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Contra la guerra, y diez cosas que sabemos que no es Ucrania

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 Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                                                              a Neto Paz y Antonio Flores

Esta bien que los berlineses dejen carriolas de bebe en los aeropuertos y las estaciones de tren, para uso de los refugiados ucranianos que van llegando, y que muchos les den la bienvenida y ofrezcan alojamiento temporal. Ojalá hagan lo propio con los refugiados rusos desde el Donbass, y hubieran hecho lo mismo con los refugiados que sobreviven al naufragio, viniendo del África, en donde sus condiciones son peores que en Ucrania.

Cualquiera podría decir que no tiene que ver con nosotros, la guerra en esa geografía tan lejana, si no fuera porque la presidenta había sido advertida por la jefa del Comando Sur el día antes (EUA sabía que perdería el voto de El Salvador y de Nicaragua) y al día siguiente de que estallara el conflicto, nuestra cauta Cancillería emitió un comunicado contundente, condenando a Rusia, claro y preciso. Ya teníamos una especulación alcista del precio del petróleo que nos aumentó los de los carburantes. Lástima que, en este mundo globalizado, no cultivamos trigo ni cebada, porque una semana después del primer misil, el precio internacional de los granos básicos que producía Ucrania en abundancia aumentó 55%. (De prolongarse el conflicto, y bien pudiera, ese aumento se dice alcanzará niveles que imposibilitarán los subsidios oficiales en el Oriente Próximo, Asia y África, detonando hambrunas e inestabilidad.) Dificilísimo entender lo que solamente vemos como un reflejo en el muro de la cueva. Pero quien reflexiona sobre lo que oye, ve y lee sobre Ucrania (la mayoría asimila en modo mecánico) cae en cuenta clara al menos de lo que no es ese conflicto y escarbando en lo que queda puede acercarse a un juicio íntegro. Me atreveré a otro tanto.

No es, aunque se repite machaconamente, esta no es una guerra mundial, y no nos están pidiendo colaboración. (Se arrepintieron cuando, del pueblo mas macho mandamos un pelotón a Irak, y tuvieron que protegerlo porque se había constituido en un peligro inminente en el desierto) Participan las fuerzas armadas de La Federación Rusa, una respetable potencia, las de los ucranianos nacionalistas que, fungen como proxy de Occidente y las de los separatistas. El peligro de que la guerra desborde ese marco es bajo. Putin entiende que usar un arsenal táctico le complicaría en vez de resolver cualquier problema.

Tampoco es claramente –esta- una guerra limítrofe, por territorios o recursos estratégicos materiales. Rusia que aprendió en Afganistán, ha renunciado de antemano a ocupar Ucrania permanentemente (y acaba de demostrar que cumple en Kazajstán a donde entró, hizo el mandado y volvió a salir.) Más bien pudiera verse como una guerra civil en la que como siempre hay mano de afuera. Los pequeños estados del Este no estaban bajo real jurisdicción de Kiev y en todo caso tienen igual derecho. A ser libres, y hasta rusos. Tampoco se trata de defender al invasor. A Rusia aquí le debemos poco y cabe esperar poco de ella.

Pero Honduras y América Latina no tienen un deber ni legítimo interés propio en Ucrania. Deben amistad a su principal socio en el comercio, que hospeda bien a nuestros migrantes y debemos cumplir con lo tratado, pero no tenemos obligación de apoyar el aventurerismo militar en la otra faz del globo, ni ganamos nada alineándonos, menos aun el respeto de EUA (que se debe reír a solas de los 140) ni mucho menos, ganamos el cariño o la amistad sincera de un aliado fiable, que nos resuelva la vida.

No es cierto que el Occidente asista a la preservación del derecho y la integridad nacional ucraniana. Tampoco que Ucrania fuera todavía una amenaza inminente a la seguridad de la Federación que justificase el bombardeo de civiles, allende de su frontera. (A menos que una organización internacional neutral corroborase los reportes del establecimiento e Ucrania de laboratorios biológicos donados con capacidad para producir armas y el inicio de construcción de una bomba atómica en una de sus centrales, con plutonio foráneo.)

Ninguno de los bandos obviamente esa diciendo la verdad. Por supuesto que los ucranianos estaban empeñados en suscribir los tratados de la UE y de OTAN, cuyos miembros por supuesto han coqueteado con incorporarla para arrinconar a Rusia. Y los rusos no asistieron a esos helados frentes del Sur, renunciando a su tranquilidad y arriesgando la guerra económica, para defender los derechos del Donbass, Donetsk y Lugansk. Aunque Putin ha sido cándido y explícito, exigiendo para Rusia respeto y seguridad.

Las 141 naciones que han votado en la ONU para condenar la invasión rusa a Ucrania tampoco están genuinamente preocupadas por los derechos civiles y políticos ni los derechos humanos de los ucranianos. (En la mayoría de esas naciones, no se respetan los derechos de sus ciudadanos propios) Si no, al igual que Honduras, votan por reflejo y presión, alineadas por el formidable poder estadounidense, auxiliado de sus aliados europeos.

Las 35 naciones, mayormente de Asia y África y un puño (Cuba Nicaragua, El Salvador y Bolivia) de América Latina que antes eran pro-soviéticas, lideradas hoy más bien por China, se abstuvieron de condenar a Rusia no porque acepten el reclamo de garantías, ni porque piensen que así pueden detener la guerra, si no porque tienen su propio nuevo alineamiento ¿Qué pudiera beneficiarse del debilitamiento de otros? y ¿Por qué su neutralidad reivindica el derecho de recuperar áreas perdidas? ¿Estados dudosos? ¿Provincias rebeldes o errantes?

Las cinco naciones que apoyaron a Rusia, más que amor por ella sienten temor, dos alguna vez pertenecieron a la Unión Soviética y lindan con La Federación y están congraciándose con el Oso, a costa de la propia independencia si forman parte de espacio vital. Con excepción de Libia (agradecida porque sin el apoyo ruso hoy sería colonia neootomana) Siria y ¿Eritrea?  De modo que los tres bloques de votos disímiles reflejan la filiación del conjunto a las tres configuraciones imperiales que hoy dominan el globo, y que están probando pulsos, entre ellas, estudiándose.

No nos dice nadie la verdad. No sé que digan o se mira en China o Rusia. Agrada saber que allá también hay voces de protesta de los compañeros de la academia contra la guerra. Y esta claro que Ucrania no es tampoco lo que nos dicen -en forma masiva con estridencia, manipulación, y melodrama- los homogéneos, alineados medios de comunicación masiva del mundo occidental empeñados aun en una versión optimista de la catástrofe. Las redes sociales le disputaron su monopolio a las maquinas de propaganda oficiales y de los medios masivos, pero no escaparon al aparato Goebeliano de propaganda y menos a corregir, y dilucidar lo real. Vemos todo opacado por ese sesgo de origen.

Aun así, podemos discernir. La solidaridad que debemos mostrar por el sufrimiento humano con todos y en todas partes justifica que, entre quienes tienen sentimientos religiosos, organicen cultos y círculos de oración a favor de las victimas ucranianas, ¡porque no? pero lo justifica solamente si -al mismo tiempo y de igual modo- se comparte esa oración a favor de todas las victimas del nacionalismo, incluyendo a los rusos en el Donbass, y a nuestros inmigrantes en las fronteras de EUA y en El Mediterráneo.

Un bloque como Celalc pudiera haber jugado un papel digno. Esta claro que no solo para el nuevo gobierno hondureño si no para muchos otros vecinos y del Caribe es difícil tomar distancia respecto de la diplomacia gringa. Pero, por lo menos, la clase pensante que es la verdadera elite, de lideres sociales, empresarios y académicos, religiosos e intelectuales, artistas y oficiales debería obligarse a protestar contra de la guerra, la complicidad, y llamar a la razón.

2 comentarios en “Contra la guerra, y diez cosas que sabemos que no es Ucrania

  1. Algo confuso entre ir y venir de ideas y algunos tópicos.
    Sea como sea, hay un antes con sus errores, hay un hoy de sufrimiento y agresión y un mañana tan incierto que nadie sabe de cierto como ira a terminar esta historia.

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