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¿Combaten o reproducen la corrupción, las elecciones? 

Muchos electores denunciaron cambio de domicilio para ejercer el sufragio.

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Los medios de comunicación

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle                            

   a mis compañeros de LIBRE, PATRIA y del CNA

Para LIBRE, la elección interna ya es un éxito de movilización. Hay partidos de ideas, y de personas, Salva, partidos de maletín y de necessaire, de coyuntura y de conveniencia. Y luego hay partidos políticos de masa, con estructuras y bases, con proyectos de largo alcance. En unos días los partidos grandes con desiguales opciones de triunfo (no tendrían que preocuparse ya mucho los nacionalistas, los liberales si tienen que asustarse) tendrán que ir a elecciones internas que definirán sus propuestas electorales para las generales de noviembre. Algo huele a podrido, dice Marcelo.

En el canal de la política. En las democracias funcionales, las elecciones son la oportunidad que la sociedad tiene para mover e incorporar al gobierno a líderes nuevos, gente honesta, empoderar y poner al timón a los ciudadanos más capaces, y renovar así a la clase política. Al mismo tiempo y por la misma razón son por desgracia, las elecciones son, como dijo recién el politólogo Dr. Luis Mack en una conferencia auspiciada por el CNA, la puerta de entrada de la corrupción. En especial en sistemas políticos capturados por la corrupción, en que esa lacra se posesiona de las nominaciones, asegura posiciones de poder y de la correspondiente condición de inmunidad y de reproducción.

Alguien pudiera -a futuro- ofrecer fondos nuevos y apoyos técnicos a fiscales honestos, promulgar más leyes y claras tipificaciones, para combatirla. Pero a la corrupción la tenemos enfrente, convertida en sistema y cultura, y tendríamos que vencerla primero. Al parecer, las leyes emplazadas traen consigo sus respectivas trampas, y no serán suficientes. Jamás pensó este régimen corrupto que, lo pudiera alcanzar la ley como en el 2018, y menos que se le aplicara con rigor. Al final, ha ganado la partida el llamado pacto de impunidad que, después de expulsar a la MACCIH, ha desmotando -explica el ex vocero J. F. Jiménez Mayor- la lucha contra la corrupción. Y se ha blindado.

De otro lado, quizás por ser históricamente más vulnerables, más los hondureños, pero creo todos nos conocemos y entendemos que el rigor puede, y aun suele ser injusto, manipulable y fariseo. De manera que nos cuesta convenir un metro ético, una norma consensuada, y terminamos justificando lo injustificable, en nuestro propio accionar y -por lastima cómplice- en el del imputado. Por falta de ese código firme, muchos se pierden en acusaciones sin fundamento. Mientras que con el fin de confundir los corruptos alegan que ellos no son distintos, ni peores que otros, que todos somos (o son) iguales. Y así se llega a la fábula de los patos que disparan a las escopetas, a instigar información manipulada para ensuciar lo limpio y al más limpio, lincharlo si es contrario, en los medios. Y hoy, a judicializar para descalificar a los rivales, igual en Brasil, Ecuador o Bolivia. Aunque allá -recién- eso se revierta con reivindicaciones a Evo, Correa y Lula.

Igual aquí quiere confundir la pretensión de que una querella por herencia de los parientes a disgusto contra Luis Zelaya lo ubica en el mismo plano que al convicto confeso de una conducta criminal, su condena. La estúpida afirmación de que, porque E. Flores Lanza repartió los fondos de la Cuarta Urna decretada en Consejo, Mel se los robó del Banco Central en carretilla.  Pero no son y no somos iguales. Entre nosotros, hay quien se atreve y quien desafía el metro y la balanza, pasa la prueba, y prevalece.

Por mi parte, también sería deshonesto dejar de decir que yo no veo hoy alternativa electoral para salir del régimen corrupto y criminal, que carcome a Honduras como dijo antier en el foro de jóvenes el Dr. Salvador Moncada. Cambiar ese régimen es el reto. Nada menos que eso valdrá para salvarnos. Pero el régimen es producto de los modelos y es producto ¿lo olvidan? de elecciones. Fraudulentas unas, sin que nada garantice que estas serán mejores, y otras elecciones sin opción, ingenuas o meramente equivocadas.

Tampoco hoy se consiguió la reforma para transparentar el proceso y certificar los resultados, fundamentalmente -coinciden los opositores- porque el partido de gobierno se opuso. No habrá acompañamiento ciudadano, auditoria autónoma, árbitro electoral independiente y se tendrá que votar con documento dudoso y un censo que tiene graves deficiencias, sin fiscalización de los recursos y sin conteo en la mesa. Los conozco, ahí van a andar de urna en urna, votando en cuadernillos. Pero no se podrá postergar el proceso. De modo que las elecciones inminentes pueden aclarar el problema un poco, o enturbiar más el estanque. No me atrevo a anticipar cual, pero soy escéptico. ¿Por qué?

El modelo económico genera injusticia y marginalidad y deniega derechos. (No es un problema de orden de magnitud, Edmundo, no necesitamos más de lo que hay.) Y en el caldo de cultivo de la miseria languidece el debate cívico y prevalece la compraventa del voto. El modelo político delega el atributo del soberano sin exigir cuentas, de espaldas al imperativo del estado responsable.  Nadie quizás, tampoco tu ni Luis podría por sí mismo hacer nada con ellos, ni cambiar esos modelos. Ninguna persona por buena nos redimiría, menos por naif. Tendrá una constituyente originaria que rescatar el bien común, cuando asegure el interés general con libertad personal y establezca principios sólidos de convivencia.

Para flotar ese nuevo pacto social, urgimos un cambio del modelo político, un dragado profundo de ese canal “entapiado”, que remueva el fondo y saque a flote la pudrición apestosa, para drenar el lodillo y abrir paso al agua clara.  No es solamente, como alguno pretende, que el elector común vote sin información o criterio y que muchos candidatos luzcan como merolicos de la demagogia. Antes ya, el sistema actual fuerza nuestra intención. Porque solo puedes participar si te sometes al capo y solo podemos votar por quienes previamente escogieron los jefes de los movimientos, como ha señalado Carlos Urbizo. Y esa es solo la primera trampa. Y entonces, no importa cuánto merito llevas, Fernando y si no estas en la quiniela del ganador, tienes pocas oportunidades. En cambio, aun con el repudio de muchos, quien goza la protección de la mara que maneja las esclusas -un Adán Fúnez, por ejemplo- va a salir electo sin importar cuantos odios y problemas tenga o un Miguel Carrión. Y luego será casi inmune, aunque no lo terminó de ser el mismo JOH. De modo que hay quien invierte grandes fortunas o mata para estar en una posición de ventaja en la papeleta. ¡Claro que podemos observar!

En Honduras, que sigue siendo narco-estado, sin haber sido acusados de todo lo que está a la vista, tres de los precandidatos presidenciales de los partidos mayores han confesado o tenido que aceptar cargos mayores de corrupción, desvío o lavado, malversación o defraudación y abuso de poder. Aunque hayan superado esas acusaciones, ya sea por la vía de purgar penas o invocando inmunidad ante quien pusieron ahí para protegerlos. Asimismo, son socios del crimen o están vinculadas a delitos contra la salud y la seguridad del Estado decenas de los candidatos a las alcaldías y veintenas de seguros aspirantes a las diputaciones de los partidos tradicionales, como también algunos en partidos nuevos, que no han logrado escapar de esta cultura.

Por ley, los alcaldes son pequeños déspotas. Y si las opciones son mayormente infectas y consiguen prevalecer, inevitablemente será corrupto el congreso que conformarán los corruptos de distintos partidos e independientes. Quienes luego corrompen a las magistraturas superiores. Porque los congresos pandos eligen a los fiscales y a los procuradores complacientes, a las cortes supremas débiles y sumisas y a los magistrados que deben vigilar la justicia. No hay por qué hacerse muchas ilusiones. Ya sabemos cómo van a gobernar, de mano de San Simon, los hemos visto.

¿Qué se puede hacer aun así?  Informarnos para votar según nuestras preferencias. Las elecciones son ambas cosas, puertas de entrada para bandidos y oportunidades de cambio. No voy a abandonar mi esperanza. Quiero que Honduras mi Patria cambie. Voy a votar por tercera vez por Xiomara, la opción moral. Y apoyaré a Omar Menjívar, que al menos tiene un plan, para alcalde de mi ciudad, y por Ramón Barrios y Jimmy Sorto y los nuevos aspirantes a diputados de FRP y POR en La Convergencia, salvo los que buscan reelección, que es otro estanco de la política. El servicio público es para servir no para acomodarse en él.

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