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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 

Podría -y he pensado alguna vez, como ejercicio literario- hacer biografías colectivas de los muertos de un día. Pero todos los días son demasiados.  Entre los difuntos por covid cuyo emblema sonoro son los aullidos de las ambulancias, que intentan salvarlos corriendo, los muertos silenciosos de la hambruna, que trajo la pandemia y las víctimas violentas que va dejando la crisis de salida de J. Orlando, que agonizan fugazmente, entre las ráfagas de metralla, y los alaridos de sus deudos, la metropolitana de San Pedro Sula, tiene ya tantos muertos súbitos al día, que, inspirado por un caso de vida real del Caribe Sur, estoy por proponerle al Alcalde saliente Calidonio que, para mejorar la imagen necrológica de la ciudad, promulgue con la Corporación, un decreto prohibiendo, aunque sea solo por un par de años, que la gente se muera más,  en el término o jurisdicción municipal.

Ayer, en un mismo incidente, murieron en el centro, a unos metros del Palacio Municipal, en el Parque Central de la Gran Ciudad del Adelantado, acribillados por un destacamento motorizado de asesinos impecablemente uniformados de policías entre seis caídos de un conjunto, murieron dos pro hombres. Que no van a conseguir un obituario en ningún periódico decente, pero cuyos claroscuros parecería importante apreciar, especialmente porque parece que hay un esfuerzo sistemático para ocultar hechos significativos, y esconder uno atrás del otro. Y perdóneseme si es poco claro o aun confuso mi relato con insinuación, porque es difícil desenmarañar la información que las fuentes enredan. Para que nos vayamos conociendo.

  1. Miguel Humberto Rodríguez Carrión, a quien La Prensa describe como empresario (del ramo inmobiliario) y político[1]

Miguelito como popularmente le decían, pese a ser más bien corpulento, era el más joven, se dice que tendría apenas 47 años. Y era asimismo el jefe, más rico y poderoso. Sin duda astuto. Aunque nunca concretó su ambición, vio en la política vernácula acaso una oportunidad para alcanzar la ansiada impunidad. De modo que se lanzó por primera vez en pos de una diputación en 2008, por el movimiento de Elvin Santos. El golpe frustró esos anhelos, y en 2016, como muchos de los liberales locales, Toñito Rivera, René Altamirano y Rodríguez Carrión se incorporaron al Movimiento 28 de junio de LIBRE, con el afán de llegar a ser supongo que honorables, solones, padres de la patria, o ¿pandoros?  Hace un año, volvió a su redil liberal, Miguel y ascendió de categoría y, al momento de su cruel asesinato, era precandidato al Parlamento Centroamericano, en una planilla quizás de Banegas, aunque la prensa desvía la atención. Y porque así se estila repartir las apuestas, su hijo se había quedado con el cargo heredado en la planilla de Carlos Enrique. De modo que padre e hijo eran, candidatos a ¡integrar el Parlamento que ante el mundo representa a la bicentenaria Centroamérica!

Los periodistas además consignan que Miguelito era un empresario. Se dedicaba acaso con más ahínco y éxito que en la política, al negocio de comprar y desarrollar tierras urbanas, un rubro sin duda lucrativo. Aunque menos pingüe y casi igual de riesgoso que el lavado de dinero y la extorsión agravada, y continua, como le atribuyen en varias acusaciones criminales. Para evitar las cuales, por un tiempo, Miguel emigró a Nicaragua hasta que fue detenido por Migración en Panamá, en atención a una alerta roja de INTERPOL.  De modo que estuvo preso más de 16 meses en Támara, después de que un juez panameño lo deportara, el 23 de junio de 2017, puesto que estaba acusado de extorsión, asociación ilícita y atentado contra la seguridad interior del Estado. Y antes que otro juez aquí, le otorgara un sobreseimiento definitivo, en octubre de 2018, porque no se había probado ninguno de los extremos. Inocente, como se declaró repetidamente Miguelito, cuando alegó que sus enemigos lo acosaban porque querían convertir sus propiedades en invasiones. De modo que expresidiario sí, porque estuvo en prisión, pero exconvicto no, porque no habría sido condenado. 

Las malas lenguas aseguran sin embargo que, en efecto, no siempre Miguelito compraba las tierras por las buenas. El Abogado Omar Menjívar, defensor de pobres y de otros que tienen menos y no tienen con qué organizar una masacre, tuiteó ayer, con alguna valentía y talento poético, fui abogado de muchas de sus víctimas. En vida sembró muerte y miedo a incontables familias: El que tuvo, siempre fue el fin más probable para él.  Alguien escribió también en la red, mataron al que me quitó mi casita por las malas. Otros se quejaban de que les cobraba L. 300 de seguridad por vivir en su casa. El rumor callejero susurraba que Miguelito era miembro connotado de la temida Banda de los Olanchanos, que impuso su pax forzosa en los barrios pobres. Desde afuera, hoy parece imposible averiguar quiénes lo mataron, si fueron rivales al interior, o enemigos de afuera de esa banda. Pero era gente de poder, para llegar con ese pelotón profesional que les grita ¡Policía! armas al suelo y todos contra la pared, antes de ametrallarlos.

Haciéndole honor a su título y nombre, luego de lamentar en el terreno el hecho de sangre, el de generales conocidas, Licenciado Hugo Maldonado, declaró a la prensa, que Carrión era hombre de bien y de paz, que había demostrado ser inocente de los cargos que se le imputaban, y que sufría el acoso no explicado de los de la policía y órganos de fuerza del Estado. Culpando a éste de no de haberle proporcionado las garantías o medios para su seguridad. No compartía ese criterio el gobierno estadounidense, que también consideraba que Miguelito, era el jefe de una peligrosa banda criminal en San Pedro Sula en 2013,[2] y que quizás habría interpuesto una solicitud de extradición, para él, así como para su jefe de seguridad, el segundo muerto connotado de la mañana, antes requetemencionado en el juicio de Tony.

  1. Normando Rafael Lozano López, ex Subcomisionado de la policía que, a la sazón, fungía como encargado de seguridad de Miguelito, y que obviamente pagó con su vida el haber sido remiso en sus labores, y haberles creído el grito a los falsos policías, pero que ciertamente era un guardaespaldas de calidad.

De estar vivo, Normando contaría hoy con unos 55 años. Al igual que en el caso de Miguelito, en las notas alusivas tampoco se consigna en qué lugar nació, quiénes fueron sus padres o maestros, dónde se crío, en qué paisaje o parentela, o como fue que se interesó originalmente en la labor de la policía. Pero se señala en diversas notas periodísticas que siguen su trayectoria, que Normando fue un cadete sobresaliente y, en sus primeros tiempos, un policía extraordinario, laureado, Lozano López se había graduado con honores y como el mejor de su clase en la Academia Nacional de Policía (ANAPO),

Sus compañeros que lo apreciaron inmensamente como uno de los mejores de su generación, lo describían como un hombre humilde e introvertido, quizás tendrían que haber interpretado como determinado. Por su perseverancia y dedicación dice la nota de La Prensa, sus compañeros amigos, y superiores lo describieron como colaborador emprendedor y servicial.[3] Y de hecho, después de graduado, cursó una carrera, se puede decir meteórica, puesto que antes de este traspié, había fungido como jefe departamental en Lempira, La Paz y Ocotepeque.

Aunque Normando tuvo suertes disparejas con sus superiores. Siendo jefe y director de la Policía Nacional el Comisionado Ramírez del Cid (hoy perseguido por la Fiscalía), lo favoreció y aun protegió contra acosos, mientras que el también director Tigre Bonilla, acusado de haber organizado el sicariato para el cartel de Occidente, lo desplazó a Normando, reiteradamente, para quitarle el mando y ponerlo a disposición. A pesar de que la relación de Normando Rafael con Tony Hernández era tan estrecha como para destacarse en los procesos en Nueva York. ¡Qué lío! En todo caso, justo en esa época, el Sub Comisionado, pasó exitosamente una batería de exámenes toxicológicos y sicológicos que se le aplicaron en la Dirección de Investigación, cuando antes que comenzara la depuración, aunque no fue certificado, dice el Chino E Villanueva,[4] por falta de información, sobre su patrimonio. También la información posterior confunde, a menos que se entienda que lo insólito es algo cotidiano.

La meteórica carrera policiaca de Normando se ve interrumpida a partir de mediados de 2012, tres años después del golpe de estado, cuando, sin mayor explicación, invocó su derecho a tomar vacaciones, y se ausentó de su destino, sin regresar. El 24 de noviembre de ese año, fue detenido en un operativo antidrogas, en la región noroccidental, donde se le decomisaron, además, armas y vehículos cuando trataba de recibir un cargamento. El vocero de la policía, de igual rango, Héctor Yvan Mejía, declaró a la prensa que Lozano López oficial activo estaba en disponibilidad, sin explicar la circunstancia.[5] Y tras la audiencia de declaración de imputado, el juez le decretó una detención judicial y un allanamiento de su morada, en donde se encontraron para ser exactos $226,000, dólares cuya proveniencia no justificó.  Otra nota de prensa asegura, sin embargo, que fue hasta una semana después el 1 de diciembre de 2012, que el Sub Comisionado fue acusado de abandono del cargo y luego, suspendido del servicio policial. Sin más molestia.

A principios de abril de 2014, sin embargo, esa vieja suerte se había acabado, y en un operativo espectacular -en que se intervinieron 24 bienes en la vecindad- el oficial fue detenido en su residencia de Choloma. Y puesto otra vez a la orden del juez. Invocando los hechos probatorios de larga data, de un enriquecimiento ilícito con presunto lavado de activos, la fiscalía pidió 20 años de prisión. Y en junio de 2015 el tribunal lo condenó a 15 años. Los que el penado Lozano servía en Támara, por cierto, al tiempo que Miguelito fuera recluido ahí. Y a saber cómo, habrá sido por buen comportamiento. En todo caso, al igual que Miguel, y acaso por sus buenos oficios, Normando quedó en libertad en 2018 y ¿obligado a laborar para su liberador?

Que descansen en paz. No soy Osiris y no ando en el oficio de juzgar almas, balanceándolas con mi pluma. A los difuntos, no se les puede hacer más reclamos ni aplicar más penas. Soy un cronista de la Zona Metropolitana del Valle de Sula interesado en entender el lugar donde vive. Tratando de descifrar el sentido de la política y a los políticos, especialmente los que se dicen decentes y revolucionarios, para que los inocentes nos vayamos conociendo. Y reconozcamos que el país sigue estando al revés.

[1] Se abusa un poco de esos términos, porque un político, en rigor, es un hombre público, que se pronuncia sobre los problemas comunes y un empresario además de dinero tiene redes, filiaciones, un proyecto. Ambos son obligadamente personas conocidas. No se sabe siempre a dónde van, pero uno puede saber de dónde vienen. Y estos personajes aparecen más bien sin antecedentes. La Prensa, Febrero 27, 2021.

[2] “La Ciudad como un sistema: entendiendo redes ilícitas y lícitas en San Pedro Sula” realizado por USAID y publicado el 22 de enero de 2013, Véase Contra Corriente, Junio 24 2017.

[3] La Prensa , Sucesos, Abril 7 2017

[4] El Heraldo,  Sucesos, 7 de Abril de 2014,

[5] Proceso Digital , 26 de Noviembre de 2012, En ese operativo que llevaba el nombre de Arístides Gonzalez, se libraron órdenes de captura para ex fiscales, policías y muy pocas se efectuaron.

2 comentarios en “Dos muertes paralelas

  1. Es muy cierto lo que dise ahi ustd este senor Miguel Carrión para la pandemia cuando nadie estaba trabajando nos impuso ala cuenta de nuestros solar que estamos pagando 15,000 lempiras eso fue para nosotros una gran desepcion

  2. Artículo fascinante, de buena pluma y excelente conocimiento de la triste realidad que vivimos.
    Como dice mi Párroco, hay personas que el bien lo hacen mal y el mal lo hacen bien.
    No se ni como encontré el artículo, me sirvió para ilustrarme y confirmar una vez más, que vamos de mal en peor.

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