Unión por Honduras

Por: Moisés Ulloa

Honduras es un país decadente. El cambio profundo es impostergable, pues estamos ante el momento histórico en que se socavan, ante la vista y paciencia de todos nosotros, los pilares en que se sustenta la República. Esto no es un criterio alarmista, es la triste y nefasta realidad en la que todos los hondureños despertamos diariamente. Acumulados a este criterio, la sociedad como tal ha perdido la brújula moral capaz de dictar la guía de los valores como un principio de rescate a la situación apremiante que hoy requiere de una acción impostergable.

Sin embargo, estoy con la seguridad de pensar que la moral y los valores no han caducado; simplemente se han adormecido, restan en un espacio que ha sido aprovechado por el mal. En este ambiente de acomodamiento general, hemos sido cómplices y las burbujas de la impunidad que alimenta la corrupción, los abusos y el sentimiento de superioridad que desprecia el sentido natural de defender y ayudar a los que más lo necesitan, ha ido en un crecimiento exponencial que se auto alimenta en un círculo vicioso. Para algunos el árbol del mal ha crecido tanto que no podemos cortarlo de raíz y si bien es cierto, no existen soluciones mágicas, si podemos hacer que los correctivos se ejecuten en el sentido apremiante que este momento histórico lo exige.

Ante esta realidad Honduras requiere de una unión de voluntades que sobrepasen el sentido político partidario. Este modelo de partidos políticos y de ideas que se encasillan bajo un color determinado, es el modelo que nos ha llevado precisamente a la encrucijada en que hoy nos encontramos. Sí, la política seguirá en existencia y por ende los partidos que la mueven, pero debemos volver la política al justo espacio que le corresponde. Opuesto a este criterio, esta carrera o lucha partidaria y divisoria por dominar plenamente los asuntos que determinan nuestra nación, nos ha invadido en cada faceta de la sociedad misma. Los gremios han sido politizados, el empresariado también y con esto, las propias soluciones a los problemas importantes del país han sido gravemente dañados con la politización. Nuestra educación, nuestra seguridad, nuestra salud, nuestra capacidad productiva, todos y cada uno de estos aspectos, tienen el control extremo del afán político.

Incluso la intelectualidad ha sido politizada y en ese ambiente, cada idea, cada intento, cada iniciativa que se enmarca como punto de partida para determinar el rumbo del país, es inmediatamente cortada, desacreditada, desprestigiada y desechada, simplemente porque no proviene del grupo del color político del momento. Esto impide que se establezcan políticas de gobierno firmes que sean sostenibles con el tiempo y le brinde continuidad a las áreas fundamentales de desarrollo social, de movilidad ascendente y por ende de crecimiento. Nuestra idiosincrasia Maya la hemos llevado a un extremo y destruimos por sobre los avances positivos que otros han construido. Muchos debaten que para que un país se una en prosperidad, primero este debe de sufrir; pero creo que Honduras ya alcanzó ese punto, ya hemos sufrido suficiente.

Debemos  unir la voluntad patriótica con la finalidad principal de realizar una reforma a la estructura básica de la sociedad y del estado. No un plan, pues de planes y estudios estamos hasta el cuello, sino verdaderamente de una ruta de desarrollo de los próximos 40 años, basados en cuatro campos y sustentado por un modelo económico con rostro humano: Educación, Salud, Seguridad y Productividad. Mediante esa reforma se debe pretender un objetivo, establecer la ruta a seguir que propicie el crecimiento y protección de la clase media del país, pues un país grande y próspero, es un país con una robusta clase media.

Pero para llegar a este objetivo, tenemos que dar un firme primer paso, debemos retornar a nuestro país a la senda democrática. Esto implica la separación del poder de quien hoy lo ostenta de manera ilegítima y la implementación de una especie de junta de transición que coordine las reformas electorales necesarias y encauce la administración pública en un ordenamiento y control de los recursos del estado, actualmente despilfarrados en campos ajenos del bienestar social. Este acto no puede ocurrir sin la unión abnegada de las fuerzas en oposición. Por eso hacemos eco, aplaudimos y acompañamos las iniciativas y esfuerzos enmarcados precisamente en lograr una unión por Honduras en donde los actuales líderes políticos no sean, en este momento, los protagonistas en ocupar el poder público que hoy se encuentra secuestrado.

El compás moral debe despertar, las voluntades honestas del país se deben de unificar no de una manera utópica, sino que real. Honduras no puede continuar en el camino de la dependencia mesiánica, en espera que un líder vendrá a solucionarlos los problemas. El país requiere hoy del conjunto de varios líderes que reconozcan y motiven la colectividad nacional a enrumbar sus destinos. Nuestra generación es la llamada a dar ese paso, aunque los beneficios principales de esta propuesta no necesariamente los veamos nosotros, pero que sea la herencia para nuestros hijos y nuestros nietos. Ya no debemos conformarnos ni pretender soluciones cosméticas, cortoplacistas, debemos apuntar a la excelencia y eso únicamente se logra con disciplina, con el compromiso, con constancia, con tiempo y con la unión de todos los sectores.

Caso contrario no tiene sentido gritar “Fuera JOH”, si el que lo reemplace será quizás igual o peor que el actual dictador y aunque no lo sea así, no gozará del sentir de las mayorías, pues nuestra sociedad está polarizada. Se debe en este sentido buscar solución enmarcada en la buena voluntad de una colectividad capaz de entender que la respuesta a los problemas que actualmente afrontamos y las carencias que como sociedad hoy existen, es producto de una política egocentrista. Cuando los buenos y honestos (mujeres y hombres) hondureños nos unamos en el afán correcto de la solidaridad y el bien común, lograremos sobrepasar las barreras ideológicas y partidarias que hoy nos separan.

La inseguridad, el hambre, la ignorancia afecta a todos y todas, sin importar color. En ese 67% de pobreza existen de todos los partidos, nos debería de dar vergüenza recibir un voto de estos humildes compatriotas al que los gobiernos de forma sistemática han sido incapaces de darle el mínimo de solución a sus necesidades básicas. Esta es la peor hipocresía política, llenar las barrigas al hartazgo producto del sacrificio de los más necesitados.

De no comenzar un movimiento sincero en unión con la gente buena del país (que existen, pero que están solapados), entregaremos para siempre nuestra patria a las garras de los malévolos, estos que hoy se la han adueñado por nuestra permisividad y así también de otros iguales o peores, que se encuentran haciendo fila esperando su turno. Únicamente en unión franca y valiente, lograremos hacer la reforma que el país requiere y que se lo adeudamos a las generaciones siguientes. Caso contrario, la caravana se convertirá en avalancha y todas las mujeres y hombres de esta patria tendremos (unos antes, otros después) que abandonarla y dejar que el mal sea quien reine para siempre. De proseguir por esta senda, el nombre Honduras no será la definición que determine la intensidad de una idea, sino la distancia aquella de los anhelos inalcanzables.

El nuevo orden

Por: Moisés Ulloa

Estamos a punto de ser testigos de procesos de cambio en nuestra Honduras. Para aquellos fanáticos de la saga de la “Guerra de las Galaxias”, podríamos decir que -se siente un disturbio en la fuerza-. Este proceso que ya dio inicio, viene en estampida y no existe mortal alguno que lo detenga.

Es por eso que con suma atención leí un artículo que gentilmente me compartiera a través de su cuenta de Twitter el respetado intelectual don Rodolfo Pastor: “Política anti-corrupción: ¿Intentan los EEUU desplazar al Partido Nacional del poder en Honduras?” análisis realizado por el sesudo pensamiento de don Gustavo Irías, director ejecutivo del Centro de Estudio para la Democracia CESPAD. Su artículo pone en escena los recientes aseguramientos de las sedes de los dos partidos políticos centenarios del país y como esto es parte de un plan estratégico por parte de los EEUU por reconfigurar las fuerzas políticas internas.

El escrito profundiza en la lucha anticorrupción de los EEUU, pero detalla que este actuar es más que un elemento meramente de orden y justicia; sino que lo enmarca verdaderamente, en una estrategia geopolítica que tiene como fundamento principal, la estructuración de un nuevo frente de oposición, que en cierta forma invisibiliza de forma paulatina (cualquier parecido con PAULINA es pura coincidencia), al partido creado por las estructuras Melista.

Dicho de otra forma, don Gustavo Irías plantea el hecho que los EEUU buscan una alternativa afín a sus pensamientos que permita el desplazamiento del partido de la dictadura sin crear un vacío de poder y sobre todo, sin la posibilidad que el desencanto en la clase política, hago un efecto extremo que someta a nuestro país a un giro a la izquierda Melista.

Sin duda alguna, el escrito del ilustre pensador Irías trajo varios comentarios en las redes e intercambios de opinión que valen la pena ser descritos, comenzando por un tuit mío en el que manifesté: Estamos ante una evidente recomposición, impuesta pero válida y necesaria, de la clase política; de este comentario el doctor Rodolfo Pastor manifestó “No es válida, ni puede ser sostenible una recomposición impuesta, que no sea el resultado de un proceso político propio, democrático y soberano. El resultado de una nueva impostura será una distorsión más de nuestro sistema político, que no representa ni sirve a los hondureños”; un ciudadano Carlos González indicó “Pero es realista, USA siempre va querer meter sus manos aquí, la estrategia siempre debe incluir ese factor, factor que no consideró Mel con su cuarta urna. Si Panamá, Costa Rica, Uruguay y Chile han podido manejar esa intervención y progresar, es posible aquí también”; el propio autor don Gustavo Irías aportó a la lluvia de ideas y manifestó, “El factor EEUU es real, lo importante es superar la mirada de que todo lo determina Washington. La dinámica interna de las fuerzas políticas también define el curso de la historia. La recomposición impuesta es muy dañina a la democracia, aunque no sea sostenible, es un escenario posible ¿cómo evitar que ese curso tome fuerza?”, a lo que le respondí:  nuestra inexistente institucionalidad permite la validez de lo impuesto. La clase política tradicional ha abusado de ese entorno, ambos componentes se nutren una de la otra. Si no existe esa recomposición de afuera, una revolución es inminente; finalizando el doctor Irías con un pensamiento que determina de forma contundente lo que estamos por vivir, “Estoy de acuerdo, tal como está la situación interna es muy difícil gestionar una salida a la crisis que sea favorable a los intereses de Washington. Ese es el juego, juego de tronos”.

¿Volvemos entonces a ser el experimento preferido del Imperio? La respuesta es sí. Nos hemos convertido en el eslabón para los EEUU de lo que no se puede perder en la región centroamericana; por lo tanto, la única opción viable que pueda darle un sostenimiento a la estructura del poder geopolítico, pero que al mismo tiempo permita una válvula de escape y de respuesta a los anhelos, a la presión social, a la mora moral, de justicia y de humanidad que se han acumulado por el egoísmo evidente de las clases de poder, es un nuevo orden.

Este nuevo orden que lamentablemente será impuesto, comenzará con el señalamiento de muchos de los miembros del club exclusivo del poder en Honduras: poco a poco nos iremos enterando (aún más) del desfile de personajes que serán descritos por “El Efecto Torres” y cuya muerte financiera dará paso a sus caídas en las diferentes actividades de la vida nacional. A esto no debemos de ignorar lo interno, en donde la UFECIC y la MACCIH tendrán que continuar su proceso de enjuiciamiento de los casos de corrupción que han fraguado y blindado las esferas del poder comprometidas por su actuar delictivo. Ante esta avalancha de presión internacional, no existirá ni una corte a la supuesta medida, capaz de detenerlo. Lo seguirán intentando sin duda, pero fracasarán.

En este proceso vendrán grandes “sacrificados”, pero que quede claro que estos son cualquier cosa, menos inocentes. La gran mayoría de los que serán marcados y tocados en esta purga inminente, son personas que durante años y de manera sistemática, han robado de forma descarada los tesoros del país, se han llenado a reventar sus barrigas ya obesas por su abuso y en su nefasta causa, han empobrecido aún más al pueblo, han degradado al estado y han hecho que la ciudadanía tenga un pie hacia un posible conflicto social sin precedentes en la historia de esta patria.

Este nuevo orden implica por lo tanto el resurgimiento de una nueva clase política, empresarial y social y aunque recalco, no es un producto de la voluntad soberana del país, si es necesaria y apremiante. Los políticos y la sociedad doméstica, fueron incapaces de autocorregirse y de limitarse en su desfachatez. Las cúpulas empresariales, los gremios e incluso, dos de las instituciones pilares de nuestras sociedades (iglesia y FFAA), se fueron acomodando, cerraron los ojos ante lo evidente. Hoy ante esta complicidad silenciosa de algunos y activa de otros, nos encontramos ante las puertas de una composición de piezas que debe urgentemente suceder, pues ante la realidad de no llevarlo a cabo y que las cosas sigan en la orgía de poder y corrupción actual, implicaría en mi opinión, un inminente levantamiento social.

El diálogo, aunque descalificado por muchos, puede dar paso al trabajo a lo interno que debemos ejercer, en preparación a lo que  conlleva este nuevo orden; dos fundamentos deben de salir de este diálogo: el plebiscito a corto plazo para determinar un pacto social (no debemos descartar, ni satanizar una ANC, pero esta no puede ocurrir sin antes haber depurado a esta clase política) y la voluntad inquebrantable que no se vaya a negociar ningún tipo de impunidad para aquellos que han cometido traición a la patria y que en este momento han sido blindados por los mismo EEUU. Por lo tanto, la misión fundamental de este ejercicio debe ser el conocer la verdad, el iniciar mediante esa verdad a hacer justicia y buscar, con ese nuevo pacto social, crear las estructuras de progreso, institucionalidad y oportunidad imperantes para tener paz.

Finalmente deseo manifestarles, que en este nuevo orden no debe de existir ningún tipo de exclusiones en cuando a pensamientos se refieren. La Izquierda genuina de Honduras, tiene valiosas aportaciones que hacer al país y representan a miles de compatriotas cuyo sentido político partidario tiene todo el derecho a ser y a participar en los derroteros como sociedad y nación. Un nuevo orden, por lo tanto, no puede ser excluyente, su único requisito debe ser el interés de Honduras, ante todo.

Entonces que no nos sorprenda lo que está por suceder en Honduras; si debemos prepararnos, pues este cambio fuerte que estamos por vivir no se aceptará de forma tranquila por aquellos que serán tocados y restringidos de sus patrimonios mal habidos. Se escucharán gritos de dolor y habrá lágrimas de penas; pero por primera vez no serán producidos por el pueblo, sino por aquellos que se acostumbraron a hacerlo sufrir y a salirse con las suyas.

Lo que el tiempo nos enseña

PANDEMONIO

Por: Moisés Ulloa Mejía

El día sábado recién pasado cumplí 54 años de vida. Fue una celebración atípica, pues hemos estado ante la hospitalización de un miembro de nuestra familia en estado crítico. Por lo tanto, tenemos ya varios días de “acampar” en salas de hospital y el día de mi cumpleaños no fue la excepción.

Con la acumulación de los días, hemos ido conociendo a las enfermeras y otras personas que laboran en el hospital, así como a los familiares de otros pacientes. Es así como al arribo de mis 54 agostos, mientras algunos me felicitaban discretamente, otras personas a nuestro alrededor, lloraban la agonía de su ser querido. Esto me ha hecho meditar y desempolvar un escrito que hoy les comparto:

El concepto del tiempo es algo que ha sido debatido y analizado por grandes pensadores; desde el preciso instante en que el hombre se percató de su existencia, supo del tiempo.

Nuestros antepasados Los Mayas eran estudiosos del tiempo, llegando al punto de crear un calendario sumamente preciso, que utilizaban no sólo para medirlo, sino también para predecir los eventos importantes de su civilización.  Al igual que Los Mayas, el hombre sigue hoy contemplando el tiempo, soñando con poderlo dominar.

¿Cuántos de nosotros hemos deseado poder regresar las agujas del reloj para enmendar un error cometido? o poder retornar al pasado para compartir con los seres queridos que hoy no están. – Un buen amigo al comentarle sobre este escrito me indicó, “si yo pudiera retornar el tiempo, me gustaría cometer los mismos errores, pero más temprano”. Esa es el arma mortal del tiempo, su perenne irreversibilidad.

Así como es el pasado, igual de inquietante es el futuro. Para algunos es un castigo no saber lo que podría suceder mañana, pues si algo trae el tiempo es la incertidumbre. En el momento que el hombre supo de su existencia, supo de su mortalidad y con la mortalidad vino la impotencia que produjo la realidad de reconocer que no poseemos el control sobre el futuro; el tiempo es infinito, pero no lo es para los hombres pues nadie nos promete el día de mañana.

Esta realidad es la que hace al hombre buscar la “inmortalidad”. Una forma de lograrlo es alcanzando la “inmortalidad histórica”; sin embargo, la historia inmortaliza tanto lo mejor como lo peor de la humanidad. Encontramos “vivos” en los libros de historia tanto a Saúl de Tarso como a Nerón, a Gandhi como a Hitler, a Juan Pablo II como a Alejandro VI. Otra forma de lograr la “inmortalidad” es posiblemente a través de nuestros descendientes, esperando que perduren para siempre nuestros nombres y apellidos, esperando que alguien nos mantenga “vigente” en sus mentes y en sus corazones.

Podemos olvidarnos del pasado y podemos intentar no pensar en el futuro, pero nunca podemos ignorar nuestro presente. Congelar el tiempo para que este momento feliz nunca se acabe, para no envejecer, para no morir o simplemente, para poder terminar lo que hoy tenemos que efectuar.

Nuestra conciencia sobre el tiempo y el espacio, nos obliga a vivir en una interminable carrera en contra del propio tiempo. Esta carrera es una lucha por obtener y lograr más en el menor tiempo posible. Ilusos seres que somos, pues aún aquel que llegue a vivir los cien años dirá al momento de su muerte que no tuvo “el tiempo suficiente”.

Lo que me fascina del tiempo es su relatividad. Una misma hora se convierte para unos en la mejor hora de sus vidas y para otros en la peor, el tiempo de felicidad se va tan rápido, pero el tiempo de hacer lo desagradable se va tan lento; para algunos un año es una eternidad, para otros es un simple suspiro.

El tiempo nos brinda esperanza, la oportunidad de pensar que todo puede mejorar: “El próximo año iremos al mundial”, “El gobierno sólo dura cuatro años” (o al menos eso pensábamos), “mañana encuentro el amor de mi vida”, “mañana te pago” y la cúspide de todo, “mañana será mejor.” Y así el hombre honra el tiempo, estableciendo como fechas importantes los eventos tanto individuales como de la colectividad humana. Así establecemos los ciclos de la producción, nuestros cumpleaños, los aniversarios.

El tiempo es también un excelente profesor. El tiempo nos enseña a perdonar, nos enseña a olvidar, “el tiempo cura todas las heridas”, el tiempo nos enseña a amar.  Con el tiempo viene la paciencia, la sabiduría. Con el tiempo viene la humildad. Recuerdo una canción que inicia diciendo “Sabe a virtud de conocer el tiempo”, eso es una verdad, pues al final podemos resumir la vida simplemente como la suma de todos nuestros momentos.

Nos indican los filósofos que el tiempo es movimiento, existencia, orden y relatividad. Otros dicen “el tiempo es oro” y La Palabra nos indica: “Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa…” (Eclesiastés 3:1-9).

Y es así entonces que valoro el tiempo que usted, amigo lector, ha utilizado en este artículo y en su pensamiento; valoro también, los cientos de felicitaciones que me hicieron llegar en las diferentes plataformas de redes y otras en mi cumpleaños. De manera especial, valoro aquellas felicitaciones de las personas que no compartimos criterios políticos similares, esto me ha dado la esperanza que efectivamente en Honduras, podemos encontrar las avenidas del entendimiento que nos permita lograr la paz.

Mi cumpleaños 54 no lo olvidaré jamás, pues me hizo reflexionar rodeado del dolor de muchas personas que perdían la existencia de un ser querido. Me hizo recapacitar el valor de estar con vida y tener a nuestros familiares y amigos cerca; de todos los tiempos, el peor es aquel tiempo perdido. Lo perdemos en cosas no importantes, en vanidades absurdas, en enojos y rivalidades. Perdemos la valiosa oportunidad de decir un “te quiero”, de sonreír más, de ayudar a otros, de hacer el bien y lo correcto. El tiempo corre y pasa, se no va como agua entre las manos y con este, se nos va la vida. No lo perdamos destruyéndonos y descalificándonos, este es el tiempo de ser mejores y hacer una Honduras digna, manos a la obra.

*Foto portada: Revistac2

PANDEMONIO

Por: Moisés Ullua 

redaccion@criterio.hn

PANDEMONIO
Moisés Ulloa

Tegucigalpa.-Muchas veces para ser analista socio político no se requiere de pensamientos teóricos profundos que lo único que logra es confundir a la audiencia. En este sentido, una línea que he esgrimido desde febrero de este año en diferentes medios de comunicación en los que he sido invitado, es que la tristemente célebre frase del indómito: “caiga quien caiga”, se ha convertido en un verdadero “sálvese quien pueda”. Nada más ilustrativo que las acciones tomadas por los varios miembros del congreso nacional (si, debemos escribirlo en minúscula) ante este último acto de desesperación por intentar evadir la justicia, como ha sido la norma, evitando así perder los patrimonios mal habidos que han ido recolectando en su camino delictivo.

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“El Pacto de impunidad” fue la evidente orquesta del mal que compuso una melodía maquiavélica en cuyas notas musicales pretendieron eliminar a la MACCIH o por lo menos a su brazo de ataque, la UFECIC. En el proceso, se cayeron las caretas de muchos mal llamados padres de la patria, descubriendo sus verdaderos rostros de simples delincuentes.

Nada diferente a los miembros de una mara, que planifican un acto para cometer y sobrevivir mediante la extorsión, pues ha quedado también evidente con el último caso (de los muchos que están por venir) que “pandora” efectivamente ha sido la forma tradicional de comprar voluntades y a su vez, permanecer perennes en el poder, con la única intención de seguir así, abusando de este en un ciclo que para ellos era aparentemente interminable.

Así se han repartido el poder y el billete, en un juego de protegerse mutuamente a cambio de privilegios económicos y políticos. No se engañen en pensar que de esta práctica, únicamente miembros de los partidos tradicionales han tenido parte en el juego, también otros de los partidos bisagras y hasta uno que hoy dice que marcha en contra de la corrupción, han vestido la camisola del equipo del delinque y han sido enlodados en el campo de la ilegalidad. No coman ansias, que esos destapes también se darán.

Sin embargo, para ser justos, también en esto han sido partícipes grandes empresarios de todos los sectores, militares, iglesias y organizaciones gremiales. Lamentablemente algunos miembros de estas organizaciones e instituciones se han prestado al trueque a cambio de gozar un poco del pedazo del pastel o tan siquiera por tener la oportunidad que los inviten a sentarse en la mesa. Si pensaban que esto es un asunto solamente de políticos se equivocan, personas que consideramos honorables de distintos ambientes sociales, económicos, profesionales y religiosos del país, se han cobijado en el manto oscuro de lo fácil y han sucumbiso ante los brazos tentadores de la corrupción.

Durante el tiempo que el hampa ha gobernado, miles de pacientes humildes en los hospitales públicos han muerto, miles de la infancia hondureña no ha tenido la posibilidad de recibir una clase sentado en un pupitre o en una aula descente, millones de nuestros jóvenes compatriotas se han quedado sin ninguna otra opción más que emigrar, delinquir o morir.

Las víctimas de la corrupción y de los juegos del poder político de Honduras tienen nombres y apellidos, sus tumbas existen, así como los familiares que hoy los lloran. La sociedad justa y honesta de Honduras debemos convertirnos en la voz de esos muertos, debemos ser herramientas de exigir justicia ante los corruptos que caminan libremente impunes y con una sonrisa de satisfacción maléfica.

Sin embargo tenemos en estos momentos la esperanza que hemos finalmente llegado al punto de quiebre. Los hechores de estos terribles actos corruptos hoy están en un pandemonio, producto del canibalismo entre los mismos delincuentes (no se puede esperar honor entre las ratas), producto de un sálvese quien pueda, producto de la teoría de un “si me hundo, te llevo conmigo”. Todo esto también se ve acentuado ante la realidad que quien ostenta ilegalmente el poder, a razón de permanecer en este y recibir protección para su círculo inmediato, parece estar dispuesto a convertirse en el colaborador eficaz número uno de esta historia, es por eso que “Los viajes de Gulliver” continúan justo en el momento que usted lee estas notas.

De igual forma, “El Efecto Torres” que aunque oficialmente no a iniciado, ya está causando olas; y amanecimos con la noticia que a 16 “honorables” diputados, han sido despojados de sus visas, al menos en ese país del norte, ya no son bienvenidos. Esperamos esto se traduzca en la confiscación de sus lujosas propiedades y el congelamiento de sus cuentas en los bancos extranjeros y locales.

Sí, hay cambios de vientos en esta lucha desigual contra los corruptos y sí, las víctimas de la corrupción han sido miles de miles …”serán muchos, oh Honduras tus muertos”… depende  ahora de nosotros asegurarnos que hayan caído con honor y no en el olvido terrible de lo impune.