Opinion

Afganistán otra vez

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Por: Guillermo Serrano

Primero fueron los británicos, luego los soviéticos y finalmente los norteamericanos. Todos llegaron con el dicho de los romanos: veni,vidi,vici (vine, vi y vencí). Y efectivamente, vencieron a las tropas (modernamente, los talibanes), para luego retirarse, y, nosotros agregaríamos en alemán: Götterdämmerung (el ocaso de los dioses).

Sí, porque los imperios modernos no han podido con Afganistán. Después de algunos años o décadas, las grandes potencias militares han decidido que simplemente, no pueden seguir allí.

¿Cuál es la fuerza que radica en este país del Asia y que hace que sea conocido como “la tumba de los Imperios”?

“Afganistán es el mayor productor de opio del mundo. Con un valor de exportación anual estimado de 1.500 a 3.000 millones de dólares, la “adormidera” es un gran negocio y suministra la inmensa mayoría de la heroína ilícita en todo el mundo. Aunque hay algunos cultivos en las regiones gubernamentales, la mayor parte del cultivo de amapola se lleva a cabo en áreas controladas por los talibanes y se cree que es una importante fuente de ingresos.

Los talibanes ganan dinero con los impuestos en varias etapas del proceso. Los cultivadores de opio cobran un impuesto de cultivo del 10%. También se recaudan impuestos de los laboratorios que convierten el opio en heroína, así como de los comerciantes que contrabandean las drogas ilícitas” (Fuente: CNN en español).

Con la retirada de las tropas y armamento norteamericano, los talibanes ya se han apoderado nuevamente del país, creando la incertidumbre entre los 38 millones que se calcula es la población que habita allí. Es de esperar tal actitud, porque los talibanes se identifican como grupos islámicos fundamentalistas que utilizan sus dogmas y la fuerza de las armas para imponer su criterio.

Afganistán, presenta una vez más la impotencia de occidente para mediar o buscar soluciones a las crisis, revoluciones o guerras fratricidas que han afectado al mundo desde el siglo 19 en adelante. Y la situación se vuelve insoluble, cuando tenemos que lidiar con religiones que no solo tienen una cosmovisión distinta a lo que conocemos como filosofía y teoría de convivencia occidental, pero que presentan sistemas de autogobierno, religión y valores totalmente distintos a lo que hemos adoptado en esta parte del mundo.

¿Nuestros sistemas políticos, religiosos y culturales son mejores que los que existen en otros lugares? ¿Podemos imponer nuestros criterios de estilos de vida cuando llegamos a un país con una mano de ayuda y con otra de castigos cuando no se hacen las cosas como a nosotros nos gustaría?

Todos los gobiernos del mundo firmaron en 1948 la Declaración de Derechos Humanos que declara: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (Articulo I). Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía (Articulo II)”.

Nosotros, los comunicadores no somos ingenuos, pero sí, estamos comprometidos con estos derechos, que deberían ser no solo establecidos, pero afirmados por naciones y gobiernos, incluyendo a los Talibanes, que ahora quieren ser señores y gobierno. Hay una exhortación, bastante antigua, y en un libro más antiguo todavía que advierte que “todo buen reinado depende de que se practique la justicia…”

(guillermo.serrano@ideasyvoces.com) Lunes 16 de agosto, 2021.

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