La sociedad de la centralización

Por: Rafael Jerez Moreno

Correo Electrónico: rafajerez14@gmail.com

Honduras se ha convertido a lo largo de los años en un territorio con desigualdades abismales en temas políticos, económicos y sociales, las grandes empresas establecidas en los departamentos “más importantes” del país han adquirido de facto la dirección de la orquesta pública nacional.  El devenir diario de la sociedad ha perdido su rumbo, ya no es más el ser humano el fin supremo de la sociedad y del Estado, su lugar ha sido usurpado por el mejor amigo de la empresa, el lucro.

Hemos sido gobernados por un supuesto sistema presidencialista en el que se han distribuído el ejercicio de la administración pública entre amigos con camisas de distinto color. Nos han vendido campañas electorales con canciones –plagiadas en muchos casos–, panfletos con rostros que se avizoran en barrios y colonias del país únicamente en tiempo de elecciones; sin embargo, he ahí el error, las campañas políticas y la propaganda gubernamental no nos demuestra quienes son realmente los que gobiernan, nos enseñan solamente a sus “mandaderos”. Honduras a lo largo de su historia ha sido cuna de un capitalismo salvaje, siendo Francisco Morazán, Cortés y Atlántida sede de los negocios más reconocidos y “prestigiosos” del sector privado.

Tanto en el Estado como en la empresa privada todo realizado en exceso llega a tener consecuencias devastadoras que adoptan la forma de desigualdades sociales y económicas. Según el Banco Mundial, para el año 2016 el 66% de la población vive en situación de pobreza, siendo así que en la zona rural del país 1 de cada 5 hondureños vive en pobreza extrema o con menos de US$ 1.90 al día. Claramente el crecimiento económico se traduce en la ampliación del bolsillo del empresario, más no de sus ayudantes, los trabajadores.

Por tanto, el país está organizado de tal manera que se maximizan las ganancias de ciertos grupos económicos, la actividad económica se ha centralizado de tal manera que el sistema educativo y sanitario funcionan alrededor del comercio. El sector educativo y sanitario público en el interior del país han caído en tal estado de desprotección que obligan al ciudadano –especialmente joven– a emigrar a las ciudades más “desarrolladas” de los departamentos mencionados anteriormente, con la esperanza de encontrar una cartera de oportunidades al finalizar su carrera universitaria. 

El ciudadano cuyo familiar sufre de alguna enfermedad y debe trasladarse a Tegucigalpa y San Pedro Sula en busca de asistencia, servicios que deberían recibir en sus tierras natales, igualmente se ve forzado a adquirir medicamentos o asistir a una clínica privada –si sus ingresos se lo permiten– ya que no hay medicinas en el sector público o ya no hay citas médicas disponibles.

El estudiante que egresa de un centro universitario, quién probablemente se ha visto obligado a trabajar para cubrir los costos de su estadía, se siente atrapado en un mar de colegas en busca de las mismas oportunidades, tomando por consiguiente cualquier oferta de trabajo que le brinde un salario para sobrevivir, y al empresario un trabajador para sus ganancias incrementar.

El emprendedor que apertura su negocio con la determinación de competir en el mercado pero se enfrenta a una serie de obstáculos fiscales que asfixian su iniciativa y se ve forzado a cerrar o trasladar su negocio al extranjero, pierde eventualmente la batalla frente a los monopolios establecidos, conductores de los hilos que se mueven en la administración pública.

La centralización de la actividad pública y consecuente monopolio de la actividad privada genera brechas de desigualdad abismales cuyo esfuerzo por compensar constituye una utopía con el transcurso del tiempo. La necesidad de girar la vista hacia el interior no debe cuestión de ganancias, sino de desarrollo humano. El sector público debe evolucionar para poder competir con el sector privado, logrando equilibrar los precios ante la prestación de servicios públicos gratuitos de calidad. Honduras debe responder por todos sus ciudadanos, no solo los que habitan en 3 o 4 departamentos, de lo contrario seguiremos viviendo con un territorio dividido en dos: “La Honduras de allá, y la Honduras de acá.”.

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