Pan y Circo, la violencia de Caja China y población alienada de las Honduras

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Al que se quede conmigo después que se haya ido el último

El payaso de Trump ya no sabe qué hacer para fingir que quiere detener el Frankestein que creó. Da discursos pidiendo amor y paz, mientras sus milicianos fraguan ataques contra las sedes del poder republicano. Cojo, no podrá ya jugar con drones armados para asesinar bad men o con tuits incendiarios. No le servirá de nada ya la noticia falsificada. O los inventos de conspiraciones para desviar la atención y atizar el subconsciente.[1] Ni conjeturar amenazas nuevas, cuando ha ignorado la más grave que jamás en tiempo de paz se cerniera sobre la nueva Jerusalén: El covid, que ¡ha matado a 400 mil inocentes estadounidenses versus, un millón que murió en la gran guerra! Sin duda también la democracia estadounidense -circunscrita como siempre- hizo crisis y está en graves aprietos. Aunque el problema no es que Trump se vaya con 29% de aprobación, sino que llegó con 45% de los votos y hereda una estela de fascismo. Millones de seguidores suyos se opondrán al gobierno de Biden a quien llaman jefe de pederastas irredentos.

Por su designio también, paradójicamente, porque Trump puso a JOH, en Honduras aquel remedo que tuvimos de democracia está catatónico. Aquí sí, bajo el perfecto control de la pauta y la extorsión, la prensa tarifada colabora. El otro gran distractor es el proceso eleccionario, convenientemente a las puertas, que tiene a la casta de los fulleros ensimismada en dimes, diretes, negociaciones oscuras, imaginadas y negadas, disputas y maniobras. ¡Tan transparentes como comprar y vender las nominaciones por teléfono y duplicar el número de concejales con voto, para asegurarse una mayoría oficialista! Al tiempo que por creerlo inútil, enjambres de miles de compatriotas rehúyen participar de otra manera, desdeñan la dádiva y la elección inminente, y votan con los pies, migrando, pese a dificultades y peligros. Así, el régimen camina a su año octavo, tambaleante, sobre arena movediza, enfundado en su traje invisible de emperador, traslúcido a la luz y vista de la prensa mundial.

No hace falta especular sobre si el círculo interior de la administración Hernández estaba avisado de lo que la fiscalía neoyorquina estaba a punto de desvelizar hace una semana. Sabiendo lo que ellos saben, habría sido torpe no anticiparlo. Desde el 3 de noviembre era sabido en ese círculo, que el aquelarre que lo protegía en Washington -al que ya le quedan cincuenta horas- se desarticularía en la transición, y luego de las fiestas de fin de año, quedaría expuesto, ante la opinión publica allá y acá. Algo había que hacer, ciertamente, para prevenir. Reactivar primero la distribución de bonos y canastas, que han financiado ingenua y generosamente la cooperación, los ofis y los socios extranjeros del país. Ahí están las colas en los bancos. Por supuesto que eso funciona con mucha pobre gente, que ahora mismo le agarraría una limosna al mismo diablo. Siempre funcionó dar pan y circo. Presentada en términos sensacionalistas, la pandemia, por otro lado, sirve para mantener a mucha gente paralizada y justifica, contra cualquier ebullición, la amenaza tácita de la cuarentena total.

Pudiera ser por supuesto que se tratara únicamente de otra coincidencia, un espontáneo brote de violencia, que la propaganda se ufana de haber abatido, aunque siempre está a la orden, por si hace falta. La Biblia dice que otra de las mejores maneras de distraer a la masa es generar problemas, para luego ufanarse de resolverlos. Y la extraordinaria violencia, las ejecuciones de líderes indígenas, las masacres, los cadáveres embolsados, los asesinatos selectivos y después la noticia de que se ha capturado a los culpables, junto con los arsenales bélicos con que operaban, responde a y satisface esa estrategia. Aunque lo calle la prensa, lo que nos han dicho los oficiales de la policía y de la milicia (distanciados por conflictos de poder y ahora perseguidos por la fiscalía, que no investiga sus denuncias) sobre el modo en que el crimen organizado y las maras operan en sincronía con y bajo las órdenes de la más alta esfera del poder, sugiere que lo que claramente enfrentamos, es la caja china.

¡Qué es eso, hijo? reclama mi madre, nonagenaria, cuando se lo comentamos! Pues Caja china era, hasta hace seis años, un horno muy socorrido en Cuba, quien sabe si con un antecedente oriental, en el cual la carne a la parrilla se tapa sobre una caja de latón, y se enciende el fuego sobre la tapadera, para que el calor y el humo la cubran.[2] Como explica el periodista mexicano Pablo C. Padilla, esa frase ha cobrado ahora sentido como metáfora para la cortina de humo y, específicamente, el procedimiento de generar comunicación caliente con qué encubrir un escándalo a la vista o inminente por contrato claro está. Ya sea por la vía de inventar historias; o, peor, provocar sucesos que generen ficciones que despisten o desvíen la atención del auditorio. Se ponen trampas a los opositores, se les toman fotos comprometedoras, se les inventan chismes creíbles.

Se prestan para esa manipulación, ya se sabe, las noveles culturas del entretenimiento y del espectáculo, subproductos de la revolución en los medios. Trump nos enseñó como. Del reality show pasas a la realidad alternativa, por la puerta invisible de la noticia falsificada. ¿No tiemblas al pensar qué podría pasar mañana, allá en el ancho mundo,[3] si los dueños de las grandes cadenas se pusieran de acuerdo con los de las redes digitales? ¿Y después con los políticos? Con ese trasfondo y tablado JOH, histrión, sale con tapaboca a la cadena y representa la pieza, yo no fui, es maniobra de matadores, yo soy el azote del narco y los EUA mis aliados y testigos. ¡No importa, si solo es facha!

Su burla tiene un súper poder desmovilizador. El que debería llorar se ríe o vacila. Nadie quiere ser el próximo seleccionado, o encostalado, o desatendido en el hospital. Y lo único que se mueve en el país, son decenas de miles de pies, bajo la masa de la caravana, que se mueve como un ciempiés, un superorganismo que enfrenta primero a la policía hondureña, que viola su libre locomoción, y luego de mil golpes, rompen el cerco, a lo que el Subsecretario Kozak reclama, que Honduras no hace lo suficiente. Después topa con los garrotes militares de Guatemala, que se alinean para aporrearlos, aunque como dice la Fiscal Aldana escoltan al crimen organizado. Y luego tendrán que evadir a la guardia mexicana socialista, movilizada para cumplirle a Trump. Por lo que sabemos, acerca de cuantos se quieren ir, estas caravanas son apenas las primeras y aún raquíticas. ¿JOH quiere que se vayan todos, para vender las tierras a las Zedes? Porque como dice José Martí, cuando un pueblo migra, sus gobernantes sobran.

Mientras tanto, la oposición sigue fragmentada ante el escandaloso vilipendio internacional. No son capaces de coincidir para una manifestación conjunta. Velando las llamadas fuerzas vivas por intereses mezquinos o corporativos, de espaldas al contexto. ¿Cuál Patria? Las organizaciones sociales enfrascadas en luchas gremiales y aunque fueran justas, particularistas. Y los partidos, como es su vocación, entregados por entero a la conspiración, la descalificación mutua, y la inscripción en la nómina, talismán de tahúres. Será que ¿aún ante una crisis tan grave somos incapaces de juntarnos los conscientes, de diversos orígenes, para rezongar? Al sitio de protesta convocada, llegaron antier unas docenas de jóvenes, de modo que en vez de marcha, hubo que resignarse con un plantón. Aunque en las redes, la gente repite vamos a liberarnos, casi como una consigna que empieza zumbar. Y hoy hay otro plantón en La Ceiba.

Porque no es que no entendamos. Un lúcido editorial de Radio Progreso explica que las caravanas son una protesta muda, expresión desesperada de una población que ya no soporta…, y que…ha llegado a extremos de hambre y desempleo con la pandemia, el paso de los huracanes…, más la corrupción…. Todo en una olla de presión, en un país en donde hace rato el gobierno abandonó las políticas públicas y sociales, y las ha sustituido con programas del más puro populismo asistencial que, a fin de cuentas, muestra desprecio hacia la gente humilde. Un tuit del ex Presidente Zelaya revela con claridad, que la gente huye, uno a uno, día con día, y por centenares, todos los días y ahora en caravanas por millares, porque la dictadura que impuso EUA ha fracasado del todo, con su política antiinmigrante, racista y el modelo económico Neoliberal.

Ni tampoco es que seamos incapaces de entusiasmo. Ahí mismo, en el espacio de la convocatoria a protestar ayer, hoy celebran sus fans el triunfo del Olimpia con una afluencia masiva, congestionando el tráfico -por horas- en Avenida Circunvalación y hubo por toda la ciudad cohetes y música y coros de consignas apasionadas, vitoreando a ese equipo. ¿Podremos superar la tragedia de la conciencia alienada en la caverna? Si no encontramos pronto la manera de sacarla de aquí, Honduras está terminada, Se cumplirá la profecía de su desaparición, del historiador Yuval Harari. Se irá el resto de los hondureños, como dice Mel, uno a uno. Y -como dice la gente, siempre lúcida: el último que se vaya, que apague la luz, si no la han cortado, y cierre la puerta.

El Carmen, San Pedro Sula, 17 de Enero de 2021

[1] Como usó para desviar la atención de la investigación de sus nexos con sus socios rusos en 2016, la cual no alcanzó para impugnarlo, aunque sí para encarcelar a un par de colaboradores cercanos, a los que acaba de liberar con el perdón presidencial.

[2] Por contraste con el antiguo horno de barbacoa, en que la carne se coloca y se tapa sobre el fondo del horno, precalentado con piedras.

[3] No es el problema aún en este lugar, demasiado pequeño para esos fines. Se ha dicho desde hace muchas décadas, aquí es difícil engañar a nadie –más que al despistado del todo o al zombie, de perfecto inocente degollado- porque todo el país es pueblo chico, y todos nos conocemos.

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