¿Consolidación democrática en Honduras en el capitalismo tardío?

Por: Josué Sabillón

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Josué Sabillón
Josué Sabillón, sociólogo y catedrático de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Tegucigalpa. –El símbolo de la modernidad en Centroamérica es el de la sociedad democrática, la cual al haber sido instaurada por las élites económicas y militares ha tenido un recorrido lleno de piedras. Hablar de la consolidación de la democracia procedimental en Honduras en apenas 38 años de práctica, se vuelve complejo, porque es hablar acerca de avances y enormes retrocesos, en ese sentido diría Samuel P. Huntington, la democracia resuelve el problema de la tiranía, pero no toda la problemática de un país, y a la cual nos insertamos hasta en la tercera ola democrática. La democracia teóricamente es definida como la participación que tiene la ciudadanía de elegir periódicamente a quienes controlaran el Estado, dicha elección se hace a través de una institución que garantiza el proceso, y por medio de los partidos políticos y un sistema de partidos.

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Para efectos de este artículo no se usará el término democracia real, que son básicamente aquellas prácticas que se dan ya en la realidad social de un determinado país, sino más bien de ejercicios democráticos para el caso hondureño, que luego de un largo periodo de triunvirato militar, en el año de 1981, se celebró una Asamblea Nacional Constituyente, que dio como primer presidente al Sr. Roberto Suazo Córdoba, quien con gran presencia militar y con prestación del territorio a la ocupación contrarrevolucionaria sandinista dirigida por los Estados Unidos, no se vio si quiera en la necesidad de devaluar la moneda como lo exigía la primera fase del nuevo modelo económico en curso, el neoliberalismo, ya que la financiación de dicho ejercito permitía gran flujo del dólar en el país. El mismo presidente, luego de su mandato, intentó modificar la Constitución para quedarse un nuevo periodo de gobierno, pero la influencia norteamericana no se lo permitió, porque el neoliberalismo necesita un espejismo de democracia para poder instaurarse.

En los años posteriores, se tuvieron seis presidentes elegidos democráticamente, todo parecía ir bien, pero cuando asumió la presidencia el Sr. Manuel Zelaya Rosales, tuvo pequeños acercamientos con Venezuela y Cuba, lo que no es bien visto para el actual modelo de acumulación y culminó en un golpe militar en el 2009, el cual tuvo el visto bueno de los EE. UU. y la élite político-económica, y se le llamó en algunos círculos académicos y diplomáticos, sucesión presidencial.

Posterior al golpe de Estado, se asiste a una crisis de legitimidad, al igual que en el resto de América Latina. Los hondureños, en su mayoría, no confían en sus gobernantes, tampoco en la institucionalidad, y el problema se agrava por la corrupción generalizada al grado que se ha recurrido a la intervención de la OEA con la Misión de Apoyo Contra la Corrupción e Impunidad en Honduras (MACCIH), la cual tiene un futuro incierto por amenazar la institucionalidad del país, según sus oponentes, aunque puede tener otros trasfondos. La preocupación real debe ser que se está esperando que sean organismos internacionales quienes vengan a poner orden al país; por la misma crisis de legitimidad, se ha colocado a los EE. UU. (en estos últimos años más que antes) como el juez que, si imparte justicia, luego del apresamiento del hermano del actual presidente y la histeria o alegría colectiva parece llenar a la sociedad hondureña. La democracia, en teoría, es además el método para resolver el problema de quien ostentará el poder, al menos procedimentalmente hablando, el problema del caso hondureño es como el del caso de Perú con el expresidente Fujimori, que se están utilizando procedimientos legales que parecen democráticos, pero que violan el espíritu mismo de la democracia, tal como mencionan Steven Levitsky y Daniel Zibaltt en su libro Cómo mueren las democracias. Es con mecanismos legales o vacíos en los mismos que sucede lo anterior, además de la apatía de muchos “guardianes” de la democracia, como ser el sistema de partidos que debería detectar demagogos antes de participar en cargos de elección popular y así evitar que lleguen al poder los tíranos, refiriéndose los anteriores autores, al caso del presidente Trump.

En el caso hondureño, aunque los militares en papel entregaron el poder en 1981, su presencia no ha dejado la palestra pública del todo, de hecho, en el actual gobierno están ocupando cargos en oficinas públicas de gran envergadura y el presidente hondureño alega que son personas con gran trayectoria académica y que es un desperdicio de recursos no ocuparlos en dichos puestos. Lo anterior fue una advertencia de Huntington para las recientes democracias de América Latina, los líderes del Ejecutivo que desean perpetuarse en el poder y la presencia de los militares en todos los espacios del poder, tal es el caso que en la actualidad el Ejecutivo ha asignado una partida de recursos para que los militares “ayuden” al problema del agro, existiendo ya instancias respectivas para dicho propósito.

Ahora bien, hablar de democracia en el capitalismo tardío en Honduras se vuelve un tema con muchos claroscuros, primero, se debe tener en cuenta el discurso del sub-desarrollo impuesto luego que el presidente Harry Truman dijera  en 1949 que los países de América Latina son sub-desarrollados por no tener valores, costumbres y creencias de los llamados países desarrollados, en esa lógica nos reconocimos como sub-desarrollados y adquirimos las recomendaciones de la llamada teoría de la modernización, que lo que ha provocado son residuales estructurales convertidos en una especie de heterogeneidad estructural aunado al hecho de contar con importantes cifras de ruralidad que no es uno de los requisitos para la llamada democracia ni para el capitalismo tardío planteado por Habermas, que ejecuta formas de acumulación avanzada en los países del centro.

En Honduras, no se puede hablar siquiera de un capitalismo liberal, el cual en la actualidad ha tenido serias críticas luego de la crisis económica de 2008 en EE. UU. donde el gobierno de Obama tuvo que intervenir con millonarias sumas de dinero para que el efecto derrumbe no se siguiera produciendo, quedando así en ridículo la premisa del modelo neoliberal en cuanto a que el Estado debe ser fuerte pero mínimo. En nuestro país podemos hablar de un capitalismo de competencia donde la mayor concentración de trabajadores se focaliza en la llamada economía informal, y las intervenciones del Estado en las empresas privadas vienen acompañadas por importantes concesiones históricas, primeramente a las bananeras y a las mineras, y en la actualidad con el no cobro de varios impuestos, así como las prebendas para el capital extranjero con el afán de atraerlos, también con la inversión en infraestructura, sobre todo vial, y una desesperada medida entreguista a través de las llamadas ZEDEs, o ciudades modelos, en la que se pretende dividir el país en zonas de desarrollo para una nueva especie de enclave.

Existe por lo tanto una prevalencia del capitalismo de competencia con una incipiente industria de uso intensivo del trabajo y con obreros no organizados en la que se reporta un 73.2% de precariedad laboral en el sector formal en hombres, y un 70.5% entre las mujeres en edades oscilantes entre los 31 a 50 años, en los que además el poder adquisitivo de la población es bajo. Según la CEPAL, para el año 2018 la pobreza total en Honduras es de 55.8%, y la pobreza extrema 19.4%, cabe mencionar que las cifras anteriores han recibido cuestionamientos por la metodología empleada ya que se pretende estandarizar una canasta básica para toda América Latina, y al aplicarse de esa forma, los porcentajes en Honduras obtienen una reducción significativa, pero aún con dicha fórmula son porcentajes muy altos de pobreza.

Con todo lo anterior, aunado al hecho de que la democracia representativa requiere para su buen funcionamiento no sólo una población urbanizada, sino con altos niveles educativos (nuestros años de escolaridad rondan los 7.4 años), conectados a las redes de información (casi el 70% según la EPH 2017 no tienen acceso a internet) y otros requisitos, en Honduras se vuelve un reto mantener la democracia, además de los múltiples asaltos a los que es sometida. Entonces es de preguntarse ¿Por qué seguir apuntando por una democracia representativa? Bueno, habrá que pensar en el hecho que aunque en los últimos años se está fomentando el sentimiento de nacionalismo, así como la centralización ejercida por los gobernantes de América Latina, seguimos inmersos en el sistema-mundo que es el capitalismo, y a éste le conviene una democracia representativa y no los focos revolucionarios que puedan surgir producto de la mala praxis de la misma, se debe revisar también aspectos religiosos arraigados en la población latinoamericana y el peligroso ascenso de los evangélicos en alianza con los católicos aspirando a puestos de toma de decisiones, pero la cuestión va más allá, no se trata sólo de hablar de un cambio de régimen o ideología, ya que en cualquier sistema económico activo, la democracia, que más parece la democracia burguesa porque surge en el seno del capitalismo, también se práctica en proyectos socialistas, entonces, el reto consiste en combatir las malas praxis democráticas con más democracia.

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