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Reflexiones sobre la pandemia (60) Sobre el aborto

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Sobre el aborto

 Por: Rodil Rivera Rodil

El tema de la despenalización del aborto ha cobrado actualidad en nuestro país, pero en esta ocasión solamente porque el Partido Libre lo incluyó en su plan de gobierno. Debo admitir que se ha generado una oposición genuina, de conservadores de buena fe, que merece consideración. Pero el rechazo visceral, por motivos meramente electorales, proviene de voceros del Partido Nacional, el presidente Hernández, el Partido Liberal, el cardenal Rodríguez y de uno que otro personaje de la política vernácula.

En cuanto a los primeros, los auténticos conservadores, estos no pueden desconocer que el debate acerca del aborto se halla en la agenda global, impulsado por el movimiento feminista internacional que demanda, con razón o sin ella, que su práctica voluntaria sea reconocida como un derecho fundamental para alcanzar la igualdad de género.

La propuesta de Libre no es antojadiza ni electorera, se basa en la resolución del Comité de Derechos Humanos de la ONU contenida en su “Observación General No. 36” de finales del año 2018. Aunque, en honor a la verdad, ni siquiera se acerca al contundente posicionamiento de este organismo sobre la interrupción voluntaria del embarazo sin ninguna excepción. Ya que Libre plantea la despenalización, únicamente, en tres casos: violación, cuando la vida de la madre se halle en riesgo y por malformaciones fetales que impidan al niño una vida digna.

La citada resolución de la ONU advierte: “Los Estados parte pueden adoptar medidas diseñadas para regular las interrupciones voluntarias de embarazos, pero estas medidas no deben resultar en una violación del derecho a la vida de una persona embarazada o del resto de sus derechos. Es decir que las restricciones no deben poner en peligro sus vidas, someterlas a un dolor o sufrimiento físico o mental, discriminarlas o interferir arbitrariamente con su privacidad”.

Por supuesto que se puede discrepar de lo que diga la ONU o de lo que proponga Libre. En América Latina, cuatro Estados, además del nuestro, prohíben el aborto absolutamente, otros cinco lo aprueban sin condiciones en las primeras semanas de la gestación y todos los demás lo permiten bajo diferentes causales, tal como acontece en prácticamente el resto del planeta.

He aquí los datos que arrojan las estadísticas mundiales sobre los embarazos no previstos y el aborto, y cuyas conclusiones surgen por sí solas: 1) Las tasas de embarazo no planeado más altas ocurren en los países que restringen el acceso al aborto y las más bajas en los que está legalizado ampliamente, y, 2) Como consecuencia, las tasas de aborto son más altas en los países que restringen el aborto que en aquellos que no lo prohíben, si se excluyen a China y la India, cuyas cuantiosas poblaciones distorsionan las cifras.

Sería impensable, pues, que Libre no lo hubiera incorporado a su plan de gobierno. Aparte de que su candidata es una mujer, ningún partido democrático debe rehuir la discusión sobre una temática que concierne a la mitad de la población de la tierra. Y creo que tampoco se puede negar la integridad programática del partido al haberlo hecho con plena conciencia de las críticas que podría desencadenar en su contra.

Los ataques de Juan Orlando y sus secuaces no nacen de ningún principio, ni religioso, moral, ideológico, político, o de cualquier otra clase. Sencillamente, porque carecen de ellos. Si los tuvieron en el pasado, que nunca los vimos, los tiraron a la basura en las turbias negociaciones en que pasan metidos. Sus diatribas contra Libre responden solo a su desesperada necesidad de aferrarse al poder, única forma -según ellos-  de escapar de la cárcel y evitar que les quiten lo robado. 

La posición que ha asumido el Partido Liberal en contra del aborto voluntario en determinados casos es toda una sorpresa, pues contradice radicalmente sus postulados ideológicos, absolutamente opuestos a los conservadores. El liberalismo ha centrado su razonamiento en la defensa de la mujer y sus derechos, en tanto que los segundos enfocan su atención en el feto, bajo una concepción de corte fundamentalista y dogmática, que pasa por encima de toda consideración moral, médica o de otra índole.

Dicho sea de paso. Uno de los últimos y más sonados enfrentamientos entre liberales y conservadores sobre este tópico se dio en México en torno al llamado “caso Paulina” -la violación y embarazo de una niña de 13 años en 1999- a quien su madre convenció, mediante información distorsionada, de no abortar a pesar de haber sido expresamente autorizada para hacerlo por la autoridad competente.

¿Por qué, entonces, el Partido Liberal de Honduras, que pregona que aspira a reivindicar su abandonada filosofía de avanzada, ¿hace causa común con los nacionalistas de ultraderecha? Se dice que el yerro emana de ciertos de sus asesores que, atribulados por la baja en las encuestas, se han desviado del rumbo originalmente trazado por el candidato y estarían arrastrando al partido al oportunismo político, esto es, al “acomodamiento a las circunstancias para obtener provecho, subordinando, incluso, los propios principios”.

En cuanto al cardenal Rodríguez. ¿De dónde sale su iracunda reacción? Si es por la postura del papa Francisco, debe recordarse que este no ha sido unánime en su pensamiento. En el 2016, cuando todo indicaba que el aborto sería parte de su agenda renovadora de la iglesia, anunció que “todos los sacerdotes tendrían la facultad de absolver a las mujeres que hayan cometido “el pecado del aborto”, porque el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido y muchas de ellas llevan en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa”.

Y no fue ningún secreto que si más tarde el papa dio marcha atrás fue, básicamente, por la gran presión que ejerció sobre él la poderosa curia ultraconservadora de Roma. Por fortuna, este retroceso no se inscribe en la “infalibilidad” del máximo pontífice, pues este viejo dogma del Concilio Vaticano I, de 1870, está hoy tan cuestionado como la misma prohibición del aborto, al grado que el propio Francisco ha dado luz verde para que sea debatido sin cortapisas. Ello, sin tomar en cuenta la terminante declaración de su antecesor Juan XXIII: “Yo no soy infalible. Solo soy infalible cuando hablo ex cathedra, pero es algo que nunca haré”.

El cardenal Rodríguez no se ha pronunciado contra el aborto por ser un prelado fiel a su iglesia o al papa. No. Su arremetida es más de carácter personal y contra Libre y, por supuesto, contra todo lo que huela a progresismo y aun a liberalismo. Y lo hace como nacionalista de extrema derecha que es y, hasta hace muy poco, franco partidario de Juan Orlando Hernández, y no por otra cosa. Y esto no es nada nuevo. La misma actitud mostró contra el Partido Liberal cuando el profesor Pineda Ponce fue candidato en las elecciones del 2001.

Es claro que su temperamento impulsivo no le ayuda a disimular su filiación política. Fue esta la que lo llevó a apoyar la represión durante el golpe de Estado en el 2009. Al igual que a hacer chanza con la desatada contra las manifestaciones populares en Sudamérica en el 2019. Cuando él mismo, a su pesar seguramente, se encargó de dañar irreparablemente su imagen al describir la brutalidad policial contra una manifestación de “cerca de un millón de personas”, según narró, que presenció en Bogotá, con esta insólita e imborrable frase: “solo que allí los pusieron en orden con unas “caricias” que les daban con unos bastones.

La filiación política del cardenal no constituye ningún pecado del que deba redimirse. Aunque tal vez sí lo sea valerse de la dignidad eclesiástica que ostenta para denigrar a quien se le antoje. Y, por lo visto, no le importa desmentirse él mismo. Leamos, si no, lo que en abril del 2018 manifestó a la prensa española: “Me da tristeza, pero creo que no podemos encerrarnos en una determinada línea de opinión, debemos ser abiertos y escuchar las distintas opiniones”. No obstante, a renglón seguido decidió ser más sincero y aclaró: “Aunque a veces, como yo digo, a todos nos sale el aborigen que llevamos dentro…”.

En fin, si alguna lección puede extraerse de la conmoción que ha traído la propuesta de Libre al clima electoral del momento es que Honduras no puede seguir dando la espalda a las transformaciones que constantemente se producen en el mundo. Y menos a las discusiones que se desarrollan al amparo de la democracia, sobre todo, las que tienen que ver con los derechos humanos en general y con las que atañen a las mujeres en particular.

Solo los retrógrados pueden molestarse porque sea sometida la despenalización del aborto o cualquiera otra cuestión de interés general al escrutinio de la opinión pública o, lo que es más importante, a la decisión de la voluntad popular. 

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