La nueva relación centro-periferia en el mundo después de la pandemia

Por: César Verduga Vélez*

Portada: Foto AFP

Las informaciones sobre la pandemia y la falsa polémica entre economía y atención sanitaria suelen ocupar la agenda analítica cotidiana y dejar relegados los temas políticos que están ocurriendo y que moldearán el mundo con vacunas y remedios anti-covid.

La recesión mundial generalizada. Su tiempo de duración y su desigual distribución por el mundo es un tema que solo tiene soluciones concebidas por actores políticos y sociales, que actúan en gobiernos, parlamentos y la sociedad civil organizada.

Una nueva noción centro-periferia surge en el mundo. Ya no solo cuenta la asimétrica apropiación de los frutos del progreso técnico mediante las ventajas comparativas de la producción de bienes industriales sobre los bienes primarios. Ahora la concepción de Raúl Prébisch debe agregar la capacidad de automatización de amplios sectores económicos que tienen los países con mejor educación y distribución de la renta para pasar al teletrabajo y la teleproducción en servicios fundamentales.

La estructura diferenciada de la salud pública eficiente en manos públicas en Rusia, los estados europeos y algunos estados latinoamericanos, China, Vietnam, Corea del Sur y otros estados asiáticos, marca un tema que será de ardorosa polémica política en Estados Unidos y en América Latina en los próximos eventos políticos y electorales.

EE: UU puede ser del “centro” en producción de riqueza material y de la “periferia” en el tema de la salud pública si mantiene la prevalencia de los intereses privados en ese sector. Otro país como Uruguay puede ser “periférico” por su peso en la producción mundial de bienes materiales, pero ser “central” en la amplitud y eficiencia de su sistema de salud pública.

Una confrontación geopolítica, financiera y especulativa se da en el tema crucial de las vacunas contra el Covid-19.

Rusia aprovecha la ventaja de haber inscrito la primera vacuna que ya se encuentra en su fase tres en el país y varios otros estados. Y su presidente Vladimir Putin la presenta y ofrece en la Asamblea General de la ONU gratis para los funcionarios del máximo organismo mundial. La producción estatal de las vacunas rusas y chinas solo han atenuado la oleada especulativa de las farmacéuticas privadas de Occidente, que en base a la manipulación bursátil han revalorizado su posición en las bolsas de un mundo controlado por el capitalismo financiero-especulativo. Informes académicos calculan en 600 mil millones de dólares la revalorización de empresas occidentales que dicen estar a punto de producir una vacuna eficaz y segura. Especulan en base a un producto que aún no tienen y reciben millones de dólares de todos los contribuyentes, entregados por los complacientes estados, para continuar sus pruebas, como en tantas ocasiones sucede con el gran capital privado subsidiado en la investigación, hasta que el nuevo producto ya esté en el mercado. Hay grandes accionistas de esas farmacéuticas que se retiran del negocio cuando ya han recibido millonarios subsidios estatales. Hay empresas del sector que recompran sus acciones revalorizadas. El Covid-19, el millón de muertes provocadas por la pandemia, los millones de contagiados y el temor desatado son un gran negocio para una actividad que convierte la muerte, la salud y el temor de millones en una orgía especulativa multimillonaria.

En pleno auge de la pandemia tiene lugar el primer debate de los candidatos presidenciales de Estados Unidos. El presidente Trump vuelve a dar una lección lamentable de impertinencia e irrespeto por el rival, el moderador y el público. Convirtió un ejercicio democrático para confrontar ideas en una riña de mal gusto, carente de ideas. Esa misma noche agonizaba Quino y los que aman a Mafalda de quedaban tristes, pensando que el debate presidencial de EE: UU carecería de la saludable visión de quien iluminó tantas veces con la profundidad filosófica de la frase: “Paren el mundo que me quiero bajar” .

La política latinoamericana de la Unión Europea produce cada vez más estupor, semejante al de otro ícono de la comicidad latinoamericana “Chespirito”. Por una parte, dice que no mandará observadores electorales a las elecciones parlamentarias venezolanas de diciembre mientras allí no se garanticen las condiciones políticas de un ejercicio verdaderamente democrático. Al mismo tiempo ya ha tomado partido en la política venezolana reconociendo a Juan Guaidó. Si enviará observadores a las elecciones bolivianas ignorando que allí hay un gobierno de facto impuesto por los militares, a las órdenes de Trump. Janine Añez además de su adhesión a los ideales democráticos que impone Estados Unidos tiene condición compartida de haber sido atacados por el Covid-19. “Rechanfle” diría Chespirito viendo la hipócrita actitud de la diplomacia de la antaño metrópoli colonial hoy convertida en una oficina de la política norteamericana hacia América Latina.

A los latinoamericanos demócratas solo les queda desear que en Bolivia y Venezuela se celebren elecciones limpias, en democracia y en paz, y que esos países hermanos recuperen la respetabilidad internacional que sus pueblos y su historia merecen.

En América Latina México y Argentina, que han compartido algunas visiones internacionales sobre el tema de la universalidad de las vacunas apoyando las iniciativas de la ONU, en octubre tienen un mes de efemérides políticas importantes. En Argentina el 17 de octubre, un día que Perón rescatado por los trabajadores llamó el día de la lealtad. El 27 de octubre que Alberto y Cristina recuperaron de la orgía neoliberal macrista corrupta a una Argentina llamada por la historia a ser nacional y popular, democrática y latinoamericanista. En México el 2 de octubre se recuerda la masacre estudiantil de Tlatelolco en 1968, punto de quiebre hacia la democracia política que hoy vive México.

Los acontecimientos que el mundo padece hoy en salud, recesión económica, crisis social, solo encontrarán alguna respuesta en la vilipendiada actividad política y sus expresiones geopolíticas.

Seamos realistas y optimistas. Aspiremos a salir de esta crisis y sus consecuencias de las manos de la ciencia médica y de la política como el arte de servir al bien común. Esta última decidida por la correlación de fuerzas sociales, políticamente expresada en las urnas electorales.

*César Verduga Vélez – Ex ministro de Gobierno de Ecuador y consultor. Desde México

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