¿A quién beneficia el silencio de El libertador?

Jaime Flores

Por:  Jaime A. Flores.

El atentado criminal del que fue víctima el director del periódico El Libertador,  Johny Lagos,  se enmarca dentro de una política de gobierno, que tiene como finalidad ponerle un bozal a la poca prensa y a los pocos periodistas independientes que quedan en el país, y deja al descubierto el estado de indefensión en que se encuentran los comunicadores, defensores de derechos humanos y líderes sociales.

En los momentos actuales es más que necesario para el poder ponerle un bozal a la poca prensa y a los pocos periodistas independientes, porque recién inicia un proceso electoral altamente cuestionado por la violación a la Constitución de la República, que se materializa con la reelección presidencial y en la debilidad de las instituciones electorales, que por mandato de ley son las garantes del mismo.

Además, es imperativo imponer el silencio a las voces disidentes porque ponen en riesgo la reelección presidencial, al denunciar la monstruosa corrupción de la élite nacionalista en el poder, extensiva a la familia del gobernante. Detrás de cada política pública ejecutada por este gobierno hay un obsceno acto de corrupción.

La política del silencio a la prensa independiente se basa en la vieja teoría; “se le pega o se le paga” y posterior al golpe de Estado del 2009 se hizo más visible este trato, pero descaradamente con Juan Orlando Hernández desde su llegada al poder por la vía fraudulenta y el cual a toda costa quiere mantener.

Una forma de pegarle y fuerte a los medios independientes cuando la situación es extrema y el poder ha perdido el control sobre los mismos, es retirarles el permiso de operaciones a través de argucias legales, “huizachadas”, y el cerco publicitario, que pende como la espada de Damocles, ya sea retirando la pauta del gobierno o persiguiendo a los anunciantes.

Cuando las dos tácticas anteriores dentro de la estrategia para amordazar a la prensa independiente no funcionan, se recurre al atentando criminal, una de las peores y más viles formas de amenazar y de coartar la libertad de expresión, práctica más recurrente ahora que cuando se aplicaba en el país la doctrina de seguridad nacional.

Aunque el gobierno quiera aparentemente desmarcarse de estos hechos criminales, le resulta imposible, debido a que son recurrentes y se orientan a un determinado perfil de comunicadores; aquellos que no se dejan comprar y que no dejan de denunciar los altos grados de corrupción y violación de la ley, por un hombre, su familia y su partido.

Se olvidan los sátrapas, se olvidan los dictadores, que el “filo de un machete nunca podrá cortar el perfil de una pluma”.

Asimismo, cuando estos hechos suceden nunca se investigan y los operadores de justicia se circunscriben a lanzar al viento vacíos comunicados que quedan en nada, al contrario, sólo los evidencia de que están coludidos o con el crimen o con los criminales. ¿Cuánto hace del atentado del que fue víctima Félix Molina? ¿Qué ha pasado?

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Dice el viejo refrán: ¿Quién con una luz se pierde?, aquí en nuestro país es una antorcha que ilumina para poder afirmar que desde el poder se pretende callar a la prensa y a los periodistas independientes, porque a las grandes corporaciones y propietarios de medios ya los callaron, comprándolos con enormes sumas de dinero, negocios le llaman los mercenarios de la pluma.

El libertador, aunque no ha logrado una circulación a nivel nacional, si se ha ganado palmo a palmo la credibilidad de ciertos sectores de la ciudadanía y de la comunidad internacional, principalmente de las embajadas acreditas en el país y sus denuncias es lo que más le incomoda al gobernante, no le permiten un sueño tranquilo, plácido y reparador.

Sabemos y tenemos la certeza que Johny continuará en su lucha y que le dirá al tirano como le dijo Ismael Cerna: Quiero que veas que tu furia arrostro/ y sin temblar que agonizar me veas/ para lanzarte una escupida al rostro/ y decirte al morir: maldito seas.

 

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