La electricidad en Honduras no siempre fue un servicio cotidiano. Su desarrollo ha estado ligado al crecimiento urbano, la industrialización y las decisiones económicas del Estado. Desde los primeros bombillos que iluminaron Tegucigalpa a finales del siglo XIX hasta el actual sistema interconectado con fuerte presencia de energías renovables, el sector eléctrico ha atravesado etapas de expansión, crisis y transformación.
Honduras – Antes de la electricidad, la iluminación en Honduras dependía de velas, lámparas de aceite y gas. La vida nocturna y la actividad industrial eran muy limitadas. El primer antecedente de energía eléctrica en Honduras se registra en 1892, con la instalación de un sistema de alumbrado público en Tegucigalpa y Comayagüela. A finales del siglo XIX, este avance representó un cambio significativo para la vida urbana del país.
Cinco años después, el 9 de abril de 1897, el Congreso Nacional aprobó el Decreto No. 132, mediante el cual se creó la Empresa de Luz Eléctrica. A pesar de este paso institucional, el desarrollo del sector fue lento durante las primeras décadas del siglo XX, marcado por un bajo nivel de industrialización y una demanda energética limitada.
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LA CREACIÓN DE LA ENEE Y EL CRECIMIENTO DEL SISTEMA
El panorama comenzó a cambiar en la década de 1950 con la creación de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE). Para ese entonces, la capacidad instalada del país rondaba los 25 megavatios (MW), una cifra modesta que reflejaba el tamaño de la economía nacional de la época.
Con el paso de los años, el sistema eléctrico fue ampliándose mediante proyectos de generación hidroeléctrica y el aprovechamiento de fuentes alternativas. En este contexto surgieron iniciativas como CAHSA, la primera planta de biomasa del país, vinculada a la industria azucarera, y la central hidroeléctrica Cañaveral, que entró en operación total en 1978. Estos proyectos contribuyeron a la consolidación de un sistema eléctrico de alcance nacional.
Durante la década de 1990, la demanda de energía eléctrica creció de forma acelerada, con un aumento estimado de 75%. Este incremento estuvo asociado al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) per cápita, así como a la expansión de maquilas, parques industriales y empresas de manufactura textil, especialmente en la zona norte del país.

En 1994, el sistema eléctrico enfrentó una de sus mayores crisis. La ENEE no logró satisfacer la demanda nacional, lo que derivó en racionamientos y pérdidas económicas. Como respuesta, el Estado aprobó el Decreto 158-94, conocido como la Ley Marco del Subsector Eléctrico, que abrió el mercado a la participación de empresas privadas mediante la compra de energía a generadores como ELCOSA y LUFUSSA.
Tras la crisis, el gobierno implementó medidas para reducir el impacto del costo de la energía en los hogares. Entre 2001 y 2005, el Estado destinó alrededor de 75 millones de dólares en subsidios directos a la tarifa eléctrica para usuarios residenciales, un mecanismo que había sido establecido desde 1994.
Paralelamente, se impulsaron reformas orientadas a diversificar la matriz energética. El Decreto 70-2007, o Ley de Incentivos a la Generación Eléctrica con Energía Renovable, marcó un punto de inflexión al promover proyectos hidroeléctricos, de biomasa y eólicos. Más adelante, el Decreto 138-2013 fortaleció el desarrollo de la energía solar fotovoltaica, ampliando la participación de fuentes limpias en el sistema.
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LA APUESTA POR LAS ENERGÍAS RENOVABLES
En los últimos años, Honduras ha consolidado su perfil como un país con alta participación de energías renovables. El proyecto geotérmico de Platanares, desarrollado en dos fases entre 2018 y 2019, alcanzó una capacidad total de 39 MW para finales de 2020.
En el sector eólico, se ampliaron proyectos existentes y entraron en operación nuevos parques. El parque de San Marcos incrementó su capacidad, mientras que el parque Chinchayote, con 45 MW, se incorporó al sistema, reforzando la generación eléctrica a partir del viento.
La energía hidroeléctrica continúa siendo una de las principales fuentes de generación. La Central Eléctrica Río Lindo, la primera del país, inició operaciones en 1964 y alcanzó su capacidad total en 1978. Posteriormente se desarrolló el proyecto Francisco Morazán “El Cajón”, con 300 MW de capacidad, considerada la planta hidroeléctrica más grande de Honduras y una de las más importantes de la región.
La biomasa ha tenido un papel relevante desde mediados del siglo XX, principalmente a través de ingenios azucareros como CAHSA, que incorporaron tecnología para la cogeneración eléctrica. A esta experiencia se sumó la Honduras Green Power Corporation (HGPC), la primera planta instalada exclusivamente para la generación de energía a partir de biomasa.
Por su parte, la energía eólica tuvo su mayor impulso con el proyecto Cerro de Hula, inaugurado en 2011 con 102 MW, el cual fue en su momento el parque eólico más grande de Centroamérica. A este se añadieron los parques de San Marcos y Chinchayote, fortaleciendo la capacidad instalada del país.
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La matriz energética en la actualidad
Al cierre de 2020, la matriz de generación eléctrica de Honduras se caracteriza por una mayor diversidad de fuentes. La generación térmica basada en combustibles fósiles mantiene el mayor peso, con un 36.8%, seguida por la hidroeléctrica (28.8%).

Esta configuración contrasta con la matriz de 2010, cuando la generación dependía casi exclusivamente de fuentes térmicas e hidroeléctricas, con una participación marginal de otras tecnologías.
La evolución del sistema eléctrico hondureño evidencia una transición gradual hacia una matriz más diversificada y con una mayor participación de energías renovables.
Aunque persisten desafíos en materia de planificación, sostenibilidad financiera, modernización y cobertura, los datos reflejan un cambio estructural en la forma en que el país genera y gestiona su energía. Hoy, Honduras opera un Sistema Interconectado Nacional que integra generación hidroeléctrica, térmica y renovable, resultado de más de un siglo de transformaciones que comenzaron con los primeros focos urbanos y continúan marcando el rumbo del desarrollo energético nacional.
Finalmente, en el plano político, el futuro de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE) sigue siendo objeto de debate. Aunque el gobierno que apenas terminó su mandato (2022 2026) mantuvo públicamente la permanencia de la ENEE como empresa pública, con la nueva entrada de un nuevo gobierno a manos de la derecha se pone bajo la mesa el planteamiento de la posibilidad de privatizar o reestructurar la estatal como solución a sus “problemas financieros y operativos” una probabilidad que genera preocupación entre quienes temen que ceder el control de un servicio esencial al sector privado pueda elevar tarifas, reducir el acceso equitativo y debilitar la soberanía energética del país.





