Por: Rodil Rivera Rodil
Reflexiones
La guerra de Irán junto con la de Ucrania, no obstante las grandes diferencias que existen entre ellas, se inscriben en la confrontación global que se está dando en la gestación de un nuevo orden mundial, y más exactamente, en la resistencia a ultranza que están ofreciendo los Estados Unidos a la pérdida de la hegemonía que han mantenido desde la debacle en 1991 de la Unión Soviética, su rival socialista del siglo pasado, sustituida en el actual por la República Popular de China y su principal aliada, la Federación Rusa, aunque esta ahora bajo un sistema tan capitalista como el de la propia Norteamérica. Así de simple y así de complejo.
Aparte del análisis geopolítico más a fondo que requiere la brutal embestida estadounidense israelí contra Irán, todo parece indicar que es posible que en ella se pueda resumir -y hasta concluir- la controversial trayectoria política del presidente Trump. En efecto, su afán por dominar a medio mundo, si bien ha tenido algún éxito con la guerra arancelaria -con la Unión Europea, por ejemplo, convirtiéndola rápidamente de aliada en mera subordinada- no ha sucedido igual cuando ha recurrido a la fuerza, aun contra países mucho más débiles.
En Venezuela, para el caso, el enorme despliegue naval que ordenó quedó, como suele decirse, en “cachinflín”, y tuvo que contentarse con la captura del presidente Maduro y con un cierto acceso al petróleo venezolano, cuyo alcance exacto no se conoce, pero dejando incólume el régimen y poco menos que en el ridículo a la oposición. Y mucho peor a su protagonista más conocida, la señora Corina Machado, que ha perdido el norte intentando ganarse a Trump con disparates como regalarle la medalla de su cuestionado premio Nobel de la Paz, con lo que se llevó de encuentro al Comité Noruego que ya había degradado el galardón al involucrarlo tan ostensiblemente en la política internacional. Tan torpe y desatinada fue la actuación de los cinco integrantes de dicho Comité que, tal vez, los diputados del bipartidismo hondureño, ahora que cuentan con su propia Inquisición, debieran promover un juicio político contra ellos.
En el caso de Cuba, el bloqueo a la isla, llevado por Trump a la barbarie, quizás podría conducir, según las noticias, en el mejor escenario para él y entre otras concesiones de menor calado, al relevo del presidente Miguel Díaz Canel Bermúdez por Óscar Pérez Oliva Fraga, vice primer ministro, diputado y, cómo no, sobrino nieto de Fidel y Raúl Castro, pero dejando intacto el gobierno socialista. En resumen, las victorias de Trump “por las malas”, como le gusta amenazar, no han sido en realidad tales, y si acaso, solo lo han sido en su fantasioso mundo de la “posverdad”.
Pero he aquí que en Irán las cosas no pintan nada bien para Trump. Su pomposa declaración de que “Irán ha muerto”, nos recuerda la célebre frase atribuida a diversos autores españoles: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, pues casi inmediatamente los iraníes le respondieron lanzando varios misiles a la base anglo estadounidense de Diego García, un atolón del archipiélago de Chagos, en el Océano Índico, o sea, a más de 4 mil kilómetros de distancia, similar a la que hay entre Paris e Irán, de donde se desprende que este cuenta con la capacidad de bombardear las capitales del centro de Europa.
A casi el mes de iniciados los ataques a Irán puede decirse que han constituido un fiasco para el ejército estadounidense y para los planes de Trump de derribar su estructura de poder islámica y que, de seguir así, sus consecuencias podrían contribuir a la debacle de su carrera política, bien sea, en los comicios parciales de noviembre de este año si pierde las dos cámaras, o bien, en las generales del 2028 si su partido es expulsado del poder, y no sería remoto que en cualquiera de los dos casos termine con sus huesos en la cárcel por los juicios que lo esperan en cuanto deje la presidencia.
De igual manera, el final de la era Trump puede arrastrar a Benjamín Netanyahu -quien lo embarcó en esta imprudente aventura- por los inesperados daños que Irán le está causando a Israel que podrían pasarle una elevada factura, la que, aunada a los procesos penales que tiene pendientes también lo pueden llevar a prisión. Y algo parecido podría sucederle a Javier Milei, en la mira de la justicia de su país, y con quien hasta Conan, su perro muerto hace casi diez años -pero que, según él mismo cuenta, sigue siendo su más importante consejero a través de una medium- debe estar indignado por el abyecto servilismo que su amo pasa mostrándole a Trump, por cuanto la que resulta más humillada es la gran nación de Argentina digna de mejor suerte que ser gobernada por un chiflado, al que, cuando veo en la televisión gesticulando, siempre furioso y con el pelo todo alborotado, inmediatamente lo asocio con “Firuliche”, el payaso del circo Atayde, de México, que antaño visitaba nuestras tierras y nos entretenía de niños con sus chistes y piruetas.
En fin, la salida del poder de Trump, cuándo y cómo se produzca, sin duda le traerá problemas a varios o a muchos de sus seguidores y protegidos, tanto de América Latina como de otras latitudes. Y, de repente, también puede acarrear un tropiezo serio a la desviación fascista del modelo neoliberal de la que se ha vuelto su emblemático abanderado.
De ahí, pues, que quienes creen a pie juntillas que Trump es intocable e infalible o que su mandato va a ser eterno se pueden llevar una mayúscula sorpresa cuando menos lo esperen.





