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EE UU, su embajada y la historia

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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                                      a Sam, mi nieto, en su cumple, y a la Señora

Todo parecía volver de golpe a la normalidad del primer siglo de la hegemonía estadounidense en Centroamérica, cuyos súbditos no tienen qué cuestionar el oráculo de Washington. Después de un encontronazo que la prensa destacó. Al final, las cosas se han calmado. Se enfrío la animosidad, y como no hay mal que por bien no venga, salió el Subsecretario José Fernández a ofrecer su colaboración para resolver el problema de la energía. No por eso es menos importante el desliz que provocó la crisis. No se trata de ignorancia y no es algo personal. Para nada, ni falta de información y menos ingenuidad. Sorprende poco mas bien el descaro de siempre, en el USS Honduras ¿Acaso también en Francia o en Turquía, expresan -en tuits- los embajadores extranjeros sus preocupantes dudas sobre los proyectos de ley a que se recurre ante a una emergencia? Es la traba histórica de republica bananera y el Imperio que nunca dijo su alias

Los padres fundadores de los estadounidenses ya se enfrentaron a fines del XVIII los intereses creados, a quienes el sabio Thomas Jefferson llamaba «Monopolio, control privado, la autoridad del privilegio, la dominación oculta de unos pocos«[1] poderosos. Muchos estadounidenses todavía hoy piensan en forma congruente. Aunque Bernie Sanders no alcanzo la presidencia. Hubo un tiempo recién en el s. XX, en que los grandes demócratas de Estados Unidos entendían cómo el bien publico, el interés general, el de la economía en su conjunto, tenía que estar por encima de las prerrogativas y privilegios de una industria y de una utilidad particular. Entendían que la libertad de contratación debía estar condicionada por los derechos que el gobierno estaba obligado a garantizar a todos, y sujeta a reformarse cuando fuera necesario. Woodrow Wilson se identificaba con la necesidad de salvaguardar el bien público contra los intereses creados. F.D. Roosevelt reformó las leyes del mercado financiero para poner en regla a los especuladores, creó instituciones de protección y leyes antimonopólicas, contra las extorsiones corporativas. Mas tarde en los 1960s John Kennedy puso en jaque a los barones del acero, que se valían de un oligopolio para alterar los precios. Pero ¿ya no los hacen así, a los presidentes, los demócratas estadounidenses, ni les enseñan catecismo?

También hubo un tiempo, mas bien corto y lejano, en que Estados Unidos fue antiimperialista y suscribía el principio de la autodeterminación de los pueblos. Aunque ya había invadido y mutilado a México, del diente al labio, se hablaba de ese principio en los círculos oficiales y académicos de EUA, hasta los 1940s, como si fuera una idea quintaesencialmente americana. Antes que Nixon con Kissinger y los republicanos prácticos lo descartaran.[2] Desde entonces, se trata el tema con mucha discreción, especialmente en los gobiernos. Y se discute ahí quien puede tener el derecho, y quien no, entre los últimos mayormente los latinoamericanos y los africanos. Porque Ucrania ¿si que lo ha de gozar? Desde hace un siglo, EUA interfiere violentamente en nuestros asuntos en Centroamérica. Quita y pone gobernantes, políticas, leyes. Y desde los 1970s, devino cínico.

Sorprendía más bien el giro mas reciente. La novel dulzura. De repente, era solo una ilusión y no se había dado en absoluto un verdadero cambio de actitud, inspirado en la sólida percepción de que EUA necesita recuperar amigos y terreno en América Latina, su esfera vital. Se estaba quedando con pocos aliados, cada vez menos fiables. Ya no sabia que hacer con sus mercenarios en Venezuela, de cuyo oro negro no cabe prescindir. No podía contar ya con Chile, ni Perú, Argentina ni Ecuador. ¡Están contenidos en el Cono Sur por ambos océanos, los EUA no digamos en El Caribe, y ¡hasta en el Golfo de México y el de Fonseca! ¡Cosa formidable es la Geoestrategia! En Centroamérica, EUA se había quedado ya a mediados del 2021 sin lo putrefacto de Giammattei, sin Bukele, abrazado de China y temerario, sin el incontinente rusófilo Ortega y estaba preocupado por la deriva independiente de la política exterior mexicana. Podría ser que, al cambiar a manos demócratas, la diplomacia estadounidense, se iba a proponer rescatar la deteriorada relación con Honduras. ¿Había decidido recuperar al catracho, su cuate mas fiel? ¿Hacer caso omiso de cierta ilusa desviación ideológica, de una aspiración acaso ilusa, de ser país en si? ¡Se ganaron puntos llevándose a su mejor amigo, al cuate de Biden, al maravilloso de Trump! Y parecían dispuestos a trabajar respetuosamente con un gobierno de otro signo, tan progresista digamos como Sanders.[3]

Destacaba la intensa ebullición de la diplomacia estadounidense en los últimos ocho meses, el alto perfil que se le daba a Honduras en Foggy Bottom, como dice Los Estados Unidos otra vez (24,03,22) ¿Con los insumos de Zúñiga? ¿Por influjo de Kamala Harris y de Tom Kaine? ¿Había cambiado la política estadounidense tradicional prepotente?  Afloraba una serie de gestiones a las que correspondió la amistad que ahora se le profería a EUA, en nuestro nuevo círculo gobernante. Al punto de no solo deponer la animadversión justificada por doce años de apoyo al golpismo y medio siglo del modelo fallido, si no incluso renunciar el nuevo gobierno a las opciones preferentes de apertura al mundo, anunciadas antes de la elección. La hegemonía no era tan mala después de todo. Todos y todas aquí, oficialistas y opositores por un momento, pusieron sus miradas en esa nueva amistad rara, un renovado compromiso de apoyo mutuo en los foros internacionales, casi un maridaje e incluso se amasó la esperanza de que EUA jugara un papel positivo de facilitador de la negociación interna y el dialogo con fuertes sectores, que facilitara alguna reconciliación.

Hasta que de repente (¿Somos miopes? ¿Antes de lo previsto?) estalló la guerra entre la Federación Rusa con sus aliados y Ucrania apoyada por la OTAN. Y en un inicio, aun se consigue que Honduras suscriba una condena en NNUU a la invasión rusa, por supuesto ilegal, sin un correspondiente llamado al otro bando, a deponer su ajedrez agresivo. Y entonces si, entra la Reina Dogu y se enseñorea en pocas horas del tablero. Se presenta. Se entrevista con funcionarios mas preocupados por la utilidad que por el cambio, invita a reuniones discretas con sus mejores amigos en Viera, viaja a la capital industrial, a entrevistarse con HAMCHAM y luego con los magnates de la maquila y la comunicación. Regresa a Tegucigalpa a recibir al COHEP, y a visitar al Señor Chinchilla, ex juez de la Sala de lo Constitucional, ilegalmente nombrado por JOH para Fiscal, ausente por completo de las investigaciones contra los corruptos, que ha neutralizado a UFESIC y promueve la persecución judicial. Y doña Laura publica su preocupación por el Proyecto de Ley que hace peligrar la inversión extranjera en el sector. Provoca la rebelión del Canciller. Recibe para el te a los cancillercitos y los fotografía para exhibirlos. Visita al ministro de Energía y publica otro tuit mas ambiguo, ¿apologético? de modo que el Canciller queda reducido a declarar que todo va a estar bien. No hay que preocuparnos nosotros, tampoco. ¿La guerra es al otro lado del globo?

Imposible rebelarnos piensa el colonizado en forma mecánica, como por reflejo condicionado. ¿Pero impresiona la debilidad actual de ese gobierno en Honduras, como cúmulo y consecuencia justamente de nuestra dependencia extrema? ¿Qué iba a hacer el Sr. Biden ante una rebelión? ¿Aplicarnos sanciones financieras, económicas y comerciales? ¿Dejar de importar el oro del Guayape, la plata del Mochito, el acero del Oriente, y el carbonato de Litio? ¿Declinaría documentar a los migrantes? ¿Le va a quitar fondos a los programas del USAID, en el CNA y la Red Honduras? ¿O a los programas de riego en el campo, que hambrea y expulsa a quienes los invaden? ¿Nos va a privar de las franquicias de comida rápida y a quebrar a sus propias maquilas, olvidado del petróleo en Caratasca? ¿Puede arriesgar otro desconocimiento de la provincia rebelde de Taiwán?  Si alcanzáramos a conocer lo que por hoy no sale a luz publica, nos cimbraría.

Y bueno, ese proyecto de ley lo que hace es, como diría Jefferson, recordarles a los contratantes que el servicio de electricidad es un bien publico y estratégico. ¿Qué puede preocupar tanto a Laura Dogu de ese precepto? Para conseguir que invierta el capital estadounidense ¿se ocupa garantizarle un derecho al chantaje contra la nación? ¿Qué pasó?

El Carmen 5 de mayo, 2022 en conmemoración de la derrota de los franceses en Puebla

[1] Frase de Jefferson citada por Woodrow Wilson en un discurso de 1912 e incluida en Notable comments on Jefferson, 20th Century, The Jefferson Monticello Blog

[2] Brad Simpson (The Bernard Lecture), The United States and the Curious History of self determination, en Diplomatic History, September 2012, Jestor

[3] Hoy justamente, Honduras formalmente entró a la Internacional Progresista de Sanders y ha llamado a reactivar el movimiento de No Alineados.

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