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Portada: Cliper/cortesía

Por: Juan-Pablo Pallamar

@jppallamar

Sin duda, esta elección presidencial en Chile es, junto con el plebiscito constituyente del 25 de octubre de 2020, la más importante de los últimos 30 años. Es un escenario similar al proceso de salida de la dictadura. Un plebiscito ganado por el “NO” al régimen militar de Pinochet en 1988 y luego en 1989, un año después, una elección presidencial crucial para consolidar la voluntad popular de cambio hacia una democracia, por frágil que fuese. Destacamos tres diferencias en la presente elección: la posibilidad de extender la democracia, la amplitud de la convergencia de fuerzas democráticas y la juventud del candidato Gabriel Boric, el candidato del campo progresista.

Esta elección se inserta en una bifurcación por la profundización o no de la democracia. La explosión social del 18 de octubre de 2019 se canalizó hacia una asamblea constituyente (AC) inédita, elegida por voto popular, que podría sacar al país de un “neoliberalismo institucionalizado” por la vieja dictadura. Se buscará extender la soberanía popular especialmente al ámbito de la economía y los derechos sociales. Si bien a muchos les gusta olvidar, 1988-1989 fue un período muy diferente, cuando la prioridad fue salir de la dictadura, velando por un mínimo respeto a los derechos humanos más fundamentales, como: las libertades políticas, partidistas y sindicales, el desmantelamiento del sistema de persecución contra opositores que detuvieron, torturaron, asesinaron y exiliaron a miles de chilenas y chilenos. La elección de este domingo no solo está ligada al plebiscito del año pasado, también incidirá en el plebiscito aprobará (o no) la Nueva Constitución presentada por la AC al país. El representante chileno del “bolsonarismo”, José Antonio Kast, ya ha advertido públicamente que si gana hará todo lo posible por revertir el proceso constituyente. Este no es un simple representante del conservadurismo tradicional, sino un proyecto de restauración autoritario que incluso ha cuestionado el derecho al voto de las mujeres.

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Por otro lado, la amplitud de fuerzas democráticas que lidera Gabriel Boric en esta segunda vuelta, con la convergencia del Partido Socialista, la Democracia Cristiana y los ecologistas, no tiene precedentes en las últimas elecciones. La coalición entre el Frente Amplio y los comunistas no logró reunir apoyo entre las primarias y el resultado de la primera vuelta. Este hecho dejó a Boric en un difícil e inesperado segundo lugar. Aún no hay constancia de ninguna candidatura que, llegando en segundo lugar en la primera ronda, haya ganado la ronda final. La división de la izquierda es, nuevamente, nuestra gran lección, pero hoy, Gabriel es su principal aprendiz.

Boric tiene 35 años. Su juventud inscribe su liderazgo en la revolución digital que trae profundos cambios políticos al mundo, desde el nivel local hasta la construcción de la identidad nacional y latinoamericana. El tercer lugar lo logró Franco Parisi, un economista liberal condenado por no pagar la pensión alimenticia en Chile, que hizo campaña digitalmente desde su casa en Alabama (EE. UU.), y que terminó de reventar la burbuja de jabón de las izquierdas. Así fue que, en esta segunda vuelta, la primera mujer presidenta de la Facultad de Medicina de Chile (de la que también fue presidenta Allende), de orígenes aymaras, la joven Izkia Siches, fue invitada por Boric a asumir el liderazgo de la campaña. Izkia había sido, sin afiliación partidaria, uno de los principales líderes de la oposición al actual gobierno durante las erráticas políticas de salud de Piñera en los largos primeros meses de la pandemia. Su incorporación ha representado una correa de transmisión entre las izquierdas democráticas que ha reposicionado la centralidad del tan criticado proyecto socialista democrático o socialdemócrata.

En definitiva, la convergencia y la juventud pueden y deben hacer historia este domingo. Porque, por el contrario, un resultado adverso volverá a significar en el continente, un país que desperdiciará una década, comprometiendo a toda una generación frente al desafío de cambiar la injusta realidad socioeconómica de grandes mayorías, hipotecando el futuro ecológico para las nuevas generaciones y dificultando la salida del riesgo medioambiental del que hoy pendemos de un hilo.

Las dificultades radican en las contradicciones de la política representativa (elitista) dominada por el sistema de consumo y su impacto en la decepción popular con la democracia: el 50% de los votantes en Chile, incluso en este efervescente proceso que atraviesa el país, no vota. Es difícil pensar que no será un resultado estrecho. Boric puede hacer historia porque parece comprender y reconciliar el deseo de cambio con la necesidad de convergencia. Pero la elección parece más abierta de lo que muestran los algoritmos (en las múltiples realidades que construyen). Todo apunta a que estará abierto hasta el día decisivo. Los jóvenes tienen la clave del cambio si deciden votar en masa. Pero el vector que podrá movilizar estas nuevas generaciones es la convergencia plural y programática.

*Chileno, cientista político y geógrafo, investigador de la Universidad Sorbonne Paris Nord, consultor internacional, especialista de América Latina.

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