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Cuarenta años buscando la verdad

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Por: Thelma Mejía

Tegucigalpa. –  El Comité de Familiares Detenidos-Desaparecidos en Honduras (Cofadeh), arribó a su 40 aniversario, buscando la verdad, exigiendo justicia, siendo una memoria histórica punzante que recuerda a este país que no habrá olvido ni perdón mientras no se de el castigo a quienes, obedeciendo órdenes del Estado, ejecutaron una política de represión y seguridad nacional en contra de líderes opositores por pensar diferente.

Los periodistas que vivieron y cubrieron esa época y los que nos sumamos después, fresca tenemos en la memoria dos sedes históricas que forjaron a pulso su compromiso con la democracia y un mejor país: Cofadeh de la mano de Bertha Oliva, y el Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (Codeh), último a cargo del doctor Ramón Custodio. Esas dos organizaciones salvaron vidas, se la jugaron por este país y abrieron el camino para la denuncia y la reivindicación por el respeto a los derechos humanos.

Ubicado al par de la farmacia Santa Bárbara, en el corazón de la capital, la sede del Cofadeh era un paso obligatorio dentro de nuestras fuentes periodísticas, ahí estaban las madres de los desaparecidos, la coordinadora de la organización, Bertha Oliva, Mery Agurcia, Dora Oliva, Ninoska Benítez, Nohemí Pérez, entre otras valiosas personas que todos los viernes acompañaban a los familiares de los desaparecidos en su plantón de protesta en los bajos del congreso nacional.

Con sus pañuelos blancos, sus pancartas y su mirada triste, pero sin bajar la cabeza, las madres del Cofadeh portaban cartelones preguntando por sus hijos, pidiendo justicia, verdad y el derecho a la rectificación por el daño a las víctimas y sus familias.

Estigmatizadas y humilladas por una sociedad que gusta dar la espalda a aquellos hechos de conciencia que le incomodan, las mujeres y hombres del Cofadeh se fueron abriendo espacio, ganando respeto y colocando en la agenda del país y de los medios el tema de los detenidos-desaparecidos como un problema al cual el Estado está obligado a dar respuestas. En la Honduras del milenio, en la Honduras de acá, y en la Honduras de allá, la voz del Cofadeh no se ha apagado, pero sí la vida de muchas de esas madres a quienes desde la labor reporteril acompañamos cubriendo sus denuncias.

La bandera del Cofadeh la sigue sosteniendo en forma estoica Bertha Oliva y su equipo, gente excepcional, con un compromiso con la verdad y el resarcimiento de justicia como pocas. La adversidad ha sido siempre su principal desafío, pero nunca se dan por vencidos y muchas de las condenas que el Estado ha sido objeto por la violación sistemática de los derechos humanos ha sido gestada, trabajada, documentada y comprobada, con los aportes del Cofadeh, así como algunos de los casos que directamente han llevado. Son un referente en las instancias internacionales y cortes en materia de derechos humanos, y ese reconocimiento, se lo han ganado a pulso.

Así han pasado las y los integrantes del Cofadeh todos estos cuarenta años: buscando justicia y generando conocimiento sobre su experiencia a las generaciones presentes y futuras, por sus pasillos, han desfilado los parientes de los desaparecidos, los hijos e hijas de las víctimas de las violaciones de los años ochenta, así como las nuevas víctimas de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos que se dan en este país.

Al Cofadeh llega gente muy humilde, gente que viene de tierra adentro y espera que le ayuden o simplemente escuchen el relato de los atropellos que son objeto, son personas que se sienten indefensas y buscan cobijo en un lugar donde les han comentado que pueden ser escuchadas, apoyadas y les pueden brindar ayuda para sus casos.

En su trabajo de mantener viva la memoria histórica, el Cofadeh tiene un centro de capacitación y refugio conocido como el “Bosque contra el olvido”, al sur de la capital. Le conocí en sus inicios y la última vez que fui quedé gratamente sorprendida de lo hermoso que está el bosque, cada uno de los árboles sembrados representa el nombre de los desaparecidos políticos de los años ochenta, los que reconoció oficialmente el Estado, y los que tienen en sus registros el Cofadeh, así como el de muchos ciudadanos de otros países que fueron desaparecidos en Honduras.

El bosque contra el olvido es un lugar hermoso y acogedor, un centro de cultura viva e histórica que merece tener categoría de un museo popular que sirva a los ciudadanos de este país, en especial a las nuevas generaciones, de espacio generador de conocimiento para aproximarse a esa otra realidad hondureña que es parte de las deudas del Estado por resarcir con la sociedad: la verdad sobre los desaparecidos políticos en Honduras para que, hechos como eso, nunca más se repitan en el país.

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