Consecuencias de la ausencia de políticas en educación

Edmundo Orellana Mercado, exFiscal General de Honduras.

 

Por: Edmundo Orellana Mercado

El problema ocurrido en la UNAH es consecuencia, entre otros factores, de la ausencia total de políticas públicas en esta materia.

La educación debe comprender el conocimiento de  lo  que local  y globalmente se exige de una persona para ser consciente de su realidad económica, social, política y cultural, y para insertarse  en   ésta  provisto  de   las   herramientas  que   le  permitan  contribuir  activa   y responsablemente en su dinámica.

 La  educación  es  un  proceso  que  se  inicia  en  el  nivel  primario  y  concluye  en  el  nivel superior.  Su  abordaje,  entonces,  debe  ser  integral.  Para ello,  debe  identificarse  un  centro desde el que dimanen las directrices, se fijen metas y objetivos, y se comprometan recursos para alcanzarlos, en cada nivel de ese proceso. 

Nuestra legislación, desde la Constitución hasta las leyes secundarias, diseña una estructura organizativa  y  funcional que responde a ese  modelo. En su vértice se encuentra un órgano que formula políticas, cuya aplicación vigila y evalúa el mismo, presidido por el Presidente de  la  República  e  integrado  por  los  organismos  responsables  de los  niveles  en  los  que  se distribuye el sistema educativo.

Esa es  la  instancia competente para uniformar, en  los respectivos  niveles,  las reglas académicas,  cuya  aplicación  es  responsabilidad  de  los  órganos  superiores  de  cada  nivel.  Rigen para todos los organismos y para todos los educandos.

Al Ministerio de Educación compete aplicarlas en los niveles primario y secundario, con las adecuaciones  que  correspondan  y,  según  la  ley  secundaria, al  Consejo  de  Educación Superior  corresponde  aplicarlas  en  el  nivel  superior,  no  obstante  que  la  Constitución confiere  esta  competencia  a  la  UNAH,  consecuencia  de  la  concepción,  prevaleciente  en nuestro  país,  en  el  sentido  de  que  la  Constitución  es  una  ley más,  susceptible  de  ser reformada por leyes secundarias y hasta por sentencias del tribunal constitucional. 

Este diseño, sin embargo, funciona parcialmente, porque el órgano central no se reúne y no toma  decisiones,  evidencia  de  que  no  se  aborda  integralmente  la  educación.  No  debe sorprendernos, entonces, que en los niveles primario y secundario se adopten decisiones sin conexión con el nivel superior, y a la inversa. No  existen políticas generales ni reglas para aplicarlas,  mediante  las  cuales  se  concreten  los  valores  y  principios  de  nuestra  educación.

Si el sistema educativo hubiese estado funcionando, la aplicación de las normas académicas en la UNAH no habría encontrado resistencia.

Por otro lado, la educación se aborda desde el punto de vista cuantitativo, no cualitativo. De ahí,  la preocupación del  Ministerio de Educación  por los días clase, no por los contenidos de la enseñanza, actitud que nos coloca muy distante de otros países de la región, como es el caso de Costa Rica, que, según  la UNESCO, en el 2010  nos llevaba 100 años adelante, en educación.

Lo ocurrido en la UNAH debe llamarnos a la reflexión sobre la situación de la educación y sobre la necesidad de las reformas académicas que exige  la realidad global en que estamos insertos.  Se  necesita  el  funcionamiento  del  sistema  educativo  y  también  la  revisión  de  los contenidos  del  conocimiento  que  transmitimos  a  nuestros  niños  y  adolescentes,  para verificar que estamos preparándolos para asumir, con responsabilidad y compromiso social, sus derechos y deberes ciudadanos, y capacitándolos para posicionarse  en la sociedad con el  conocimiento  de  su  realidad,  local  y  global,  y  de  sus respectivas  disciplinas,  para participar competitivamente en el mercado laboral.

Mientras  esto  no  suceda,  cualquier  reforma  académica  en  el nivel  universitario,  que  exija más   de   lo   que   demandan   los   niveles   precedentes,   corre   el   riesgo   de   fracasar estrepitosamente.

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