La MACCIH y las maras

Por: Edmundo Orellana

Almagro, el irresponsable Srio. Gral. de la OEA, decidió cambiar el convenio constitutivo de la MACCIH, cuando, en respuesta al gobierno usurpador, incluye dentro de sus competencias el tema de las Maras.

Accedió a lo que el gobierno propuso. Lo importante es no seguir por el camino que la MACCIH había comenzado a transitar, porque de seguirlo podía llegar hasta niveles muy altos del poder político.

Jiménez Mayor ante semejante desaguisado responde: ¿Qué tiene que ver la MACCIH con las maras en Honduras? Nada, evidentemente. Se trata, sí, de reconducir las acciones de ésta hacia la nada, para evitar que siga amenazando a las élites corruptas.

Partir de la tesis de que las Maras influyeron en las elecciones porque el gobierno así lo sostiene, sin que éste hecho se haya destacado en el informe de la misión de observación de la OEA, desvela el grotesco plan conspirativo en contra de la MACCIH, urdido por el gobierno y Almagro.

La lucha contra la corrupción cuando los corruptos detentan el Poder, nunca ha sido una bandera que reditué a los políticos, por los anticuerpos que genera. Y esto lo sabe Almagro. Por eso, el proyecto de la MACCIH es peligroso para los políticos corruptos, que son muchos y están en todas partes, particularmente en Latinoamérica.

Si la CICIG ha soportado tantos ataques, se debe a que es un proyecto de la ONU, cuya dimensión es mundial, no continental. Por eso, no avanzan los intentos de destruirla del payaso que gobierna Guatemala. La MACCIH, en cambio, es muy vulnerable; a ningún gobierno latinoamericano con las características del nuestro, conviene, en efecto, que sea exitosa.

La MACCIH nació, pues, signada por la fatalidad. No debía tener éxito. Por eso, mientras no era visible su lucha contra la corrupción, tenía el apoyo de la sede. Cuando comenzó a enseñar la garra, se apresuraron, desde la sede, a cortársela.

El pretexto de las Maras entra forzado. No les importa, siempre que logren su objetivo, convertir la MACCIH en un refugio burocrático de expertos uruguayos sin empleo, pero eso sí, amigos de Almagro, comprometidos a combatir la corrupción con estudios profundamente analíticos, destinados a los anaqueles de alguna oficina perdida de nuestra burocracia.

El problema que tiene Almagro y el gobierno es que el personal que logró reunir Jiménez Mayor es muy profesional y comprometido con la causa de la lucha contra la corrupción. Lograr que la conspiración tenga éxito supone desmontar el equipo técnico que, aún sin Jiménez Mayor, amenaza con sus investigaciones a los corruptos.

Cuando una institución se construye sólidamente, resulta difícil destruirla. Por eso, Jiménez Mayor, como despedida, advierte que la MACCIH queda en buenas manos y pronto otros casos importantes saldrán a la luz. Ante esta amenaza, los corruptos, seguramente, se están movilizando para impedir que esas investigaciones se conviertan en requerimientos judiciales.

Por eso resulta sospechosa esa misión de la OEA que está por venir a tratar el futuro de la MACCIH, entre los que vienen algunos de los paracaidistas denunciados por Jiménez Mayor, que, pagados con el presupuesto de la MACCIH, se encuentran en la sede con funciones desconocidas. ¿Será que viene a desactivar las investigaciones a las que se refirió Jiménez Mayor? ¿Vendrá en auxilio de los corruptos investigados por la MACCIH? Supongo que el distinguido lector piensa igual que yo.

Que es una conspiración del gobierno y Almagro resulta también del hecho de que éste, hasta hace pocos días, insinuaba que el gobierno hizo fraude en las elecciones y proponía la repetición de éstas; sin embargo, ahora su interés es investigar la participación de las Maras en las elecciones.

Razón, y mucha, tiene Jiménez Mayor. Se trata de un distractor en la lucha contra la corrupción, introducido por el gobierno y aceptado por el Srio. Gral. de la OEA, cuya talla, ha quedado claramente demostrado, no es muy diferente a la de los matreros políticos locales.

¡Buen provecho, Señores Corruptos!