Cada 365 días los banqueros y los curas matan a Jesucristo

Por: Oscar Miguel Marroquìn

De este dantesco ritual nosotros no escapamos, por el contrario somos el centro de atención, este ritual está diseñado justamente para que cada individuo, ciudadano, sujeto o persona, recuerde que desde el poder se mata el cuerpo humano, tal como el poder mató  el cuerpo de Jesucristo, este es un permanente recordatorio que nos envían temporalmente los que ahora ostentan el poder, es decir, es un mensaje claro para que comprendamos lo que ha de pasarnos si nos atrevemos a romper las relaciones de poder desiguales y violentas en las que vivimos.

Este mensaje de asesinar el cuerpo humano es permanente, ahora justamente nos encontramos en el mes en el que desde esas relaciones de poder desiguales y violentas fue asesinada Berta Cáceres, ella según los banqueros debió haber pagado con su vida por el atrevimiento de evitar la comercialización de bosques y ríos, ella se interpuso en el camino de la ganancia económica, el sacrosanto poder de los banqueros no podía ser desafiado, pues el solo desafío es una señal de rebelión contra las relaciones de poder desiguales y violentas.

También he insistido hasta la saciedad con el caso de Anselmo Villareal, quien desde esas relaciones de poder desiguales y violentas su cuerpo fue asesinado con miras a recordarnos que nuestros cuerpos pueden correr la misma suerte, si alzamos nuestra voz contra la injusticia, la narcoactividad, el lavado de activos desde los bancos, la corrupción y la impunidad, el mensaje pues es claro, cualquier intento de levantar la mirada y alzar la voz por pequeño que este sea será castigado con la eliminación física del cuerpo.

Los estudiantes Mario Enrique Suárez y Gerson Daniel Meza asesinados hace algunos cuantos meses, son también otra muestra de esas relaciones de poder desiguales y violentas, sus cuerpos también fueron eliminados por sus captores, el mensaje es justamente el mismo, cualquiera que se atreva a enfrentarse a esas relaciones de poder desiguales y violentas será eliminado físicamente.

Jesucristo pagó con su vida el atrevimiento de enfrentarse al poder de aquella época, la condena fue asesinar su cuerpo, pero previo al asesinato en la cruz, Jesucristo tubo que vivir horas angustiantes de dolor físico, la corona de espinas, los clavos en sus manos y pies, arrastrar por un largo trecho la pesada cruz de madera, sufrir sed y quemaduras por el sol, y finalmente algunas punciones en su costado hechas por algún policía de aquel tiempo.

Se dice que previo al asesinato de los dos estudiantes, estos fueron torturados.

Ahora estamos a pocos días de ese recordatorio que banqueros y curas nos hacen cada 365 días, la muerte violenta del cuerpo humano, desde esas relaciones de poder desiguales y violentas.

Hemos asistido por un poco mas de un siglo a este dantesco y bochornoso acto, sin que hasta hoy existan señales reales de cambio en esas relaciones de poder; en esta oportunidad creo sin lugar a equivocarme, que hemos sucumbido ante esas relaciones de poder desiguales y violentas voluntaria o involuntariamente; hemos dejado de ser sujetos sociales y por consiguiente también hemos perdido nuestro papel de actores en la búsqueda de un cambio de esas relaciones de poder desiguales y violentas.  

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