipocresía de los líderes políticos y religiosos, a la vez que instruye a sus discípulos que no sean hipócritas, que no hagan «repeticiones ni vanas palabrerías» …, “que no sean como los hipócritas que quieren ser vistos por hacer las buenas obras que han sido elaboradas en obligación de sus deberes”. Jesús también uso una metáfora para prevenir esa actitud, e insta a sus discípulos a abstenerse de la levadura de los fariseos, escribas y mundanos, y algo más…, describe a los fariseos como aquellos que «dicen que hacen y no hacen nada» exhibiendo con ello una doble moral.

 No es con propaganda barata, ni con mentiras, calumnias y amenazas, que van a salir de este atolladero a donde los ha llevado su doble moral, que, a no dudarlo, va a tener serias repercusiones en el proceso electoral que se avecina. Si se logra depurar el pervertido proceso con que han venido ganando los cachurecos las últimas elecciones, desde ya se les augura una aplastante derrota en las próximas consultas electorales.

Santa Rosa de Copán 1 de marzo 2021.

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