Por: Filiberto Guevara Juárez.
Según la definición del Diccionario de la Real Academia Española, síndrome significa: “conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación generalmente negativa”. A la luz de esta definición, y ante el actual cambio de gobierno, si somos un poco perspicaces podemos observar lo que bien podría denominarse un “síndrome de gobernanza maya”.
En la antigua civilización maya, cada rey, al morir, veía cómo su sucesor enterraba —literal y simbólicamente— todo lo construido con esfuerzo por el monarca anterior, para edificar sobre ello lo que consideraba mejor. Así gobernaron aproximadamente dieciséis reyes mayas, levantando una civilización que, a pesar de su grandeza, terminó colapsando. Hoy, tras el trabajo de los arqueólogos, apenas podemos observar algunos vestigios de lo que fue aquella sociedad que cayó en la ruina.
Desgraciadamente, algo muy similar ocurre en Honduras cada cuatro o seis años, con cada cambio de gobierno.
Para evitar este síndrome de gobernanza maya, resulta imprescindible estructurar un Plan Nacional de Desarrollo, a corto, mediano y largo plazo, que abarque todos los aspectos de la vida nacional y que, convertido en ley de la República, sea de estricto cumplimiento para cualquier gobierno entrante, independientemente de su orientación ideológica o política, ya sea de derecha o de izquierda.
En muchos países del mundo se alternan gobiernos de distintas corrientes políticas sin que ello implique los retrocesos constantes que observamos en Honduras. Si una política pública implementada por un gobierno anterior funciona adecuadamente, resulta no solo irracional, sino hasta absurdo, eliminarla únicamente por mezquindad política o por no querer reconocer méritos ajenos, anteponiendo los intereses partidarios a los intereses supremos de la nación hondureña.
Lo realizado por el gobierno anterior del partido Libertad y Refundación (LIBRE), de orientación socialdemócrata, ya se pretende enterrar. Dicho gobierno guardó similitudes con el gobierno liberal social del doctor José Ramón Villeda Morales —pediatra formado en Alemania— quien gobernó entre 1957 y 1963 e impulsó leyes fundamentales como la seguridad social, el Código del Trabajo y la reforma agraria, todas en beneficio del pueblo hondureño.
Precisamente por ese carácter progresista, las fuerzas oscuras de aquel momento histórico no le permitieron concluir su mandato, pues el 3 de octubre de 1963 fue derrocado mediante un cruento golpe de Estado militar, enterrando nuevamente los avances logrados. En esa época, algunos periodistas lo acusaron de comunista y a sus seguidores los apodaron despectivamente “villedo-comunistas”.
Hoy, con la llegada de un nuevo gobierno impuesto mediante lo que muchos consideran una especie de “golpe electoral”, ejecutado a través de un sofisticado y costoso fraude tecnológico —con un gasto aproximado de 4,700 millones de lempiras entre elecciones primarias y generales—, y sin haberse concluido el conteo total de los votos emitidos por el pueblo hondureño en las elecciones generales del pasado 30 de noviembre de 2025, el nefasto Consejo Nacional Electoral realizó una declaratoria parcial de ganador presidencial.
Dicha declaratoria se dio con apenas 27 mil votos de diferencia (0.7 %) entre el candidato del Partido Nacional y el del Partido Liberal, con la abierta traición a la patria de las consejeras Cossette López y Ana Paola Hall. Así, se impuso de facto a un gobernante de carácter abiertamente antiprogresista, e incluso ultraderechista.
Es en este contexto que volvemos a experimentar el síndrome de gobernanza maya. El actual gobernante, el señor Nasry Asfura, ha comenzado a deshacer lo realizado por el gobierno anterior, impulsando la tercerización de la administración de los recursos financieros del Estado mediante onerosos fideicomisos que benefician principalmente a la banca privada y no al pueblo hondureño. Ya se vislumbra una clara tendencia a privatizar los servicios públicos de salud e incluso la energía eléctrica, como parte de un auténtico “rayo privatizador”.
Resulta alarmante que el propio señor Asfura, sin contar con el más mínimo conocimiento médico, junto a sus designados presidenciales, pretenda manejar directamente el Ministerio de Salud, sin que sus aliados mediáticos —probablemente ya tarifados— hayan emitido la menor crítica al respecto. Por el contrario, muchos de esos perversos periodistas se han dedicado a desprestigiar a la expresidenta Xiomara Castro y a ensalzar a este nuevo “rey maya”, quien ya ha dado señales claras del peligroso síndrome de gobernanza Maya, que muy probablemente podría conducirnos nuevamente al fracaso como país.





