Conozca los atentados terroristas más impactantes de la historia

Por: Redacción AGENCIAS

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Tegucigalpa.-Éste viernes 13 de noviembre quedará marcado en la historia debido a los terribles atentados terroristas llevados a cabo en París, cuyo número de víctimas exacto aún se desconoce pero se eleva por encima de las 100. Aunque ningún grupo terrorista se ha adjudicado los ataques, las autoridades francesas sospechan de Al Qaeda y del Estado Islámico.

Conoce a continuación de dónde provienen éstas terribles prácticas y cuáles son los rasgos que caracterizan a un terrorista:

La primera manifestación histórica de terrorismo se produjo en Palestina en el año 66 con los sicarii, un grupo radical que luchó contra los romanos. Estos terroristas primitivos atacaban a sus enemigos en días festivos, cuando la multitud que se congregaba en Jerusalén les permitía actuar con mayor impunidad.

De la palabra sicarii, que provenía de la espada corta (sica) que escondían bajo las túnicas, ha derivado la palabra sicario. Los que eran atrapados y condenados a muerte consideraban su ejecución un martirio glorioso que les abría las puertas del paraíso.

Una actitud similar debió animar a Mohamed Atta cuando estrelló el avión contra la Torre Norte del World Trade Center de Nueva York, en septiembre de 2001. La secta de los Asesinos, una rama ismaelita del siglo XI, presentaba las mismas características mesiánicas que los alucinados kamikazes de Al Qaeda. Su líder espiritual, Hassan Sabbah, también conocido como el Viejo de la Montaña, proporcionaba hachís a sus hombres para anticiparles los placeres de un paraíso celestial al que accederían tras cometer actos terroristas suicidas.

El uso del cannabis hizo que esta secta ismaelita fuera llamada hachachín, un término que los cruzados franceses que merodeaban por Oriente Próximo convirtieron en assassin, de donde deriva la palabra ‘asesino’.

Pero el terrorismo tal y como hoy lo conocemos nació en el siglo XIX, al mismo tiempo que apareció el telégrafo y se desarrolló la prensa escrita. No hay que olvidar que el éxito de una operación de este tipo depende casi por completo de la publicidad que reciba, algo que saben muy bien los dirigentes de Al Qaeda y el Estado Islámico, cuyos actos buscan el mayor impacto mediático. En Los Principios de la Revolución, manifiesto publicado en 1869, Bakunin promulgó una de las máximas del terrorismo moderno: “Los revolucionarios han de mostrar indiferencia hacia las lamentaciones de los condenados y no han de aceptar ninguna componenda”.

El buen revolucionario debía fingir ser quien no era, ser un soldado anónimo. Unos rasgos que encajan a la perfección con el perfil psicológico de Carlos el Chacal, cuyo verdadero nombre es Ilich Ramírez, famoso terrorista acusado de más de 80 asesinatos y que finalmente fue detenido y encarcelado por la Justicia francesa. “Si tienes que dinamitar la mitad de un continente y derramar un océano de sangre con el fin de destruir a un millón de bárbaros, no tengas escrúpulos de conciencia”, afirmó el radical alemán Karl Heinzen (1809 – 1880) en su ensayo Asesinato (Der Mord). Su doctrina giraba en torno a una idea inquietante: “El asesinato no está prohibido en política”.

Algo parecido promulgó Osama Bin Laden (1957-2011) el 7 de octubre de 2001, días después del terrible atentado contra las Torres Gemelas. “Dios ha bendecido a un grupo de musulmanes para que destruyan América e imploramos a Alá que eleve su rango y les conceda un lugar en el cielo”. El hombre que por años, fue el más buscado del mundo, afirmó que estos ataques suicidas se repetirían en cualquier país que siguiera los pasos del Gobierno estadounidense. El 2 de mayo de 2011, un comando de las fuerzas especiales de Estados Unidos ejecutó a tiros a Bin Laden en Pakistán.

El último ataque terrorista que llamó la atención de los medios del mundo, fue el realizado en contra de la revista Charlie Hedbo, durante el cuál la capital francesa fue sitiada durante 56 horas por cuatro episodios que involucraron a extremistas islámicos de células que respondían a los grupos Al Qaeda y Estado Islámico. El episodio se saldó con 22 muertos: 19 víctimas y tres terroristas abatidos por la policía.