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Un preanuncio de inflación desatendido

Por: Jonathan D. Ostry

WASHINGTON, DC – En el discurso que pronunció en Jackson Hole en agosto, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, Jerome Powell, dejó claro que la prioridad de la Fed es contener la inflación. Aunque la institución se distanció de su evaluación del año pasado según la cual el aumento de la inflación iba a ser efímero, los fundamentos para esa evaluación eran tenues incluso cuando se la formuló, en vista de las muchas incertidumbres respecto de las causas de la inflación en aquel momento.

Una de esas causas en particular, el encarecimiento de los fletes marítimos, no ha sido objeto de suficiente estudio, pese a ser un importante factor (y predictor) de inflación. Incluso el año pasado, el aumento de los fletes fue como un canario en la mina de carbón, un preanuncio de la necesidad de subir los tipos de interés para contrarrestar la acumulación de presiones sobre los precios.

El mandato de los principales bancos centrales del mundo es mantener la estabilidad de precios, lo cual implica que las autoridades monetarias deben identificar las fuentes de inflación y anticipar su trayectoria. No hay duda de que en 2021, los bancos centrales cometieron un error al desestimar el marcado aumento de la inflación catalogándolo de «transitorio» (como lo denominó Powell). Pero otras instituciones cometieron el mismo error. El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, tampoco supo anticipar el aumento de la inflación y su persistencia. Sus pronósticos macroeconómicos para Estados Unidos fueron similares a los de la Fed.

LAS CIFRAS DEL FMI

Las cifras del FMI también ponen de manifiesto la dimensión global de la sorpresa inflacionaria, que afectó a países de todo el mundo (de Australia al Reino Unido) y encontró a las autoridades con la guardia baja.

Según muestra el Informe de Perspectivas de la Economía Mundial publicado por el FMI en abril de 2022, los pronósticos de inflación de un año antes resultaron errados, por un factor mayor a tres en el caso de las economías avanzadas, y por un factor mayor a dos en el caso de las economías en desarrollo y emergentes, así como para el mundo en su conjunto.

Para ser justos, una parte de la inflación actual obedece a factores que no eran previsibles hace un año, o cuyo impacto era difícil de predecir con precisión.

En Estados Unidos, el aumento de precios es reflejo del estímulo fiscal y del desarme del ahorro de tiempos de la pandemia (por el lado de la demanda), y de interrupciones de las cadenas de suministro relacionadas con la política china de COVID cero y el aumento de precios de commodities por la invasión rusa de Ucrania. Los pronosticadores económicos no son expertos en geopolítica ni en salud pública, dos ámbitos en los que sólo pueden aplicar supuestos razonables.

Pero aunque se puede perdonar a los funcionarios por no incluir en sus decisiones factores que era imposible conocer hace un año, sí tienen responsabilidad por aquellos factores que son causas conocidas de inflación, sobre todo si eran señal de presiones duraderas sobre los precios.

En un estudio reciente, mis coautores y yo nos concentramos en una de esas causas de inflación: el veloz encarecimiento mundial de los fletes marítimos. En octubre de 2021, diversos indicadores del costo de transporte marítimo de contenedores habían aumentado más del 600% respecto de los niveles prepandémicos, mientras que el costo del transporte marítimo de commodities a granel se había más que triplicado.

¿CUAL FUE LA CAUSA DE ESTE NOTABLE AUMENTO?

Al recuperarse la actividad industrial después de las largas cuarentenas por la COVID‑19, aumentó considerablemente la demanda de transporte marítimo de bienes intermedios (por ejemplo energía y materias primas).

Al mismo tiempo, la capacidad naviera se vio muy restringida por cuellos de botella y problemas logísticos (muchos de ellos relacionados con los trastornos de la pandemia) y por la escasez de contenedores y equipamiento relacionado. En los puertos de todo el mundo faltaban trabajadores que tuvieron que aislarse tras dar positivo para la COVID‑19; en tanto, restricciones sanitarias impedían a camioneros y marinos el cruce de fronteras.

Mientras las noticias hablaban de la disparada de precios de los alimentos y de la energía, el encarecimiento de los fletes marítimos pasó casi inadvertido, a pesar de su posible impacto inflacionario. El análisis que he realizado muestra que un shock de costos de transporte tendrá efectos más duraderos sobre la inflación que un shock de precios de los commodities (lo cual contradice a quienes el año pasado predijeron que el aumento de la inflación sería efímero); y que a un cien por ciento de encarecimiento del transporte marítimo le corresponden unos 0,7 puntos porcentuales más de inflación un año después.

Con los datos sobre el incremento mundial de los fletes durante 2021, calculo que el impacto sobre la inflación un año después debe superar los dos puntos porcentuales; es un efecto enorme, que pocos bancos centrales pasarían por alto en sus decisiones de política monetaria.

Por supuesto, se trata del resultado promedio; el efecto varía entre economías y regiones, y depende de los marcos de política monetaria (sobre todo el historial de los bancos centrales en cuanto a estabilización de precios y anclaje de expectativas), y de aspectos más estructurales como la geografía (que afecta la lejanía de los países y su dependencia del transporte marítimo de bienes).

La evidencia empírica hace pensar que en general, los países desarrollados con un sólido historial de estabilidad de precios (entre ellos Estados Unidos) serán menos afectados por grandes variaciones en los fletes marítimos.

Por otra parte, los países en desarrollo (sobre todo pequeños estados insulares remotos en el Pacífico y el Caribe) corren más riesgo de experimentar presiones inflacionarias más grandes y persistentes que puedan generar una espiral de precios y salarios. Al aumentar los fletes marítimos, es posible que todos los gobiernos (en particular los de los países indicados) deban endurecer la política monetaria en forma preventiva.

Los costos de transporte marítimo son un factor mundial de inflación al que no se le presta la debida atención, y esto debe cambiar. Para los bancos centrales, encargados de garantizar la estabilidad de precios, grandes variaciones en dichos costos pueden ser una señal de peligros futuros, que los ayudará a reducir el riesgo de quedar rezagados respecto de la inflación.

Jonathan D. Ostry, profesor de Práctica de la Economía en la Universidad de Georgetown, es investigador en el Center for Economic Policy Research (Londres). También fue subdirector de investigaciones en el FMI y dirigió el equipo que produce su emblemático Informe de Perspectivas de la Economía Mundial.

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