Reencender las antorchas significa: basta ya a tanta podredumbre política

Presidente Hernández

Por: Oscar Miguel Marroquín

Por más de cien años o quizá más, hemos dejado que ellos, los políticos, hagan miserables nuestras vidas; de todas aquellas encendidas promesas gritadas a los cuatro vientos, solo nos queda la pobreza, la desesperanza de vernos mejor; prestamos nuestra voz para que legislarán en nuestro nombre y ahora seguramente nos preguntemos: ¿Por qué hemos soportado tanto?

Por mucho tiempo hemos permitido que hablen y actúen en nombre de nuestros nombres, ¿y que hicieron? Con excepción de robar lo que es propiamente nuestro, la respuesta es simple y dolorosa, se burlaron de nuestros nombres, de nuestras demandas, de las aspiraciones sociales, el sujeto social quedó, en pocas palabras, reducido a la nada, sin manos sin pies y sin grito. Sin manos para alzar la bandera de lucha social, sin pies para el recorrer de las calles, plazas y barrios en gigantescas manifestaciones de repudio por todo aquellos que prometieron y nunca cumplieron, nos quedamos sin grito, pues este también ha sido robado.

Pero ahora, justo ahora y en medio de la crisis de lo político y de los políticos, las antorchas vuelven encenderse, es decir, el sujeto social se involucra, en el reclamo, en la demanda, en lo suyo, en lo que le pertenece, el sujeto social abandona su papel de representado, cuando está siendo muy mal representado y enciende las antorchas como señal de un basta ya, como señal de un hartazgo real hacia todo aquello que desde la política y los políticos nunca se hizo bien y en favor del pueblo.

El reencendido de las antorchas no es una simple acción social, es en el fondo un lenguaje, que busca cuestionar ya sin más perdida de tempo a los que por unos cien años se han hecho llamar honorables, naturalmente sin ser honorables, pues ¿desde cuándo la honorabilidad se practica en las más inmundas cloacas?

¿Acaso podemos llamar honorable a Tony Hernández, Fabio Lobo, y otros tantos, ladrones, corruptos y narcotraficantes?

¿Podemos llamar honorables a los políticos que encubren el esclarecimiento del asesinato de Berta Cáceres, Anselmo Villareal e Isis Obed Murillo?

¿Son honorables acaso aquellos políticos y banqueros que, en medio de la penumbra, se prestan para el lavado de activos y otras tantas acciones criminales?

Nota relacionada Economista del Fosdeh reaviva las antorchas de la indignación

Cada antorcha creo, supone una interrogante que va dirigida precisamente para quienes desde la política pasaron de pobres a millonarios, justificación legal de su riqueza no tienen, pues cuando la riqueza es conseguida a través de la corrupción o el narcotráfico, no existe huella legal alguna, ni prueba de haberla conseguido con esfuerzo personal que no deje duda moral o ética, las antorchas pues son una forma de interpelación.

Pero que no se alegren los políticos al creer que las antorchas solamente son interpelación, pues esta interpelación tiene tras de sí un reclamo inmediato de pronta y cumplida justicia, en palabras menos complicadas, la sociedad quiere ver tras las rejas a todos los corruptos, narcotraficantes, sin importar por supuesto el color de la bandera con el que ahora se arropan.

No dejemos que los políticos contaminen nuestro accionar como sujetos sociales de lucha y cambio, no dejemos que ellos se apoderen de nuestras antorchas, o lo que es lo mismo decir, que no nos sigan robando nuestra voz.