Opinion

Recordando el 65 aniversario del asalto al Cuartel San Francisco

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Por: Arturo Rendón Pineda

” No es posible comparar aquel momento de la historia hondureña que nos tocó vivir (siendo estudiantes Universitarios), con lo experimentado con el golpe de Estado en 2009 cuando creíamos que tan cavernarios procedimientos ya no cabrían en pleno siglo XXI”.

 El 1° de agosto de 1956, un nutrido grupo de estudiantes universitarios, militares retirados y en activo, junto a otros ciudadanos hondureños se tomaron por asalto uno de los cuarteles más emblemáticos de la historia de Honduras, en un intento por impedir la reelección del autoritario Julio Lozano Díaz, quién a la sazón había asumido la Presidencia del país, el 5 de diciembre de 1954 ante la enfermedad del presidente titular Juan Manuel Gálvez. El cuartel San Francisco es una antigua edificación de tiempos de la colonia y que está ubicado en el lado este de la ciudad de Tegucigalpa, la capital del país. Para 1956 era el más importante centro militar de la capital y en la actualidad alberga la Dirección de Historia Militar del ejército

” Honduras quedó aturdida cuando el 9 de julio Ramón Villeda Morales fue arrestado, llevado a un aeropuerto y expulsado al exilio en Guatemala. Fue acompañado por dos otros prominentes liberales: el jefe del partido Francisco Milla Bermúdez y el editor de «El Pueblo», Oscar A. Flores. A ninguno se le dio aviso alguno. Casi al mismo tiempo Lozano se dirigió a la nación para explicar la deportación… Anunció que Villeda Morales había tratado de organizar una huelga general de trabajadores, obstaculizando así el funcionamiento del gobierno.

 «Honduras simplemente no puede permitir una huelga general en este momento no había otra alternativa», Villeda Morales respondió desde Guatemala sosteniendo que su expulsión era «inexplicable». La acción solamente podía ser interpretada como una «señal de inseguridad y debilidad del gobierno de facto de Julio Lozano». Negó complicidad en cualquier trama y caracterizó su captura «en forma tumultuosa», sin ninguna explicación” (Por Mario Argueta)

Las acciones perversas de la dictadura naturalmente provocaron una masiva reacción popular y comenzaron las huelgas donde la policía disolvió varias manifestaciones donde golpearon a los obreros y a los estudiantes que fueron dispersados usando gases lacrimógenos donde tuve la oportunidad de participar en las manifestaciones de repulsa contra las acciones arbitrarias de don Julio.

En tal ocasión me encontraba estudiando en Tegucigalpa Viviendo en la 4ª avenida de Comayagüela con mi hermano Roberto, donde por varios días me toco esconder debajo de mi cama, —(tijera de lona) —, dos cajas conteniendo fusiles y municiones para una planeada asonada contra el gobierno del Dictador. donde mi pariente Ing. Federico Mejía Rodezno me había confiado la custodia del material bélico advirtiéndome que cuando se fijara la fecha de la operación subversiva vendría a avisarnos y recogernos a nosotros juntamente el equipo bélico para que tomáramos parte de tal acción recomendándonos las reservas del caso.  Casualmente el Ing. Mejía Rodezno—tal como había anunciado —paso la noche del 31 de Julio por nuestro apartamento en Comayagüela a llevarnos y a recoger el material que yo custodiaba.

Como por razones obvias no se nos había informado la fecha de tal acción mi padre anticipadamente me había pedido trasladarme a Santa Rosa para celebrar (como todos los años), el cumpleaños de mi hermana María Luisa que cumplía años el 1º de Agosto.  Era costumbre familiar llevar serenata a los cumpleañeros de la familia y me dispuse a viajar con doble propósito de ver a mi esposa y a mis hijos además de agasajar a mi hermana como era acostumbrado, donde mis padre y hermanos armábamos una improvisada “estudiantina musical” donde todos participábamos cantando, acompañándonos con guitarras, violines y cohetería.

En los albores de ese día mientras estábamos enfrascados en la serenata frente a la casa donde hoy es el Hotel Elvir que era nuestra,  H.R.N daba las noticias de última hora  en que se daba cuenta del ataque sorpresivo al cuartel San Francisco por un grupo de jóvenes liberales y muchos ciudadanos que adversaban el gobierno que pelearon por más de 4 horas esa  misma madrugada donde el primer batallón de Infantería fue llamado para combatir a los insurgentes habiendo sofocado la revuelta la mañana de ese día, dejando saldo de más de 100 muertos y muchos heridos.

En esta desafortunada acción por derrocar al régimen de Lozano Díaz en que por obras del destino se nos impidió participar como estaba planeado. Estuvo a cargo en primer lugar el Mayor Santos Sorto Paz, militar que estaba de alta en dicho cuartel, Federico Mejía Rodezno, Céleo Arias Moncada, Ezequiel Escoto Manzano (salió gravemente herido), Enrique Samayoa, Jorge Arturo Reina, Carlos Roberto Reina, Reynaldo Oquelí, Agapito Sánchez, Santos Irías Palma, Francisco Ciliezar, (Paco serrucho), Ramón Custodio López, Armando Mejía del Cid, Carlos Somoza, Ramón Valladares Soto y otros.  Esta lista es más amplia y se nos hace imposible recordar a todos los que participaron en aquella fracasada gesta heroica.

Menos mal que por fin nos estamos dando cuenta que nuestra clase política es corrupta, inmoral, irresponsable e insensible al despojo de nuestra dignidad y nuestra soberanía, porque sin lugar a duda es corrupta hasta la médula nos haga reaccionar y reconocer que el gobierno sucedáneo del golpe ha convertido a Honduras en “una verdadera pesadilla”. ¡Es bueno que estas historias del pasado en que por obras del destino nos vimos involucrados, nos enseñen de una vez por todas una lección que debemos aprender de una vez y para siempre!

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