Berta Cáceres en sus propias palabras

Por:  Asís Castellanos y Adrienne Pine/Criterio.hn

Foto de portada:  proporcionada por Silvio Carrillo y utilizada con permiso de COPINH.

Mucho de lo que se ha escrito sobre Berta Cáceres, especialmente en el extranjero (con algunas notables excepciones), se ha centrado en sus identificaciones como indígena y ambientalista. Si bien ninguno de los dos es falso, esos dos hechos por sí solos pintan una imagen distorsionada y anémica de la militancia de Berta y la de COPINH. Y, si bien se organizó estratégicamente junto a su pueblo Lenca y a sus hermanas feministas, su lucha no se basó en la política identitaria per se, sino en su análisis de los legados sexistas y racistas de la violencia colonial y capitalista. 

«Todo ese proyecto de dominación se ha consolidado en Honduras», dice Berta. «Ese es un efecto, para mí, y que tiene que ver, otra vez, con el poder. Con ese concepto de poder construido desde el capitalismo, desde las dominaciones, muy patriarcal, muy racista».

Asís Castellanos entrevistó a Berta en un mall de Tegucigalpa, el 27 de marzo de 2015, un mes antes de su famoso discurso de aceptación del Premio Goldman en el cual advirtió «¡Despierta humanidad, ya no hay tiempo!», y poco menos de un año antes que fuera asesinada en su casa por sicarios militares contratados por poderosos intereses oligárquicos cercanos a instituciones financieras internacionales. 

Las preguntas de la presente entrevista estuvieron predeterminadas, ya que en esta ocasión Castellanos estaba trabajando como asistente de un investigador que necesitaba los datos para un estudio sobre «Movimientos sociales y democracia en Honduras». Siguió fielmente el guión de preguntas, con resultados que, años después, al transcribir y traducir la entrevista, y de conocer a Berta como lo hicimos, nos pareció gracioso. 

Uno por uno, Berta brillantemente desmantela cada pregunta, demostrando las fallas analíticas subyacentes. En la respuesta global, Berta recoloca las preguntas, las reformula y propone poderosas y coherentes alternativas revolucionarias.  A pesar de que las preguntas no logran reconocer su continua exposición magistral de las lógicas imperialistas de la narrativa de «democratización» en que se fundaban, Berta responde pacientemente a cada una de ellas, demostrando una y otra vez que no producirían nada más que resultados procapitalistas y proimperialistas si se contestara en sus propios términos. 

En su lugar, Berta presenta ideas que son anatema para el marco teórico de la entrevista: ideas como la democracia decisiva, en la que los grupos involucrados en procesos democráticos tienen pleno poder soberano para decidir qué sucede en sus territorios, espacios y comunidades, en contraste con las lógicas electorales u otras prácticas acompañadas de narrativa «democrática» que permite a los agentes de la política electoral, las corporaciones y las instituciones financieras internacionales cumplir con el requisito de «consultar» a los pueblos antes de avanzar, según lo planeado, con el siguiente proyecto dañino.

La lógica en curso en el Norte liberal (a pesar de los recientes y poderosos ejemplos de los movimientos Standing Rock y #ShutDownCanada de Estados Unidos y Canadá, por nombrar solo un par de luchas geográficamente difíciles de pasar por alto) continúa sosteniéndose en mitos racistas que impiden la posibilidad de que las y los indígenas sean vistos desde fuera como intelectuales revolucionarios anticapitalistas, antiimperialistas y líderes de diversos movimientos. Ese buen salvajismo a su vez constriñe ideológicamente el liderazgo indígena a luchas como la de la defensa ecológica, que supuestamente surgen de identidades y «cosmovisiones» indígenas (cosmovisiones imaginadas desde el exterior como esencialistas y atemporales). 

Berta rechazó esas lógicas, y se mantuvo firme en su convicción de que el liderazgo más eficaz no puede estar vinculado a un individuo o su ego, sino que debe ser fundamentalmente horizontal. Berta señala: «no comparto mucho esa construcción del concepto de democracia (…) para nosotros debería de ser el respeto de la dignidad humana, el derecho a la felicidad desde las colectividades. La democracia tiene que ser desde el ejercicio de un poder horizontal que se construye desde un pueblo, que tiene derecho a decidir, a ser determinante en su participación, no solo una presencia numérica, sino que determinante, debe ser decisiva y creo que tiene que ver mucho también con qué concepto de poder se juega cuando hablamos de democracia». 

Las estrechas relaciones de Berta con las y los zapatistas y los movimientos indígenas anti jerárquicos en en el continente americano, así como sus colaboraciones con organizadores de tendencia anarquista no indígenas, fueron mutuamente beneficiosas y fundantes. Aunque su liderazgo, claridad y visión revolucionarios eran innegables (como lo demuestran sus palabras), su praxis política se centró en construir movimientos y coaliciones horizontales, radicalmente democráticas y de amplia base, capaces de enfrentar el poder asesino del capital y crear en su lugar un modelo profundamente diferente de organización social. 

En lugar de un entierro, sus hijas e hijo y COPINH organizaron la siembra de Berta, a la que asistieron miles de hondureñas y hondureños en luto. En Honduras, dice el dicho, «sangre de mártires, semilla de libertad». 

Cientos de otros revolucionarias y revolucionarios hondureños y defensores de la tierra menos conocidos también han sido asesinados desde el golpe de estado de 2009, incluidas decenas de activistas indígenas de COPINH y otras organizaciones junto a las cuales COPINH continúa luchando. 

Solo en la pequeña comunidad tolupana de San Francisco de Locomapa, por ejemplo, 10 personas que se resistieron a los proyectos de tala y minería fueron asesinadas entre 2013 y 2019.

Mientras se escriben estas palabras, el paradero de cuatro hombres miembros de la comunidad garífuna del Triunfo de la Cruz, tres de los cuales son miembros de OFRANEH y reconocidos defensores de la tierra, aún se desconoce. Fueron secuestrados desde sus casas el sábado 18 de julio por hombres fuertemente armados vestidos de policía militar. Los miembros de la comunidad temen que sus nombres se agreguen a la larga lista de víctimas de la brutal represión del estado hondureño hacia el pueblo garífuna. 

Berta y muchas y muchos compas más asesinadas desde el golpe de 2009 fueron blancos de ataque porque se negaron a ser callados por entidades y grupos del poder económico. 

En el caso de Berta, su familia y el COPINH ha presentado fuerte pruebas que implican a la familia Atala Zablah, mayor accionista y miembro de la junta directiva de la empresa Desarrollos Energéticos S.A. (DESA); además propietaria del Club Deportivo Motagua. Es más, Banco FICOHSA, propiedad de Camilo Atala Faraj, primo de los hermanos Atala Zablah, fue financiero clave del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca de DESA al cual se opuso el COPINH.  

Desde el asesinato de Berta y a pesar de continuas amenazas al COPINH, la organización—cuya coordinadora general actual es su hija Bertha Zúñiga Cáceres—ha contiuado denunciando a la familia Atala Zablah y a Daniel Atala Midence entonces gerente financiero de DESA (hijo de José Eduardo Atala Zablah, accionista mayoritario de DESA) por la destrucción de las tierras y ríos ancestrales Lenca, y por su autoría intelectual en el asesinato de Berta coordinado con Roberto David Castillo Mejía, entonces presidente de DESA (#FaltanLosAtala). 

Como parte de diversas tácticas que buscan contrarrestar la violencia del capital financiero contra sus comunidades, COPINH ha advertido a instituciones financieras internacionales no trabajar con Ficohsa. Su fuerza y valentía para oponerse a la familia Atala está acompañada por una diversidad de organizaciones y personas. Recientemente, en julio de 2020, la diputada María Luisa Borjas, quien fue despedida de su cargo como Comisionada de Policía en el 2002 por denunciar la participación de la policía en escuadrones de la muerte, fue declarada culpable de difamación, crimen que lleva una sentencia de dos años y ocho meses de cárcel, por señalar a Camilo Atala, presidente de Ficohsa, como el probable autor intelectual del asesinato de Berta.   

Otra frase, originalmente atribuído al mártir aymara Tupac Katari, descuartizado por insurreccionista en el 1781, se popularizó luego del asesinato de Berta: «Volveré y seré millones». El alcance internacional del legado de Berta, luego de su siembra, ha sido una extraordinaria oportunidad para hacer crecer este movimiento de solidaridad. Pero Berta y tantos otros valientes mártires hondureñxs sembraron las semillas tanto en sus vidas como en sus muertes, al organizarse con la profunda convicción de construir una sociedad radicalmente democrática, anticapitalista y antiimperialista.

Habiendo conocido y amado a Berta como lo han hecho tantxs de nuestrxs amigxs y compañerxs, instamos a aquellxs lectores que no la conocieron personalmente a no idolatrar, esencializar o llorar a Berta porque sabemos que ella no lo querría. En cambio, podemos escuchar y aprender de sus propias palabras y seguir su ejemplo. 

Junto a sus compañeras y compañeros en COPINH, Berta pasó su vida construyendo procesos democráticos y organizando luchas de coaliciones locales, regionales e internacionales. Berta nos dice: «Es imposible en el capitalismo ejercer democracia desde los pueblos, no se puede». Esta honesta afirmación no pretende ser desalentadora. Al contrario, es un llamado a unirse a la lucha para desmantelar el capitalismo y el imperio a través de la acción colectiva directa y militante, como el único camino verdadero hacia la soberanía, la democracia y la liberación.

Esta fue la segunda de dos entrevistas que realizó Castellanos con Berta, a quien conocía desde hace muchos años. La primera entrevista, realizada el 13 de junio de 2014, fue abierta, en ella Berta analiza el escenario político hondureño del momento. Pronto esperamos publicar la transcripción (y traducción al inglés) de esa entrevista mucho más extensa.

Asís Castellanos: Buenas tardes, primero, ¿sí podría presentarse y su responsabilidad dentro de COPINH? 

Berta Cáceres: Berta Isabel Cáceres Flores y soy coordinadora general del COPINH.

AC: Y para empezar, nos podría resumir ¿cuáles son sus ideas acerca de la democracia?

BC: Bueno, primero le voy a decir que no comparto mucho esa construcción del concepto de democracia que fue una creación de los organismos financieros y de toda la crisis, bueno, de toda la segunda Guerra Mundial y vinieron con este concepto de democracia y desarrollo. También, ahora que es muy combinado con el tema de derechos humanos; desde una visión de las leyes occidentales, que al mismo tiempo restringen las mismas libertades y el mismo concepto de democracia que ellos impulsan. Y para nosotros debería de ser el respeto de la dignidad humana, el derecho a la felicidad desde las colectividades. La democracia tiene que ser desde el ejercicio de un poder horizontal que se construye desde un pueblo, que tiene derecho a decidir, a ser determinante en su participación, no solo una presencia numérica, sino que determinante, debe ser decisiva y creo que tiene que ver mucho también con qué concepto de poder se juega cuando hablamos de democracia.

El poder está muy relacionado con eso y actualmente lo que estamos viendo es un poder despótico que impone, que violenta. Entonces desde ese ejercicio del poder usted construye ese concepto de democracia; nosotros diferimos en eso y la democracia para nosotros debe de ser realmente todo el ejercicio pleno de los derechos y libertades con justicia que debe de aspirar un pueblo, un pueblo entero, no solo una familia.

AC: De la década del 80 al presente, ¿qué considera que son los avances democráticos?

BC: Mire, creo que solo han maquillado, porque de los ochentas para acá lo que vivimos es lo mismo; una imposición de políticas ajustes estructurales que lo han llamado modernización del Estado, que ha implicado que de un Estado con un corte bastante militar, muy retrasado, muy conservador, que se muestra así tal como eso, a modernizarse un poco en las palabras, en la tecnología. Pero implica entregar todos los bienes comunes y de la naturaleza, más militarización, nada más que de una manera más tecnificada, más estructurada, más planificada, tiene más financiamiento, tiene una vinculación total con toda la transnacionalización y las recetas de los organismos financieros con todo el capitalismo.

Entonces la democracia que vivimos para acá, para mí solo es un discurso de los políticos, cada cuatro años, y de gobiernos que entregan la soberanía, la identidad de este país, que destruyen sus identidades libertarias, que tienen una institucionalidad y un marco jurídico que lo han creado, lo han fortalecido, pero justamente para atender los intereses de los grandes capitales y de grupos de poder económico, político y militar; no así para el pueblo. Considero que más bien hay atrasos en comparación a los ochenta, aunque había una conflictividad armada en Centroamérica, yo creo que había elementos que todavía se respetaban. Pero ahora, el nivel de impunidad, si lo comparamos con ese entonces, y el nivel de impunidad, de injusticia social, de ese margen de todo el derecho, por ejemplo a la tierra, la concentración de la tierra, de territorios, de despojo, de saqueo, en comparación a lo que había en los ochenta, creo que hoy se hace de una manera realmente descarada y que la institucionalidad, el marco jurídico, las leyes, el derecho que se aplica en este país, está solo en función de eso, no de los pueblos. Entonces, para mi hay un atraso en lo que se dice democracia, que tiene que ver con otras cosas.

AC: A su juicio, ¿en qué ejes son los que menos avances democráticos se han tenido hasta el presente?

BC: Mire, yo creo que algo impresionante en este país es la injusticia económica. O sea, no puedo desprender de mi cabeza, desde toda la experiencia desde la democracia con el de los derechos económicos de los pueblos. Para mi es fundamental el derecho económico. Y en este país, y son en los últimos estudios la brecha de desigualdades por injusticia económica, es gravísimo en Honduras. El otro es el acceso a la justicia,  el acceso a la tierra y territorios, a gozar de una vida plena, con dignidad, de parte de los pueblos, se ha minimizado totalmente, y con una creciente militarización, no solo hondureña, sino de ocupación militar de Estados Unidos, que no solo es con más bases militares como se mira en Honduras, sino que con una política de réplica de los años ochenta, pero de manera más aguda, desde la colombianización, desde ponernos como un Estado que aparenta ser fallido como en México, para más intervencionismo, el asesinato de jóvenes en este país.

Es muy difícil como hacer una selección de cosas que donde se represente más. Pero la violación de derechos humanos y el nulo acceso del pueblo hondureño a ejercer poder como soberano, porque dice la constitución que el soberano es el pueblo, y que cuando ha querido hacer ejercicio de ese poder; por ejemplo, con contestar una pregunta en una consulta, cualquiera, se dieron un golpe de Estado. A mí me parece que seguimos siendo un laboratorio para, de un ensañamiento con los pueblos. Y creo que así vamos a seguir por un buen rato y me parece que se va a agravar.

AC: ¿Cuáles son los principales obstáculos que evitan la democratización del país?

BC: Bueno, para mí es el sistema, el sistema en que vivimos. Es imposible en el capitalismo ejercer democracia desde los pueblos, no se puede. Se puede hacer luchas para avanzar, para construir. Creo que un gran obstáculo es que hay un propósito diseñado para que no sea así; grupos de poder como los que mencionaba, 25 familias poderosas de este país, las transnacionales mineras, energéticas, el tema de la privatización, de los organismos financieros, de darle más poder a los militares. Creo que todo eso, más todo lo que se ha tejido con el marco jurídico con el TLC y todo eso de la criminalización. Por ejemplo, el que se criminalice a los defensores y defensoras, que se criminalice a quienes defendemos los territorios, en leyes establecidas como que somos terroristas. Creo que eso es un gran desafío.

Pero también hasta de nuestro lado, como movimientos sociales, también tenemos desafíos, pienso que nosotros tenemos que empezar por nosotras y nosotros mismos, los procesos de democratización interna de los movimientos sociales para ir teniendo y construyendo esa coherencia. Y creo que si es posible construir los espacios de democratización interna, con nuevas prácticas, con éticas políticas que reflejen realmente principios profundamente humanos, revolucionario, refundacionales, indígena, feministas, ambientalistas, como le queramos llamar, pero que dignifiquen la sociedad hondureña y nos dignifiquen como seres humanos.

Entonces un gran obstáculo es que vivimos en injusticia y que la gente no cree que no es posible la democracia, el ejercicio de procesos de democratización, porque hay una gran desesperanza también. Y hay una gran guerra ideológica, mediática, aplastante que a la gente le hacen creer que por tener un buen televisor, un buen celular, porque podemos venir aquí al mall, porque puede ir a Miami, de vez en cuando, la clase media a pasear, que eso ya es democracia. Entonces, el concepto, la falta de una conciencia crítica sobre eso también es un obstáculo.

AC: ¿Quiénes son los actores más comprometidos con la democratización de la democracia hondureña?

BC: Creo que cuando ejercemos cualquier derecho y luchamos por los derechos por la vida, por construir otras lógicas de poder, todas y todos los que estamos en esa apuesta, para mí estamos comprometidos. Todos los procesos sociales, políticos, comprometidos a descolonizar el pensamiento y las prácticas, a desmontar las opresiones que tiene que ver mucho con el poder y esos conceptos de democracia; creo que todos estamos en ese compromiso. El problema también pueden ser nuestras coherencias internas, entonces creo que hay muchas organizaciones de defensa territorial, de justicia, contra la corrupción, movimientos ecuménicos, feministas, medios alternativos, academia—que es muy poca la comprometida—y todas las diversidades que habemos de movimientos sociales y políticos que le apuntamos a un proceso emancipatorio, creo que cuando luchamos con ética y por construir una ética política, creo que todas y todos estamos en eso; sería muy difícil como perfilar.

AC: ¿Qué identifica como los actores menos comprometidos con el proceso de democratización en el país?

BC: El mismo Estado, el mismo gobierno, porque le interesa mantener ese ejercicio de poder y ese concepto de democracia que ya está gastado. Incluso está superado, la democracia tiene otros conceptos construidos por los mismos pueblos en lucha. Por ejemplo el ejercicio que se plantea en Bolivia, el ejercicio de la democracia no solo representativa, no solo participativa sino que decisiva, quienes impiden eso es el mismo Estado de Honduras, el mismo gobierno y sus instituciones, el mismo marco jurídico. Es todo una maquinaria ideológica, mediática, vuelvo a insistir en eso, en que no nos dejan tener un pensamiento crítico y seguimos en la colonización del pensamiento. Los medios son muy antidemocráticos. Toda la clase política de este país es la principal que frenan también esos ejercicios.

AC: ¿Cómo valora usted el efecto del golpe de Estado en relación a la democracia en el país?

BC: Creo que tiene varios efectos. Una es que institucionaliza la violación de derechos humanos, institucionaliza un hecho que tiene corte de dictadura, y que se impone con un poder que tiene intereses claros de impedir que la población hondureña tenga noción de lo que es ejercer un derecho y ejercer verdaderamente democracia. O sea, por lo menos ir empezando a hacerlo, porque tampoco la Cuarta Urna era totalmente la democracia. La democracia tiene muchos…, es toda la vida, en conjunto, en la colectividad, en la sociedad. También tiene que ver con que permitió que se asentara, uno de los efectos de ese hecho antidemocrático, que se asentara un proyecto de dominación que no solo ha llegado a los territorios, a los barrios, a las comunidades, sean urbano o rural, sino que se ha expandido y si está consolidando: ciudades modelo, Alianza para la Prosperidad, bases militares, todo el ofrecimiento en bandeja de plata a las transnacionales mineras de todo el territorio, la criminalización, de acabar con la oposición como sea, no importa a costa de qué. Todo ese proyecto de dominación se ha consolidado en Honduras.

Ese es un efecto, para mí, y que tiene que ver, otra vez, con el poder. Con ese concepto de poder construido desde el capitalismo, desde las dominaciones, muy patriarcal, muy racista. Y está allí chupándonos por todos lados, avanzando, y dieron un golpe de Estado, no para ceder nada. Como siempre dijimos desde el primer día: dieron el golpe de Estado no para ceder; o sea, ellos no están dispuestos a ceder nada, nada, nada. Hoy vivimos en un Estado y un gobierno también de dictadura, de corte dictatorial, que asesina, reprime, que no permite el pensamiento plural, la diversidad del ejercicio en la pluralidad, en la diversidad para mejorar las condiciones de este país, sino que todo lo contrario. El efecto es muy profundo y a largo plazo también y tiene que ver con hasta cómo nos han cambiado la vida como pueblo hondureño, pueblo más sometido, más humillado. 

Pero que también conoció otro lado, como efecto, un gran sector de la población se le sacudió la conciencia también. Y creo que eso es importante. Otra, se empezó a idear otras formas de construcción de poder, otras formas de construcción de la vida democrática de un país. Y creo que ese también es efecto que no se puede negar, a pesar que haya sido un hecho lamentable, condenable.

AC: Desde su perspectiva, ¿cuál ha sido el aporte de los movimientos sociales y la sociedad civil al proceso de democratización en Honduras?

BC: Creo que es más lo que tenemos que hacer, es muy poco. Me parece que tenemos una gran debilidad en eso, tenemos como una deuda con este país como movimientos sociales y políticos, como movimiento popular. Porque regreso otra vez a la parte interna: ¿Cuáles son nuestros procesos democráticos?, ¿estamos desmontando adentro de nuestros movimientos? ¿Estamos desmontando, por ejemplo, esas prácticas de poder antiéticas?, ¿estamos permitiendo el flujo de una construcción creciente de democratización interna? sea con liderazgos, formación, debate, análisis, discusiones, autocríticas, crítica constructiva. ¿Estamos desmontando el patriarcado? que tiene ver con el poder y la antidemocracia, la injusticia, la inequidad. ¿Estamos desmontando el pensamiento y las prácticas racistas? mientras pensamos que son naturales; ¿qué estamos haciendo? 

Para mí, primero tenemos que empezar por allí y, por supuesto, fortalecer hacia afuera, con un planteamiento muy fuerte. Pero son muy esporádicas y muy aisladas las voces que hace un planteamiento de democratización para este país, en el mismo movimiento social porque en el fondo hay otras discusiones también. Tal vez por eso también sea porque hay que ser justo, en las mismas discusiones la injusticia social, económica, en un sistema que se impone a costa del saqueo, de la colonización, de la muerte, de la represión, del asesinato. Entonces, discutir sobre la democratización es más que simplemente decir que se van a ir a elecciones con un partido nuevo, de corte progresista. Tiene que ver con la discusión del poder, y desde qué lógica, y tiene que ver con compromiso serio, con ética política.

AC: ¿Cómo caracterizaría los procesos electorales en Honduras?

BC: Un atraso. Son como un atraso, a pesar que hay nuevos actores partidarios, que eso es importante, no demerito eso, pero al mismo tiempo es un atraso porque el Estado, el gobierno, y los sectores de poder, han logrado metiendo a estos nuevos actores, como refrescarse, después del golpe de Estado que había quedado muy denigrado, muy desprestigiado a nivel mundial. Y, aunque la gente que está en estos partidos nuevos hace batallas interesantes, falta mucho por hacer. El proceso electoral en Honduras es una cosa más de una copia que en realidad no tiene mucho de democracia que ya se sabe que hay fraudes electorales, donde gana la ausencia de personas que votan, las abstención o gana el desinterés de la población, con un discurso muy gastado, un discurso detestable ya por la población y eso desmotiva mucho. Una maquinaria hecha para garantizar el estatus quo.

AC: A apropósito de los procesos electorales, ¿cómo valora el aporte de los partidos políticos al proceso de democratización?

BC: Bueno, hablaría de los partidos nuevos, que se les dicen. Creo que hacen esfuerzos, hacen algún esfuerzo por poner una voz distinta. Pero, en gran manera siguen con las mismas prácticas de la política partidaria conservadora, patriarcal. Además de eso, que no está permitiendo una visión, a largo plazo, sostenida, de lo que debe ser una construcción distinta de la democracia, del poder, sino que es muy inmediatista. Y creo que puede hacer luchas importantes que coincidan con las demandas y las causas sociales, pero todavía muy aislado, y también replican esa práctica, por ejemplo, en la utilización, en algunos casos, de las organizaciones sociales sólo para fines electorales, y creo que eso realmente hay que mejorarlo.

AC: Última pregunta. ¿Cuál es su balance sobre la participación ciudadana y la cultura política en la misma ciudadanía hondureña?

BC: Muy pobre, muy poco crítica, con muy poco análisis de la realidad, de la comprensión, de correctas lecturas de cómo se mueve y eso es debido a una marginación histórica, a un sometimiento, no es que seamos tontos o tontas, sino es que está bombardeada esa población con una maquinaria para que piense que todo está bien y el efecto que hace es que hay una poca participación ciudadana crítica y no está cuestionando los grandes problemas de este país con un análisis estructural, puede hacer análisis mediatos de las cosas que acontecen a diario en lo inmediato. Pero, de dónde las causas de eso, por ejemplo, la migración que es un fenómeno grandísimo en este país, el asesinato de niños y niñas; cómo se reparten, por ejemplo, el presupuesto nacional, creo que hay una falta ahí, de un vacío en la población para ser más crítica, más participativa. Y también que eso sea decisiva, yo vuelvo a eso, que sea decisiva porque que sea más participativa estamos lejos, pero decisiva todavía más. Entonces, creo que sí, ahí es donde los movimientos tenemos un desafío monumental.

AC: Muchas Gracias

BC: [riendo] Cheque

Adrienne Pine es antropóloga, autora de Sobrevivir Honduras y co-editora de Asylum For Sale: Profit and Protest in the Migration Industry. Trabaja como profesora en la American University, en Washington, DC.

Asís Castellanos es sociólogo, originario de La Moskitia hondureña, investigador del Centro de Estudio para la Democracia (CESPAD).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.