Reflexiones
Por: Rodil Rivera Rodil
El proceso electoral del 30 de noviembre, a grandes rasgos, respondió al estado de las fuerzas político sociales, tanto de las tradicionales como de las de cambio que emergieron de nuestra reciente evolución histórica, desde el golpe de Estado del 2009, pasando por el régimen dictatorial del presidente Juan Orlando Hernández hasta el primer gobierno de izquierda que ha tenido el país. La implacable campaña de la oposición más los múltiples errores que Libre cometió durante su mandato, pero, fundamentalmente, la abierta injerencia del presidente Trump en favor del candidato nacionalista y en contra de Libre y del aspirante liberal fueron determinantes para el resultado electoral que hoy mantiene al país en crisis. Y la cual, como es conocido, se enmarca en su nueva “Estrategia de Seguridad Nacional”, en la que América Latina pasa a ser una área de su exclusiva influencia, resucitando la vieja “doctrina Monroe” de 1823 y añadiéndole el “corolario Trump”, según lo denominó la Casa Blanca, que no es otro, tal como lo dice textualmente, “que garantizar el acceso continuado de Estados Unidos a localizaciones estratégicas clave”, léase petróleo, gas, cobre, metales preciosos, tierras raras, y otros recursos tan codiciados por las grandes corporaciones estadounidenses.
Trump, pues, no quiere ningún gobierno de izquierda en su patio trasero y Libre no era la excepción, y de carambola, tampoco el Partido Liberal de Honduras con el ingeniero Salvador Nasralla como su candidato. Las circunstancias específicas en que se dio la intromisión de Trump no son relevantes para este análisis, aunque es posible que en ellas hayan tenido que ver los frecuentes viajes de Nasralla para granjearse su apoyo, olvidando, tanto sus veleidades políticas, de partido en partido, como la afinidad que ha existido de los nacionalistas hondureños con los republicanos norteamericanos, y que pudieron terminar, paradójicamente, sirviendo de incentivo para el entremetimiento norteamericano. El único punto oscuro que persiste es el indulto otorgado a JOH que, obviamente, perjudicaba a Asfura, y que le sigue pasando factura a Trump en su país y fuera de él porque no midió bien sus alcances; a quien insultó no fue a la justicia hondureña sino a la de su propia nación, y eso difícilmente le será perdonado por sus compatriotas, en particular, por los demócratas cuando recobren el poder.
La derrota de Libre, sin embargo, no fue tan grande como se quiere hacer aparecer, por cuanto, a mi juicio, este nunca tuvo el volumen electoral que recibió en el nivel presidencial en las elecciones del 2021, como muchos asumían. Ningún partido de izquierda del mundo, que yo recuerde, ha comenzado con niveles tan grandes de popularidad; este obedeció, mayormente, al fuerte voto de castigo que se descargó contra JOH. Pero no cabe duda de que la ciudadanía no quiere que siga gobernando. Este tiene, por consiguiente, que volver a ganarse ese derecho. En la votación que consiguió, más de 700 mil votos, que no es poca, residiría su verdadero caudal electoral, al cual puede sumarse una especie de voto flotante representado por los liberales que se le unieron cuando su creación y que en estos comicios retornaron a su viejo partido como voto de castigo, pero que en otros podrían regresar a Libre.
Tampoco es cierto que el PN se haya recuperado en tan corto tiempo del desprestigio que le ocasionó JOH ni que Nasralla haya atraído una gran cantidad de votos independientes. En el caso del PN, los votos que percibió provinieron sí, y principalmente, de electores independientes, incluyendo a liberales, que rechazan a Nasralla para la presidencia, tanto como a Libre, por su desagradable y tan imprevisible manera de ser.
Y en cuanto al PL, como tal, una parte de sus votantes la conformaron los liberales que volvieron de Libre, y la otra, los independientes que sí votaron por Nasralla, pero no por ningún carisma suyo, del que enteramente carece, si no porque, en su figura, transformada en una especie de marca de algún producto popular por el más de medio siglo que la gente lo ha visto a diario en la televisión, se ha encarnado la causa de la anticorrupción como quizás en ninguna otra persona antes en Honduras, cuando menos en los últimos tiempos. Como la Coca Cola, si se me permite la comparación, cuya eterna publicidad ha creado un reflejo condicionado en los consumidores que los hace pedirla sin darse cuenta siquiera. Como sea, el Partido Liberal obtuvo la mayor votación de su historia. No tiene sentido, pues, reprocharle a nadie la pérdida.
Desde el momento en que se divulgaron los tuits de Trump, el proceso se tornó esencialmente político, con lo que su desenlace dejó de estar condicionado a consideraciones electorales y quedó estrictamente supeditado al peso de las fuerzas que convergían en él, las cuales, como era de esperarse, se decantaron abrumadoramente en contra de Libre y del candidato liberal. No cabe duda de que hubo irregularidades y actuaciones fraudulentas, como se desprende de la misma declaratoria del CNE del 24 de diciembre -redactadas, a propósito, en tono más contestatario y medio académico que jurídico electoral-, pero no hay manera de que, en el caso de Libre, una diferencia de tal magnitud pueda atribuirse al fraude. Y tampoco sabremos si el escaso margen que beneficiaba a Asfura podría o no haberse revertido con el recuento de votos solicitado por Nasralla, pero lo cierto es que era casi imposible llevarlo a cabo en los pocos días que quedaban para la declaratoria. A Jorge Aldana, en cambio, todo indica que lo despojaron del triunfo boicoteando el escrutinio especial de las un poco más de 400 actas que pedía. Y quedó claro que los magistrados del TJE le denegaron su petición de revisarlas como mera venganza personal por haber sido denunciados por el Ministerio Público.
En su momento, la acumulación de fuerzas contra Libre y Nasralla alcanzó un máximo nivel. Los medios, CNA, ASJ, COHEP, Colegio de Abogados, jerarcas de las Iglesias, católica y evangélica, y otras organizaciones de la sociedad civil, la OEA, ONU y demás organismos internacionales, representaciones diplomáticas extranjeras, la embajada, el gobierno de Trump, y pare usted de contar, llegaron a una suerte de paroxismo presionando para que el CNE hiciera la declaratoria de Asfura el 24 de diciembre, sin que estuvieran contados todos los votos.
Si este organismo electoral -el más politizado e ineficiente que hemos tenido-, no la hubiera hecho y el Partido Liberal y Libre hubieren forzado en el Congreso Nacional la anulación del proceso o la elección de Nasralla, como pareciera que se está intentando hacer ahora mismo, es muy probable que se hubiere producido -o se producirá- el desconocimiento de los Estados Unidos y de la mayoría de la comunidad internacional, si es que no algo peor, justo a la inversa de lo que presenciamos con la declaratoria de Asfura. Maquiavelo llamaba a estas situaciones la “real politik” (la “política real”)yLenin solía reiterar que los “hechos son tozudos”,con lo que ambos querían resaltar que, en política -como posiblemente en todo- nunca se pueda ir contra la realidad y menos con una correlación de fuerzas tan francamente en contra.
Por lo demás, los comicios han dejado varios otros hechos al descubierto, aunque también algunos cabos sueltos. Para empezar, está planteado el dilema al que a finales del mes se verá abocado, primordialmente, el bipartidismo, dependiendo de si el PN decide tener también la presidencia del Congreso, aun sin la mayoría de diputados, a la usanza de Juan Orlando Hernández, o se halle dispuesto a cederla a los liberales.
El partido solo necesita 16 diputados para asegurarse el control del Congreso. El de la Democracia Cristiana siempre se pliega al oficialismo; no sé que harán los dos del PINU, pero no importa, aunque el partido tendrá que convencer a la facción de Nasralla, lo que tampoco creo que le sea difícil, pero si no ocurre así, tendrá que entenderse con el renacido “lado oscuro” de la derecha intransigente del PL, lleno de odio a Libre, incondicionalmente alineado con la administración de Trump, y, por lo mismo, plenamente anuente a pactar con los nacionalistas, marginando al ala menos extremista y un tanto más interesada en negociar con quien más convenga al partido y del modo más pragmático. Y si aún faltaran votos, los nacionalistas se los podrán agenciar en un abrir y cerrar de ojos, o, mejor dicho, de una caja fuerte, como descaradamente lo hacía el expresidente JOH.
Porque, si el lector repara en ello, por “oposición” ya no se entiende entre nosotros la de antes, la de un partido tradicional contra el otro en el gobierno, ahora es la del bipartidismo contra Libre. Nuestros partidos han sufrido el cambio ideológico. Hoy es derecha contra izquierda, lo que, inexorablemente, irá impactando en el Partido Liberal, entre otros motivos, por haber sido el equivalente de un partido de izquierda, y de dónde, quiérase o no, surgió Libre.
Pero hay más, el deseo de Nasralla de ser, una vez más, candidato del PL, apoyado, básicamente, en los votos que le proporcionó en estas elecciones, tropezará con un gran obstáculo al carecer de su respaldo orgánico por no poder ostentar su presidencia; y de más importancia, quizás, por el formidable contrapeso que le acarrea haber sido repudiado por el presidente Trump. No es cualquier partido tradicional, particularmente de esta subdesarrollada región del imperio, el que puede darse el lujo de escoger un candidato presidencial que cargue con semejante lastre.
En lo que toca al presidente electo, tampoco las tiene todas consigo. El fraccionamiento entre los pros y los anti juanorlandistas que ha vivido el PN desde la extradición y juicio de su otrora máximo líder ha cobrado una nueva dimensión: el lógico debilitamiento de los primeros se está tratando de compensar con el indulto de Trump, lo que, casi inevitablemente, conducirá a que JOH intente recobrar al menos parte del poder que perdió en el partido y, por supuesto, en el gobierno nacionalista, afectando la autoridad de Asfura. Y de repente, sabiendo cómo se las trae Trump, no sería raro que JOH lo esté haciendo con su beneplácito, lo que explicaría, asimismo, que desde ya se esté distinguiendo entre los próximos aspirantes del nacionalismo uno de los más cercanos colaboradores de este y actual jefe de la bancada, el abogado Tomás Zambrano, a quien ya le puede haber adelantado su bendición al invitarlo a una cena de gala en la Casa Blanca.
En lo que respecta al gobierno de Asfura, propiamente, solo cabe esperar que no permita que el conservadurismo de su partido llegue a los detestables extremos neoliberales y de corrupción a los que lo arrastró JOH. Y tal vez pueda disponer de un cierto margen de autonomía para algunas decisiones estratégicas, como de las que disfruta el presidente Nayib Bukele en lo que atañe a sus relaciones con la República Popular de China. Pues Trump entiende perfectamente que no hay nada malo en que El Salvador mantenga tales vínculos y reciba algún tipo de ayuda de ella que su administración no quiere o no le interesa prestar. Después de todo, nuestros dos países pesan muy poco en los círculos en que se mueven esas grandes potencias.
En lo que concierne a Libre, este debe reflexionar en que las decisiones que tome ahora pueden marcar sus posibilidades de volver al poder. No debe meterse en el pleito del bipartidismo y menos por el ingeniero Nasralla, cuya aversión hacia él, demostrada hasta la saciedad, es igual o mayor que la del lado oscuro liberal o la del juanorlandismo nacionalista. Debe pensar en su futuro, para el cual también las elecciones le brindaron un excelente prospecto de candidato en la persona de Jorge Aldana, tanto por su gestión edilicia como por su ponderación. Y no porque se trate de un partido de izquierda, sino del único proyecto político que hay en Honduras para impulsar una cierta redistribución de la riqueza a fin de comenzar a reducir la terrible desigualdad que nos agobia.
Finalmente, no debe olvidarse la popular expresión que afirma que “la vida da vueltas”. A la que podría agregarse que la política da más vueltas todavía. Por lo que hay que esperar las elecciones de medio mandato en noviembre de este año en los Estados Unidos, las que podrían ser cruciales para el presidente Trump, y quien, apenas dos años después, saldrá definitivamente de la Casa Blanca. Muchas cosas podrían cambiar a partir de entonces para todos los protagonistas de esta historia. Indultados incluidos…





