Presidente Hernández sembró vientos, hoy cosecha tempestades

Por: Óscar Marroquin

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Presidente Hernández

Dieron un golpe de Estado, y todo siguió igual.                                                                              

Romeo Vásquez Velásquez dio la orden de asesinar, y todo siguió igual.

Se robaron las elecciones de 2013, y todo siguió igual.

Se robaron el dinero del Seguro Social, y todo siguió igual.

Llegó la MACCIH, y todo siguió igual.

Asesinaron a Berta Cáceres, y todo siguió igual.

Diputados opositores se vendieron para elegir la Corte Suprema de Justicia, y todo siguió igual. 

La Corte Suprema de Justicia avaló la reelección de JOH, y todo siguió igual.                                  

El tribunal Supremo Electoral, acepto la candidatura ilegal de JOH, y todo siguió igual.

El 26 de noviembre JOH se robó las elecciones, y Manuel Zelaya Rosales dijo “QUE DIOS NOS AGARRE CONFESADOS”.

Bien dice el viejo refrán “siembra vientos, y cosecha tempestades”. Vaya si le cae al pelo este refrán al presidente Hernández, quien ante la complicidad de propios y extraños ha logrado dominar por completo todas las instituciones del Estado con miras a instaurar una dictadura, de eso ya no hay duda alguna.

No obstante, parece que el presidente desestimó por completo la reacción del pueblo ante lo que el mundo entero ha conocido como un monumental FRAUDE ELECTORAL; confiado plenamente ante la pasividad mostrada por el pueblo, el señor Hernández no dudó ni un solo minuto en ordenar a David Matamoros Batson que produjera otro golpe de mano como el de 2013.

Para desgracia personal del presidente, esta vez parece que los cálculos le fallaron; enormes tempestades políticas y sociales se avizoran en el horizonte.

Tempestades que podrían desembocar en una verdadera insurrección popular de impredecibles consecuencias para todo el país, pues no hay que olvidar que podemos saber como inicia un levantamiento del pueblo en contra de los opresores, pero no hay certeza alguna para saber cómo vaya a terminar. 

A juzgar por las ultimas declaraciones del presidente Hernández, todo apunta a que ha decidido llevar al país por el sendero de lo equivocado, en otras palabras, borracho de poder el presidente no se da cuenta que tiene verdaderos vendavales tocando a la puerta de Casa Presidencial, para anunciarle que las horas de su mandato ya están contadas.

En resumen, la tempestad cosechada por Juan Orlando Hernández podría convertirse en pocos días en una insurrección tal como lo establece el Art. 3 de la Magna Carta.