Certeza.

5 de julio: El aterrizaje de la dictadura y el levantamiento de un heroico pueblo

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Nunca mis ojos habían sido testigos de ese mar de gente, protestando contra el golpe de Estado, pero tampoco nunca había sido testigo de la bota asesina militar, era el noveno año del siglo XXI, habían soltado las hordas asesinas en Honduras.

 

Escrito por: Ronnie Huete 

 

California, 4 de julio de 2016. Desde el exilio de la sobrevivencia, aun logro escuchar el sonido de los disparos de las Fuerzas Militares de Honduras. La muerte aterrizó al aeropuerto Toncontin de Tegucigalpa.

isis obed

Era  el 5 de julio de 2009, como prensa nos encontrábamos dentro de las instalaciones del aeropuerto en mención, la Policía Nacional nos dijo que el ex presidente Manuel Zelaya aterrizaría en un avión de turismo, proveniente de Guatemala.

En las afueras del aeropuerto era imposible caminar, más de medio millón de personas colmaron las avenidas que conducen al aeropuerto, pensé que ese día culminaría todo y el golpe de Estado se revertiría, pero solo era el inicio de las muertes que dejaría la dictadura que aterrizaba.

Mi ropa aún estaba impregnada con el gas lacrimógeno que tiraban a diario los antimotines, no había ido a casa, dormía en varios lugares, lo importante era cubrir la historia, reportar las violaciones a derechos humanos y Honduras era el foco mundial.

El primer golpe de Estado del siglo XXI en Latinoamérica, se erguía en un extraño ser amorfo que no pensaba, pero si disparaba contra personas inocentes y desarmadas.

Corrimos hacía la puerta en donde supuestamente embarcaría el ex presidente Zelaya, sin embargo el grito de un enfurecido mar de gente, nos hizo devolvernos hacía las afueras del aeropuerto.

Cuando llegamos, un periodista internacional venia ensangrentado, pero no era su sangre, no podía hablar, el pánico se había apoderado de él, le pregunte que había ocurrido, a lo que me contesto, entre cortado y con su mirada volcada al terror; ¡Los mataron!

Salimos a la afueras del aeropuerto para trasladarnos al costado norte del mismo, la gente comenzó a dispersarse, aún el sonido de los proyectiles de los militares arropaba el terror de la zona.

Casi, sin saber lo que ocurría, con mi cámara fotográfica en la mano, corrí para acercarme, cuando llegaba a la zona de los disparos, la sangre regada en la calle comenzó a dar forma a una masacre.

Todo comenzó a tener sentido, a toda la prensa nos dijeron que el ex presidente Zelaya, entraría por la zona sur del aeropuerto y nos engañaron, para que toda la prensa se apostara a esa zona, y no fuera testigo de lo que ocurrió.

Fueron pocos los periodistas que estaban, cuando los militares dispararon a quema ropa a las personas que esperaban el retorno del ex presidente Zelaya.

La gente gritaba confundida, tírense al suelo seguirán matándonos, “mataron a tres, fueron tres” repetía la gente, cuando vi frente a mí que venía un grupo de personas, cargando a un cuerpo sin vida.

Fueron los compas a los que siempre miraba en la calle, y que ya nos habíamos hecho hermanos de lucha, y ahora testigos del primer mártir que dejaba el golpe de Estado, se trataba del cuerpo de un joven de 19 años, Isis Obed Murillo.

Isis Obed Murillo

Teníamos la fe que podría sobrevivir, mis ojos fueron testigos de la primera masacre contra un ser inocente, cuya vida tenía esperanza de otra Honduras, pero que su vida llegaba a su fin.

Corrían con el cuerpo sin vida de Isis Obed Murillo, su camino dejaba enrojecida la calle con el desangramiento que provocó el disparo de un proyectil justo en su cabeza. Los militares habían disparado, contra la gente desarmada y esto provocó la muerte del joven de 19 años. Había muerto al instante.

Lo subieron a un carro, improvisado de ambulancia, para trasladarlo a un hospital, mucha gente ensangrentó sus ropas, y comenzaron a gritar ¡asesinos! ¡Asesinos! 

Aun no lo creía, poco a poco comencé a entrar en estado de shock para seguir cubriendo la historia y anunciar al mundo que ese día había dejado de importar las vidas de los inocentes, y que a punta de fusil defenderían sus riquezas, una minúscula pero poderosa clase pudiente.

Esta clase había perpetrado el golpe de Estado, un amigo me pregunto si me sentía bien, no respondí, había enmudecido de ira y de impotencia, él me auxilio y me llevo a una cera de la calle,

Pacientemente comencé a observar como los militares corrían a la gente, diciéndoles que había estado de sitio, las personas me gritaban; Ronnie hay toque de queda, cuidado, todo comenzó a moverse en cámara lenta, miraba borroso.

El 5 de julio de 2009, asesinaron a tres personas, pero oficialmente y por el temor de los otros familiares, solo dieron a conocer el asesinato de Isis Obed Murillo.

Muchos de los que estuvieron allí vieron a la muerte aterrizar en el aeropuerto de Toncontin, aún no se ha ido de Honduras, pero el pueblo sigue de frente al enemigo, nunca lo doblegaran, porque podrán matar a un revolucionario, pero jamás a la revolución y sus ideas.

A siete años de ese histórico día, siento como se hubiese sido ayer, aún percibo el olor del gas lacrimógeno y el eco de los proyectiles asesinos de mi pueblo, cuyas muertes llevan años de impunidad.

Aun sigo archivando la historia de la dictadura, que aterrizó el 5 de julio de 2009, pero que junto a ella, se había levantado un pueblo heroico y que siete años después mantiene la fuerza resistente.  

Dedicado a la familia de Isis Obed Murillo y a todos los mártires que ha dejado está dictadura. A los que han resistido a los embates de la maldad, sincronizada en la oligarquía asesina de Honduras.  Así como al Movimiento 5 de Julio, cuyo nombre es digno de la memoria histórica de nuestra tierra latinoamericana, Honduras.

 

 

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