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Sobre el triunfo de la coalición (Reflexiones sobre la pandemia) (67)

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Por: Rodil Rivera Rodil

No sé a quién dejó más atónito la magnitud de la victoria del domingo, si a los nacionalistas o a la misma coalición. Y no debió ser así, porque el “fuera JOH” era una exigencia generalizada en la gran mayoría de la población, por lo que era lógico pensar que la respuesta electoral en contra de JOH sería inmensa. Pero dado el temor que existía en todos nosotros del fraude y hasta del golpe de estado, nos parecía imposible que la diferencia alcanzará las dimensiones que estamos presenciando.

Y, dicho sea de paso, no me cabe duda alguna que JOH siempre logró montar algún tipo de trampa, de las tantas en que ha demostrado ser un consumado especialista, como lo demuestran los intentos denunciados por el Consejo Nacional Electoral de hackear sus computadoras y de que más de 60 mil personas pretendieron votar varias veces con el mismo documento de identificación.

El fuera JOH” fue, por tanto, uno de los factores fundamentales para la masiva votación en favor de la alianza. Aunque tampoco puede desconocerse que la visita del subsecretario de estado para asuntos del hemisferio occidental, el señor Brian Nichols, tuvo un efecto disuasorio sobre la nada oculta intención del juanorlandismo de boicotear el proceso con acciones de violencia que serían atribuidas a las distintas “maras” del país.

Votó por Xiomara un buen porcentaje de los militantes del Partido Liberal, independientes, indecisos y hasta nacionalistas, porque en algún momento todos ellos se percataron de que la única forma de expulsar al juanorlandismo del poder e imprimirle al país un rumbo diferente era votando por la coalición, que encabezaba las encuestas. En otras palabras, el domingo 28 de noviembre se produjo una feliz conjunción del “voto de castigo” con el “voto útil”. Y Xiomara Castro pasa así a la historia no solo porque será la primera presidenta de Honduras sino porque habrá ganado con un incuestionable y sólido respaldo popular, el mayor en los últimos años, del que yo, al menos, tenga noticia.

Pero sería un grave error suponer que la genial consigna tuvo que ver solamente con ese enorme repudio a JOH, sino es que de odio a su persona. El “fuera JOH” encierra, al igual que en una pequeña píldora se concentran varios medicamentos, toda la ira que se fue acumulando en el pueblo a lo largo de estos años contra lo que representa: autoritarismo, corrupción, impunidad, narcotráfico, pobreza, desempleo y desigualdad, entre muchas otras.

También sería un yerro que Libre creyera que los votantes adicionales que generó su unión con Nasralla, por este solo hecho, pasaron a ser militantes suyos. Esto podría conducir a la toma de decisiones equivocadas y hasta contraproducentes para su gobierno y para su futuro político. Por el contrario, sin abandonar sus principios ni su base programática, Libre debe rediseñar su estrategia tanto al interior de la alianza como en función de la amplitud del electorado que le brindó tan grande apoyo.

Una vez ganada la primera batalla, toca comenzar a revertir el triste legado de JOH, y a la vez, emprender las tareas de la reconstrucción nacional y del combate a la pandemia, que está volviendo a la carga. Este colosal esfuerzo requerirá el concurso de los distintos sectores de la sociedad hondureña. Y los empresarios, sin duda, representan uno de los más importantes.

Así es que estos deberán repasar, sin prejuicios, el programa de Libre para que se persuadan de que es infundado el miedo que se les quiso inculcar a través de la furiosa y ofensiva campaña anticomunista desencadenada por JOH. La que, por cierto, contrastó fuertemente con la muy ponderada e inteligente de Xiomara Castro, y terminó siendo ridiculizada por la misma ciudadanía en las redes sociales.

Pero es bueno que los hombres de negocios tomen en cuenta que el pueblo votó por el cambio y que Libre está obligado a cumplir con su plan de gobierno, sin perjuicio, desde luego, de lo que haya concertado con Nasralla y de lo que las circunstancias sobrevinientes puedan aconsejar. Por lo que la empresa privada de Honduras se halla abocada a la máxima encrucijada de su historia: oponerse a las transformaciones, como irreflexiblemente hizo en el 2009, o sentarse a dialogar y esforzarse por colaborar de buena fe con la coalición.

La gran paradoja que conlleva lo que está pasando es que los últimos responsables del resultado de las elecciones del pasado 28 de noviembre son exactamente los mismos que promovieron y financiaron el golpe del 2009, esto es, el grupo de empresarios de la extrema derecha que todos conocemos. Pero que nunca se imaginó que lo único que iba a conseguir era apresurar lo que tanto temía, la llegada al poder en Honduras de un partido de izquierda, que en aquel tiempo ni siquiera existía.

Las elecciones no solo dejan enseñanzas a Libre. La gente decente del nacionalismo tendrá que darle vuelta de calcetín a su partido. Si no puede, no sería malo que releyera un poco de su pasado. Por ejemplo, sobre la precipitada negativa de Venancio Callejas Lozano, durante los comicios de 1932, a encabezar el Partido Nacional Autonomista (PNA) que intentaban organizar sus partidarios para frenar la llegada a la presidencia del general Carías, porque ya preveían que impondría una dictadura que se tornaría en un pesado lastre que arrastrarían el resto de sus días. Y que hoy se incrementó al infinito con el despótico y desastroso régimen de Juan Orlando Hernández.

Y cuando en 1936 Callejas se opuso al continuismo de Carías y quizo rectificar su anterior falla organizando el Partido Nacional Legalista (PNL), ya fue demasiado tarde y se vio obligado a salir del país huyendo del terror desatado por su presidente y correligionario. Como sea, si el Partido Nacional continúa por esa senda de extrema derecha, lo más probable es que se encamine directo al despeñadero.

En cuanto al Partido Liberal. Dicho sin ambages. Después del peor resultado electoral que ha sufrido desde el autogolpe del 2009. Si no quiere convertirse en un partido minoritario, o peor, en un partido bisagra, eufemísticamente llamado “fiel de la balanza”, que se mantiene del chantaje a los mayoritarios como antaño hacían los dueños del Partido Demócrata Cristiano, lo único que le queda es volver a sus orígenes, sin vacilaciones ni ambigüedades ideológicas. Con un franco planteamiento progresista, no de derecha o de centro derecha. Ni mucho menos de centro, ese que nunca se sabe dónde está.

Y debe comenzar por sumar sus diputados a los de la coalición, y hacerlo con altura, sin dobleces, para constituir en el próximo congreso nacional el poderoso bloque de diputados que se necesita para impulsar, con la urgencia del caso y sin obstáculos, los cambios que el país demanda. Solo entonces el partido empezará a recobrar su credibilidad y a despertar una firme esperanza en su sobrevivencia y recuperación.

Tegucigalpa, 1 de diciembre de 2021.

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