Instituto del Periodista le ofrece calamitosa pensión a veterano comunicador

Lo hicieron renunciar a su pensión y no puede morirse antes de diez años

Por: Redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.-A “Beni” Moncada, así le llaman sus amigos de la prensa, le llegó el momento del retiro. A sus 65 años estaba listo para gozar de su merecida pensión de jubilado después de aportar durante casi 26 años, religiosamente, al instituto de pensiones de los periodistas.

Pero tendrá que seguir trabajando porque sus colegas apenas le ofrecieron 5,600 lempiras como pensión. ¡ Y cómo sobrevive con esta cantidad!

Beni Moncada conversó ampliamente con Criterio.hn y nos mostró las evidencias de su crítica situación.

Juan Antonio Moncada es un veterano periodista de la radio en Honduras, con una destacada y larga trayectoria en la emisora HRN y radio Reloj.  Apenas cumplió la edad obligatoria para su retiro, se presentó jubiloso a las oficinas del Instituto de Previsión Social del Periodistas (IPP) en Tegucigalpa, confiado en que le darían una pensión digna, pero Omar Calderón Milla, el perpetuo gerente, le bajó el entusiasmo sin ningún miramiento.

«Le podemos dar unos 5.600 lempiras como jubilación», le dijo secamente Calderón Milla. «Yo le dije que eso es muy poco, y él me dijo que hay unos periodistas que tienen menos» como monto de pensión, recuerda Moncada de su entrevista con Calderón, un gerente que recibe un salario mensual superior a los 80.000 lempiras.   

«No es posible que una persona, y menos dos, puedan vivir con 5.500 o 5.600 lempiras. No me imagino cómo colegas periodistas jubilados pueden vivir con 2.700 lempiras o menos», comentó el periodista entrevistado por Criterio.hn

«Eso me ofrecieron de jubilación», dijo Moncada aún sorprendido e incrédulo por la cantidad que le ofreció Calderón. «A mi esa oferta me extrañó, porque después de tanto tiempo de estar en el sistema, como era posible que me dieran esa cantidad de dinero», agregó.

Moncada tiene razón de estar anonadado por la escasa pensión que le ofrecían, ya que sus contribuciones al sistema han sido progresivas, y en los últimos años cotizó sobre salarios de entre 13,600.00  y 15,696.11 lempiras mensuales con porcentajes de entre un 5 y un 9 por ciento, como contribución personal, más las aportaciones patronales de un 10 por ciento sobre los salarios de los afiliados.

Pero no solo «Beni» ha sido defraudado con las pobres pensiones que da el IPP. Lo mismo le pasó, recientemente, al periodista Mario Valladares, a quien le ofrecieron la cantidad de 1.000 lempiras mensuales como pensión.

 

                                                                    Mario Valladares

Varios comunicadores veteranos apenas sobreviven con la exigua pensión que les dan, como es el caso de José Domingo Flores, quien en la última asamblea del Colegio de Periodista de Honduras, pidió dramáticamente a los directivos un aumento de su precaria pensión.

Los periodistas atraviesan esta calamidad en su retiro por vejez, no obstante que su instituto de previsión tiene las cotizaciones más altas de los entes similares. La aportación patronal es de un 10 por ciento sobre el monto total de los salarios desde que el IPP comenzó a  operar  en 1987, mientras que la contribución de los periodistas se fue incrementando progresivamente, pasando de 3.5 por ciento, a un 9 por ciento en la actualidad.

«Yo esperaba como jubilación unos 8.000 lempiras, quizás más, pero cuando me salen con 5.600 lempiras yo me voy de espaldas», dijo Moncada.

De los casi 70 periodistas jubilados, muchos tienen pensiones de 2.700 lempiras o menos, y otros con más suerte, entre 4.000 y 5.000 lempiras, en un sistema de previsión que es el único en Honduras que nunca ha sido supervisado por la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS).

Beni, desde octubre de 1991 hasta abril del año 2016 aportó en su condición de afiliado 121,893.69 lempiras, más unos 221,646.91 lempiras de contribuciones patronales, más las aportaciones estatales y las utilidades que genera el sistema por las inversiones.

Juego de la ruleta rusa y el miedo                                                                       

Cuando se presentó al IPP a pedir su pensión por jubilación, Beni Moncada se vio sometido a una especie de juego de la ruleta rusa. «Me presentaron tres opciones, la primera es que me pueden entregar los 5.600 lempiras como pensión» mensual, pero Calderón, intimidando a Beni, le advirtió que «si yo me moría dentro de unos tres meses,  si yo moría en cualquier momento, ese dinero –que se destinaría al pago de la jubilación mientras estuviese vivo– lo absorbería el Instituto de Previsión Social del Periodista — y no le entregarían absolutamente nada a la familia».

«Ese asunto me preocupó mucho», comentó Moncada, quien se sintió más agobiado porque no solo es que la pensión sería escasa, sino también que su familia quedaría desprotegida en el caso de una muerte inesperada. 

«La otra opción fue que yo podía recibir el dinero de las aportaciones personales y las aportaciones patronales que ascendían a unos 353.000 lempiras (sin cómputo de intereses). Y la tercera, era que yo firmara un documento de AFP, que es un proyecto que tiene el IPP con el Banco Atlántida», agregó.

«Él –Calderón Milla– me dijo que en la AFP me iban a pasar mis aportaciones. Que yo iba a ganar intereses. Mi sorpresa es que cuando yo firmo el documento para entrar al Fondo de Pensiones del Banco Atlántida, observo –al leerlo– que no me dice absolutamente nada de las aportaciones patronales y tampoco de las utilidades».

Atemorizado por la advertencia de Calderón Milla en el sentido de que si optaba por recibir una pensión mensual su familia no recibiría ninguna cantidad, en caso de fallecer, –Moncada firmó el contrato que le presentó el IPP para depositar sus fondos en la AFP Atlántida.  

Y le dijeron que tiene que seguir pagando 3,082.00 lempiras mensuales para alimentar el Fondo, al que únicamente le transfirieron sus aportaciones personales.

Pero no solo eso le pasó a Beni, resulta que si llega a fallecer antes de acumular 10 años de aportaciones a la AFP Atlántida, es decir antes del 2026, sus dos hijas y su esposa no recibirán ninguna cantidad. El dinero le quedaría al IPP, pues el fondo constituido en el contrato que firmó se define como «el patrimonio del INSTITUTO» y el fondo «más sus rendimientos, estarán en todo momento a disposición del INSTITUTO, sujetos a su libre aportación y retiro». Así que Beni Moncada no puede morirse en los próximos diez años, porque lo pierde todo su familia.

«Si el afiliado falleciere después de haber aportado 120 cuotas, sus beneficiarios declarados al Instituto de Previsión Social del Periodista, tendrán derecho a recibir el importe de lo ahorrado en la Cuenta Individual al momento de su defunción», dice el literal «e» del artículo 4 del Contrato Privado para la Administración de un Fondo de Pensiones, firmado por Moncada.

Al preguntar a Moncada por qué no tomó la pensión mensual por jubilación, dijo que » no me iba a servir de mucho, y lo otro que me preocupó mucho, es que mi familia se iba a quedar sin nada, entonces tomé la tercera opción que fue firmar el documento con la AFP». 

Desde hace más de 4 años, los directivos y la gerencia del IPP, han andado en cabildeos con los afiliados para hacer que firmen el citado contrato,  el que únicamente reconoce las aportaciones individuales, no así las patronales y los intereses acumulados, que son birlados al periodista al no acreditarse en la cuenta de aportaciones.

«Yo me pregunto dónde están los fondos de las utilidades, las aportaciones del Estado, las cotizaciones de los empleadores cuál es su destino si no van a servir para pagar una jubilación digna a los periodistas», dijo Moncada, quien denunció que en el contrato con la AFP, los directivos lo hacen renunciar a lo establecido en el sistema de pensiones solidario consignado en el Decreto 190-85, de creación del IPP.

La ley de creación establece que para ofrecer los beneficios de jubilación y pensión por invalidez más los servicios médico-hospitalario y seguro de vida, el sistema se  financiará con las transferencias estatales, las aportaciones patronales y de los afiliados, además de las utilidades.    

Hasta el año 2013 las aportaciones estatales sumaban 53.2 millones de lempiras, las utilidades 124.3 millones, las patronales 56.6 millones y las de los afiliados 26.8 millones de lempiras.

El IPP transfirió al Fondo hasta el año 2015, unos 21 millones de lempiras de las aportaciones individuales de los afiliados.

Los directivos del Colegio de Periodistas, los mismos del IPP, han realizado toda clase de maquinaciones en su empeño por impedir ser supervisados por la Comisión de Bancos y Seguros, y para ello han cabildeado con políticos y legisladores.

Así lograron en el año 2000 que el Congreso Nacional presidido por Rafael Pineda Ponce, les aprobara una interpretación de la Ley de creación del ente, que los eximía de la fiscalización de los órganos contralores del Estado. La reforma, además de inconstitucional, ya es inaplicable ante la vigencia de legislaciones posteriores.

Por ejemplo, La Ley Marco de Protección Social, en su artículo 52 dice que los institutos de Previsión que captan directa o indirectamente fondos públicos deben proceder a registrarse en la  CNBS y que si no lo hacen, no podrán incorporar nuevos afiliados y los que están en el sistema podrán migrar a otros entes que les ofrezcan beneficios mayores, sin imponérseles ningún castigo pecuniario.

Los directivos del IPP en su afán por esquivar la supervisión y auditoría de sus operaciones financieras y administrativas por parte de la CNBS, omitieron desde el año 2014 el requerimiento de las transferencias estatales, lo que representó hasta el 2016 una pérdida para los afiliados de 2.8 millones de lempiras, cantidad que se incrementará a 3.7 millones de lempiras, si no son requeridos los fondos asignados para 2017.  

   

 

Veterano periodista pide a instituto de previsión le aumente pensión de mendicidad

 

Por: Redacción CRITERIO

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Tegucigalpa.- El veterano comunicador Domingo Flores Carías, casi rompió en llanto cuando pidió a los directivos del Instituto de Previsión Social del Periodista (IPP) que le aumenten su pobre pensión para poder vivir con dignidad.

 «Hace un tiempo acá les he pedido preocuparse por nosotros los jubilados. Dennos una oportunidad de tener una vida digna, que era el deseo de nosotros los fundadores del Instituto de Previsión Social del Periodista», dijo el periodista de más de 70 años de edad.

Domingo Flores (al centro), cuando fungió como presidente de la Asociación de Prensa Hondureña

El periodista, más conocido como «Mingo», hizo su dramático llamado el sábado durante la asamblea del CPH, en la que se eligió a una nueva junta directiva, cuyo presidente, Dagoberto Rodríguez, asumirá también el máximo cargo del IPP, y se incorporará, además, el fiscal Osman Reyes.

También seguirá como directivo del IPP el ex presidente del CPH, Eduin Natividad Romero, quien aseguró su continuidad en la Junta del ente de previsión social al  elegirse como presidente del Tribunal de Honor del CPH.

Las pobres pensiones que otorga el IPP contrastan con el incumplimiento, desde 2014 por parte de los directivos del Instituto, de su obligación de requerir las transferencias estatales establecidas en su ley de creación.

La ilegal omisión por parte de los directivos del IPP, ha hecho perder a los afiliados desde 2014 y hasta 2016, la cantidad de 2.8 millones de lempiras, más las utilidades que hubiesen generado por concepto de utilidades.

Este desistimiento ocurrió cuando en Honduras se debatía la llamada Ley de Protección Social, que se aprobó en el Congreso Nacional en el año 2015, y que estableció que los institutos de previsión que captan directa o indirectamente fondos públicos, se deben registrar en la Comisión Nacional de Bancos y Seguros (CNBS).

El IPP es el único instituto de previsión que capta fondos estatales que nunca ha sido auditado por la CNBS.

 «Yo he dicho a mucha gente que trabajemos en mejorar la jubilación de todos nosotros los pensionados»,  dijo Domingo Flores, y citó el caso del fallecido periodista  Donald Romero, que aseguró recibía una jubilación de 700 lempiras.

Mingo, quien no reveló el monto de su pensión, pidió a los asambleístas y a los dirigentes: «por favor compañeros  y a todos yo les pido que me apoyen en esta  solicitud que hace un jubilado».

El periodista, quien en su dilatada carrera  trabajó en el Diario El Día, ya desaparecido, y la emisora radial HRN, admitió que el monto de sus cotizaciones eran bajas, pero reclamó la revisión anual de las pensiones, como ocurre en otros sistemas de previsión.

En el sistema de previsión de los periodistas, en muchos casos las pensiones oscilan entre 2.000 y 3.500 lempiras, e incluso hay casos de periodistas que han solicitado su pensión más recientemente, que apenas ha alcanzado los 5.000 lempiras, dicen los afectados.

«Se murió mi esposa, a mí no me ayudó el Colegio, yo lo di todo por el Colegio», dijo el periodista casi al borde del llanto.

Los asambleístas escucharon al periodista jubilados y respaldaron con aplausos su petición, mientras que el flamante presidente del CPH y el IPP, Dagoberto Rodríguez, se comprometió a convocar a una asamblea de afiliados del ente de previsión para discutir el tema de los jubilados y la opacidad que impera en sus operaciones.

 

Conozca la historia de un periodista hondureño que le ofrecieron una pensión de mil lempiras

Por: Redacción CRITERIO

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El mísero pago  fue ofrecido por el IPP pese haber cotizado  por más de 20 años.

Tegucigalpa.- Mario Valladares se afilió en 1986 al Instituto de Previsión Social del Periodista (IPP) con la certeza que tendría una jubilación que le permitiría vivir dignamente en su vejez.

Pero a sus 64 años, después de cotizar religiosamente por más de 20 años al instituto de previsión de los periodistas, Valladares no tiene una pensión. Él trabajó la mayoría de su vida profesional de manera independiente, en programas noticiosos de radio y televisión.

Mario, como se le conoce popularmente en el gremio periodístico de la capital, cuando cumplió 60 años acudió al IPP en busca que se le otorgara su jubilación. Su sorpresa es que le salieron con la noticia que su  pensión sería de 1.000 lempiras mensuales.

«Me dijeron que me iban a dar una jubilación, pero lo que me iban a dar eran 1.000 lempiras mensuales. Yo les dije, ustedes creen que yo como zacate, que mi familia come zacate, que no se alimentan, que no comen», recordó Valladares.

«Ellos dijeron que era lo que me correspondía», dijo el periodista, de complexión liviana, piel blanca y un cabello en el que ya brillan las canas características de su edad.

En la mayoría de su última década de afiliación, Valladares cotizó al IPP por salarios de entre 4.524 y 8.453 lempiras mensuales, lo que representó cotizaciones entre 655.98 y 1,325.35, lempiras, muy por encima de las que se hacen a sistemas como el del Instituto de Seguridad Social (IHSS), pero dónde se pagan pensiones más altas que los 1.000 lempiras que le fueron ofrecidos al comunicador.

El afectado pagaba su cotización personal y patronal debido a que ejercía la profesión de manera independiente. Y cotizó al IPP desde el año 1986 al 2007.

La ley del IPP dice que los periodistas afiliados tienen derecho a la jubilación voluntaria cuando hayan cotizado durante 15 años y cumplido 60 años.

Mario, además del desempleo, tiene que lidiar con enfermedades como la diabetes y otras afecciones. El colmo de su infortunio es que no logró la pensión por jubilación del ente de previsión de los periodistas. Y ahora, vive junto a su esposa de lo que les generan las ventas de una  pulpería instalada en la sala de su casa y la renta de dos pequeños apartamentos en un viejo y céntrico barrio de Tegucigalpa.

En mayo del 2016, lo que Mario obtuvo, finalmente, del IPP fueron 108,268.72 lempiras de las aportaciones personales y patronales, pero en peores condiciones que si hubiera tenido ese dinero depositado en un banco, pues no recibió ninguna utilidad o interés de los dividendos que por  más de 20 años el ente de previsión obtuvo de sus aportaciones.                     

TEMOR POR OPACIDAD EN EL IPP

«Yo me retiro a raíz de la inseguridad que hay en ese Instituto, porque ese instituto ha marchado en la oscuridad. Ahí no hay informes para nadie, no hay auditorías, no hay supervisión de la Comisión Nacional de Bancos y Seguros», dijo el periodista a criterio.hn.

Las preocupaciones de Mario Valladares sobre la opacidad con que los directivos del IPP operan los fondos del IPP son fundamentales. 

Pero los directivos y el gerente del IPP, que no entregaron ninguna utilidad a Valladares, le hicieron firmar un contrato de afiliación a un denominado fondo privado de administración con el Fondo de Pensiones Atlántida, que el Instituto ha hecho suscribir a varios afiliados, y en el que se dice que la pensión será únicamente el producto de sus aportaciones personales.

Valladares no se explica por qué el presidente de la junta directiva y la gerencia del IPP,  lo hicieron firmar ese contrato, cuando él está fuera del sistema y lo único que tiene en el ente de previsión, son las utilidades de sus aportaciones que no le fueron devueltas.

El periodista graduado en 1982 en la estatal Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) advirtió que «no sé que pretenden hacer con ese contrato que les firmé, pero es real que está ligado a dinero, a fondos, y si no para qué lo querrían. Lo que me preocupa es que estas personas no son auditadas ni rinden cuentas a nadie».

«Yo les exigía que me dieran mis utilidades y se negaron rotundamente», dijo Valladares. El periodista estimó que las utilidades sumarían unos 150.000 lempiras.

El presidente actual de la directiva del IPP, Eduin Natividad Romero, y la gerencia del ente, firmaron un contrato con la AFP del Banco Atlántida en el que la pensión de los periodistas se limita a la entrega de sus aportaciones personales, reteniendo las de los patronos, las transferencias estatales y las utilidades de las inversiones.

La ley del IPP prevé un sistema de previsión solidario, que desde 1987 y hasta el año 2013 captó 26.8 millones de lempiras en aportaciones de los afiliados, 56.6 millones de lempiras de los patronos, 53.2 de las transferencias estatales y 124.3 millones de lempiras de las utilidades, de manera que la mayor masa de capital, unos 235 millones de lempiras, quedarían en manos de los administradores del ente de previsión, que no son auditados, según el contrato que han hecho firmar a un grupo de comunicadores.

PENSIONES MISERABLES                                     

«Varios periodistas están recibiendo jubilaciones miserables del IPP. Hay colegas enfermos, algunos casi ciegos, con jubilaciones de 2.000 o 3.000 lempiras lo más, y tienen que vivir con eso», relató Valladares.

Los directivos del IPP, que pagan estas pobres pensiones a varios periodistas, se han abstenido, desde el 2014, de requerir transferencias estatales establecidas en la ley de creación del ente, todo para evitar ser sometidos a la  supervisión, control y vigilancia de la CNBS.

Esta omisión de los directivos ha generado al IPP y a sus periodistas afiliados la pérdida de 2.8 millones de lempiras, más las utilidades que tal cantidad hubiera generado al sistema.

La ley de Protección Social dice que los entes de previsión social que captan directa o indirectamente fondos estatales, deben registrarse y someterse a su control para que sus afiliados actuales se mantengan en el ente y que puedan incorporar nuevos miembros.

«A ese Instituto la Comisión Nacional de Bancos y Seguros debe contarle las costillas. Yo les pedí varias veces auditorías y no me les dieron. Ahí no informan nada, no convocan a asambleas para informar sobre la situación del IPP, todo lo hacen los directivos en misas negras», dijo Valladares.

Los directivos del IPP han puesto en evidencia la inviabilidad del sistema al cambiar el beneficio de una pensión vitalicia por invalidez, al pago de un seguro de vida, y no a un pago mensual de por vida como establece la ley de creación del ente. Además, el ente registra una membresía activa en el 2016 de apenas 153 afiliados, lo que hace imposible para cualquier Instituto cumplir con sus obligaciones de mediano y largo plazo.

¿IGNORANCIA ?

El presidente de la junta directiva del IPP, Eduin Natividad Romero, en una audiencia en el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), al responder a pedidos de información en el año 2015  del periodista Gustavo Palencia para que se le entregara las dos últimas auditorías del ente de previsión, respondió, sorprendentemente, que las auditorías solo se practican cada 5 años.

Romero expuso doctamente que en el IPP “se hacen auditorías por año cada 5 años y ahí – en la que se realiza cada quinquenio — van las de los cinco años. O sea por año, pero cada 5 años por el tema de Ley del Código de Comercio, además por costos”.

El IPP sería la única institución pública o privada de Honduras que práctica auditorías sobre el manejo de sus finanzas cada quinquenio y no cada año como ocurre en las instituciones del país y el mundo.

La directiva del IPP se negó a entregar a Palencia información vital sobre las operaciones financieras, por lo que incluso fue sancionada a través de Romero, con una multa de 8.000 lempiras por parte del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP), por desacatar la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

«En 1986, cuando se fundó el IPP, se creó grandes expectativas en el gremio periodístico, pero fue todo un engaño», afirmó desencantado el periodista Valladares, que en unos meses había gastado en el pago de deudas, compra de medicamentos y sus gastos diarios los 108,268.72 lempiras que le entregó la gerencia del IPP en mayo del 2016.