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Los primeros seis meses de Xiomara Castro

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Reflexiones

Por: Rodil Rivera Rodil

Lo acontecido con la agenda del gobierno de la presidenta Xiomara Castro en sus primeros seis meses ha sido, en lo esencial, un fiel reflejo de la confrontación electoral que el pasado noviembre se dio entre las fuerzas más conservadoras del país, aglutinadas en los dos partidos tradicionales, y las progresistas de diversos matices surgidas, mayormente, del Partido Liberal, que, con ocasión del golpe de Estado del 2009, se separaron de este y formaron los Partidos Libre y Salvador de Honduras.

Los resultados de los comicios indican que en el nivel presidencial prevaleció la repulsa de la ciudadanía hacia el ex presidente Juan Orlando Hernández, en tanto que en el de diputados predominó una relación de fuerzas muy cercana a la real fragmentación política del país. La composición del Congreso Nacional, por consiguiente, más las divergencias y contradicciones que han aflorado al interior de Libre y de su alianza con el PSH, dificultan la conformación de la mayoría simple y calificada y explican los escollos que esta ha enfrentado para sacar adelante su programa con una cómoda solvencia.

A lo anterior cabe agregar que nunca existió una clara definición del plan de gobierno que emanó de la alianza celebrada a escasos días de las elecciones, particularmente en lo tocante a los aspectos más emblemáticos de la plataforma de Libre. Lo que obstaculiza aún más la tarea de desmontar el entramado autoritario y antidemocrático con que gobernó el ex presidente Hernández, así como el modelo neoliberal y corrupto que dejó entronizado en el país.

Con el ritmo que las circunstancias apuntadas han ido marcando, y a través de muchas vicisitudes, la alianza ha podido ir forjando acuerdos coyunturales con diputados del Partido Liberal y del Partido Nacional para derogar varias de las leyes de la dictadura. Y actualmente se encuentra en proceso de abrogación la Ley del Consejo Nacional de Defensa y Seguridad, esto es, el mecanismo perverso concebido por el ex gobernante para subordinar completamente a su voluntad a las Fuerzas Armadas y a los demás poderes del Estado.

Es innegable, sin embargo, que la medida más controvertida de la alianza radica en la ley especial de la energía eléctrica que ha generado la mayor oposición, de trasfondo ideológico, de las élites del país. Pero no lo es menos que la misma responde a uno de los puntos torales del programa de Libre, cual es la recuperación de las empresas estatales de servicios públicos, y en primer lugar de la ENEE, cuyas ganancias han colocado a unos pocos hondureños entre los grandes multimillonarios de América Latina, con una obscena riqueza, para un país que se halla en harapos, calculada en el 2013 por la publicación de World Ultra Wealth Report en más de ¡30 mil millones de dólares!

En la ENEE, pues, radica la causa fundamental de la enconada campaña de crítica indiscriminada contra el gobierno que han desatado el COHEP, los dueños de los medios de comunicación tradicionales, el Partido Nacional y los periodistas señalados en el caso Hermes, pero, ante todo, los empresarios de la energía por haber sido cancelada la partición y privatización de la misma, tal como estos lo demandaban y lo había consentido el Fondo Monetario Internacional. Pero también por el gran temor que han suscitado en ellos las anunciadas auditorías forenses en sus empresas que podrían poner al desnudo una de las mayores historias de corrupción de Honduras.

Otro obstáculo que se erige en la ruta que se ha trazado la alianza es la actual Corte Suprema de Justicia, que sigue estando al servicio de la maquinaria de corrupción e impunidad que dejó el ex presidente Hernández. Y que la oposición, el Partido Nacional en primer lugar, quieren que siga igual con la próxima renovación de sus magistrados, mientras que la alianza se ve compelida a manejar una compleja estrategia de equilibrio y de ética política para promover una nueva corte comprometida con la transformación del país.

De otro lado, tampoco se puede desconocer que han servido de combustible para esta cruzada de ataques los errores cometidos con las contraproducentes acciones y declaraciones de algunos funcionarios, diputados, dirigentes y militantes de los distintos niveles de los partidos de la alianza.  

Pero es menester señalar que el aliciente de más peso para la campaña proviene del gobierno de los Estados Unidos con sus represalias por la no asistencia de la presidenta Castro a la Cumbre de las Américas, las más relevantes de las cuales han sido la publicación de la lista Engel, la ambigua y sesgada revisión de las calificaciones soberanas de la empresa Standard and Poor´s y las advertencias del Departamento de Estado de no viajar a Honduras por supuestas razones de violencia, narcotráfico y Covid. A lo que se suma la embajadora norteamericana que se la pasa hablando mal del gobierno a quien quiera escucharla.

No obstante, esto mismo significaría que si en el próximo futuro las relaciones entre los dos países mejoran, debido, primordialmente, a la urgencia que tiene el presidente Biden de echar a andar iniciativas efectivas en el llamado “Triángulo Norte” de Centroamérica para lidiar con la incontrolable migración y mejorar su maltrecha imagen de cara a las cruciales elecciones parciales de noviembre, es bastante probable que, por motivos obvios, también se calmen los ultra conservadores hondureños y la campaña baje de tono. No puede descartarse que la reciente visita del secretario de seguridad nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, se haya orientado en esta dirección.

A manera de resumen y conclusión, y por la experiencia que dejaron los gobiernos progresistas de Sudamérica de principios de siglo, estoy persuadido de que sería un profundo error, como algunos lo están insinuando, que la alianza, y Libre en particular, disminuya el impulso de los cambios. Por el contrario, y aunque luzca paradójico, creo que la mejor forma de derrotar la campaña es, justamente, acelerando el paso.

Pero ello debe hacerse procurando siempre conservar, lo más que se pueda, el apoyo popular que lo llevó al poder, lo mismo que la disciplina y cohesión del partido y de la coalición. Y, desde luego, sin olvidar recurrir a sus mejores cuadros, tanto para los indispensables entendimientos con los adversarios como para negociar con habilidad en el campo internacional y, principalmente, con los Estados Unidos y con nuestros vecinos de Centroamérica.

Tegucigalpa, 10 de agosto de 2022.

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