Reflexiones sobre la pandemia (35)

 Por: Rodil Rivera Rodil

Ha observado el amable lector que el presidente Hernández luce molesto porque nadie le cree cada vez que insiste en que no se presentará por tercera vez como candidato en las próximas elecciones.  Una razón, desde luego, es porque no tuvo ningún reparo en mentir sobre su primera reelección. Otra, por sus demagógicas promesas a lo largo de los casi doce años que lleva de presidente del Congreso y de la República. Y más que todo, por su increíble cinismo para negar o encubrir la monumental corrupción que se ha visto durante la pandemia y los huracanes.

Porque está claro que jamás entendió que un verdadero presidente es el que tiene el valor de compartir con su pueblo las malas noticias. No solo las buenas. Como, por ejemplo, supo hacerlo el primer ministro de Inglaterra Winston Churchill al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Pero aquí nadie ha escuchado nunca a JOH dar la cara y reconocer un error o una negligencia, no digamos, un acto de corrupción. Él se ocupa, únicamente, de transmitir lo bueno, que muchas veces es falso o una tergiversación de la verdad. 

Sigue pretendiendo convencernos, para el caso, de que la negociación de los hospitales móviles representa el mejor ejemplo de la honestidad y austeridad de su gobierno. Y en el caso de las vacunas deliberadamente nos ocultó que desde agosto del año pasado había rehusado una oferta de 4 millones de dosis de la empresa AstraZeneca. ¿Por qué? En una entrevista por correo electrónico que le hizo el periodista Edgardo Melgar al gerente general de AstraZeneca, este dijo que se le “pregunte al gobierno”. Pero JOH ha guardado un sepulcral silencio.

La corrupción generalizada que impera en esta administración nos autoriza a pensar que pudo haber sido por alguna diferencia en el precio, o más bien, en la infaltable “comisión”, ya que las que ahora se cobran son estratosféricas. Como sea, esta oportunidad ya se perdió porque el gerente de AstraZeneca informó que ya no tiene disponibilidad para el resto de este año.

Para intentar arreglar las cosas, JOH informó que “cuenta con los recursos suficientes para comprar vacunas para todos los 5.7 millones de hondureños elegibles”. Pero enseguida se vio obligado a explicar que solo vendrán dosis para 1.9 millones como caridad de los países ricos a través de la OMS y 1.4 millones costeadas por el Seguro Social con el apoyo, no del gobierno, sino del COHEP. Esto es, para un total de 3.3 millones. Faltan, por tanto, vacunas para 2.4 millones de hondureños. No olvidemos que es necesario inmunizar no menos del 60 o 70 por ciento de la población para alcanzar una razonable protección colectiva, la llamada “inmunidad de rebaño”.

Tenemos, por consiguiente, que a JOH le sobra dinero para conseguirlas. Pero lo que no hay son vacunas. Y, claro, no puede comprar las rusas o las chinas porque en ellas viene el diablo o el comunismo. Y si Costa Rica, México, Perú, Brasil, Chile y no sé cuántas más naciones del continente las están adquiriendo es porque ¡pobrecitas! no saben lo que hacen. Pero Juan Orlando si lo sabe. Por eso no le interesan. No en vano ha sido uno de los más aplicados discípulos de Trump.

Otra de las razones, quizás la más importante, por la que tan poca gente valora su palabra es porque no permite que ningún periodista de verdad lo entreviste -no de los que tiene a sueldo-  y le haga las dos sencillas preguntas cuyas respuestas toda Honduras desea conocer. La primera. ¿Por qué, en vez de hacer pucheros cada vez que es denunciado por narcotráfico y corrupción en la fiscalía de Nueva York, no se presenta ante ella personalmente o por medio de sus abogados a desvirtuar los cargos? Y la segunda. ¿Cómo piensa afrontar la posibilidad de que sea pedido en extradición después que deje la presidencia?

Dado que JOH jamás ha dado respuesta a estas interrogantes -ni a ninguna otra que lo ponga en aprietos- tampoco puede impedir que la población recurra a la especulación. De ahí que las versiones sobre sus planes sean innumerables. Que va a pedir asilo a su amigo Netanyahu de Israel, quien, dicho de paso, enfrenta problemas parecidos. Que puso de candidato a “Papi a la orden” para que después le ceda el puesto o, si esto no se pudiera, para que le sirva de marioneta si gana las elecciones. Que suspenderá los comicios. En fin. Que no vacilará en dar un golpe de Estado, si lo considera necesario. Lo que tampoco parece que le sería difícil en vista de la sumisión incondicional que a cada rato le jura el jefe de las fuerzas armadas.

La credibilidad de JOH, pues, está en el suelo, mejor dicho, en el lodo. Aunque diga la verdad, la gente duda. Como cuando contrajo el coronavirus o su hermana falleció en un accidente aéreo. Cómo espera, entonces, que nadie se fíe de su compromiso de dejar el poder por su propia voluntad. Paradójicamente, y por el mismo motivo, cuanto más insiste en que se va, menos se le cree. Justo como en el cuento de Esopo. Tantas veces engañó el pastorcillo a los campesinos con los gritos de ¡viene el lobo! que nadie le creyó cuando este realmente llegó y se comió las ovejas.

Se me dirá que Juan Orlando no es ningún pastorcillo bromista. Y es cierto. Para nada que lo es. Más le hallo parecido con el lobo feroz. Pero, de nuevo. ¿Por qué, en plena campaña electoral, con el pretexto del coronavirus, sus secuaces están exigiendo la suspensión de las elecciones? ¿Y por qué ordenó que no se aprobara la nueva ley electoral ni le entregaran a tiempo los recursos que necesita al Consejo Nacional Electoral?

Solo cabe una explicación. No ha encontrado una salida a su problema con la fiscalía de Nueva York. Ha oído, seguramente, que mientras esté en el poder esta no pedirá su extradición. Y como no puede ser candidato porque la embajada se lo prohibió, está montando un gran fraude para que gane su partido, tal como lo hizo en el 2017. Pero debe recordar que en aquella ocasión este le salió bien porque Trump le dio su bendición a través de su encargada de negocios en Honduras, de triste memoria, a la que JOH agradeció el favor condecorándola con la orden Francisco Morazán en el grado Gran Oficial. ¡Ah! si supiera Morazán cuántos crímenes se cometen en su nombre. Como, al pie del cadalso, sí conocía Madame Roland los que se cometían en nombre de la libertad durante la Revolución Francesa.

Muchos piensan que con la salida de Trump las cosas pueden cambiar y que Biden podría ayudar a sacar a JOH. A lo mejor. Pero sería un profundo error asumir que así será. Por ello, la oposición, sin excepción, debe unirse en una gran alianza para derrotarlo. Hay quienes sostienen que una alianza parcial puede lograrlo. A lo mejor. Pero también constituiría una imperdonable equivocación atenerse a esta mera posibilidad. Y en política, jugar la carta más débil suele ser fatal.

Tegucigalpa, 1 de febrero del 2021.

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