Reflexiones sobre la pandemia (27)

Por: Rodil Rivera Rodil

 A medida que se incrementan de manera alarmante en casi todo el mundo los contagios y muertes por el coronavirus, también aumenta el debate -y los reclamos-  sobre los múltiples errores que cometieron los diversos gobiernos, particularmente de occidente. Desde los que se fueron al extremo de no darle ninguna importancia, como Trump en los Estados Unidos y Bolsonaro en Brasil, hasta los que siguieron políticas que combinaban confinamiento con circulación restringida, como ocurrió en Europa con diferentes resultados, pero que en ningún caso lograron un verdadero control de la pandemia.

Dicho sea de paso. Es interesante que China, que alcanzó el mayor éxito en esta lucha y que, además, será la única nación en mantener en este mismo año un crecimiento positivo de su producto interno bruto, esté siendo deliberadamente ignorada en las discusiones y análisis. Entre otras razones, por la absurda nueva guerra fría desatada contra ella por el presidente Trump para impedir que supere económicamente a Norteamérica y la desplace como primera potencia del planeta y a la que sus aliados europeos se han agregado con su tradicional sumisión, aunque en muchos casos ellos mismos puedan salir perjudicados.

Creo que en Honduras ya se está acercando el tiempo en el que también deberá pedirse cuenta, no al gobierno como tal sino al presidente Hernández en lo personal, que se arrogó todos los poderes del Estado, por la descomunal corrupción e incapacidad que ha imperado a lo largo de sus dos mandatos, pero especialmente en la emergencia sanitaria y en las causadas por los huracanes. Quizás de la incapacidad no sea tan responsable, por motivos obvios, pero sí de no haber atendido las sugerencias, de mero sentido común, de que delegara en expertos el manejo de la crisis. Al igual que lo es de la total improvisación que hemos visto en casi todo cuanto ha hecho el gobierno.

Cómo pudo COPECO, para solo citar un caso, desconocer las advertencias del Centro de Huracanes de Miami sobre la inminente llegada de Eta y desperdiciar este valioso tiempo para hacerle propaganda a las empresas turísticas incitando a la población a irse de vacaciones por la semana morazánica, con la que, por lo visto, ya no hallan qué hacer. Ahora es que la quieren fusionar con las festividades navideñas que son de carácter eminentemente religioso. Me pregunto: ¿por quedar bien con el negocio del turismo no se irá a molestar la iglesia católica que fue, quizás, la más irreconciliable enemiga de nuestro principal héroe nacional?

Y ahora sale a luz que COPECO, además, distribuye “ayuda” sin decir que son donaciones. Si no es por la protesta popular en las redes sociales por el tipo de confección de unas colchonetas que ha estado repartiendo nunca se hubiera sabido que estas fueron regaladas por Japón. Y la aclaración que ha publicado el mandatario a través de una oficina que lleva el pomposo nombre de “Despacho de Comunicaciones y Estrategia Presidencial” solo ha empeorado las cosas, pues pareciera que lo que busca es que los hondureños culpen al gobierno japonés de enviarnos productos de dudosa calidad. Quizás lo mejor sería que en vez de este cantante de reggaeton que tiene en COPECO nombre a uno de ópera. Deben ser más serios.

Porque no hay duda. Después de la corrupción, la improvisación se lleva la palma en esta parodia de estrategia sanitaria y de contingencias de JOH, o más bien, en este show sin fin que montó para intentar mejorar su imagen -lo que es imposible- y en el que la principal atracción es el monumental cinismo con el que pretende transformar la corrupción en diáfana transparencia, las metidas de pata en rotundos éxitos y las chapucerías de su gobierno en magníficas realizaciones.

Y estoy seguro que el lector ha reparado en que, en casi nueve meses que llevamos de pandemia y tormentas, Juan Orlando nunca ha convocado a una conferencia de prensa donde permita que se le puedan hacer preguntas directas sobre la corrupción o sobre lo que sea. La única ocasión, que yo recuerde, en que hizo algo parecido fue en una pantomima que organizó, que llamó “conversatorio”, para supuestamente referirse a la famosa pregunta: ¿Dónde está el dinero? y para la cual invitó a solo cinco periodistas especialmente seleccionados por él para representar cualquier papel menos el de periodistas.

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Pasados los huracanes, viene ahora el cierre con broche de oro de una década de galopante latrocinio: el “Plan de Reconstrucción Sostenible de Honduras”, el cual, junto con el presupuesto ya aprobado, forman el binomio perfecto para el zarpazo final a lo que queda en las arcas nacionales. Pero esta vez va a ser a punta de préstamos. Nada de donaciones. Esto es, más y más deuda. Qué importa. La pagarán las generaciones futuras. Vienen negocios hasta para tirar para arriba. Más turbios y menos turbios. Y, desde luego, grandes y rápidas “comisiones”. Como las de Invest H. Con controles ridículos porque, ya se sabe, la economía no puede esperar.

Hablamos de compra y reconstrucción de puentes, carreteras, edificios, casas, escuelas, ayudas… En fin. De un montón de dinero contante y sonante para mil cosas más, sin contar las “movidas” que llaman “colaterales”, siempre jugosas. ¡El sueño de los corruptos! ¡La piñata del siglo! Justo como se pretendía hacer en Guatemala con el presupuesto nacional, que ha desencadenado la violenta reacción de la ciudadanía y que podría traer consigo la caída del presidente Giammattei Falla.

Me asombra, pues, la buena fe -¿o debo decir la ingenuidad?-  de algunas personas que han corrido a integrar el “Consejo Consultivo” del tal plan. Las que, como el propio apellido de este “consejo” lo indica, solo serán “consultadas, o lo que es lo mismo, solo serán invitadas a “opinar” cuando se le antoje al presidente. Porque este organismo, en realidad, está concebido únicamente para timar con un barniz de credibilidad a la comunidad internacional, pues la del gobierno hace mucho que se hundió totalmente en el lodo. 

De otra parte, la cobertura de los que tendrán a su cargo la “ejecución” del plan marcha sobre ruedas. Con el nuevo Código Penal ya en vigencia y con la creación de la Secretaría de Transparencia, que mandará al carajo al Instituto de Acceso a la Información y al Consejo Nacional Anticorrupción, quedó prácticamente concluida la estructura de impunidad para que los empresarios, funcionarios, diputados, correligionarios, socios y amigos de JOH que serán los mayores beneficiarios de este colosal fraude no tengan de qué preocuparse.

Al ejército ya se le compraron los juguetes de guerra que quería y se le otorgaron más recursos presupuestarios. Así es que por ese lado tampoco hay nada que temer. ¿Qué más? Ah si, Quedamos otra vez fuera de la Cuenta del Milenio por corruptos. Y la protección de Trump se termina. Mala suerte. Pero dice JOH que con Biden son como hermanos. Así pues, ¡que viva el coronavirus, Eta y Iota!

Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2020.

 

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