Centroamérica tiene enorme déficit de pruebas para detectar el COVID-19

Por: Expediente Público

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Por razones de protocolo o estrategia en el control de la pandemia, los países centroamericanos distan mucho de aplicar masivamente los test para detectar el COVID-19. La sugerencia es practicar 6,000 pruebas por millón de habitantes, según un comunicado de prensa del 2 de abril firmado por 258 expertos internacionales en demografía y salud.

Algunas naciones no se abastecieron a tiempo de una suficiente cantidad de test para detectar la enfermedad y tuvieron que arreglárselas con donaciones de entidades como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), gobiernos amigos y empresas privadas, y fue hasta que ya tenían el virus en casa que anunciaron la adquisición de lotes de este recurso.

A esto se suma la falta de transparencia de algunos gobiernos, especialmente los del norte de Centroamérica, al grado de solo conocerse un aproximado de cuántas pruebas se han realizado o adquirido con fondos propios. Los del sur (Costa Rica y Panamá) han brindado más información y, de hecho, son los que han realizado la mayor cantidad de exámenes en proporción a su población.

La Organización Mundial de la Salud insiste en que practicar pruebas a potenciales casos de contagio es una de las principales herramientas para contener la expansión del virus. “Tenemos un mensaje simple para todos los países: hagan pruebas, hagan pruebas, hagan pruebas”, exhortó a mediados de marzo el Dr. Tedros Adhanom Gebreyesus, director general de esa entidad, que ya envió más de 1.5 millones de tests a 120 países.

La aplicación masiva de pruebas fue demandada en un comunicado por al menos 258 miembros de la comunidad académica y de investigación internacional en temas de Demografía y Salud de la Población. En el documento hacen ver que algunos países que lograron contener la pandemia, como Corea del Sur y Singapur, practicaron una media de al menos 7,000 pruebas por 1 millón de habitantes, y que los países necesitan al menos practicar 6,000 pruebas por 1 millón de habitantes, para tomar decisiones a partir de estos resultados.

El mismo documento señala que en América Latina el promedio es de 512 pruebas por millón de habitantes, equivalente a menos de una décima parte de la cobertura de pruebas de Corea del Sur y Singapur.

“Somos conscientes que incrementar el número de pruebas demanda altos costos económicos iniciales. Sin embargo, los beneficios se verán reflejados en menores tasas de mortalidad, menor empobrecimiento y menores secuelas en la salud física y mental de la población a largo plazo. Esto sin contar con la reducción sustancial del riesgo de nuevos brotes y la consecuente disminución de confinamientos que serán, cada vez, de más difícil aplicación”, señaló Enrique Acosta, doctor en Demografía, vocero de la iniciativa y quien labora para Max Planck Institute de Alemania.

En Centroamérica las pruebas las realizan instituciones públicas de salud, con excepción de Costa Rica, donde se ha autorizado a ocho laboratorios privados, aunque algunos no las están haciendo por cuestiones de logística. Sin embargo, los resultados siempre deben ser canalizados a través del Ministerio de Salud.

En Guatemala las autoridades anunciaron que próximamente permitirán a hospitales privados realizar las pruebas, pero estas, a diferencia de Costa Rica, seguirán siendo gratuitas. 

EL TEST Y SU APLICACIÓN ACTUAL

En general los criterios utilizados para determinar a quién se le realiza la prueba son: síntomas de tos, gripe, fiebre y dificultad para respirar en una persona que haya estado en un país afectado por la enfermedad en los 14 días anteriores; que haya tenido contacto con un caso sospechoso o confirmado; que haya trabajado o permanecido en un centro hospitalario donde se atiendan a pacientes de esta dolencia; y que tenga los síntomas y se descarte otra enfermedad.

Hasta ahora la prueba generalizada en Centroamérica es la RT-PCR (reacción en cadena de la polimerasa con transcriptasa reversa en tiempo real), la cual es capaz de detectar incluso un número bajo de copias de ARN (ácido ribonucleico) dentro de un microorganismo. Se puede realizar tanto con técnicas convencionales como con pruebas rápidas. Esta tecnología y su equipamiento está en Centroamérica desde hace varios años y por ello ha sido el método generalizado.

El ARN es el único material genético de ciertos virus, entre ellos el del COVID-19. Además, la revista Science explicó que para entrar a las células humanas el virus utiliza como “puerta” una enzima llamada ACE2. Según la descripción de científicos chinos, una proteína del coronavirus encaja en la ACE2 “como una llave en una cerradura”.

Una vez dentro, las células humanas confunden el ARN vírico con el material genético propio, y así empieza a multiplicar proteínas virales como si se tratase de proteínas humanas.

Para identificar al COVID-19 los médicos toman muestras con un hisopo que introducen en la nariz y la garganta, pero también pueden colectar esputo de la garganta o de los bronquios al toser. El hisopo con el material colectado se introduce en un tubo y este a un termo refrigerado, y se lleva a un laboratorio donde microbiólogos le quitan al virus su capacidad de infectar a otros.

Una vez inactivo, los microbiólogos extraen el material genético (ARN) que se mezcla con algunos químicos, y se introduce a una máquina que hace el análisis y emite una luz en caso de ser positivo.

Los reactivos utilizados para hacer las mediciones tienen un costo que oscila entre los 11 y los 130 dólares para los Estados, dependiendo de dónde se adquieran. Por ejemplo, recientemente el Banco Centroamericano de Integración Económica compró en Corea del Sur un lote de 182,000 pruebas para donarlos a sus estados miembros, a un costo de 2.1 millones de dólares, para un precio de 11.54 dólares por unidad. El Salvador, por otra parte, reportó estar haciendo pruebas a un costo de 130 dólares la unidad.

OTRAS PRUEBAS

La RT-PCR no es el único método para detectar el COVID-19. La multinacional tecnológica china Huawei donó a Panamá un equipo de inteligencia artificial que realiza una tomografía de alta resolución en el tórax, y que en uno o dos minutos arroja resultados. Sin embargo, esta tecnología se está utilizando como una prueba complementaria, experimental, pues al arrojar un resultado positivo se aísla inmediatamente al paciente para después practicarle la RT-PCR.  

Esta última tiene la desventaja que tarda entre 4 y 48 horas en conocerse sus resultados, pues además de los procedimientos técnicos que conlleva, por lo general hay que trasladar las muestras hasta los laboratorios y en algunos países del área eso está centralizado en las capitales.

El director de la Caja de Seguro Social (CSS) de Panamá, Enrique Lau Cortés, dijo a periodistas en conferencia de prensa que este sistema es una “herramienta prometedora” que puede ser utilizada para ayudar a frenar la pandemia al permitir tomar decisiones con rapidez.

Adicionalmente, diversos países, incluyendo a Estados Unidos y China, han desarrollado pruebas rápidas que utilizan sangre, pero también fluidos nasales o de la garganta. Por ejemplo, la estadounidense Abbott Laboratories informó en un comunicado que estará produciendo cinco millones de pruebas rápidas al mes. Estas son portátiles y ofrecen resultados positivos en cinco minutos, y negativos en 13 mediante análisis de muestras tomadas de la nariz y garganta.

Otro laboratorio, Cepheid, está produciendo un test que arroja resultados en 45 minutos. Por el momento ambos solo venden en Estados Unidos.

En China y otros países han estado utilizando también una prueba que utiliza una gota de sangre para hacer el diagnóstico. Sin embargo, esta lo que hace es detectar anticuerpos generados por el organismo para combatir el COVID-19, por lo que solo es efectiva cuando la enfermedad ya lleva al menos cinco días en el cuerpo.

Con 402 pruebas por millón de habitantes, hasta el 16 de abril Guatemala era el país centroamericano con la segunda tasa más baja de pruebas aplicadas después de Honduras, el que menos hace, y de Nicaragua, cuya información se desconoce porque sus autoridades no informan.

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Con una población de 9.85 millones de habitantes, Honduras tenía hasta el 16 de abril una tasa de 203 pruebas realizadas por millón de habitantes. Es decir, 2,012 pruebas desde inicios de marzo, con 426 afectados y 35 muertes, resultando en un 8,21 por ciento de letalidad, el más alto de Centroamérica y uno de los más altos de América.

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Con 8,333 pruebas realizadas hasta el 16 de abril, El Salvador ha ido incrementando el número de análisis ejecutados diariamente. Esa cifra equivale a 1,285 exámenes por cada millón de habitantes, un número aún muy inferior a las 6,000 que recomiendan los demógrafos, pero por encima del promedio de Latinoamérica, que es de poco más de 500.

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Es el país con menos casos positivos reportados, pero también es el único en toda América Latina que no ha informado cuántas pruebas de laboratorio ha hecho y se niega a autorizar a hospitales privados a que realicen la prueba mientras sus autoridades insisten en que la gente siga su vida normal en un entorno donde destaca la ausencia de su presidente, Daniel Ortega.

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Aunque Costa Rica es el segundo país centroamericano con más casos de COVID-19, el crecimiento de positivos en los últimos días ha sido lento y la cifra de muertos llegó a cuatro el miércoles 15 de abril, después de una semana de haberse reportado la tercera muerte. 

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Con 16,854 pruebas realizadas al 16 de abril, Panamá está muy por encima de otros países del área centroamericana e incluso del continente en el número de análisis. Con una tasa de 3,906 pruebas por millón de habitantes es por consecuencia, el país con mayor número de casos reportados, con 3,751, y 103 muertos.

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