Entre barbas y colochos: el Julietismo contra la Universidad

Por: Lucía Vijil y Engels Lopez

En la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), pasa de todo. Desde un Gobierno universitario tecnócrata hasta unas autoridades universitarias que utilizan los espacios institucionales para estigmatizar, criminalizar y despolitizar, desde organizaciones estudiantiles que avanzan, hasta estudiantes que van perdiendo el miedo, desde autoridades que imponen su visión única de Universidad y Reforma, hasta autoridades que acuden a los cuerpos especiales del Estado para dar seguimiento a estudiantes.

Ante los últimos sucesos ocurridos en la UNAH, que empieza cuando veinte (20) estudiantes realizaron la toma del edificio administrativo y su posterior dictamen de medidas cautelares; el contrataque de la Rectora en una de las Sesiones del Consejo Universitario en donde se dedicó a hacer mofa sobre los estudiantes que protestan; y el juicio en que tres (3) estudiantes fueron encontrados culpables del delito de usurpación. Lo anterior nos introduce en la idea que la universidad poco a poco se convierte en un campo de disputa y tensiones, y desvelar esos sucesos es un hecho que nos invita a construir nuevas herramientas de análisis y graduar las gafas con las que comprendemos la complejidad social.

En su libro más reciente el politólogo español, Juan Carlos Monedero, expresaba que vivimos un tiempo en que los canallas andan envalentonados y la gente decente anda perpleja. Por su parte, el profesor italiano Enzo Traverso expresaba que, en nuestras universidades, la función de las autoridades universitarias consiste en explicar cómo salvar la universidad del pensamiento crítico y reducir el conflicto, en detrimento de la participación de la comunidad universitaria en la construcción de la universidad y en el desarrollo de la reforma.

En los anteriores enunciados encontramos dos disputas que se vienen desarrollando en el seno de la vida universitaria: la política y la universidad. Siguiendo las ideas de Monedero, la noción de política hoy sufre una especie de parálisis cerebral y en distintas ocasiones los teóricos de la derecha han pronunciado su fin, entre reduccionismos, mecanicismos y positivismos. Bajo esa visión las instituciones han instaurado una nueva gobernanza en la cual la política ha sido utilizada para despolitizar la vida universitaria. Por eso no es extraño escuchar a la Rectora de la UNAH, expresando que el tiempo de la crisis y del conflicto termino, que hemos entrado en una época en que la ciencia y la razón tienen que hablar, y todo aquel sector que se oponga es un enemigo de la Universidad, de la Reforma y del Estado y por lo tanto tiene que enfrentar la justicia del país. ¡Menudo cuento para quien dirige una universidad pública!

Esos dualismos suelen ser peligrosos cuando comprendemos que todo proceso de Reforma Universitaria se desarrolla en base al consenso y la cohesión de la comunidad universitaria. Esa visión de la política trasmitida por el Julietismo ha conllevado a que la universidad sea gobernada por técnicos, expertos y especialistas. Ya bien lo decía Norberto Bobbio, la tecnocracia y la democracia son antitéticas, y por eso en la UNAH no nos sorprende que la cuestión publica ya no se disputa ahora se gestiona, la discusión académica ya no es pertinente es de calidad, el estudiante ya no es sujeto es mercancía, el pensamiento crítico ya no se construye sino que se mutila con procesos judiciales, la universidad ya no se concibe sino que se impone y la reforma académica no es cosa de la comunidad universitaria es una cuestión de consultores internacionales, es una cuestión de cooperación internacional, es una cuestión de los rankings internacionales, es una cuestión de todo, menos de lo que es importante.

Bajo esa visión la política y la ciencia son instrumentos de dominación simbólica que generan violencia simbólica, porque desde la visión del dirigente tecnócrata, la democracia es una especie de populismo que impone la razón del odio, en donde el otro es mi enemigo y yo soy el leal que defiende los intereses de la universidad y del pueblo. Estos integrantes del Julietismo son los nuevos reyes filosóficos de la política hondureña que en una era postotalitaria y posideológica, todo aquel agente social que critique el orden establecido da pruebas de sectarismo, es un seguidor de ideologías ochenteras y profano del pensamiento crítico y revolucionario.

¡Y ahí entran los barbudos y los colochos! La estética Julietista es como la estética posmoderna, no tiene nada que ver con la forma, el amor, el arte y la belleza, aunque se esconda en grandes paredes de cemento, circuitos de seguridad y edificios lujosos, su estética se alimenta de una crisis de autoridad, y aparece ante los ojos de la opinión publica normalizando modelos de conducta estándares, salvaguardando a la universidad de las creencias ideológicas que tanto daño “nos hicieron en el pasado” y reproduciendo una hegemonía que desnaturaliza el ser y el hacer de la universidad pública.

Según el Julietismo los estudiantes que protestan son vanidosos agentes del cambio social y portadores de utopías fracasadas y muertas. El Julietismo no solo carece de imaginación sociológica también es un heredero huérfano de la realidad histórica de la universidad latinoamericana. Aunque a menudo se arropan bajo los discursos reformistas del Manifiesto de Córdoba y en la gesta de los estudiantes hondureños que conquistaron la Autonomía Universitaria y que impulsaron un genuino proceso de Reforma Universitaria en la década de los 60 y 70 del siglo pasado. ¡Su retórica académica a menudo despolitiza la historia de la UNAH!

La UNAH aloja en ella un proceso de enfrentamiento evidente, entre un espacio de tiempo que ya se cumplió para los Julietistas y las nuevas formas de des pensar para pensar la universidad y la educación. Nos encontramos ante las caricaturas de las autoridades universitarias, pasillos lapidados con millones de lágrimas, docentes con silencios aguardados y ante una imponente esfera de individualización. Necesitamos recuperar las plazas públicas para repolitizarlas, dejemos los templos de consumo, deconstruyamos nombres y redenominemos el conflicto, ahora, emancipemos a la parálisis del desarrollo de la academia y este siglo que arremete con dejar huérfana a la universidad pública.

Hay algo más preocupante en el conflicto y es, una reforma que además de despolitizar, te impide ser agente pensante y diferente, una reforma que te excluye, una reforma que te lastima y da valor comercial, a aquello que jamás tendrá valor: ver tres (3) estudiantes, en calidad de imputados, ¡con colochos y barbas! Resonará en los espacios Julietistas y en los medios de comunicación, que la acción legal se cumplió y que la UNAH necesitaba controlar (sacar) a los Che, Cienfuegos y Castro.

¿Y qué decir de los uniformados de verde y negro? Digamos que cumplen su trabajo y que deben comer, digamos que solamente han sido víctimas de las autoridades universitarias, digamos que les pagan lo mínimo y digamos también que, para ser acosador, hostigador e informante, se necesita una pisca de 3-16 (porque es suficiente), poco o nada de vergüenza y muchas toneladas de cinismo.

Sin embargo, hay cosas que no se van a controlar jamás, los gritos de esperanza y los ojos de fuegos de los cuales hablaba John Holloway, buscando como fin último la consolidación de un proyecto que nos transforme y que sea la gente decente la que lidere la academia. El Julietismo podrá negar la infiltración de la ATIC en las movilizaciones, podrá negar la protesta, podrá negar el derecho a libertad de expresión, podrá negar los procesos de organización, podrá negar a la gente pensante, podrá negar la ideología, podrá negar a la ciencia, pero, la historia negará al Julietismo y reconocerá por siempre: ¡a las barbas y a los colochos!

 

Un comentario en “Entre barbas y colochos: el Julietismo contra la Universidad

  • Luis Gerardo Henriquez
    el junio 9, 2017 a las 5:56 pm
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    Pongan se a estudiar para sacar a Honduras adelante, dicen que mi privacidad termina donde comienza la ajena. Tres que se oponen a la autoridad tengo más de tres que no comparten faltar a clase porque vienen del interior.
    Una cosa es protestar y otra cosa es vandalizar.
    Cosas veredes Sancho amigo en mi Honduras

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