La (in)seguridad de la pandemia para las mujeres

El silencio de los inocentes

Por: Thelma Mejía

Ilustración Zohar Dominguez

Tegucigalpa. – Las próximas dos semanas serán críticas para el país y su gente, todos estaremos con el ¡Jesús, bendito! viviendo y siguiendo la curva del coronavirus que ya no sabemos a ciencia cierta, cuándo irá a la baja, pero todos tenemos que cuidarnos. Y mientras lo reflectores y las planas de los diarios se centran en el avance de la pandemia y las medidas de activación de la economía, las mujeres viven también en silencio su propio viacrucis: las siguen matando y las siguen golpeando.

El “quédate en casa” no está siendo seguro para las mujeres y así lo advierte el Observatorio de la Violencia de la UNAH y el Observatorio de Violencias contras las Mujeres del Centro de Derechos de Mujeres (CDM), último que reporta un total de 113 muertes violentas de féminas desde enero hasta el 1 de junio de 2020.

A estos femicidios habrá que sumar los del 5 y 6 de junio de este año, ocurridos en distintas zonas de la capital hondureña donde las mujeres siguen cayendo, como parte de la otra pandemia en paralelo que tiene el país en materia de inseguridad ciudadana. Y qué decir de la pandemia de corona abusos en materia de corrupción que se ha registrado y que al igual que la violencia contra la mujer sigue impune en el país de la opacidad.

En el caso de las mujeres, en tiempos de la cuarentena, el CDM ha registrado 45 femicidios, a los que habrá que sumar los últimos cinco, es decir, en medio del toque de queda, donde se circula con un dígito, los asesinos de las mujeres no descansan acechando sus víctimas. Igual sucede con quienes están acostumbrados a maltratar, a trompear a sus parejas y a quitarse los enojos del encierro y otras frustraciones. Los atentados físicos, psicológicos y patrimoniales contra las mujeres han arreciado en medio de la pandemia.

La violencia doméstica y la violencia intrafamiliar se han disparado según las denuncias de las organizaciones de mujeres, derechos humanos, el observatorio de la violencia de la UNAH y el propio Ministerio Público, siendo los departamentos de Cortés y Francisco Morazán los que más registran estos hechos.

En cuanto a los femicidios, el CDM indica que Francisco Morazán, Cortés y Olancho son las zonas que encabezan el mayor número de muertes violentas contras las mujeres, seguidos de Atlántida, Yoro, Colón y Lempira, entre otros.

Las armas que más se usan contra las mujeres son las armas de fuego y las armas blancas, mientras los meses de febrero y mayo de este año son los que tienen los picos más altos en los crímenes contra las mujeres. En febrero se registró la muerte violenta de 30 mujeres y para mayo un total de 29 asesinatos.

De ahí, que a escasos días de entrar en vigencia el nuevo código penal, los grupos de mujeres y de derechos humanos denuncien que la nueva normativa es también lesiva en algunos de sus aspectos para las mujeres, abriendo así más cráteres a los cuestionados agujeros que presenta esa norma legal cuyos impulsores pretenden aceitar y entrar en vigencia, les guste o no a quienes se opongan o cuestionen la norma.

En el 2019, más de 390 mujeres fueron asesinadas en este país, en su mayoría por sus parejas, en su mayoría son crímenes impunes y dentro de las justificaciones de las fuerzas del orden, es que muchas de ellas “andaban pandas”, en presuntos hechos de criminalidad organizada, y así se estigmatiza, y así sus muertes se cubren como un hecho más, una estadística que a veces cae en esa categoría de “muertes indeterminados”.

Como “indeterminados” serán probablemente muchos contagios de la actual pandemia del Covi19, pero esta otra pandemia, de las muertes violentas de mujeres, la sociedad y las familias de las víctimas, siguen esperando respuestas, siguen esperando justicia y acceso a la justicia, siguen exigiendo su derecho a conocer la verdad. Así nos está agarrando a las mujeres, esta otra pandemia.

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