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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

a hijas, nietas, amigas y amantes
Los falos son hermosos, muy útiles y heroicos órganos que, irrigados, a ratos, parecen cobrar vida propia, como el hongo (phallus impudicus o hediondo) del cual deriva ese nombre, o el cacto en el desierto. ¡Qué sería imposible la reproducción natural de la especie sin ellos! Por esa poderosa razón, los falos humanos y por analogía de los animales, como del toro o el caballo, han figurado notoriamente en el arte (desde los horizontes más remotos, pasando por muchas civilizaciones venerables y hasta el arte pop) en el que también se le representa como el fuelle que enciende en el vientre femenino el fuego que es la vida. (De fuelle, el término castizo follar.) Déjenme aprovechar que no soy autoridad ni dignatario, para ser maestro y hacer un pequeño recuento, a ver si se educan un poco, caray, y aprenden, como dice Don Nicolás, en el siglo XVI, lo que ya todas las quinceañeras saben… que es donde trae la cola el diablo.

Abundan alrededor del mundo las representaciones del falo y la vulva en el arte de las cuevas. El falo figurado era importantísimo en el culto Egipcio a Osiris, que había perdido el suyo sin que pudiera rescatarlo la desolada Isis. Los primeros pobladores del Valle de Sula, quizás toqueguas, unos 1800 años antes de Cristo, ingerían un fermento de la blancuzca baba del cacao (lo descubrió Rosemary Joyce), especie de cerveza espesa y ligosa, que vertían a sus copas o a sus bocas desde bellas vasijas (llamadas a veces espitas en la literatura erudita) con vertederos figurados como falos, algunas veces con su respectivo escroto. O sea, no nos quedamos atrás.

El arte griego clásico circa 450 a 250 AC representaba abundantemente la sexualidad fálica, entre diversos géneros y dioses, animales y mujeres. Al igual que los Sátiros, las jóvenes de la antigua Grecia celebraban cultos fálicos en que se emborrachaban y bailaban cantando un abundante repertorio de poesía erótica, alrededor del falo decorado, que podía ser el de Dionisio, dios de la borrachera, el sexo y del desenfreno, en el entendido irrefutable de que esas experiencias eran indispensables para la salud y para la reproducción. (Jane Harrison, Prologomena to the Study of Greek Religion).

Hay pequeños ex votos, ánforas en su efigie y a campo travieso, grandes esculturas de falos en las islas y la campiña del Mediterráneo. El falo también simboliza la buena suerte, la salud…Dice la Dra. Effie Poulakou-Rebelakou de la Universidad de Atenas, durante las procesiones rituales festivas, como los actores, la gente viste falos artificiales como parte de sus trajes, o carga penes enormes. Al contrario, los dioses…o a los mortales comunes no se les representa como itifálicos; el tipo ideal de la belleza masculina resumida en la escultura clásica, normalmente representa genitales de tamaño mediano o aún más pequeño y …muchas imágenes representan a atletas durante o inmediatamente después de ejercicios duros, con el pene reducido, retraído, ¿ahuevado?

La cultura Romana derivada (150 AC 450 AD) redunda en las representaciones de Baco, siempre varón, Pan (hembra y varón) y cupidos o putos, raptos y Príapos con órganos grotescos, actos sexuales fálicos, mitificados y desmitificados en los murales, las cerámicas pintadas con rituales de fertilidad, en las que, por ejemplo, damiselas alegremente riegan falos (hongos) en el suelo, así como escenas gozosas y didácticas. Catherine Jones, Sex or Symbols?, British Museum, 1982

En los primeros siglos de nuestra era, los Moche de la Costa Peruana (algunas veces comparados con nuestros mayas, porque daban gran importancia a lo humano)… practicaban un refinado arte de cerámica, en la cual representaban actos heterosexuales pero mayormente de sexo anal y oral que, los estudiosos más recientes (L. Fernando Castillo Camarena… en American Anthropologist, Sept 2004) relacionan con las tradiciones amazónicas y melanesias que versan sobre el canje de fluidos para la reproducción, por contraste con el sentido que les imprime (a esos actos) la pornografía y la religión occidental. Esas vasijas eróticas eran atesoradas y se depositaban en las tumbas para complacer a los ancestros.

Según amplia bibliografía y evidencia, los mayas 500 AC a 1500 DC representaban frecuentemente actividades sexuales orgiásticas (muchas veces entre hombres viejos y mujeres jóvenes), relacionadas algunas con la diosa lunar y otras con diosas terrestres. R. Joyce (1992, 2000) discute la representación en el arte maya del deseo erótico de las mujeres y los hombres frente al cuerpo masculino y falo. El escudo heráldico de la antigua Copán representa al dios murciélago Zots, patrón de la noche y el sexo, abriendo sus alas para mostrar su gran falo humano, cum gónadas.

Varios glifos del título Señor, Rey, Ahau, representan al mono con una gran nariz fálica. Como muchos otros mesoamericanos, el maya practicaba cultos fálicos, en recintos rituales se han encontrado en sus sitios antiguos, como el Templo de los falos en Uxmal. Aunque no sabemos bien quién participaban en ese rito, los reyes sacrificadores ostentan estuches de cuchillos que contienen filosas navajas con que sacrificaban sus falos en alarde de disciplina y para propiciar la buena fortuna.

Los zapotecas y totonacas de la Costa del Golfo en el Caribe desarrollaron en el post clásico 800 a 1500 AD una amplia ritualidad festiva, en torno a la representación de la diosa de la tierra, llamada luego por los mexicas Tlazoteotl (la devoradora de inmundicias) para cuya fiesta mayor (que duraba un par de semanas) la Fiesta de la Gran Alegría de las Mujeres, se celebraba con abundante pulque cacao, música, danzas en que las bailarinas ostentan falos en formas subliminales, de mazorcas por ejemplo u hongos. En el Códice Borgia, bailan alrededor de esa diosa los papas putos (según dice la inscripción del fraile) acariciándose grandes falos envueltos en papel. En el arte del Noroeste mexicano igual proliferan danzantes y calaveras que se acarician el falo.

Desde siempre, o por lo menos desde el 2300 antes de Cristo y hasta nuestros días en la refinadísima y religiosísima India para el hinduismo y luego el budismo, el falo es la representación de la Creación y la Fuerza que sostiene a la informe Realidad primordial. Se construyen templos en su forma y honra como el muy celebre en la Isla de Elefanta, donde tuve la fortuna de ver a las mujeres cuando envueltas en sus saris, celebran cultos fálicos en recintos dedicados a Shiva lingam (y a la copula sacra, del lingam-yoni, el falo y la vulva) frotando la representación en piedra del falo con aceites perfumados y halagándolo con pétalos de flores…cantándole en reverencia, susurrándole, suplicándole.

Los primeros cristianos sacralizaron el culto fálico antiguo y es fácil encontrar representaciones del falo animadas, en la marginalia de los más antiguos manuscritos, que le sirven, por ejemplo, a Eco para urdir un misterio en El Nombre de la Rosa. Muchas iglesias románicas medievales se adornan con esculturas del coito y beso mujeres presumiendo vulvas, chaparros acariciando falos erectos.

Entonces ¿de dónde sale toda esta mojigatería, de escandalizarse porque un par de ingeniosos emprendedores sampedranos, que además se inspiraron en picardías cosmopolitas, inauguraran ayer – allá por Galerías- una heladería que se especializa en la producción de chupaletas (así decíamos) en forma explicita de falos multicolores? Un producto que, gracias a su mercadeo en redes, fueron un éxito comercial instantáneo. ¿De dónde nos ha caído este peso tonto del puritanismo fundamentalista? Otra cosa más digna es el pudor fingido (tienen un sello chino las muy vulgares, dice doña Tere) ¿Cómo justifican las autoridades locales cerrar ese negocio próspero desde su primera hora y castigarlo alegando que es un atentado a la moral y a las buenas costumbres! ¿A la moral de quién, a ver, de Cali? Malas costumbres son el nepotismo, el robo, el abuso, la mentira oficial, la violencia.

¿Qué, no tienen permiso de operación? Cóbrenlo, pero no cierren a nadie. Démosle el premio Forjador a estos muchachos. Siempre los grandes se lo reparten entre ellos, pero son las microempresas nuevas que nos dan empleo. Estos chavos son la quintaesencia del espíritu sampedrano emprendedor. Superaron con creces al vetusto y disfrazado banano frío «enchocolatado». Afrentaron con valentía la hipocresía burguesa frente a esta, tan vilipendiada como ineludible prenda, según los chinos clásicos, ciruela, o según otros castizos, pija, verga, capullo, banano, fuelle, pito, pene, mástil, itifalo, miembro, managuaco, porra, pico, pájaro, paloma, badajo, carajo, cipote, pilila, picha, pichulín, pichula, pinchila, polla manubrio, gallo, plátano, turca, glande, minga, narizón, rabo, guachalomo, chorra, tolete, reata, pepino, balano, pistola, ¡ palo, palo, palo-palito palo es! ¡Échele crema, Seño, pa’ la suerte!

2 comentarios en “El alcalde y La Puntita

  1. Creo que es pura hipocresía la nuestra, en una sociedad que el «verguismo» es parte de nuestra cultura; que verga de…, ¡Que vergazo!, Sos la mera verga, entre otros.
    Exaltarnos o entrar en pudor por un emprendimiento tan original demuestra que no hemos madurado como pueblo.
    ¡Que verga de negocio!

  2. Mucha alegoría al falo y a jovencitas, para mi gusto. La belleza de los cuerpos humanos sin tapujos, siempre despierta el escondido morbo de la mente humana, mercadológicamente les ha funcionado la controversia, felicidades. Finalmente, el tema acaparó la opinión pública de varios estratos de la población. Quisiera que con esa misma inspiración de como prevenir la violación en menores. Que ante una nueva violación de una menor salieran en redes y los funcionario a tomar cartas en el asunto.

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