La doctrina del shock: el gobierno del miedo

 

 Por: Arturo Rendón Pineda

Naomi Klein  en su libro La Doctrina del Shock  expone conceptos que parecieran haber sido escritos pensando en Honduras:…“el descaro con el que actúen las fuerzas del gobierno contra los derechos de la población, sólo se pueden entender gracias a la configuración de un escenario de miedo que haga  que la sociedad quede desorientada e impactada por los acontecimientos intencionalmente provocados, que lo motiven a estar dispuestos a asumir decisiones impensables, que sería imposible concebir, en estados de ánimo más serenos y cuerdos”.

Las sociedades impactadas mediante la doctrina del shock se muestran temerosas ante la posible pérdida de derechos sociales y las libertades ciudadanas, visualizándose el derrumbe de todo el modelo de vida democrática que se hace patente, tanto en los sectores más excluidos, como en el desplome de la clase media. No hay duda de que los efectos del shock producen sentimientos de toda índole: de temor, frustración, vacío, desorientación, tristeza y hasta furia y aversión en contra de los que lo ponen en práctica, por lo general, los gobiernos totalitarios. Bajo el miedo que provocan se engloba la inestabilidad, la incertidumbre, las precariedades emocionales, en fin, todo lo que rompe la línea de mediana evolución y aparente tranquilidad en que regularmente hemos vivido.

Las circunstancias anómalas que actualmente se viven, indican con evidente claridad, que todas las actuaciones del actual gobierno son producto de una mente perversa que está asesorando a la cúpula gubernamental para que cometa desafueros de toda índole, que tiene a gran parte de la hondureñidad sin distingos de colores políticos, justamente indignada, ya que el Estado controlado en sus tres poderes, lo están usando para amenazar, chantajear y reprimir a la disidencia. Sin lugar a duda, a la sombra protectora del control absoluto del tinglado gubernamental, se viene gestando una muy conveniente relación simbiótica con empresas nacionales y foráneas de dudosa reputación, que se sienten protegidas por un escudo legislativo cada vez más consolidado.

Ante la elocuencia de los hechos, no cabe duda de que esa mal disimulada confabulación está dispuesta a todo: desde permitir el saqueo de nuestros recursos naturales, hasta vender a retazos nuestra geografía patria con las “ciudades modelo”.  A todas luces se puede colegir que sus inocultables propósitos son originar sustanciosos beneficios para ellos y sus asociados, mientras que el país queda sumergido en la dependencia financiera, y cautiva la voluntad de todo un pueblo empobrecido, que es el que en última instancia “pagara los platos rotos”.  

Mientras más grande sean los emolumentos que obtengan, mayor será la carga de la deuda que tiene que pagar el pueblo que se verá privado de atenciones sanitarias, educación, obras de infraestructura y otros servicios sociales que benefician a los ciudadanos más pobres. Las pretensiones de los comerciantes de la política son dejar garantizadas sus ganancias a futuro, y asegurada “la democracia” con que justificaron el golpe de Estado.  Es por eso por lo que tratan de vendernos el miedo y la inseguridad, que, conforme a la doctrina del shock, se presenta como una estrategia infalible aconsejada por asesores extranjeros.

Ante tal panorama, no cabe más que imaginarse cómo se verán afectadas las futuras generaciones—nuestros hijos y nietos— cuando estos señores se están negando a eliminar las causas de la miseria que agobian a Honduras. Cuesta creer que existan hondureños que estén propuestos a desconocer que el derecho a la vida, a la libertad, la justicia y a la búsqueda de la felicidad, existan solamente para el disfrute de unos pocos.

Allá aquellos que con sus conciencias perturbadas y enloquecidas en su afán de poder y de riquezas, persistan en su empeño de llevar a Honduras al derrumbe total. Nos parece absurdo, ilógico y hasta abusivo, que quienes están hundiendo al país en la corrupción, en el desprestigio y en la miseria, estén pretendiendo quedarse 50 años más en el poder para precipitarnos sin remedio a mayores y abismales honduras.

Santa Rosa, Copan 28 de marzo 2021.

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