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Por: Guillermo Serrano

En México se quiere revocar el mandato del presidente Manuel López Obrador, mediante un plebiscito. En Perú el congreso desea terminar con la presidencia de Pedro Castillo. En Francia (la cuna de aquello de la “liberté, égalité, fraternité” …), la ultra derecha de Marine Le Pen le hace sombra a Emmanuel Macron, el presidente del país. En Chile se derrumba la popularidad del joven presidente Gabriel Boric. En El Salvador, algunos creen que el presidente Nayib Bukele va hacia un autoritarismo peligroso.

En la India (la llamada democracia más grande del mundo), se cree que el primer ministro, Narendra Damodardas Modi, busca en la religión hindú la fuerza que cohesione al país, barriendo con la libertad y aceptación de otras religiones…  En Estados Unidos todavía hoy 70 millones de votantes creen que la elección del presidente Joe Biden fue ilegitima. y podríamos seguir con las crisis y llamados de corrupción administrativa en Brasil, Argentina, y muchos otros lugares que forman la primera página de los periódicos locales.

¿Qué sucede con la democracia hoy en la mayoría de los países del mundo que han adoptado este sistema de organización política? ¿Estamos llegando a una época en donde los autoritarismos y aquello de tener a una casta dirigentes oportunistas, pero con grandes fantasías, logran encandilar a los sufridos habitantes de países que ya no logran hacerles frente a sus necesidades más básicas?

Todo es posible debajo del sol -que nos alumbra y que parece inmutable ante la realidad que seguramente observa desde su sitio de privilegio, allá lejos del “mundanal ruido”- en países y sociedades que buscan respuestas a sus muchas preguntas, no todas ellas políticas, pero que deberían tener la atención de aquellos que nos gobiernan.

Las democracias del mundo están en peligro, porque no han sabido incorporar en sus sistemas de organización, las demandas ciudadanas, que, en la mayoría de los casos tienen nombres comunes: mejor reparto de utilidades monetarias en salarios y beneficios, coberturas reales en los sistemas de salud, educación de calidad y de excelencia a partir del kindergarten, seguridad ciudadana, cuidado real de niños y ancianos, respeto de verdad a los derechos humanos.

Y podríamos seguir enumerando las peticiones sentidas y solicitadas en asambleas, petitorios a las autoridades, programas en los medios de comunicación y en elecciones democráticas por representantes que dicen interpretar el sentir ciudadano.

Pero, y aquí, podríamos encontrar una de las causas de los problemas de las democracias, que, a través de los últimos 50 años, se han enamorado de teorías económicas, ideadas por teóricos que nunca se han preocupado por el sentir de los demás. A ellos, a esos economistas, sus estudios y teorías les han logrado premios internacionales, como los Nobel, y, gobernantes y sistemas han adoptado esas teorías como una especie de religión revelada por los dioses del Olimpo y que no admiten discusión alguna.

Lo anterior no es una historia inventada. De hecho, cuando una autoridad eclesiástica le reprochó al gobernante de turno en un país determinado, la aplicación de medidas de ajustes extremos en los salarios de obreros y empleados para lograr el balance monetario exigido por los organismos internacionales que prestan con intereses que, después hay que pagar…aquel gobernante le dijo al clérigo citado, que se ocupara de sus rezos y plegarias, ya que la economía la dirigían los técnicos que sí sabían de lo que hablaban…  

Los sistemas democráticos del mundo tienen que reconocer las crisis por las que están atravesando en sus sistemas de leyes, de constituciones y de reglamentos, de manera que busquen soluciones que no sean una cuestión solo de “maquillaje”, sino que vayan al fondo de esos problemas, para mejorar la vida de todos.

Los Estados Unidos, no tienen que ser los únicos referentes para todo lo que nos sucede, pero no deja de ser irónico, que, en el preámbulo de su constitución diga: “Sostenemos como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

(guillermo.serrano@ideasyvoces.com)

Un comentario en “Democracias en peligro

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