El nacimiento de una Patria

PANDEMONIO

Por:  Moisés Ulloa

Muchos consideran que el nacimiento de nuestra patria arranca desde ese 15 de septiembre de 1821, cuando nos independizamos supuestamente de la Madre España; a partir de ese momento creemos que, así como sucede con un recién nacido, nos dieron un par de nalgadas y con el llanto saltamos a la vida. Tristemente desde ese entonces, lo que más hemos recibido han sido nalgadas, al punto de tener un país que en forma sistemática ha sido abusado y hecho sufrir por propios y extraños. Pero Honduras sigue de pie, quizás raspada, moreteada, dolida, pero existe.

Analizando las noticias principales de los eventos sucedidos durante la celebración de nuestra supuesta independencia, nos encontramos ante un escenario sombrío y triste, lleno de complejidad y conflicto. Y si bien es cierto, lo que resta de este año aparenta un horizonte lleno de nubes grises consecuencia de la lucha política que hemos heredado por el abuso del poder y la reelección ilegal del 2017, debemos tener fe que vienen cambios verdaderos y positivos para Honduras.

El momento ha llegado en que cada día nos vayamos alejando de un sentido partidario que lo único que hace es dividir. Los hondureños debemos encontrar ese bien común y ese debe ser la brújula que determine nuestro norte. Debemos de ser, opinar, disentir y valorar basados en la conducta moral del individuo y en la virtud que este representa. Debemos alejarnos del discurso barato, del espejismo político producto de encantadores de serpientes y por sobretodo, alejarnos de aquellos que ya nos gobernaron y cuyos resultados nos tienen precisamente en el lugar oscuro en donde hoy nos encontramos.

No podemos cegarnos a la verdad que nuestro pueblo sigue hambriento, el atender y corregir esta triste realidad debe ser nuestra prioridad. Y digo nuestra ya que mi incluyo, porque las soluciones a los problemas que enfrentamos requiere del concurso de todos los buenos hondureños. El hambre de Honduras es de equidad en la oportunidad y sed de justicia; por lo tanto, a partir de este momento debemos luchar incansablemente por alcanzar esa igualdad. Esta lucha será el único sendero capaz de reivindicar a nuestra devaluada clase política, esta lucha será la única que nos permitirá alcanzar la paz y sanar nuestras heridas; esto último, no por lo que algunos pretenden continuar haciendo, sino por lo que muchos estamos permitiendo que aún se haga.

Debemos de reconocer que hemos llegado hasta este punto por la culpa de todos. Nos hemos acomodado cada uno de nosotros a nuestra inmediata realidad y hemos ignorado los principios más sagrados que se enmarcan en la solidaridad. Nuestros políticos, los gremios y la clase empresarial, se han enfrascado en continuar prevaleciendo sus mezquinos intereses. El pueblo es únicamente un medio para utilizarlo de justificación para alcanzar un beneficio personal; en ese sentido, han jugado con nuestro pueblo, mintiéndole a lo más sufridos, desamparados y necesitados de nuestra sociedad con promesas que desde un inicio saben que jamás cumplirán.

Si algo nos ha revelado nuestra llamada democracia, es la soberbia política que existe en nuestro país. Las ideologías de izquierda y derecha han dado paso al compañerismo delincuencial de arroparse todos con la misma cobija que tiene dos nombres: impunidad en la corrupción y reelección. Ninguna de las partes es capaz de ceder tan solo un poco. Nuestra clase política padece de una amnesia selectiva, ocasionada por la carrera para alcanzar el poder total. La promesa de cambio para algunos, es verdaderamente nada más que un simple reemplazo, son pocos los que proponen la sacudida impostergable al sistema corrupto y corroído que nos ha gobernado.

El nacimiento de una patria ocurre cuando nuestra bandera va más allá de ese color de beneficio individual.  Las verdaderas transformaciones no se compran con dinero sucio, no se logran con llenar estadios repartiendo pan y plata, ni se entretienen con saltos en paracaídas, bandas de guerra y bellas palillonas; mucho menos se logra manchando paredes, imperando la mentira como norma o alzando el caos como el camino correcto. Las grandes transformaciones, las que perduran, se basan en principios y el principio mayor debe ser defender la libertad y establecer el imperio de la justicia como norma. Tenemos que actuar por establecer que dicho anhelo sea sustancial; no puede haber libertad ni justicia, sin la verdad, sin la equidad.

El nacimiento de una patria ocurre, cuando el tiempo llega y nos quitamos la venda. No debemos confundir la nobleza de nuestra gente con indiferencia o estupidez, eso sería un craso error. Todos merecemos atención, pero mucho más aquellos que tienen menos, a los que por tanto tiempo han sido sencillamente apartados, relegados al rincón del olvido, pretendiendo que quizás así, desaparecerán.

Los eventos que estamos presenciando deben ser un campanazo que las cosas cambiarán en nuestro país, ya sea por las buenas o por el rumbo violento obligado del hartazgo. Debemos entender que el recién nacido ahora ha crecido en un ambiente desatendido y que este se ha cansado de las peticiones justas sin respuesta. Debemos comprender que de continuar con la forma tradicional en el actuar político y en el mezquino egocentrismo de la clase dominante del poder, lo único que estamos alcanzando en llevar a números bajos, la cuenta regresiva hacia una revolución que será por hambre y cuando eso ocurra no habrá nadie que la pueda detener. De esto todo lo contrario, una revolución que surja por la necesidad imperativa de un pueblo por alcanzar la equidad, por defender lo que es correcto, por volver al sendero de no aceptar más corrupción, más abuso; no es únicamente justa, sino que digna de acompañar.

Las opciones y las alternativas de paz se están quedando peligrosamente limitadas, el reloj de arena de la paciencia colectiva ya está en sus últimos segundos. Si no somos capaces de entenderlo, de reaccionar, de modificar el actuar tradicional y brindar lo justo a los demás, por lo menos hagámoslo por el mezquino interés de preservar lo poco o mucho que cada quien aún posea.

El hecho que la mal llamada independencia de 1821 haya sucedido en un ambiente de tranquilidad absoluta, no debe ser el referente para creer equivocadamente que este pueblo noble no sea capaz de levantarse. No podemos continuar jugando con el fuego de la tensa calma que vivimos, no podemos continuar con el abuso bajo la excusa de ver hasta cuanto se aguanta. De seguir en este camino de la terquedad, la sangre que no se ha derramado en estos últimos casi dos siglos, será el color con que teñiremos el presente inmediato del país. Aún estamos a tiempo para evitar que esa sea la ruta.

Karl Marx y la ética

A 200 años del nacimiento de Carlos Marx.

Por: Gustavo Zelaya

Es sabido que Marx no teorizó sobre filosofía moral ni desarrolló categorías éticas; por ello alguien puede reclamar si es correcto darle lugar en la historia de la ética como lo ha hecho, por ejemplo, Adolfo Sánchez Vázquez en su libro “Ética”. Sin embargo, junto con Nietzsche y Freud, se le considera importante crítico de la moral y liberador de prejuicios que esclavizan la humanidad; discutió problemas morales tomando en cuenta el lenguaje, la historia, las relaciones sociales, la economía, la política y los momentos que determinan la existencia de la moral. Se espera que esas sean condiciones que posibilitan y dan sentido a la reflexión ética.

Algunas afirmaciones de Marx esbozan temas de la ética; por ejemplo: 1) expone y cuestiona morales anteriores, señala bases teóricas y prácticas de una nueva moral; 2) crítica la moral, la religión y la filosofía como formas ideológicas que ocultan intereses de las clases dominantes; 3) realiza una crítica radical del capitalismo por explotador, alienante e injusto con la mayoría y con los más débiles.

Reacciona frente a la moral burguesa por encubridora de la explotación; plantea: “La religión y la moral honran sólo aquella producción repulsiva y peligrosa, bautizándola con el nombre de trabajo, y, encima, se atreven a poner en circulación toda suerte de máximas de bendición (o de brujería) acerca de ello, tales como las de ‘trabajar con el sudor de su frente’, como prueba de Dios, o ‘el trabajo endulza la vida’, como estímulo, etc. La moral del mundo en que vivimos se guarda prudentemente de llamar trabajo a los lados divertidos y libres de las actividades de los hombres, a pesar de que también eso es producir. Lo condena con los nombres de vanidad, vanos placeres o voluptuosidad. El comunismo desenmascara estas hipócritas prédicas, esta mísera moral” (1977-248).   Se indigna frente a los fenómenos de la miseria, el embrutecimiento y la falta de libertad de los trabajadores en el período de la primera revolución industrial en Europa. Pero no plantea predicas morales, ideas de justicia distributiva o de derechos de la humanidad ya que eran prejuicios y exageraciones ideológicas. Dice, además, que “La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra ideología y las formas de conciencia que a ella corresponden…no tienen su propia historia ni su propio desarrollo, sino que los hombres que desarrollan su producción material y su intercambio material cambian también, al cambiar esta realidad, su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia” (1977-26).

Contra la moralidad vigente propone algo parecido a una ética de la autorrealización en donde la vida buena y la felicidad son un intento de rescatar a la persona concreta y real. La actividad individual no solamente es pensamiento y espiritualidad, es actividad material tendiente a la satisfacción de sus necesidades, al dominio de la naturaleza, a la producción y  reproducción de la vida. Se trata de un sujeto y una producción universal en determinadas relaciones con otros, actividad en un sistema de relaciones de sociales. La persona es comprendida como unidad indisoluble, ser sensible y espiritual, objetivo y subjetivo, que ante todo es productor, creador, que transforma su naturaleza exterior y la recrea a la medida de su naturaleza humana.

Siendo la persona humana el sujeto de la totalidad lo primordial es entender que su unión con el mundo es también mediación inevitable para construir su libertad; que al vincularse con la naturaleza forja herramientas emancipadoras y edifica una realidad en donde la persona se humaniza; tal realidad es la que hombres y mujeres levantan continuamente y restauran su propia vida a lo largo de procesos históricos. El ser que se desenvuelve dentro de relaciones sociales logrará su felicidad en conjunto con otras personas cuando transforman la sociedad explotadora en un sistema social que dignifica la existencia humana.  Esta propuesta ética es la base de la teoría de la alienación y en el que aparece el principio superior de justicia defendido por Marx: “A cada cual según sus necesidades”. En la Crítica al Programa de Gotha lo dijo así: “cuando haya desaparecido la subordinación esclavizadora de los individuos a la división del trabajo, y con ella, el contraste entre el trabajo intelectual y el trabajo manual; cuando el trabajo no sea solamente un medio de vida, sino la primera necesidad vital; cuando, con el desarrollo de los individuos en todos sus aspectos, crezcan también las fuerzas productivas y corran a chorro lleno los manantiales de la riqueza colectiva, sólo entonces podrá rebasarse totalmente el estrecho horizonte del derecho burgués y la sociedad podrá escribir en sus banderas: ¡De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades!” (cap. III).

LA CRÍTICA DE LA ALIENACION.

Su cuestionamiento al capitalismo se dirige a tres fenómenos negativos: la ineficiencia, el carácter explotador y alienante. Aunque la historia lo muestre como régimen social superior a los anteriores su negatividad se expresa en que es un sistema económico despilfarrador e irracional en la producción, distribución y consumo de los recursos materiales y humanos, de toda la riqueza social; en segundo lugar, explota injustamente a los trabajadores mediante el mecanismo oculto de la apropiación de la plusvalía, violentando el principio de justicia de a cada cual según su trabajo; por último, aliena a los trabajadores imponiéndoles una vida falsa, embrutecida y de esclavitud.

Puede creerse que es insuficiencia en Marx no ocuparse de temas clásicos como el ser y sus predicados, la sustancia, la vida, el espíritu y la materia; tampoco de los modos en que el individuo manifiesta su voluntad, su deseo y las formas del lenguaje. Ni del género y su diversidad. Es que en Marx el auténtico problema filosófico es el problema de la autoproducción racional del hombre, de sus condiciones de existencia y la irracionalidad que gobierna al mundo. O de otro modo: “es el problema de las relaciones entre el pensamiento y el ser” (1986-546). Por eso sostuvo en sus tesis sobre Feuerbach que “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo” (1888). En su crítica a teorías que separaban las ideas de las condiciones materiales propuso que era absurdo creer “ que se puede satisfacer una pasión separada de todas las demás…si esta pasión asume un carácter abstracto, disociado, si se enfrenta a mí como una potencia extraña, si, por tanto, la satisfacción del  individuo se manifiesta como la satisfacción lateral de una sola pasión, ello no dependerá en modo alguno de la conciencia o la ‘buena voluntad’, y menos que nada de la falta de reflexión acerca del concepto de la cualidad…No dependerá de la conciencia, sino del ser; no del pensamiento, sino de la realidad; dependerá del desarrollo empírico y de las manifestaciones de vida del individuo, determinadas, a su vez, por las condiciones del mundo” (1977-304).

Nota relacionada 200 años del nacimiento de Carlos Marx

Marx inaugura la crítica a la modernidad ilustrada, a Kant y Hegel, que afirmaban que a través de la razón del filósofo legislaba la Razón Universal y que la razón humana estaba establecida en la sociedad. Los hechos decían algo diferente. Aunque se colocara en las propuestas idealistas de recuperar la razón como ordenadora de la realidad, se daba cuenta que en ocasiones la actividad individual y social no se mostraba tan racional, eso podía verse en la situación de la humanidad similar a una nave de locos sin control y a la deriva. Esto expresa el núcleo del pensamiento de Marx:  cómo poner nuestra existencia bajo el control de la razón, cómo poner el azar y las circunstancias bajo nuestra voluntad. Y este es el problema de la libertad que, al igual que los ilustrados y los idealistas alemanes, creyó que la finalidad de la historia radicaba en la realización de la libertad.

Cuestiona ese idealismo y a la filosofía por sus temas políticos y morales totalmente especulativos. La superación de esa filosofía exigía la realización práctica de los contenidos que el idealismo mantenía solamente como enunciados teóricos, como en la ética de Kant y la filosofía del derecho de Hegel. Realizar en la práctica esos elementos idealistas significaba para Marx lograr la emancipación de la humanidad. Por consiguiente, si en sus reflexiones no habla directamente de la moral, por lo menos es una teoría de la vida buena para personas concretas en relación con otras.

LA ALIENACIÓN.

Gran parte de las religiones diferencian entre la vida empírica y la que se podría tener si la realidad fuera superior. Afirman que hay una vida auténtica distinta a la que efectivamente llevamos; se logra en una esfera trascendental y más allá de la muerte.

Esto aparece de algún modo en la tradición filosófica cuando pregunta sobre cuál es la mejor vida para la humanidad. Marx retoma esto por medio del concepto de alineación. Lo fundamental lo planteó en los “Manuscritos económico-filosóficos de 1844”. Afirmó que la producción capitalista “no sólo produce al hombre como una mercancía… sino que lo deshumaniza tanto psíquica como corporalmente”, como consecuencia inevitable del sistema. Decía: “La enajenación del trabajador en su objeto se expresa, con arreglo a las leyes de la economía política, de tal modo que cuanto más produce menos tiene que consumir, cuanto más valores crea más carente de valor, más indigno es él, cuanto mejor formado el producto más deforme el trabajador, cuanto más civilizado el objeto más bárbaro el que lo produce… cuanto más ingenioso el trabajo, más estúpido y más siervo de la naturaleza el trabajador”(1982- 597); así: “El obrero tiene que luchar no sólo por sus medios de vida físicos, sino también por conseguir trabajo, es decir, por la posibilidad de obtener los medios necesarios para poder desarrollar sus actividades” (1982-561).

 En el afán de vivir dignamente se generan diferentes formas de alienación. En palabras suyas: “En primer lugar, en que el trabajo es algo exterior al trabajador… no forma parte de su esencia… no se afirma en su trabajo, sino que se niega en él, no se siente feliz, sino desgraciado, no desarrolla al trabajar sus libres energías físicas y espirituales, sino que, por el contrario, mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. El trabajador, por tanto, sólo se siente él mismo fuera del trabajo, y éste se encuentra fuera de sí…su trabajo no es voluntario, libre, sino obligado, trabajo forzoso. No constituye, por tanto, la satisfacción de una necesidad, sino simplemente un medio para satisfacer necesidades exteriores a él” (1982-598).

Resumiendo: los trabajadores llevan una existencia inhumana e injusta, estan alienados  respecto al objeto de trabajo que pertenece al capitalista y se le presenta como cosa extraña y poder independiente que no comprende; está alienado respecto a su actividad productiva, que no controla y padece como   verdadero tormento; está alienado de la vida de la especie, porque el trabajo que lo distingue respecto a los animales sólo es medio de existencia individual y, es alineación respecto a los demás, porque al afirmar la falsa existencia individual se afirma igualmente la falsa existencia de la colectividad.

 La propuesta sobre la alineación se extendió a la denuncia de la falta de autoconciencia del trabajo, de la falta de libertad y autorrealización del individuo;  situación que se desarrolla en el capitalismo, al grado que hay una pérdida de control de los productos del trabajo material e intelectual; no hay posibilidad de establecer un trabajo creativo libremente adoptado; la actividad vital está reducida a la simple necesidad de poseer objetos materiales; se generan relaciones de explotación que desembocan en desconfianzas y conflictos en vez de forjar relaciones solidarias y fraternas. Se trata, por consiguiente, de liquidar la alienación y crear condiciones para la emancipación del género humano.

En otras palabras, no es la abstracta felicidad general sino la autorrealización del individuo; tampoco es simple finalidad, es producto de la autorrealización y resultado de otras actividades que la posibilitan. Es proceso social. Hay que destacar lo siguiente: no identificó al bien supremo con las preferencias individuales, más bien creyó que las preferencias, los deseos y las necesidades de los individuos son falsas, se dirigen más que todo al consumo y a la acumulación de dinero, estando por ello, alienados; no consideró que el bien puede calcularse y sumarse, mucho menos las actividades que conducen a la autorrealización; es mucho más que una operación aritmética ya que  intervienen contenidos estructurales de carácter material y espiritual, tanto al nivel de la producción económica, artística y religiosa  como en la esfera del derecho y la política.

La moral, entonces, es expresión de relaciones muy complejas y revela intereses de clase y la forma en que interpretan las nociones del bien y del mal, del deber y la felicidad; es manifestación de la conciencia social que depende de las relaciones económico-sociales de una época determinada. Siendo así, los códigos morales están condicionados históricamente de modo que no hay una moral eterna y válida para todas las épocas. Decía: “Los hombres que producen las relaciones sociales con arreglo a su producción material, crean también las ideas, las categorías; es decir, las expresiones ideales abstractas de esas mismas relaciones sociales. Por tanto, estas categorías son tan poco eternas como las relaciones a que sirven de expresión. Son productos históricos y transitorios” (1971-18). La moral, pues, tiene carácter de clase y en cada fase histórica la clase dominante pone su sello en esos códigos, de manera que las reglas y las normas morales no son más que formas de sancionar las condiciones de existencia según las conveniencias de la clase dominante.

Bibliografía:

Engels, F. y C. Marx (1986): Obras Filosóficas, Colección Obras Fundamentales, 18; traducción de Wenceslao Roces, F.C.E., México.

Marx, C. (1875): Crítica al Programa de Gotha; versión digital en www.marxists.org/español

Marx, Carlos y Engels, Federico (1971): Epistolario; México, Editorial Grijalbo, S.A.

Marx, Carlos y Engels, Federico (1977): La Ideología Alemana; traducción de Wenceslao Roces, México, Ediciones de Cultura Popular, S.A.

Marx, Carlos y Engels, Federico (1982): Marx. Escritos de Juventud; traducción de Wenceslao Roces, F. C. E., México.

Marx, C. (1888): Tesis sobre Feuerbach; versión digital en www.marxists.org/español

Sánchez Vásquez, Adolfo (1969): “Ética”; México, Editorial Grijalbo, S.A.

5 de mayo de 2018.

200 años del nacimiento de Carlos Marx

Por: Gustavo Zelaya

Desde el 5 de mayo de 1818 han pasado varios siglos de vigencia del capitalismo analizado y criticado por Marx. Aspectos de ese cuestionamiento parecen superados por los nuevos actores sociales y mayores avances científicos y técnicos. Pero son incuestionables los aportes a los movimientos sociales y la ciencia gracias a sus investigaciones sobre el desarrollo del capitalismo, en especial con los borradores o Grundrisse de 1857-1858 y los tres tomos de El Capital.

Indaga el sistema económico desde sus elementos más simples, como la mercancía, el trabajo asalariado, la formación de las clases sociales, el comercio y el mercado mundial hasta lograr una visión general del sistema: esto es importante en  el método de Marx ya que analiza el movimiento del modo capitalista de producción en su “transición histórica…Asimismo, es histórica a la par que dialéctica la transición de la propiedad territorial al trabajo asalariado, ya que el producto de la propiedad inmobiliaria moderna es la institución general del trabajo asalariado, que luego aparece como la base de todo el sistema” (1971-662). Describe el proceso de individuos y de la sociedad no como producto de creencias ni de representaciones teóricas “sino tal y como realmente son; es decir, tal y como actúan y como producen materialmente y, por tanto, tal y como desarrollan sus actividades bajo determinados límites, premisas y condiciones” (2004-33).

La crítica de Marx a la economía sirvió para cuestionar teorías que ponían al capitalismo “como necesario por naturaleza, lógico y evidente” (1971- 45); por ello la calificó como burguesa ya que definía al sistema como fase de desarrollo absoluto y definitivo, y no como etapa transitoria del desarrollo social cuando más bien se trataba de indagar al individuo, la sociedad y sus relaciones con la naturaleza a partir de circunstancias históricas y no como momentos generados desde un ser trascendente.

La ruptura con la economía clásica se nota en el prólogo de 1859 de “La Contribución a la crítica de la economía capitalista”, al decir: “en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social lo que determina su conciencia” (1955-373).

En esa cita que no sólo es de la economía política, expone el método con que debe operar la ciencia, las categorías que pueden aparecer cuando se estudia la estructura esencial de la realidad y la necesidad de nuevas formas de interpretación. Es decir, las líneas de investigación tendrán que derivarse del fenómeno investigado y en su desarrollo surgen respuestas a los problemas que se quiera aclarar, por tanto, hay que dejar por fuera cualquier fórmula o pauta a priori a que se quiera sujetar la investigación.

La teoría de Marx germinaba al ritmo de las luchas políticas y por momentos parece no acabada. De modo que podría verse como un conjunto al que falta agregarle los desarrollos actuales. Por ello es importante considerar que a Marx no le interesaba tanto descubrir el grado más completo de desarrollo de los conflictos sociales y de donde surgen las leyes del capitalismo; en especial trataba de revelar la ley económica del movimiento de la sociedad moderna. Es decir, no solo la producción, circulación y estructura del sistema. Particularmente, investiga el grado de desarrollo de los conflictos sociales que surgen de las mismas leyes de la producción y las tendencias de ese desarrollo. Por tanto, no sólo es un teórico de la economía política. Su crítica se efectuó desde una concepción general de la realidad para penetrar en la economía específica del capitalismo. Eso le permitió sostener que las contradicciones sociales brotan de las relaciones materiales y que no hay ningún misterio en el movimiento de las condiciones humanas. Mientras alguien siga considerando la realidad como inmutable y sin conflictos, ella misma le mostrará que las relaciones reales no son resultado de la conciencia y no pueden ser vistas solamente como categorías de un objeto de estudio.

Poner en claro qué significan esas leyes y cuáles son sus consecuencias, fue parte del esfuerzo de Marx para descubrir la relación entre el capital y el trabajo, cuestión que analizó bajo el nombre de “acumulación originaria” desde el siglo XIII hasta la revolución industrial de la época moderna. Es la capacidad de separar hechos, tendencias, fenómenos y descubrir las leyes que forman parte del contenido de la producción capitalista. Trataba de determinar qué es lo concreto y cómo se manifiesta su movimiento. Por ello la obra de Marx no está concluida, es parte del proceso general del sistema vigente y de sus desarrollos. Es decir, El Capital es el lugar de partida de unos aportes teóricos que van más allá de la actividad de una persona. Sus esfuerzos no sólo son para mostrar la historia de un sistema económico. Trata de revelar sus leyes y descubrir el carácter explotador de la acumulación capitalista que permite que existan explotadores y explotados, propietarios de medios de producción y personas formalmente libres para ofrecerse a cambio de un salario. Y llegar al fundamento del capitalismo, a la plusvalía.

Las formas actuales del capitalismo han dado lugar a nuevas expresiones de desarrollo técnico, cultural y social. El sistema se regenera y fortalece a pesar de las crisis que lo envuelven. En su inicio implantó sistemas fabriles que dieron lugar a la formación de sindicatos y partidos políticos que pretendieron ser clasistas. Así, la producción en cadena y el trabajo humano fueron replicados en movimientos sindicales y políticos organizados de forma similar a la fábrica. La expansión del sistema y la búsqueda de mano de obra menos calificada y más barata pueden verse en la descentralización industrial, en la actividad financiera fuera de los viejos centros imperiales y en la forma maquiladora de la producción. La cadena de producción se ve a nivel mundial y no concentrada en un solo espacio físico. Del mismo modo, las exigencias sociales y la presión popular obligan al sistema a inventarse códigos laborales y novedades como la tercerización del trabajo y la inversión mixta. Al parecer, la respuesta política del llamado movimiento social y popular ha consistido en moverse al ritmo que impone el capitalismo. Y así desarrollan organizaciones políticas altamente burocratizadas que parecen de izquierda, que hacen de la oficina, el centro de estudio, el territorio y la fábrica lugares de respuesta y resistencia al capitalismo. Aquí se enfrenta al gobernante, al gerente, al dueño bajo las reglas del sistema capitalista, y en algunos casos, hasta contentarse con obtener reformas que no alteran la estructura económica.

Aunque el sistema de fábricas y talleres industriales no haya desaparecido y sea fuerte en sociedades con gran población como la India, China, y en pequeña escala en nuestra Honduras, se desarrollan otras formas de relaciones y de trabajo como los call center, los servicios de comidas rápidas, grandes centros comerciales,  supermercados,  la prestación de servicios tecnológicos y  envíos de mercancías, exigencias de respeto y dignidad a partir del género y la diversidad sexual, luchas ambientales y defensa de los territorios; formas de producción distintas a la producción metalúrgica de la revolución industrial del siglo XIX como la agroindustria con sus productos transgénicos, la masiva economía informal, personas en empleos que no caben en viejas categorías como proletariado industrial al estilo del lenguaje socialista del siglo XX, que igualmente explotados y produciendo plusvalía para los capitalistas. Hay otros grupos de población con gran movilidad en trabajos temporales. Frente a esas formas de existencia del trabajo habrá que responder con otras formas de organización social y política. Pueden ser nuevas tendencias del desarrollo capitalista poco comprendidas y hasta menospreciadas que no responden a viejos esquemas políticos. De eso cotidiano, territorial, de lo inmediato que nos aturde y nos violenta podrían surgir los elementos fundantes del movimiento social que saque al país de entreguismo y la corrupción.

Por eso no es caprichoso sostener que el viejo Marx sigue vigente. Y son las mujeres y los hombres, sobre todo la juventud comprometida con las aspiraciones de justicia y dignidad de los que sufren hambre, miseria y dolor, potenciar el legado de Marx, seguir desnudando el carácter deshumanizador del sistema capitalista en general y, en la circunstancia hondureña, denunciar, organizarse y luchar contra la corrupción, la impunidad, contra la violenta respuesta gubernamental frente a las exigencias de justicia, esa demencial represión  y encontrar en sus entrañas las posibilidades de superarlo hasta ir construyendo condiciones de vida digna, fraterna, respetuosa y justa.

Bibliografía:

Marx, C. (1971): El Capital; F.C.E. México.

Marx, C. (2004): La ideología alemana; Nuestra América, Buenos Aires.

Marx, C. (1955): Obras Escogidas en dos tomos; Editorial Progreso, Moscú.