El “Guasón” rompe la cuarta pared

Por: Edgar Soriano Ortiz

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Edgar Israel Soriano, catedrático universitario e historiador hondureño.

Tegucigalpa. – En el último año del Siglo XIX  un aire romántico se mezclaba entre el aroma y el hedor con la apología a las maquinas. Era un mundo segmentado emanado de los centros metropolitanos del mundo occidental, cargados de quijotes, aristócratas y burgueses, reductos de una feudo-burguesía que llegaron a la Gran Guerra cantando a la muerte glorificada, pero, aquí fue el punto de inflexión, el edificio decimonónico, del que escribiría Hobsbawm, con pilares medievales se derrumbaría. En ese año y contexto un artista, llevó a la cuarta pared del tablado del teatro, una especie de gran espejo entre el público y el personaje, la psicotécnica, su nombre era Konstantin Stanislavski, director del Teatro de Moscú. Para Stanislavski, el actor y la actriz, pasan frente al espejo de sus juicios psicológicos, saliendo de la cuarta pared hacia un entorno social complejo y a la vez determinista, de donde abstraerán sin consideración lo que Chejov acaba de enseñar con sus personajes, la psiquis de las clases medías y de la búsqueda de entender la profundidad de las personas.

Como interpreto este contexto histórico, donde los actores se sometieron a psicotécnica de Stanislavski, con el personaje del “Guasón” de la película del director, Todd Phillips e interpretado por el actor, Joaquín Phoenix, en que es el payaso frente al espejo, pensando y buscando una normalización de su condición de bromista invisibilizado. Pero, qué diferencia a este personaje interpretado extraordinariamente por Phoenix de los anteriores, muchos recuerdan a Jack Nicolson o Heath Ledder. La respuesta se puede concebir, en que los actores desde 1968 con Romero asumieron un personaje caricaturesco, a la mejor imaginación  del creador Bob Kane (1939), mientras que el personaje interpretado por Phoenix bajo la dirección de Phillips, va más allá, nos sacude en lo profundo de nuestro ser, con una escenografía social que pone el dedo en la llaga a una institucionalidad indolora y una clase dirigente moralizada en lo “correcto”, que se burla y aplasta.    

Múltiples interpretaciones han habido con esta exitosa película, buscando en la liquida sociedad en que vivimos explicaciones a esos estallidos de violencia y al molde de un criminal, muchas de ellas han caído determinismos, obviando el complejo articulado de la sociedad subyugada a la alienación incentivada por el modo producción. Algunas críticas, también, han sido más escépticas y simples, al encontrar en la película ninguna novedad, respetando más la actuación de Phoenix que la película en su conjunto.  Bueno, con la actuación y su articulado en las entrañas de una sociedad alienada me quedo, porque me invita a romper prejuicios morales e ideológicos “correctos”, porque la evolución social humana nunca fue correcta, no lo es ahora, no creo que algún día lo sea.

Entiendo que el “Guasón” de Phoenix y Phillips, rompe con la caricaturización y se enfrenta a la cuarta pared, como en un gran vidrio trasparente, nos refleja la profunda esencia de la alienación, sin mascaras morales, ni correcciones acomodadas, expone nuestro miedo y simplemente nos invita a que penetremos sin prejuicios en nuestra imperfección humana atada a un sistema violento que se reacomoda cada día de cara al futuro automatizado, segregado y trivializado.

 

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