Veamos de cerca al huracán

Por: Mary Vallecillo

América Central es una región del planeta que posee una ubicación geográfica privilegiada con una variedad de recursos naturales únicos que tienen como denominador común suelos fértiles, considerables fuentes de agua y playas de ensueño, además de una fauna y flora envidiable. Sin embargo, esta región continuamente enfrenta serios desafíos naturales y corresponde a sus habitantes prepararse para proteger -en primer lugar- la vida y luego las propiedades.

Actualmente, Centroamérica vive una agitada actividad ciclónica, por lo que desde mi formación en el área de las Ciencias y la curiosidad que tuve desde niña por conocer las causas y características de los fenómenos de la naturaleza, hoy como una aficionada en el estudio de Meteorología entre otras ramas, contribuyo con este artículo para exponer las principales características de estos fenómenos tropicales.  

¿Cómo se forman?

Los fenómenos tropicales que usualmente afectan las islas del Caribe, Centroamérica, las costas de México y Sur-este de Estados Unidos, inician con la formación de una o varias tormentas eléctricas frente a la costa occidental de África, justo al norte del ecuador.

Fuente: https://spaceplace.nasa.gov/hurricanes/sp/

Una de las primeras condiciones para que se forme un fenómeno tropical es que las aguas del océano deben estar por encima de los 26 grados Celsius. Por debajo de este umbral de temperatura, los huracanes no se formarían o se debilitarían rápidamente una vez que se muevan sobre el agua fría. Las temperaturas del océano en el Pacífico oriental y el Atlántico tropical superan habitualmente los 26 grados Celsius.

El segundo factor muy importante es la distancia desde el ecuador. Debido al giro de la Tierra surge una aceleración relativa de los vientos, este fenómeno se conoce como la fuerza de Coriolis y sin este efecto no se formarían huracanes. Dado que la fuerza de Coriolis es máxima en los polos y mínima en el ecuador, los huracanes no pueden formarse dentro de los 5 grados de latitud del ecuador, es decir, muy cerca de la línea ecuatorial.

El tercer elemento significante es la temperatura del centro del fenómeno tropical. Los huracanes son tormentas de núcleo cálido. El calor que generan los huracanes proviene de la condensación del vapor de agua cálida del océano creando aire con bastante humedad. Normalmente, el aire húmedo asciende por el centro del huracán y se condensa en vapor de agua.

La cuarta y una de las condiciones más importantes es el cambio en la velocidad del viento con la altura. Los fuertes vientos en los niveles superiores destruyen la estructura de las tormentas desplazando las temperaturas cálidas por encima del ojo. Los huracanes no se formarán cuando los vientos de nivel superior sean demasiado fuertes.

El quinto componente son los valores altos de humedad relativa desde la superficie hasta los niveles medios de la atmósfera. El aire seco en los niveles medios de la atmósfera impide el desarrollo de huracanes ya que el aire seco provoca la evaporación del agua líquida. Dado que la evaporación es un proceso de enfriamiento, reduce la estructura del núcleo cálido del huracán.

El sexto factor es el de una onda tropical. Como lo mencionamos anteriormente, los huracanes en el Atlántico comienzan como un complejo de tormentas que se mueve frente a las costas de África. Si esta onda encuentra condiciones favorables como las que se indican en los primeros cinco componentes, se amplificará y evolucionará a una tormenta tropical o huracán como se denomina en el Atlántico, tifones y ciclones tropicales en otras partes del mundo.

A medida que crece una tormenta, ¿qué cambia?

A medida que crece una tormenta, pasa por una serie de etapas. Lo que comienza como una perturbación o disturbio tropical, con la circulación ciclónica y la velocidad del viento más rápida entre 23-39 millas por hora (mph), se convierte en una depresión tropical. Si el viento sigue aumentando su aceleración alrededor del centro de la depresión, se convierte en tormenta tropical (40-73 mph) y luego en huracán si los vientos superan las 74 mph. La velocidad del viento en los huracanes usualmente se mide en millas por hora.

Los huracanes pueden convertirse en huracanes más fuertes, es decir, de varias categorías.

Las clasificaciones de los fenómenos tropicales se basan en las velocidades del viento en la tormenta, no en el tamaño. Los huracanes que parecen pequeños en el radar pueden tener velocidades de viento muy altas. Y las grandes tormentas pueden tener velocidades de viento bajas.

Un aspecto esencial que se debe considerar para medir la magnitud de los fenómenos tropicales es la medida de la presión del aire, también llamada presión barométrica y se mide en milibares (mb). Esta presión, indica cómo está cambiando el peso de la atmósfera en la parte de arriba. Una presión atmosférica descendente generalmente significa que se avecina una tormenta en las próximas 12 a 24 horas. Es decir, cuanto más desciende la presión barométrica, más intensa es la tormenta. Los meteorólogos monitorean la presión central mínima del huracán basados en estas mediciones. A medida que la presión central mínima del huracán disminuye, significa que éste aumentará en velocidad de los vientos, por lo tanto, aumenta de categoría.  En otras palabras, si la presión aumenta, el huracán puede estar perdiendo fuerza (o atravesando un ciclo de reorganización). Si la presión disminuye, la tormenta está ganando fuerza y velocidad del viento.

¿Cuál es la estructura de un huracán?

A diferencia de la cantidad de mapas meteorológicos, un huracán es más que un punto y su trayectoria es más que una línea. Un huracán es un sistema grande que puede afectar un área amplia y requiere que se tomen precauciones inclusive en aquellas zonas lejanas de donde se predice que el ojo tocará tierra.

Estructura de un huracán. Fuente: https://spaceplace.nasa.gov/hurricanes/sp/

Para resumir las partes principales de un huracán, iniciamos hablando del ojo del huracán. El ojo es el centro del huracán, es un área relativamente tranquila y despejada, por lo general de 64 a 96 kilómetros de ancho. Cuando se realizan las observaciones en el ojo del huracán, los meteorólogos explican que los vientos y la lluvia increíblemente feroces parecen detenerse repentinamente y el cielo se aclara. Luego, con la misma rapidez, los vientos y la lluvia comienzan de nuevo, pero esta vez desde la dirección opuesta.

Seguimos con la pared del ojo. La densa pared de tormentas que rodea el ojo tiene los vientos más fuertes dentro de la tormenta. Los cambios en la estructura del ojo y la pared del ojo pueden provocar cambios en la velocidad del viento, que es un indicador de la intensidad de la tormenta.

Otro elemento dentro de un huracán son las bandas de lluvia. Las bandas de lluvia exteriores de la tormenta (a menudo con vientos huracanados o con fuerza de tormenta tropical) pueden extenderse unos cientos de millas desde el centro. Estas densas bandas de tormentas eléctricas, que giran lentamente en espiral en sentido contrario a las agujas del reloj, varían en ancho desde 80km y algunas llegan a más 500 km de largo. Por ejemplo, las bandas de lluvia del huracán Andrew (1992) se extendieron solo 160 km del ojo, mientras que las del huracán Gilbert (1988) se extendieron a más de 800 km. Actualmente, las bandas de lluvia del huracán Iota (2020) se extienden a más de 200 km del ojo. Las bandas de lluvia son importantes porque están asociadas con el tamaño del huracán. Sin embargo, el tamaño no es necesariamente una indicación de la intensidad de un huracán. El huracán Andrew (1992), el huracán más devastador de este siglo fue un huracán relativamente pequeño.

¿De dónde se generan los nombres de los huracanes?

Hasta principios de la década de 1950, las tormentas tropicales y los huracanes se rastreaban por año y el orden en que ocurrieron durante ese tiempo. Posteriormente, se pensó que el uso de nombres cortos y fáciles de recordar tanto en comunicaciones escritas como habladas es más rápido y disminuye la confusión cuando ocurren dos o más tormentas tropicales al mismo tiempo. En 1953,

Huracán IOTA. Fuente NOAA. https://www.nhc.noaa.gov/refresh/graphics_at1+shtml/055549.shtml?cone

Estados Unidos comenzó a usar nombres femeninos para las tormentas y, en 1978, se usaron nombres masculinos y femeninos para identificar las tormentas del océano Pacífico. Luego, en 1979 se adoptó este mismo sistema para nombrar las tormentas que se forman en el Atlántico. Actualmente, para nombrar los fenómenos tropicales en cada temporada, existe un procedimiento estricto establecido por la Organización Meteorológica Mundial. Para los huracanes del Atlántico, hay una lista de nombres masculinos y femeninos que se utilizan en una rotación de seis años. La única vez que hay un cambio es cuando una tormenta es tan mortal y catastrófica que el uso futuro de su nombre en una tormenta diferente sería inapropiado. En el caso de que ocurran más de veintiún ciclones tropicales con nombre en una temporada (como en el año 2020), cualquier tormenta adicional tomará nombres de las letras del alfabeto griego.

¿Cómo se mide la fuerza de un huracán?

Iniciando la década de los 70’s, Herbert Saffir (ingeniero) y Robert Simpson (meteorólogo), desarrollaron una escala conocida como Escala Saffir-Simpson para describir los efectos probables que los huracanes podrían tener en un área. La escala tiene cinco categorías, aumentando en intensidad de 1 a 5. Inicialmente, Saffir y Simpson crearon la escala basándose únicamente en la velocidad del viento. Más tarde, Simpson agregó niveles de marejada ciclónica. En un inicio, una depresión tropical alcanza una velocidad en sus vientos de hasta 34 mph; una tormenta tropical alcanza una velocidad hasta de 74 mph. Una vez que la velocidad del viento en el fenómeno sobrepasa las 74 mph, se convierte en un huracán y su fortaleza según la escala Saffir-Simpson es la siguiente:

Fenómeno Tropical

Velocidad del viento

Presión Central Mínima (milibares)

Huracán categoría 1

74- 95 mph

Mayor a 980 mb

Huracán categoría 2

96-110 mph

965-979 mb

Huracán categoría 3

111-130 mph

945-964 mb

Huracán categoría 4

131-155 mph

920-944 mb

Huracán categoría 5

Mayor a 155 mph

Menos de 919 mb

Huracán Iota, pronóstico de la fuerza de los vientos.

Fuente NOAA https://www.nhc.noaa.gov/refresh/graphics_at1+shtml/083413.shtml?tswind120#contents

 ¿Y cuando el huracán toca tierra?… ¿Qué ocurre?

Cuando los huracanes tocan tierra, comienzan a disminuir su fuerza porque ya no tienen el agua cálida del océano para obtener energía. Sin embargo, siguen siendo peligrosos y pueden causar mucho daño. En la zona donde el huracán toca tierra y hasta donde abarca el radio de éste, se experimentan además del viento, muchas precipitaciones. Toda esa lluvia explica en parte el inmenso poder de un huracán. El aire aspirado por el centro de baja presión de un ciclón tropical se convierte en vapor de agua que luego se transforma en lluvias Las lluvias generadas por los huracanes son uno de sus efectos más destructivos, ya que causan saturaciones en el suelo, inundaciones generalizadas, y destrucción en las zonas afectadas.

En este sentido, en las últimas décadas, más de la mitad de la mortalidad asociada con los huracanes se ha atribuido a las inundaciones. Por esta razón, es sumamente trascendental que la población no solo se debe concentrar en la ubicación y la trayectoria del centro del huracán. La razón es porque los vientos destructivos y las lluvias del huracán cubren una amplia franja que indudablemente será afectada ya sea en mayor o menor escala. Para finalizar, ante la situación que en la actualidad vive Centroamérica, especialmente nuestro país, Honduras, las autoridades y habitantes de estas zonas bajo amenaza de huracán deben tener como prioridad tomar todas las medidas necesarias para salvar su vida y la de los suyos.

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