UNAH: más de 181 años formando la educación superior y marcando el rumbo académico de Honduras

Desde su origen en el siglo XIX hasta su consolidación como ente rector de la educación superior, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras ha sido clave en la formación académica, el desarrollo científico y la expansión educativa del país, marcando hitos históricos en autonomía, crecimiento institucional y cobertura nacional.

Por: Doris Sánchez

Tegucigalpa, Honduras.- La historia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), comienza el 14 de diciembre de 1845, cuando el presbítero José Trinidad Reyes fundó la “Sociedad del Genio Emprendedor y del Buen Gusto”, con el objetivo de promover la educación, la ciencia y la cultura en Tegucigalpa. Este primer esfuerzo institucional fue clave para sentar las bases de la educación superior en Honduras y consolidar un espacio donde se cultivará el pensamiento crítico y el conocimiento académico, algo que no existía de forma organizada en el país. 

El 10 de marzo de 1846, el Congreso Nacional otorgó protección pública a la sociedad y la bautizó como Academia Literaria de Tegucigalpa, reconociendo formalmente su importancia para el desarrollo intelectual de la nación. Con este acto, el Estado respaldó el proyecto educativo y abrió las puertas para la creación de la primera institución de educación superior en Honduras, dando un marco legal que legitimaba su funcionamiento y aseguraba su continuidad.

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Plaza e iglesia San Francisco (Ca. 1890). Primera sede de la Universidad del Estado de Honduras. Colección Fototeca Nacional, UNAH. Fotografía Juan T. Aguirre.

Vista histórica del antiguo convento de San Francisco, hoy Cuartel San Francisco, lugar donde se inauguró la Academia Literaria de Tegucigalpa en 1847, hecho que marcó el inicio formal de la educación universitaria en Honduras.

La Academia Literaria de Tegucigalpa se construyó oficialmente el 18 de abril de 1846 y fue inaugurada el 19 de septiembre de 1847 en el antiguo convento de San Francisco, hoy Cuartel San Francisco, con la presencia del presidente Juan Nepomuceno Fernández Lindo con la ceremonia marcó un hito histórico, pues formalizó la educación universitaria en el país y estableció un modelo de enseñanza que combinaba valores humanísticos, científicos y profesionales para los estudiantes que iniciaban su formación académica. 

En 1850, el gobierno de Juan Lindo emitió los Estatutos de la Academia Literaria de Tegucigalpa, que otorgaban a la institución plena independencia y libertad para modificar sus normas según las necesidades científicas y el progreso del conocimiento. Este marco normativo garantizaba la autonomía académica de la universidad y su capacidad de adaptarse a los cambios del contexto educativo, estableciendo un precedente para que la institución pudiera crecer sin depender directamente del control del Estado. 

José Trinidad Reyes, como primer rector de la universidad, jugó un papel decisivo en su organización y funcionamiento. Fue reelecto cuatro veces hasta su fallecimiento en 1855, liderando la consolidación de la academia y asegurando la formación de los primeros estudiantes. Su gestión permitió establecer estructuras académicas, planes de estudio y la orientación hacia la investigación y la cultura, elementos fundamentales para el desarrollo de la educación superior en Honduras. 

En 1857, la Municipalidad de Tegucigalpa donó el Convento de la Merced a la Academia Literaria, ampliando las instalaciones de la universidad y fortaleciendo su capacidad educativa. Este gesto permitió que la institución contara con espacios físicos adecuados para impartir clases y realizar actividades académicas, consolidando su presencia en la capital y facilitando la expansión de la educación superior hacia nuevos programas y estudiantes. 

Sin embargo, en 1868, el gobierno de José María Medina eliminó la autonomía de la universidad, suprimiendo el Claustro y la Dirección de Estudios, y creando un nuevo organismo para dirigir la institución. Esta medida representó un retroceso institucional, pues limitó la capacidad de la universidad para autogobernarse y desarrollarse de manera independiente, afectando la continuidad de sus planes académicos y su función como centro rector de la educación superior. 

Con la Constitución de 1957, la universidad recuperó y fortaleció su papel, al otorgarle la exclusividad de organizar, dirigir y desarrollar la educación superior en Honduras, ratificada también en las constituciones de 1965 y 1982. Esta potestad le confiere a la UNAH el papel de rector del sistema universitario nacional, con la responsabilidad de supervisar, regular y guiar la educación superior y profesional en todo el territorio, consolidando su relevancia como institución estatal autónoma y descentralizada. 

Durante gran parte del siglo XX, la UNAH fue prácticamente la única universidad del país. La apertura de otras universidades comenzó con la Universidad José Cecilio del Valle en 1976, seguida por un proceso de conversación de otros centros de educación superior en universidades, iniciando en 1988. Este proceso permitió diversificar la educación superior en Honduras, aunque la UNAH mantuvo su función de autoridad y coordinación sobre el sistema universitario nacional. 

La Ley de Educación Superior, emitida el 14 de septiembre de 1989, reguló formalmente la autoridad de la UNAH, estableciendo que la universidad tiene a su cargo la organización, dirección y desarrollo de la educación superior y profesional. Esta ley consolidó el rol rector de la UNAH sobre la creación, acreditación y funcionamiento de otros centros de educación superior públicos y privados, formalizando la estructura institucional que permite controlar la calidad académica del sistema universitario. 

La UNAH ejerce sus funciones mediante órganos como el Claustro Pleno, el Consejo de Educación Superior, el Consejo Técnico Consultivo y la Dirección de Educación Superior. Cada uno de estos cuerpos cumple un rol específico en la gestión académica, la emisión de resoluciones y reglamentos, la asesoría técnica y la coordinación con los centros de educación superior, asegurando la aplicación de la ley y el cumplimiento de los objetivos institucionales en toda Honduras. 

Entre sus competencias, la universidad tiene la facultad de acreditar y validar títulos emitidos por otras instituciones de educación superior, así como estudios realizados en el extranjero. Esta potestad le permite garantizar la calidad de la formación profesional en el país y asegurar que los egresados cumplan con los estándares nacionales, reafirmando su responsabilidad como institución rectora y reguladora del sistema universitario hondureño.

La UNAH ha enfrentado desafíos y propuestas de reforma que buscan limitar su autoridad, como la reforma de 1979 y la iniciativa del diputado Ricardo Díaz Aceituno en 2011. Estas propuestas pretendían transferir la potestad de organización y dirección de la educación superior a comisiones mixtas, pero fueron rechazadas, protegiendo así la autonomía y la función constitucional de la universidad.

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DESARROLLO INSTITUCIONAL Y PROYECCIÓN NACIONAL

Ciudad Universitaria de Tegucigalpa, principal campus de la UNAH, símbolo del crecimiento académico, la expansión de carreras y la consolidación de la máxima casa de estudios del país. Foto: Jorge Burgos/Criterio.hn

El desarrollo físico de la universidad se materializó con la construcción de Ciudad Universitaria, cuyo inicio de obras se registró el 30 de junio de 1965. El primer edificio en construirse fue un edificio de aulas de tres plantas, financiado con una donación de 100,000 dólares de la Fundación Ford y un préstamo adicional de 122,000 dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Los edificios de Química y Farmacia junto con el CISE fueron el eje central de las actividades académicas, albergando a los primeros estudiantes y facilitando la expansión de carreras y facultades. La planificación de la Ciudad Universitaria sentó las bases para la construcción de laboratorios, bibliotecas y otras instalaciones esenciales para la investigación y la enseñanza. La infraestructura permitió a la UNAH proyectarse como la principal casa de estudios superiores del país.

Las primeras carreras modernas que ofreció la UNAH marcaron el inicio de la diversificación académica de la institución. En 1961 se inauguraron Pedagogía y Psicología, mientras que en 1965 se incorporaron Administración Pública y Periodismo. Posteriormente, en 1966, se sumaron Administración de Empresas, Contaduría Pública y Enfermería, y en 1967 un grupo amplio de carreras técnicas y científicas como Ingeniería Mecánica, Ingeniería Química, Ingeniería Eléctrica, Matemática, Biología, Física, Ingeniería Agronómica e Ingeniería Forestal. Estas primeras carreras reflejaron la intención de la universidad de atender necesidades sociales y profesionales del país. La oferta académica inicial sentó la base para la expansión posterior hacia otras áreas de conocimiento y especialización.

La UNAH extendió su presencia a nivel nacional mediante la creación de centros regionales. Entre ellos se encuentran CURN en San Pedro Sula (1955), CURLA en la Región Atlántica (1967), CURC en Comayagua (1996), Centro Universitario Región Occidental en Santa Rosa de Copán (1996) y CURNO en Juticalpa (1997). 

Este modelo permitió que más hondureños tuvieran acceso a la educación superior sin trasladarse a Tegucigalpa. Hasta 2009, la UNAH contaba con 67,150 estudiantes y 3,227 docentes, de los cuales 2,506 eran a tiempo completo, consolidándose como la máxima casa de estudios del país. La expansión tanto en estudiantes como en infraestructura refleja el crecimiento sostenido de la universidad desde sus orígenes hasta la actualidad.

En contexto

A casi dos siglos, la UNAH ha evolucionado desde una Academia Literaria hasta convertirse en la máxima casa de estudios de Honduras, con un papel determinante en la organización, regulación y desarrollo de la educación superior. Su crecimiento en infraestructura, oferta académica, matrícula y personal docente, así como la defensa de su autonomía frente a distintos desafíos históricos, evidencian su relevancia como institución pública, autónoma y descentralizada. Hoy, la UNAH continúa siendo un pilar fundamental para la formación profesional, la investigación y el progreso social del país.

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