Cierre de accesos provoca caos en alrededores del mercado Zonal Belén

Por: Redacción CRITERIO.HN

Fotos: Fernando Destéphen

Tegucigalpa. –Eran las nueve de la mañana de este martes y en el Bulevar Santa Fe o del Norte se conservaba una aparente calma producto del toque de queda que mantiene a medio vapor las actividades económicas en este centro de abastos.

También lea: Mercado Zonal Belén se traslada a las calles aledañas

La vida en este mercado ya no es la misma de antes cuando decenas de vehículos turnaban para ingresar. Unos llegaban a abastecerse de frutas, verduras y abarrotería en las bodegas para revender sus productos en pulperías y mercaditos, y otros a tomar el autobús para irse a sus pueblos de los municipios del norte de Francisco Morazán, Olancho y algunos de la zona sur y de Yoro, porque adentro también funciona una terminal de buses interurbanos.

El encierro del mercado ha obligado a los vendedores a apostarse en las calles de los alrededores con carretas y canastos de frutas, abarroterías y productos de higiene personal, en busca de clientes que les permitan agenciarse un poco de ingresos.

Pese a la pandemia por el Covid-19, no todos respetan el distanciamiento, tampoco usan mascarillas, pese a que dentro del grupo están los vendedores de estos artículos que se han convertido en una necesidad básica.

La emergencia sanitaria ha cambiado también las rutas de acceso al Zonal Belén. Ahora los vehículos son desviados a la colonia Las Mercedes, convirtiendo este sector en un laberinto y en un malestar para los vecinos de este sector, que hoy colocaron carros y lazos para cerrar el acceso.

El embotellamiento de vehículos se trasladó, ante la vista y paciencia de los agentes de tránsito, a la colonia El Pedregalito y a la parte trasera del mercado Zonal Belén, donde hay un enorme basurero. En este lúgubre lugar, tres niños juegan con unas cajas de cartón vacías. Las imágenes desgarradoras no detuvieron ni el tráfico, ni la mirada de los conductores y transeúntes.

 

Un hombre empuja un troco cargado de cajas hacia la salida del bloqueo que la Policía Nacional mantiene en la entrada del mercado, detrás varios vendedores cargan cajas de plástico vacías. Honduras inicia su tercer mes con medidas de restricción de la circulación debido a la epidemia del nuevo Coronavirus.

 

A pesar de la segmentación de la población para circular y los retenes de la Policía Nacional, aún hay tráfico. Una ambulancia intenta pasar por el Bulevar del Norte, ocupado por vendedores ambulantes del mercado Zonal Belén. Al fondo una mujer camina usando un cubrebocas de tela roja.

 

Una empleada de una panadería recibe un pedido, mientras otra  pasa revisión a la lista. En la colonia Monseñor Fiallos la actividad comercial no se ha detenido, los empleados de farmacias, llanteras, talleres, cafeterías, polleras y licorerías, siguen trabajando como cualquier otro día.

 

Tres niños juegan con cajas de los productos que desechan los dueños de los negocios del mercado, entre gritos y el calor que se mezcla con los olores de la basura de la calle y de un contenedor.

 

Un hombre realiza una escandalosa prédica a pocos metros del bloqueo al mercado Zonal Belén de Comayagüela. 

 

El tráfico en la colonia Monseñor Fiallos de Comayagüela  podría indicar que volvimos a la normalidad. Un camión cisterna lleva agua para vendérsela a los capitalinos que sufren por la ausencia del vital líquido en sus casas. Adelante un camión de mudanzas   y a un lado un pick up verde con un barril plástico azul en su parte trasera, se cruzan en una intersección en la avenida Cabañas.

Mercado Zonal Belén se traslada a las calles aledañas

Mercado Zonal Belén
Este es el negocio de Manuel Méndez, ubicado en la avenida Cabañas del barrio El Country de Comayagüela.

Por: Fernando Destéphen

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa. – Los días del confinamiento van pasando y con ellos se van acumulando los problemas económicos de miles de hondureños que ya no encuentran qué hacer para seguir sobreviviendo. El mercado Zonal Belén en Comayagüela es una clara muestra de lo que está ocurriendo.

Lea además: Covid-19 hace que hondureños se reinventen para sobrevivir 

En las últimas semanas la gente ha optado por no visitar el mercado por el miedo a un contagio por el Covid-19, por lo que las ventas se han venido abajo. Los vendedores de frutas y verduras fueron trasladados al bulevar Juan Pablo II de Tegucigalpa y otros se están yendo a las aceras de las calles circunvecinas.

Manuel Méndez de 47 años vendía ropa adentro del mercado, ahora junto a su familia y gracias a préstamos familiares (remesas de parientes en los Estados Unidos) cambió su nicho por productos de higiene: cloro, detergente, jabón, papel higiénico, pasta dental y aceite de cocina. Su familia ha montado el nuevo negocio en la avenida Cabañas del barrio El Country de Comayagüela.

En tiempos del Covid-19, lo que vende Manuel se ha convertido en productos de primera necesidad, quizás el miedo al contagio hace que la gente compre hasta de manera compulsiva.

Mercado Zonal Belén

En unos cinco metros se ven torres de papel higiénico, líneas de botes de cloro, detergente y jabones, que surcan la acera, impidiendo así el paso de los transeúntes. Unos le compran y otros se quejan por la estrechez del camino.

 

El sol se ha ocultado en una densa y enorme capa de humo que cubre el Distrito Central. El calor se mezcla con el humo y se transforma en vapor. Pero, eso no hace que Manuel baje los brazos y se dé por vencido, él sigue haciendo promoción a sus productos.

El hombre convence a sus clientes sobre la necesidad de abastecerse para ganarle la lucha al Covid-19 que ingresó a Honduras el 11 de marzo con la entrada al país de una mujer procedente de España. Lo que ha olvidado Manuel es que en muchos hogares capitalinos el agua no llega y esto frena cualquier medida de bioseguridad.

TRAGEDIA

Hasta la fecha el departamento de Francisco Morazán reporta 65 casos de Covid-19, una proliferación menor a la registrada en la zona norte, epicentro de la pandemia. La zona central se ha liberado un poco del virus, pero está siendo atacada por los incendios forestales.

En todo el territorio hondureño las llamas han consumido al menos 15 mil hectáreas en los primeros cuatro meses del 2020, lo que provocará a corto plazo, mayor escasez de agua, elemento básico para la sobrevivencia y que en Tegucigalpa ha estado siendo utilizada por los bomberos para controlar los incendios forestales, e incluso, para apagar las llamas que absorbieron el mercado Colón de Comayagüela.

Muy a pesar del contaminado clima, Manuel y su esposa continúan la venta

en compañía de sus tres hijos adolescentes, quienes que venden y cobran. Adelante de ellos estás estacionados varios vehículos tipo pick up con frutas y verduras.

La historia de Manuel es similar a las de miles de hondureños que se están reinventando para sobrevivir en tiempos de una pandemia que ha desbaratado las robustas economías de países desarrollados de Europa y Asia. En Honduras, el panorama es desalentador y se complica aún más por los elevados índices de pobreza y la corrupción.

Los ingresos de Honduras descansan en un 70 por ciento de la economía informal, sector que está siendo el mayor afectado por los efectos del coronavirus. El confinamiento está provocando el cierre de negocios mientras el gobierno vuelve su mirada a la gran empresa. Pero los reclamos por esta preferencia se han comenzado a sentir.

Mercado Zonal Belén
Pese a la medida de confinamiento, los capitalinos siguen saliendo a las calles a buscar los ingresos para sobrevivir.

Este lunes, acordonado por cintas amarillas simulando peligro y precaución, el empresario de San Pedro Sula, Roberto Contreras, inició una huelga de hambre exigiendo la absorción del 100 por ciento de la factura de la energía eléctrica por parte del gobierno, Empresa Energía Honduras (EEH) y los generadores térmicos.

Contreras reclama porque pese a que su negocio ha estado cerrado desde hace 42 días, cuando el gobierno ordenó el cierre de las actividades económicas como medida para evitar la propagación de la pandemia, ha seguido pagando la factura por 200 mil lempiras.

La propuesta del empresario es que la EEH, las térmicas y el gobierno absorban el costo de la energía desde el 16 de marzo, cuando comenzó el confinamiento hasta que se reactive la economía y que el gobierno prescinda de los contratos leoninos de energía que establecen un precio de 21 centavos por kilovatio hora, mientras en Guatemala y El Salvador es de ocho centavos.

Mientras Contreras continúa protestando dentro de esa maraña de cintas, Manuel Méndez y su familia continúan vendiendo. “La necesidad nos obligó a esto”, dice Méndez mientras cuenta un dinero que es el cambio de un cliente.