General John Kelly, viejo amigo de Honduras pese a denuncias de abusos

Tomado de el NuevoHerald

El general de la de la infantería de marina John Kelly llegó al Congreso en marzo del 2015 con buenas noticias sobre Honduras, un país donde las buenas noticias no son frecuentes.

Como líder del Comando Sur, había desempeñado un papel importante en los esfuerzos de Estados Unidos por frenar el flujo de drogas procedentes de Honduras y de otras naciones al sur de la frontera, una misión que reforzó sus atributos diplomáticos y lo ayudó a conseguir un trabajo más grande todavía: el de jefe del despacho presidencial de Donald Trump.

Kelly le dijo al Congreso en el 2015 que el gobierno hondureño trabajaba duro, junto con Estados Unidos, para combatir el tráfico de drogas y resguardar a sus ciudadanos de la violencia.

“Organizaciones de derechos humanos me han dicho que Honduras registra progresos reales”, manifestó.

Kelly no dijo qué organizaciones le habían dicho eso. De hecho, importantes agrupaciones que seguían el estado de los derechos humanos en Honduras estaban diciendo todo lo contrario.

Semanas antes de que Kelly prestase su testimonio, la organización internacional Human Rights Watch informó que Honduras seguía sufriendo de “una delincuencia desenfrenada y de impunidad en relación con los abusos de los derechos humanos”, y que los esfuerzos por reformar la policía y las fuerzas armadas de esa nación habían “registrado pocos progresos”.

La positiva evaluación de Kelly ante los legisladores reflejó su típica postura hacia Honduras y sus líderes durante los más de tres años en que encabezó el Comando Sur, con base en el sur de la Florida. Elogió a las autoridades políticas y de seguridad de Honduras por haber dado importantes pasos en la lucha contra la corrupción y por proteger los derechos humanos, a pesar de que los titulares de los diarios y los informes del gobierno estadounidense seguían relacionando a las fuerzas de seguridad de ese país con asesinatos y corrupción.

Juan Hernández y John Kelly en una visita de este último a Tegucigalpa en el 2015

Hoy, los abusos de los derechos humanos y la corrupción gubernamental siguen siendo grandes preocupaciones en Honduras, a pesar de los millones de dólares que dio Estados Unidos en ayuda y de que Kelly y otros funcionarios estadounidenses aseguraran que estaban ayudando a limpiar las fuerzas de seguridad. Si bien las estadísticas del gobierno estadounidense indican que el gobierno hondureño logró reducir en cierta medida el tráfico de cocaína y la violencia durante la gestión de Kelly, el país sigue siendo un punto de tránsito para la cocaína dirigida a los Estados Unidos y su tasa de homicidios lo ubica como uno de los países más peligrosos del mundo.

Estos asuntos cobran nuevamente prominencia esta semana, en que el presidente Trump ha vuelto a denunciar la inmigración proveniente de Honduras y otros países centroamericanos cuyos habitantes buscan escapar a las pandillas, la corrupción policial y otros flagelos. Trump está decidido a construir un muro a lo largo de la frontera con México para impedir el ingreso ilegal de inmigrantes.

La semana pasada planteó que efectivos de la Guardia Nacional debían colaborar en la vigilancia de la frontera y amenazó con cortar la ayuda a Honduras en momentos en que una caravana de migrantes cruzaba México.

“La gran caravana de gente de Honduras, que ahora está cruzando México y se dirige hacia nuestra frontera de ‘leyes débiles’, debería ser frenada antes de llegar allí”, dijo Trump en un tuit, agregando que está en juego el comercio con México, “lo mismo que la ayuda extranjera a Honduras”.

De último momento Trump suspendió su viaje a Perú para participar en la Cumbre de las Américas enfocada en la lucha contra la corrupción.

La Casa Blanca no respondió a preguntas de la Associated Press y no permitió que Kelly concediera una entrevista oficial para hablar sobre su trabajo en Honduras, incluyendo qué organismos de derechos humanos le habían dicho que las cosas estaban mejorando en el 2015.

En un discurso público el año pasado, Kelly destacó su apoyo a los derechos humanos y dijo que visitaba periódicamente organismos que los defienden en los países donde se encontraba. Allegados a Kelly afirman que el militar encaraba numerosos retos en una región en la que los gobiernos son muy cuestionados y abunda el tráfico de drogas.

James Nealon, ex embajador estadounidense en Honduras y que considera a Kelly un amigo, dijo que el general no tenía otra alternativa que trabajar con “gente imperfecta y con instituciones imperfectas”.

Desde fines del 2012 a principios del 2016, Kelly forjó estrechos lazos con los militares y los jefes de seguridad hondureños, a pesar de que miembros del gobierno de Barack Obama expresaban preocupación por los vínculos entre el narcotráfico y altos funcionarios del gobierno hondureño, según entrevistas con más de 20 ex funcionarios de los departamentos de estado, defensa, la Administración de Control de Drogas (conocida como DEA, sus siglas estadounidenses) y funcionarios de seguridad nacional que colaboraron de cerca con Kelly, así como con defensores de los derechos humanos, ex funcionarios hondureños y académicos.

“El apoyo de Kelly al gobierno hondureño fue bastante incondicional”, declaró Mark Ungar, profesor de ciencias políticas del Brooklyn College y experto en reformas policiales que participó en encuentros a puertas cerradas entre Kelly y organizaciones de derechos humanos. “No los cuestionaba, no puso en duda su aptitudes ni sus políticas, lo que fue llamativo porque no es alguien que se prive de criticar a la gente”.

Hacia enero del 2016, en que Kelly pasó a retiro y dejó de dirigir el Comando Sur, Honduras seguía siendo una escala vital en el tráfico de drogas de América Central y del Sur hacia Estados Unidos. Un informe del Departamento de Estado señaló que el sector oriental de Honduras seguía siendo “una escala importante para los traficantes de drogas que operaban por tierra y por mar”. Las autoridades hondureñas empezaron a extraditar a presuntos narcotraficantes a Estados Unidos, donde algunos fueron condenados. Pero no detuvieron un solo barco que se sospechase podía transportar drogas en el 2016, a pesar de que las autoridades estadounidenses les dieron pistas sobre “100 eventos que justificaban intervenciones”, de acuerdo con el informe.

Las fuerzas de seguridad del país, mientras tanto, siguen siendo blanco de denuncias de violencia contra sus ciudadanos y de complicidad con los carteles de las drogas.

En marzo, funcionarios de derechos humanos de las Naciones Unidas expresaron su preocupación porque las fuerzas de seguridad mataron a tiros a al menos 16 civiles, incluidos dos niños, en medio de protestas de que las elecciones presidenciales habían sido fraudulentas. Zeid Ra’ad Al Hussein, alto comisionado de las Naciones Unidas para derechos humanos, afirmó que la “ya de por sí frágil situación de los derechos humanos en Honduras… probablemente se deteriore más todavía a menos que haya una verdadera rendición de cuentas por las violaciones a los derechos humanos”.

Dos altos funcionarios del aparato de seguridad han sido señalados de confabularse con los capos del narcotráfico. Un líder de una banda de traficantes declaró en un tribunal de Nueva York el año pasado que el cartel hondureño de los Cachiros había colaborado con el ministro de seguridad hondureño Julián Pacheco Tinoco y con otros altos funcionarios. En enero, la AP reveló que un informe confidencial del gobierno hondureño decía que el nuevo jefe de la policía nacional, José David Aguilar Morán, había ayudado a un traficante a hacer la entrega de casi una tonelada de cocaína en el 2013, mientras servía como jefe de inteligencia de la policía nacional.

El gobierno hondureño dijo en dos comunicados que las denuncias sobre Pacheco y Aguilar eran falsas.

El martes, el presidente hondureño Juan Orlando Hernández cortó el listón al inaugurar una nueva base para una unidad élite de la Policía Nacional, apoyado por EEUU. Hernández proclamó que empezaba una nueva etapa en la lucha frontal contra el narcotráfico, mientras Pacheco y varios oficiales estadounidenses veían.

Hernández dijo que Honduras había emergido de días de luto y dolor de cuando fue el país más peligroso del mundo, plagado por el narcotráfico, las armas y el crimen organizado que había “permeado hasta instituciones de seguridad del Estado”. Honduras no hubiese salido adelante sin la ayuda del gobierno de Estados Unidos.

__EL INTERÉS NACIONAL

Como firme aliado de Estados Unidos que alberga la estratégica Base Aérea Soto Cano, Honduras fue uno de los principales destinos de los viajes de Kelly como estadista. Conocía los desafíos en esa nación y advirtió al Congresos obre la “corrosiva expansión” del crimen organizado transnacional en América Latina. Afirmó que en la región “se deteriora la seguridad de la ciudadanía, especialmente en Honduras”.

Kelly pensaba que América Central no necesitaba funcionarios que tomasen decisiones desde la comodidad de sus oficinas con aire acondicionado en Washington. Ex colegas dijeron que los funcionarios hondureños consideraban que Kelly no tenía ataduras con la estructura de poder de Washington y les agradaba la idea de que tenía una línea telefónica abierta y un avión. Kelly hizo 12 viajes a Honduras, el segundo destino que más visitó durante su gestión, superado solo por el centro de detención militar de Guantánamo, de acuerdo con los archivos.

Kelly sabía que el país sería clave en la lucha contra el narcotráfico ya que casi el 90% de las drogas provenientes de América del Sur pasaban por Honduras.

“Si quieres conseguir algo –y la diplomacia es el arte de lograr que otros gobiernos hagan lo que te beneficia a ti, y no necesariamente a ellos– tienes que trabajar con la gente y las instituciones existentes”, manifestó Nealon, quien fue embajador en Honduras del 2014 al 2017. “Tienes que sopesar las decisiones cuidadosamente, examinar constantemente tu conciencia, y estar lo más seguro posible de que en un mundo incierto, los intereses nacionales y ‘lo que corresponde hacer’ son la misma cosa”.

Kelly entabló lo que describió como una amistad con el nuevo presidente electo de Honduras Juan Orlando Hernández, el candidato del partido de gobierno que prometió imponer el orden. Hernández buscó contactarse con Kelly antes de asumir como presidente en enero del 2014. Los dos cenaron en una residencia privada de Miami y volvieron a verse cuando Kelly fue de paseo a Tegucigalpa semanas después.

El general de cuatro estrellas se atribuyó parte del mérito más tarde por lo que consideró los progresos registrados por ese país de nueve millones de habitantes y dijo que estaba encaminando las relaciones entre Estados Unidos y Honduras cumpliendo un papel diplomático que rebasaba sus funcionar militares.

“Soy un militar, tengo un campo de maniobra muy estrecho”, comentó Kelly en una entrevista publicada en el 2015 por el Pacific Council on International Policy. Pero agregó que a veces rebasa sus funciones puramente militares “porque veo muchas cosas que pasan sobre las que nadie hace nada. Tengo relaciones muy estrechas con estos países: los militares, los líderes civiles, incluso sus presidentes. Puedo llamar a un presidente y me va a responder más rápidamente que a casi cualquier otro que lo llame”.

__TOMA LAS RIENDAS

Kelly se enlistó en la Infantería de Marina en 1970, pasó tres temporadas en Irak, fue asesor del secretario de defensa en Washington y luego pasó al Comando Sur, que vela por los intereses militares de Estados Unidos en 31 países de América Latina y el Caribe.

Kelly asumió sus nuevas funciones con el mismo ímpetu de siempre, imponiendo su liderazgo.

“Era muy querido y respetado”, expresó el capitán de la Armada Robert Newson, quien trabajó brevemente con Kelly en el Comando Sur. “Palpas la energía cuando un líder como él entra a una sala”.

Con una guerra activa en Afganistán y el surgimiento de la organización Estado Islámico, el Consejo de Seguridad Nacional y las altas esferas del Departamento de Estado no tenían mucho tiempo para dedicarle a América Central. Kelly vio que había un vacío diplomático que él podía llenar, según Mark Schneider, ex subdirector de la Agencia para el Desarrollo Internacional que participó en reuniones con Kelly.

Cuando Kelly llegó al Comando Sur en el 2012, las primeras páginas de los diarios publicaban casi a diario informaciones de asesinatos y de represión, que se dispararon tras un golpe en el 2009. Cada tanto aparecía el cadáver de un periodista que informaba sobre el golpe o sobre abusos del gobierno. El Departamento de Estado dijo que policías corruptos habían “participado en delitos con organizaciones criminales locales e internacionales” y que “seguía habiendo casos en los que militares o policías sospechosos de haber cometido violaciones a los derechos humanos no eran investigados ni castigados”.

“El general John Kelly debe haber sabido de la impunidad, la corrupción y los lazos entre ellos y la violencia que alentó un aumento en la emigración espontánea en Honduras bajo su gestión”, afirmó Fulton Armstrong, quien trabajó en Honduras y en otros sitios de América Central y México para la CIA, el Consejo de Seguridad Nacional y la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Menos de dos meses después de asumir como jefe del Comando Sur, Kelly se reunió con el predecesor de Hernández, Porfirio “Pepe” Lobo. Durante ese encuentro en un salón del palacio presidencial de Tegucigalpa, Kelly prometió ayuda humanitaria, maniobras militares conjuntas y otra asistencia de Estados Unidos.

Varios ex funcionarios de los departamentos de Estado y Defensa y de la DEA dijeron que les preocupaban los supuestos lazos entre el narcotráfico y Pacheco Tinoco, el general que Lobo designó en el 2013 como Director Nacional de Investigación e Inteligencia.

Kelly se reunió con Pacheco al menos dos veces en los dos años siguientes, incluida una en la que una delegación hondureña acompañó al sucesor de Lobo, el presidente Juan Orlando Hernández, durante una visita al Comando Sur para analizar las amenazas y la cooperación en temas de seguridad. Hernández posteriormente nombró a Pacheco como ministro de Seguridad y le encomendó hacer una purga de elementos corruptos de la policía.

Un informe gubernamental del 2013 de Honduras obtenido hace poco por la AP afirma que una “organización criminal” había estado operando dentro de la Policía Nacional y del Ministerio de Seguridad por más de una década. El informe confidencial aseguraba que “oficiales activos de la policía, oficiales de las Fuerzas Armadas de Honduras, personalidades de la política hondureña y altos funcionario públicos” estaban “utilizando los helicópteros y patrullas policiales para el transporte de la droga en distintas partes del país a la frontera de la república de Guatemala para que sea transportada hasta los Estados Unidos de América”.

Las operaciones involucraron a varias organizaciones hondureñas de narcotráfico y al cartel mexicano de Sinaloa, que usó Honduras para transportar toneladas de drogas de Colombia a Estados Unidos, de acuerdo con el informe del inspector general del Ministerio de Seguridad. Al menos siete ex oficiales de la policía hondureña están detenidos en Estados Unidos en conexión con un caso vinculado con otra organización de traficantes, el cartel de los Cachiros.

Kelly reconoció el riesgo que representaba involucrarse con la policía y le dijo a legisladores estadounidenses durante una audiencia de abril del 2014 que “la policía de la mayor parte de la región es totalmente corrupta o está tan intimidada que no hace su trabajo”.

Ex colegas de Washington dijeron que Kelly cabildeó efectivamente para que se asignase dinero a programas para América Central. El gobierno de Obama aumentó la ayuda a la región en el 2014 después de llegar a la conclusión de que mejorar la seguridad y la gobernabilidad de Honduras, Guatemala y El Salvador beneficiaría a Estados Unidos.

Entre bambalinas, Kelly se reunió con los comandantes de la policía hondureña e invitó a altos oficiales a la Conferencia anual de Seguridad en América Central, que en el 2015 estuvo auspiciada por el Comando Sur y las Fuerzas Armadas hondureñas. Fue la primera vez que los líderes de la policía hondureña fueron invitados el evento, dijo Kelly a los periodistas. “Ahora hemos decidido trabajar más de cerca”, indicó.

A medida que más gente emigraba de la región, Kelly encabezó un esfuerzo para integrar la policía hondureña a una fuerza de tareas en la frontera entre Honduras y Guatemala compuesta por efectivos de la policía y las fuerzas armadas de las dos naciones. Kelly pidió 103 millones de dólares para la seguridad fronteriza, incluyendo una fuerza de tareas hondureña que hubieran requerido 42 Jeeps, infraestructura y capacitación, según un documento del Comando Sur presentado ante una comisión legislativa. Los legisladores rechazaron el pedido de fondos, pero la fuerza de tareas puede haber recibido ayuda de otros canales del gobierno estadounidense, de acuerdo con el portavoz del Comando Sur Jose Ruiz.

Hacia marzo del 2015, Kelly elogiaba la “increíble” labor de Hernández en la lucha contra el narcotráfico y destacaba una merma en la cantidad de aviones de traficantes que aterrizaban. Honduras seguía siendo un importante punto de tránsito de la cocaína, según un informe del Departamento de Estado publicado en el 2015, pero hubo algunas mejoras: En el 2013, el 75% de los vuelos con drogas de América del Sur hacían escalas en el país, comparado con el 60% un año después. Hernández estaba decidido a reducir la violencia y proteger los derechos humanos. “Debido a ese compromiso que tiene, cuando solicita ayuda, hago un par de cosas”, dijo Kelly en una entrevista con un diario hondureño.

Kelly destacó los esfuerzos del gobierno de Hernández en su declaración en el Congreso ese mismo mes.

“La situación es particularmente alentadora en Honduras, donde el gobierno trabaja duro para combatir el tráfico de drogas, restablecer la gobernabilidad en áreas remotas y tomar medidas importantes para proteger los derechos humanos”, expresó Kelly.

Esos comentarios contradecían lo que las organizaciones defensoras de los derechos humanos le habían estado diciendo a Kelly, de acuerdo con Adam Isacson, director de la Veeduría de Defensa de la Oficina de Washington para América Latina.

“Este no es un momento en que las cosas estén mejorando en Honduras”, afirmó Isacson, quien participó en reuniones sobre derechos humanos en el Comando Sur. “Nadie hubiera dicho que los derechos humanos estaban mejorando en Honduras por las acciones de las fuerzas de seguridad”.

Kelly mantuvo encuentros periódicos con organizaciones de derechos humanos, pero no parecía muy receptivo a las críticas, según varios participantes.

Juan Ángel Almendares Bonilla, médico hondureño y activista por los derechos humanos, contó que Kelly perdió el control en una reunión con grupos de derechos humanos en el 2015 luego de que él criticó el papel de Estados Unidos en América Central.

“Le dije, ‘general, no estoy de acuerdo con usted porque las políticas de estrategia militar y la geopolítica de Estados Unidos son algunos de los principales factores que contribuyen a la violación de los derechos humanos”, recordó Almendares. “Obviamente podíamos ver que Kelly estaba bastante enojado porque le preguntó a los demás, en un cierto tono, ´¿están de acuerdo con este señor en que la misión militar de Estados Unidos debería irse de Honduras?’. Casi nadie respondió”.

En abril del 2016, unos meses después de que Kelly dejara el Comando Sur, Hernández anunció la creación de una comisión para limpiar la policía. La comisión afirma que sacó a casi 5.000 agentes de la fuerza, pero organizaciones de derechos humanos cuestionan la efectividad de la purga.

Berta Oliva, coordinadora del Comité de Familiares de Detenidos y Desaparecidos en Honduras, una organización de derechos humanos, sostuvo que la purga fue “un acto somero” y que muchos oficiales corruptos habían sido protegidos.

“Mientras no hay una verdadera voluntad política para mejorar investigación en temas de corrupción, en temas de violación de derechos humanos, no va a haber ningún avance”, manifestó.

_LA CASA BLANCA

El presidente electo Trump trajo a Kelly de vuelta al gobierno en diciembre del 2016, pidiéndole que encabezase el Departamento de Seguridad Nacional. Dijo que Kelly era un líder, “la persona indicada para dirigir la urgente misión de frenar la inmigración ilegal y reforzar la vigilancia de nuestras fronteras”.

En julio del 2017, Trump le pidió a Kelly que se hiciese cargo de la jefatura de su despacho. El presidente hondureño Hernández dijo que esperaba que ese nombramiento ayudase a su país a sacarle el mejor provecho a su relación con Estados Unidos.

A fines del año pasado, luego de que Hernández fuese declarado ganador de la elección presidencial, miles de hondureños salieron a las calles y acusaron al gobierno de robarse la consulta mediante un fraude. Investigadores de las Naciones Unidas dijeron que las fuerzas de seguridad habían usado la fuerza en exceso contra los manifestantes, golpeando y pateando a algunos y que les había disparado a otros que estaban alejándose. Al menos diez transeúntes murieron o resultaron heridos por balas perdidas de la policía, que “abrió fuego indiscriminadamente contra los manifestantes”, señaló el informe.

En medio de la crisis generada por la votación, el gobierno de Trump certificó que Honduras había progresado en la lucha contra la corrupción y en defensa de los derechos humanos, despejando el camino para que Honduras recibiese millones de dólares en ayuda.

En la Casa Blanca Kelly ha tenido poco tiempo para hacer gestiones públicas con sus antiguos aliados latinoamericanos sobre asuntos de seguridad. Una tarde reciente en el Comando Sur, el capitán Newson dijo a la AP que Kelly dejó una sólida red de contactos en América Central y que los funcionarios del departamento de Defensa habían estado aprovechándolos para combatir amenazas en la región de China, Rusia y Estado Islámico.

En un discurso que dio días antes de asumir como jefe de despacho de la Presidencia, Kelly mencionó su paso por el Comando Sur y sus experiencias con Honduras y sus vecinos como prueba de su compromiso con la protección de “la gente del sur” ante la violencia política.

“Trabajamos muy, muy duro para tratar de influir en las vidas de personas que viven en sitios como América Central”, declaró Kelly ante una audiencia en el Aspen Institute. “Mucho de lo que hacía día tras día, semana tras semana, año tras año, estuvo relacionado con el desarrollo social y económico y siempre, siempre, siempre, con los derechos humanos”.

Trump no piensa despedir a John Kelly porque confía en él, aseguran asesores de la Casa Blanca

Por: Redacción AGENCIAS

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene plena confianza en su jefe de gabinete y no piensa despedirlo por su gestión del escándalo de Rob Porter, un alto funcionario acusado de maltratar a sus exesposas, según dijeron dos asesores del mandatario.

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En una entrevista con la cadena Fox, el director de la oficina de presupuesto de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, aseguró que Trump “absolutamente” no está hablando con sus asesores sobre la posibilidad de despedir a John Kelly, un general que lleva poco más de seis meses como jefe de gabinete.

 “Creo que esos rumores sobre la salida del jefe de gabinete originan mucho ruido pero no son nada”, afirmó Mulvaney, quien sugirió que las personas que están impulsando esos bulos están “descontentos porque han perdido acceso al presidente” desde que Kelly llegó al poder.

Después de seis meses al frente del Departamento de Seguridad Nacional, Kelly pasó a ocupar el puesto de jefe de gabinete en julio de 2017 con la misión de imprimir disciplina a un equipo marcado por el caos, las luchas de poder y los constantes escándalos.

El consenso en Washington es que sí ha logrado contener parte de la agitación en el Ala Oeste, pero también ha generado controversias que han erosionado su relación con el presidente.

Durante esta última semana, Kelly se ha visto salpicado por la polémica que provocó la renuncia de Rob Porter, el secretario de personal de la Casa Blanca, que fue acusado por sus dos exesposas de maltratarlas física y psicológicamente hace años.

Lo que podría haber sido un incidente aislado se convirtió en un escándalo gracias, en buena parte, al apoyo incondicional que Kelly expresó públicamente a Porter cuando surgieron las acusaciones, y también debido a la revelación de que el jefe de gabinete estaba al tanto de las denuncias desde hacía meses y no hizo nada al respecto.

En una entrevista por separado con la cadena ABC, Kellyanne Conway, una de las asesoras más cercanas a Trump, aseguró que el mandatario tiene “plena confianza” en su jefe de gabinete.

“Hablé con el presidente anoche sobre este mismo tema y quería que yo subrayara de nuevo a todo el mundo, incluido a este programa, que tiene plena confianza en su actual jefe de gabinete, el general John Kelly, y que no está buscando activamente reemplazos”, destacó Conway.

La asesora, además, aseguró que Trump también confía plenamente en Hope Hicks, la directora de comunicaciones de la Casa Blanca, actual pareja de Porter y que, según varios medios, ayudó a redactar la reacción inicial de Kelly, en la que este elogiaba y defendía a su subordinado.

John Kelly dice que está dispuesto a renunciar

Por: Redacción AGENCIAS

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El general John F. Kelly, jefe de gabinete de la Casa Blanca, dijo el viernes que estaba dispuesto a dimitir por su manejo de acusaciones de abuso conyugal contra Rob Porter, el secretario del personal que dimitió esta semana, dijo el diario The New York Times citando a dos funcionarios.

Los funcionarios enfatizaron que no consideraron que se produciría una renuncia inminente.

Rob Porter renunció esta semana tras acusaciones de que había abusado física y mentalmente de sus dos ex esposas. Porter tiene una relación con Hope Hicks, directora de comunicaciones de la Casa Blanca.

Según el diario, el propio presidente Trump estaba molesto con Kelly por dar fe del carácter de Porter y afirmar falsamente que había actuado agresivamente para despedirlo una vez que se descubrieron sus antecedentes. 

«Hizo un muy buen trabajo cuando estaba en la Casa Blanca, y esperamos que tenga una carrera maravillosa, y tendrá una gran carrera por delante», dijo Trump y enfatizó que Porter asegura ser inocente de las acusaciones. «Pero fue muy triste cuando nos enteramos, y ciertamente ahora también está muy triste».

No es la primera vez que Trump da su respaldo abierta a un político acusado de mala conducta sexual. El presidente apoyó a Roy S. Moore, candidato republicano al Senado en Alabama, quien era acusado de abusar sexualmente de adolescentes.

Don McGahn, el abogado de la Casa Blanca, supo por el propio Sr. Porter que había denuncias de abuso en su contra, según reportó por primera vez en enero el diario The Washington Post.

Porter le contó sobre las acusaciones porque le preocupaba que lo que él calificó como cargos falsos de mujeres resentidas. Seis meses después, el FBI le dijo a McGahn que de hecho aparecieron acusaciones en la verificación de antecedentes del Porter y el abogado de la Casa Blanca optó en ese momento por dejar que el FBI completara su investigación sobre cualquier incidente, un proceso que puede tomar meses.

Esta semana comenzaron a circulas fotos de una de las ex esposas de Porter con el rostro golpeado, lo que provocó la salida del asistente.

John Kelly presionó para expulsar a hondureños, según The Washington Post

Por: (Tomado The Washington Post)

Tegucigalpa.-El influyente diario estadounidense, “The Washington Post” publicó en las últimas horas un artículo en el que asegura que la secretaria interina del DHS Elaine Duke resistió presiones del jefe de gabinete de la Casa Blanca, John Kelly, para que terminara con la protección migratoria que gozan unos 57,000 hondureños.

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A continuación el texto del medio estadounidense:

El lunes, mientras el Departamento de Seguridad Nacional se preparaba para extender los permisos de residencia a decenas de miles de inmigrantes hondureños que viven en Estados Unidos, el Jefe de Gabinete de la Casa Blanca John F. Kelly llamó a la Secretaria en funciones Elaine Duke para presionarla a que los expulse, según a los funcionarios actuales y anteriores de la administración.

Duke se negó a revertir su decisión y se enojó por lo que consideró una intrusión política impulsada por Kelly y Tom Bossert, el asesor de seguridad interna de la Casa Blanca, quien también la llamó sobre el asunto, según funcionarios con conocimiento de los eventos del lunes, que hablaron con la condición del anonimato para discutir deliberaciones internas.

“Al igual que con muchos problemas, hubo una variedad de puntos de vista dentro de la administración sobre una política. El Secretario interino tomó esas opiniones y consejos sobre el camino a seguir para TPS y tomó su decisión en base a la ley “, dijo Jonathan Hoffman, portavoz del DHS, refiriéndose a una forma de residencia provisional llamada Estatus de Protección Temporal.

Agregó que también era “perfectamente normal para ellos discutir el tema antes de tomar una decisión“.

Un funcionario de la Casa Blanca confirmó las llamadas a Duke el lunes, pero dijo que la frustración de Kelly tenía que ver “con la falta de decisión de Duke”.

Al extender los permisos de residencia de los hondureños, Kelly le dijo que la decisión del TPS “sigue siendo pateada en el camino” y que el retraso adicional “impide nuestra meta estratégica más amplia” en materia de inmigración, dijo el funcionario de la Casa Blanca.

Duke, quien fue confirmado por el Senado en abril, le informó a Kelly que planea renunciar, dijeron los funcionarios. Hoffman dijo que hay una “base objetiva cero” para la afirmación de que Duke ha dicho que renunciará, y disputó la afirmación de que Kelly llamó para presionar a Duke, insistiendo en que se había comunicado con él para pedirle consejo sobre la decisión del TPS.

El DHS tenía hasta el lunes para anunciar sus planes para unos 57,000 hondureños y 2,500 nicaragüenses a quienes se les permitió permanecer en los Estados Unidos bajo TPS luego de que el huracán Mitch azotara Centroamérica en 1998.

Otros 50,000 haitianos y 200,000 salvadoreños esperaban nerviosamente la decisión, ya que sus permisos de residencia expirarán a principios del próximo año.

Los funcionarios de la administración Trump han citado repetidamente el programa TPS como un ejemplo de lo que dicen es que la política de inmigración de Estados Unidos salió mal, porque un programa diseñado para ser temporal no debe usarse para otorgar residencia a largo plazo en los Estados Unidos.

Duke había decidido poner fin a la designación TPS para los nicaragüenses, dándoles hasta enero de 2019 para salir de los Estados Unidos o cambiar su estado migratorio. Pero Duke sintió que no tenía suficiente información para el grupo mucho más grande de inmigrantes hondureños, por lo que aplazó, otorgándoles una extensión de seis meses, dijeron funcionarios del gobierno el lunes cuando anunciaron la decisión TPS.

Mientras los funcionarios del DHS se preparaban para hacer ese anuncio, Kelly hizo una llamada urgente desde Japón, donde viajaba con el presidente Trump.

Él estaba “irritado”, dijeron funcionarios de la administración, y no quería que su nominado a dedo para el secretario del DHS, Kirstjen M. Nielsen, enfrentara preguntas potencialmente incómodas sobre TPS durante su audiencia de confirmación.

“Fue persistente, diciéndole que no quería echar la lata en el camino, y que podría perjudicar la nominación de Nielsen”, dijo un funcionario de la administración.

Duke se mantuvo firme, dijo el funcionario. “Ella estaba enojada. Recibir una llamada de ese tipo de Asia, después de que ella ya había tomado la decisión, fue una bofetada “.

“Pusieron mucha presión sobre ella”, dijo otro ex funcionario con conocimiento de la llamada.

Duke quería proceder con cuidado, porque los centroamericanos han vivido en los Estados Unidos durante dos décadas o más, y ella había sido contactada por ex diplomáticos de los EE. UU. Que le imploraron que tomara cuidadosamente la decisión. (Tomado de The Washington Post).

John Kelly será el secretario de Seguridad Nacional de Donald Trump

Por: redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn 

Tegucigalpa.- El recién electo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump,  ha elegido al general retirado de la marina estadounidense John F. Kelly como secretario de Seguridad Nacional.

Trump junto a Kelly en una reunión celebrada unos dias atrás
Trump junto a Kelly en una reunión celebrada unos días atrás

Kelly es exjefe del Mando Sur de EE.UU. y un experto en relaciones de seguridad con Latinoamérica. Kelly aceptó la oferta este miércoles, según fuentes consultadas por varios medios estadounidenses.

El general Kelly,  fue hasta enero pasado el jefe militar del Mando Sur, encargado de las operaciones militares en América del Sur y Central, donde se granjeó amistades en su trabajo de fortalecer alianzas en la lucha contra el narcotráfico y en respuesta a la inmigración indocumentada y los desastres naturales.

Si es confirmado por el Senado, el general retirado se convertiría en el responsable de un departamento encargado de hacer cumplir las leyes migratorias y controlar las fronteras, un tema que ha sido central durante la campaña de Trump, que ha prometido la construcción de un muro con la frontera mexicana y deportar a millones de indocumentados que residen en el país.

Antes de tomar las riendas del Comando Sur en noviembre de 2012, Kelly, con casi medio siglo en la Infantería de Marina, fue el comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak durante 2008 y hasta comienzos de 2009. Tras aquel despliegue, fue uno de los asesores más cercanos de los secretarios de Defensa Robert Gates y Leon Panetta.

Kelly nunca pidió públicamente el voto por Trump durante la campaña y es considerado un moderado, merecedor de la confianza y ascendido por la Administración del presidente Barack Obama.

Junto con Michael Flynn, elegido consejero de Seguridad Nacional, y James Mattis, nominado para dirigir el Pentágono, Kelly es el tercer general del equipo de gobierno de Trump, que nunca hizo el servicio militar ni ocupó cargo electo alguno.

Seguridad Nacional es el tercer ministerio más grande del gobierno federal de Estados Unidos con más de 240.000 empleados y también encargado de la lucha contra el terrorismo.

Kelly se reunió con Trump la semana pasada en la Torre Trump y lo hizo hace tres en Nueva Jersey. Contaba con el apoyo del que será secretario de Defensa, James Matts y según The Washington Times cautivó a Steve Bannon en su club de campo de Nueva Jersey, jefe estratega de Trump cercano a la ultraderecha. También estaba en las quinielas para ser secretario de Estado, responsable de la diplomacia de Estados Unidos.

También se hablaba para cubrir este puesto de Rudy Giuliani (candidato a secretario de Estado), Kris Kobach (50 años, secretario del Interior de Kansas), Joe Arpaio (84 años, exsheriff), Michael McCaul (54 años, representante por Texas) y David Clarke Jr. (60 años, sheriff). Dirigir la cartera de Seguridad Nacional es un puesto poco deseado en comparación con los demás, ya que se trata de un Departamento complejo que abarca varios temas. Kobach era el favorito según los medios.