La abominable y putrefacta corrupción que nos invade

      Cuando no tomas una postura en contra de la corrupción, tácitamente la apoyas: Kamal Haasan

Por: Joaquín Baldemar Alvarado

En el ámbito de la corrupción, el gobierno de Juan Orlando Hernández se mueve en una gruesa capa de materia fecal, en esto no tienen nada que ver los nacionalistas honrados y los indiferentes que sufren las mismas consecuencias de la práctica desproporcionada de la corrupción que nos abate.

En la generalidad de los casos la corrupción está presente donde predomina el autoritarismo, pero también en las seudodemocracias que nos imponen desde afuera. No obstante, no se limita al sector público, se extiende afectando a todas aquellas reglas, instituciones y costumbres, que en teoría debería regular la economía, las relaciones sociales, incluyendo la vida cotidiana.

Nos preguntamos; ¿cómo es posible alcanzar altos niveles de desarrollo y estabilidad económica distorsionado los procesos fundamentales en la toma de decisiones y afectando los programas implementados para el desarrollo? Esto tiene como consecuencia un incremento a la inversión, que nunca es proporcional a la producción e infraestructura, dado que existe un desvío de recursos en función de beneficios particulares o privados.
Por otro lado la corrupción tiene un efecto negativo en la percepción de los valores fundamentales, que son los pilares básicos de la sociedad. De esta manera, se atenta contra las libertades y facultades de todas las personas, en especial de aquellas con menos ingresos y que no tienen posibilidades de compensar estos abusos.

Lee Kuan Yew, Primer Ministro de Singapur, enfatizó “Si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a tus amigos y familiares.

La corrupción no es nada novedoso. Es parte de los genes de personas que buscan el poder exclusivamente para ellos, sea religioso, político, económico o social.   Muchos dicen que el poder corrompe, pero Sir George Bernard Shaw, decía” No es cierto que el poder corrompa, es que hay políticos que corrompen el poder”. También es necesario recordar a Cicerón quien dijo; “servirse de un cargo público para enriquecimiento personal resulta ya no inmoral, sino criminal y abominable.”

En el caso de Honduras,  la corrupción ha llegado a un nivel de descaro y cinismo que empezando por el “presidente” Hernández Alvarado es producto de dos escandalosos fraudes electorales avalados por los EEUU y la CEE-Comunidad Económica Europea- y otros países con gobiernos corruptos. De ahí que todo acto derivado de la gestión de estos dos gobiernos de JOH son la expresión de la impunidad grosera agresiva y criminal de un grupo de políticos cachurecos que anticipada y criminalmente midieron, calcularon y estructuraron una red del delito que ha rebasado las instancias e instituciones para castigarlo y sancionarlo. También es preciso incluir en los planes educativos orientación y formación desde el kínder, primaria y secundaria, sobre el fenómeno nocivo de la corrupción.

Los que tratan de justificar la corrupción deben de recordar la trajinada frase: “La corrupción no se disculpa, ni se perdona, la corrupción se combate, se castiga, si no se convierte en impunidad”.

En Honduras en un gobierno futuro habrá que crear nueva legislación para castigar la corrupción y a los corruptos, con el nuevo código penal algunos delitos se han reducido penas a violadores y narcotraficantes, es decir, es un código que da ventajas a algunos crímenes.

No puede haber excusas ante este flagelo del cual el periodista, ensayista y novelista peruano Eric Frattini ha dicho: “La corrupción crea discriminación entre grupos, favorece la desigualdad y la injusticia, desalienta la inversión extranjera y es un obstáculo a la estabilidad política y al desarrollo social.

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