El aislamiento y su impacto en la salud mental

Por: Nancy García

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa. – ¡Qué desesperante esto! Fueron las primeras palabras pronunciadas por una vecina al recibir en su hogar a un ser querido que no veía desde hace tiempo por la cuarentena que se ha decretado a nivel mundial, con el fin de frenar la pandemia del coronavirus.

¿Son las cifras reales? ¿Por qué no invierten el dinero aprobado en hospitales para nuestro cuidado? ¿Cuándo finalizará esto? ¿Y si me enfermo? Si no estoy trabajando, ¿cómo pago mis deudas? ¿Cuándo veré a mis seres amados? ¿Podré abrazar de nuevo? Son algunas de las interrogantes que se plantean las personas en este encierro.

La psicóloga Cristina Alvarado, señala que las personas más afectadas por la cuarentena, vistas desde las desigualdades económicas, son las mujeres y hombres empobrecidos que tienen una economía de subsistencia y por ende están insertados en la economía informal, que se ganan a diario el sustento para sus familiares.

Alvarado nos ilustra que, según el Instituto Nacional de Estadística del total de hogares de Honduras, el 33% está bajo responsabilidad de las mujeres, que corresponde a 70,000.00 hogares y más del 70% de la población vive en pobreza y pobreza extrema. “Si lo analizamos desde la perspectiva de las relacione desiguales de poder entre hombres y mujeres, las personas más vulnerables son las mujeres, niñas, niños y las jóvenes que se verán enfrentadas con su agresor las 24 horas del día”, dice Alvarado, quien considera que el confinamiento produce mucha incertidumbre, estrés, ansiedad y temor.

Autoaislamiento mujeres
Cristina Alvarado.

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“Cuando no tienen control sobre la situación y no te han enseñado a gestionar las emociones, lo primero que sobresale es la rabia, la agresión, y la violencia. Además, no se han diseñado intervenciones en salud mental para enfrentar esta situación”, señala la psicóloga.

Para Cristina no solo se trata de no tener el sustento para el pago de los servicios “públicos”, sino que las personas se preguntan cómo van a sobrevivir y alimentar a sus familias, además que el Covid-19 ha evidenciado el abono por parte del Estado, de una agenda que no ha garantizado empleos dignos, salud, educación y oportunidades para el desarrollo humano y lo que ha recetado son políticas asistencialistas que perpetúan a la las personas en la miseria y pobreza.

Una población desesperada, como la que ya hemos visto en menor escala, sin condiciones mínimas de vivir dignamente, es el caldo de cultivo ideal para que se desate una crisis humanitaria, porque el gobierno responderá con represión, como lo hemos visto en estos días de confinamiento, puntualiza.

Si antes del encierro la población ya dedicaba parte importante de su tiempo al uso de las redes sociales, con el confinamiento esto ha aumentado notoriamente.

La sobreinformación que se genera en las redes sociales puede ser un punto fulminante que puede provocar el aumento de estrés y ansiedad y esto puede llevar a perturbar y nublar la capacidad de tomar decisiones, al punto de querer acaparar los productos alimenticios y de higiene, sin considerar que más familias también necesitan estos productos, comenta Cristina.

Cristina recomienda a los medios de comunicación:Evitar el amarillismo en la redacción de noticias, que recuerden que son seres humanos los afectados, hacer análisis profundos que aporten elementos que sensibilicen y concienticen a las personas, profundizar e indagar sobre el manejo de los fondos. Esto por la desconfianza que tiene la población por los niveles de corrupción imperantes en el gobierno actual.

Asimismo, no olvidar que se siguen asesinando mujeres y las violencias que ha desbordado la crisis, lo incendios forestales, la trata, la explotación sexual y las violaciones a los derechos humanos y por supuesto el apoyo a las campañas educativas de prevención del Covid-19.

El grito silencioso de las personas durante el confinamiento

Pareciera que en los hogares impera el silencio, que muchas veces no se encuentran y no ajustan las palabras para dimensionar lo que siente cada persona.

Jorge Adalberto Cruz, es un ejemplo de ello. Este hombre de 55 años, estatura promedio, con una melena plateada y tez morena, está lleno de dudas. Sus ojos se convierten en dos canicas relucientes, llenas de dudas y lágrimas, al relatarnos su situación.

Jorge, alquila un espacio en los puestos de Comayagüela. Vende ropa para varones y mochilas en la época escolar. Su compañera de hogar, de tez morena, estatura baja y madre dos hijas es parte del negocio.

Lleva cinco años alquilando un local, las ventas no siempre son buenas, pero se sobrevive, dice. Sin embargo, el aislamiento le ha cambiado la vida y la situación le genera desesperación.

“Nada esperaba de esto. Lo que me preocupa son las deudas. No poder trabajar. Siento que no puedo soportar más”, nos dice Jorge.

Para él las oraciones le han ayudado a sobrellevar esta crisis. Con sus dos hijas, que son las más afectadas, se pone a hacer ejercicios, tareas y juega pelota.

Cruz espera que la crisis termine pronto porque ya no tiene un sustento económico para cubrir las necesidades básicas de él y su familia.

“Cuando hay cadena me invade la ansiedad y el miedo”

Esly Quevedo
Esly Quevedo, estudiante de último año de sicología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).  Es amante de los gatos y la música no convencional. Le encanta las letras del poeta chileno Nicanor Parra, pero a esta estudiante también la situación la llena el miedo.

“Lo que más he sentido ha sido frustración. Cuando hay cadena, me invade bastante la ansiedad y el miedo, es como un combo de emociones negativas”, menciona Esly. Prefiere no detenerse a ver tanta noticia, aunque es difícil porque su madre se rehúsa a cambiar de canal. Ha sido una lucha que no ha logrado ganar.

Ha invertido su tiempo en ver contenidos en plataformas digitales, cocinar y en mantener una constante comunicación con sus amistades.

Para Esly su principal preocupación recae en los recursos económicos, el dinero, la comida, el pago de agua, energía eléctrica e internet. Cree que llegará un momento donde todo se acumulará y las personas no sabrán cómo actuar y el descontrol será gigantesco.

De igual manera considera que las acciones del gobierno son cortas ante la magnitud del problema y que el apoyo es mínimo para lo que el pueblo necesita.

Abordar el tema de la salud mental de las personas le parece muy importante, pero es algo que se está dejando de lado. Se siente liberada al escuchar y responder las interrogantes que se le plantean.

“El gobierno no ha llevado bien la situación”

Gilda Silvestrucci, directora del programa radial “En la Plaza”, que se transmite todas las mañanas por Radio Globo, nos habló de lo complicado que es el ejercicio del periodismo en Honduras y máxime ahora en medio de la pandemia donde la salud de todos está en riesgo.

Su voz firme y vibrante llama la atención. Es una mujer entregada al periodismo crítico.

En medio de la emergencia sanitaria, Gilda ha enfrentado varias complicaciones durante el ejercicio periodístico, que van desde la insalubridad en la radio, la falta de asistencia de un medio que brinde lo básico, falta de acceso a los entrevistados y el aislamiento del gobierno en cuanto al flujo de la información.

Las emociones que ha sentido frecuentemente son el temor para entrevistar a las personas que protestan, pues tiene miedo al contagio.

“El gobierno no ha llevado bien la situación. Millones aprobados desde febrero y aún no hay insumos en los hospitales, además que no se sabe si es real la información que proveen. La ayuda es politizada y esto puede ser peligroso”, enfatiza la periodista.

A Gilda le preocupa también la falta de espacios para atender a las personas adultas con problemas de salud.

Silvestrucci considera que el gobierno debe suministrar insumos a los hospitales de manera urgente, construir centros hospitalarios que contengan los equipos necesarios para combatir la pandemia, aumentar el número de exámenes para descartar o poner en cuarentena los casos que den positivo y suspender los pagos de préstamos y servicios públicos por el tiempo que dure el confinamiento.

¿Qué podemos hacer para llevar el confinamiento y no perder la esperanza?

Hasta el momento son reducidos los grupos de servicio gratuito de apoyo emocional y sicológico que se han dado a conocer a la población.

Por su parte la UNAH, ha dado recomendaciones a padres y madres de familia para que sus menores lleven el confinamiento de una manera más entretenida y menos caótica.

Cristina Alvarado sugiere como primer punto, el alejamiento de los medios de comunicación y teléfonos móviles durante el día. Que las personas establezcan ciertos días para informarse y que planifiquen su día.

Puedan darse la oportunidad de compartir con sus familiares, tomar tareas inconclusas, realizar los quehaceres del hogar en conjunto para que se den cuenta del trabajo milenario que desempeñan las mujeres.

Del mismo modo propone que invadan la mente con mensajes positivos y ocuparse de lo que se pueda resolver. Y pide que vivan la vida, escuchando música, leyendo, bailando, sembrando plantas. También, dedicar tiempo al cuidado del cuerpo y sobre todo pensar que es una gran oportunidad para reflexionar sobre la vida y sobre el enorme aprendizaje que dejará esta crisis sanitaria.

Los días son grises, pero las esperanzas son multicolores.

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