Algunas causas de la crisis en la UNAH

Olvin Rodríguez

Por: OLVIN E. RODRIGUEZ

Imaginémonos que el proceso de reforma universitaria es como el largo viaje en un tren. Unos estuvimos en la partida, encendimos la locomotora al promulgar la nueva Ley Orgánica, trazamos el rumbo y la pusimos en marcha hacia su destino; por diversas razones, en alguna estación, nos tocó bajarnos.

Nuevos ocupantes subieron, tomaron  nuestros asientos, pero, a su vez, en alguna estación les tocará desocuparlos. Cada cual, en su trayecto, seguramente hará aportes significativos, por cuanto se trata de una construcción colectiva y no como le ocurre al campeón de boxeo que alcanza solo la medalla de oro. Para que todos los maquinistas avanzaran hacia el mismo objetivo y para que los relevos tuvieran una brújula, se aprobaron una Ley, un Plan Para la Reforma Integral de la UNAH y unos reglamentos. Cada quien conserva la libertad de imprimirle a su gestión su estilo personal, pero siempre manteniendo el rumbo.

Hay que ponderar que en la década anterior la UNAH tocaba fondo y gracias a la gestión actual se detuvo el deterioro de la imagen institucional, ingrato resultaría desconocer que se han efectuado muchos avances. Los desencuentros y  crisis actual probablemente tengan como causas haber: a) partido  del criterio erróneo que con la autoridad actual se inicia y termina la reforma, cubriendo con un sagrado manto de olvido los aportes de los predecesores;

  1. b) No desentrañar los trabajos que precedieron y sucedieron a la emisión de la nueva Ley;
  2. c) Hacer deducciones intuitivas, sin entrar al estudio científico, dialectico y pormenorizado de los hechos que desembocaron en la nueva Ley;
  3. d) Falta de tino al hacer la lectura de los movimientos sociales, al interpretar y aplicar metas, objetivos, valores y principios que inspiran la reforma y sustituirlos por la intuición personal;
  4. e) Contra la letra y espíritu de la Ley se ha concentrado, en vez de desconcentrar y se ha impedido la integración y funcionamiento de los órganos de gobierno universitario;
  5. f) Obnubilados por el poder, la prepotencia y la exclusión, se ha sustituido lo académico por la obra
     física, olvidando que en una universidad la atención al estudiantes es el interés superior;
  6. g) Haber sustituido el dialogo, el arreglo directo y negociado en la solución de conflictos, por la confrontación, táctica que dio resultado frente a una dirigencia sindical y docente deslegitimada, pero que ha fracasado frente a conductores estudiantiles remozados en la fuente eterna de la juventud;
  7. h) Es un contrasentido pretender realizar la reforma sin los actores estratégicos: docentes y estudiantes o contra ellos, aun cuando la Ley les reconozca su representación;
  8. i) El haber reformado la Ley para satisfacer caprichos personales, con miras a catapultar una candidatura;
  9. j) violar la autonomía al pedir la intervención de la policía y ejército;

k),criminalizar una garantía constitucional y un derecho humano fundamental como
 lo es el derecho a la protesta, a la manifestación y a la reunión;

  1. l) no respetar la diversidad, el pluralismo y el derecho a disentir. En suma, haber torcido la estrategia trazada por el  legislador, sustituyendo la cultura y valores institucionales por los propios.

La Reforma se hizo pensando en una universidad pública, formadora de ciudadanos pensantes, libres y participantes, no en una fábrica de egresados según las prácticas de ahorro de las universidades privadas en la que se quiere tener estudiantes y profesores obedientes y temerosos de ser castigados por ser creativos y rebeldes cuando la situación lo reclama.

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Es preferible perder un periodo que perder la UNAH. Los estudiantes tienen la razón. La reforma debe ser reconducida, debe retomar su rumbo: y no se trata de seguir destituyendo rectores, lo que deberá procurarse es que rectora, vicerrectores, decanos, directores de centros regionales, JDU y demás, den un golpe de timón, quemen las naves y se conduzcan aplicando los principios y valores de libertad de catedra, universalidad de la ciencia, representatividad, pluralismo y tolerancia, participación democrática, responsabilidad, equidad, igualdad de oportunidades, transparencia, rendición de cuentas, pertinencia, solidaridad y subsidiariedad. Nada más.

Esos principios son verdades profundas, no cambian, no mueren, podemos depender de ellos. No se divorcian de nosotros y se van con los mejores amigos. No están un día aquí para irse al día siguiente.

Están a salvo de huracanes, terremotos, robos o secuestros. No están ansiosos por conquistarnos. Su validez no depende de los trotskistas, ni de LIBRE, ni de los cachurecos, ni del clima, ni de la moda. Son hebras estrechamente entretejidas que deberían atravesar con exactitud, consistencia, belleza y fuerza la trama de la vida universitaria. La observancia de esos principios y valores,  convertirá a la UNAH en una institución autoconsciente, inteligente, proactiva, no limitada por las actitudes, conductas y acciones de quienes la dirijan, ni por las influencias gubernamentales o de los partidos políticos.

Allí está su filosofía y doctrina. Servirán de sostén en las adversidades y de aliento en los triunfos. Algo así como lo que representó la Marsellesa para los soldados franceses en las guerras napoleónicas.

¿Por qué, ahora más que nunca, en esta crisis, tenemos que hablar de esos valores y principios institucionales? Porque el éxito de la reforma en gran medida, será la suma de aplicar esta declaración de principios, de ellos dependerá la clase de autoridades, docentes o estudiantes y no tanto de su cantidad.

 Ellas son como brújulas académicas que señalan los caminos de la reforma; constituyen un culto a la dignidad y sensibilidad del universitario; son los rasgos de carácter que deben impulsar la reforma universitaria. Sólo cuando esos valores y principios se conviertan en hábitos, en costumbres, en tradiciones, en estilo de gobierno, en cultura, estaremos bien preparados para contar con una UNAH
 indestructible.

Los estudiantes están convencidos que ahora son dueños del destino de la alma mater; que la tarea que se han impuesto es superior a sus fuerzas; que las acometidas de la autoridad no están por encima de lo que ellos son capaces de soportar; mientras tengan fe en su causa, en sus metas y objetivos; mientras mantengan una indeclinable voluntad  de vencer y se mantengan en aquellos valores, principios y virtudes, la victoria estará a su alcance.

Escribo este himno a los principios de la Ley Orgánica, ahora que siento que la pista se me está agotando y dando gracias por haber sobrevivido a una delicada operación de corazón abierto (trasplante de válvula aórtica), como una muestra de gratitud al ALMA MATER y a la vida universitaria, por haberme permitido participar: a) como estudiante en casi todos los cargos a que un dirigente pueda aspirar (FRU, FEUH, FEUCA, CSUCA, OCLAE, UIE);

  1. b) como docente, investigador y extensionista durante cuarenta y dos años en trece carreras y, en la gestión y administración, como Presidente de la JDU;
  2. c) corredactor de la Ley Orgánica, el Estatuto del Docente Universitario, coordinador del Proyecto de Ley de Educación Superior ya en manos del CN;
  3. d) negociador de Contratos Colectivos; y,
  4. e) proyectista de varios de los reglamentos de la nueva Ley. 

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