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Por: Efraín Bu Figueroa

En pocas semanas se realizarán las elecciones generales. Prevalece en sectores de la población la incertidumbre sobre el proceso electoral dado las manipulaciones obstruccionistas y saboteadoras del gobierno nacionalista desde que se instalo el nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), lo que anticipa mayores irregularidades y conmoción el día de la elección.

El triunfalismo arropa a los partidos opositores. Sin embargo, a pesar que el partido nacional luce desgastado y desprestigiado después de doce años en el poder, aun tiene el control absoluto de los restantes dos poderes y de las instituciones clave, así como del presupuesto nacional del país, y con todo este poder, hará lo necesario para perpetuarse en el mismo.

El Partido Liberal ha logrado aglutinarse en gran medida alrededor de su candidato Yani Rosenthal, pero, aun así, no levanta mayor entusiasmo, pues persiste la desconfianza de la militancia y simpatizantes en su candidato; por otro lado, se mantiene un disidencia importante – la de Luis Zelaya- que anuncia alianzas con otro partido; ello debilita al partido liberal.

LIBRE, cuenta con organización nacional muy solida, fuerte cohesión alrededor de su candidata, un plan de gobierno, que, aunque solo con soluciones coyunturales, es aceptable.

El Partido Salvador de Honduras (PSH), es el disociador de las fuerzas de oposición, pues sin duda atraerá los votantes disidentes de los partidos mencionados, a los independientes y los jóvenes.

Su popularidad gira en torno al candidato Nasralla, la persona mas conocida en Honduras, pues el partido por ser nuevo y personalista no ha desarrollado una estructura departamental robusta y estable.  Todo hace ver, que la competencia fuerte en la oposición se podría dar entre LIBRE y el PSH.

Los partidos en la oposición podrían lamentar no haber constituido una coalición electoral en este periodo, lo que refleja la escasa cultura política en alianzas de esta naturaleza y la inmadurez de nuestra clase política dirigente, donde predomina el interés personal con ropaje narcisista antes que los intereses de País.

Esta experiencia que los hondureños estamos viviendo será una escuela mas de aprendizaje para futuros procesos políticos. Las transformaciones de las naciones nunca han sido fáciles.

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